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jueves, 25 de junio de 2009

EL AMOR DUELE... bajo presión



Rurouni Kenshin y sus personajes pertenecen al gran Nobuhiro Watsuki y Shueisha.

EL AMOR DUELE…

Cap 16.- … bajo presión

El lobo se acomodó en su butaca con una amplia sonrisa. Encendió un cigarrillo y disfrutó de esa sensación de tenerlo todo bajo su control. La mirada impenetrable del ninja lucía un leve brillo de desesperación, tenía que admitir que tenerle en ese estado frente a él, dejando a un lado su orgullo, le hacía sentirse importante y útil.

-Di algo- murmuró impaciente.

-Qué impaciente te has vuelto. La cuestión es, que tengo que irme a casa- sonrió divertido- así que vuelve mañana.

-¿Te estás vengando de algo?

-Qué va.

-No será qué has estado fanfarroneando de algo que no sabes ¿no?

Saito rió ruidosamente por el tono molesto e impaciente del ninja.

-Piensa lo que quieras. Mañana tráeme al noviete de la comadreja, me muero por conocerlo.

Se detuvo un instante antes de salir y observó a Aoshi temblar conteniendo la rabia. En su estado sería capaz de hacer cualquier estupidez y eso iba totalmente en contra de sus planes, así que optó por dedicarle unas últimas palabras.

-Mira, cubo de hielo, te voy a dar un consejo. No la presiones, dale espacio, ella no tiene la culpa de que tú seas estúpido.

-No lo haré

-No sé si fiarme.

Los dos hombres volvieron a sus respectivas casas, uno más animado que el otro, pero ambos con la certeza que la próxima vez que se reunieran la cosa debería avanzar de un modo positivo según los planes.

El ex-Okashira no se dignó en sentarse con los demás a cenar, no estaba de humor para aparentar normalidad e indiferencia. Sabía que si sentaba empezaría una guerra con una única ‘herida de gravedad’. Ignoró los ruegos y suplicas de la más joven y subió las escaleras sin ocultar su malhumor, lo único que necesitaba era encerrarse en su cuarto y dormir con la esperanza de que la mañana trajese un día mejor.

El sol emitió sus primeros rayos anunciando el alba sin perder tiempo se preparó para su ‘cita’ con la comadreja en el templo, al final con todo el lío de la pedida de mano no había podido pensar con claridad como iba a plantearle el tema, la teoría era muy simple, el problema eran sus palabras estúpidas.

Salió una vez arreglado, se llevaría alguna cosa que comer hasta la hora de la visita de ella. Se detuvo en el patio al verla poner incienso bajo el cerezo, hacía mucho tiempo que no le veía hacer eso ¿habría muerto alguien y no se había enterado?

Enfiló el estrecho camino al templo, meditó sobre como abordar el tema sin meter la pata, cosa en la que había descubierto ser todo un experto, no podía presionarla, debía ser justo con ella y dejarla explicarse y después, de ser necesario, suplicarle hasta que cayese rendida en sus brazos.

Misao llegó puntual con su té y una sonrisa resplandeciente en su rostro y aunque normalmente aquello servía para aliviar cualquier rastro de dolor de su alma aquella vez era muy diferente, aquella sonrisa le estaba partiendo el alma por que sabía que no iba dirigida a él.

-Su té, Aoshi-sama.

-¿Por qué estás tan contenta?

-Por que he tomado una decisión irrevocable- sonrió triunfante.

El Oni se estremeció, las decisiones irrevocables de Misao daban cierto miedo, era testaruda y una vez decidía algo ya no había vuelta atrás, se emperraba hasta que lo conseguía y en esa situación… lo más probable era que él saliese perdiendo, sin embargo, por extraño que fuese, la curiosidad pudo más que su intranquilidad.

-¿Sobre qué?

-Sobre mi futuro, usted me dijo una vez que podía decidir libremente con quien quisiera casarme- afirmó a sus propias palabras- y bueno… creo que ha llegado el momento de comportarme como lo que soy- miró a su tutor con determinación y él supo que sus palabras iban totalmente en serio-. Una adulta- sentenció.

Aoshi enarcó una ceja, sí, era adulta y, sí, siempre había sabido que ella tenía muy claros sus objetivos y lo que quería, eso era algo que se escapaba de su radio de acción. Un brillo de duda apareció en los ojos verdes de ella y en ese instante vio una puerta abierta, quizás aún podría revocar su decisión. Era el momento de moverse.

Llevó una mano a la mejilla de la muchacha y la otra la posó en su nuca acercándola a él, besándola sensualmente en la comisura de los labios.

-¿Piensas casarte con ese idiota?

-A-Aoshi-sama…

Dejó deslizar sus dedos por su cuello mientras la miraba fijamente logrando que se sonrojara.

-Si te casas con él me marcharé y no volverás a verme nunca más.

-Pe-pero…

Aoshi se levantó y se marchó dejando atrás a una extrañada Misao, de verdad que a veces no comprendía a ese hombre.

-Si Sei-chan lo dijo para molestarle…- confesó al silencio del templo.

En el camino que llevaba al bosque de bambú el ninja se golpeaba mentalmente por su estupidez, nuevamente no la había escuchado y encima había hecho justo lo contrario de lo que le había aconsejado Saito.

Deberían cambiarle el apodo “el genio ninja” por el de “el genio metepatas”, sí, ese le pegaba más.

Caminó hasta el mercado en busca del ‘novio’ de la comadreja, como esperaba estaba con su padre en la verdulería, el muchacho trató de huir al verle, pero Aoshi fue más rápido. Con una amabilidad impropia de él le pidió al hombre que le prestase a su hijo para hacer un pequeño encargo, y el hombre aceptó gustoso, siempre era un placer hacer negocios con el Aoiya.

Dirigió al muchacho hacia la comisaría sin mediar palabra con él, por su parte el más joven tampoco pronunció palabra, la adrenalina recorría su cuerpo y su garganta se había secado ante la posibilidad de ser futura comida para los peces.

Al verlos llegar Cho se hizo a un lado por lo que pudiese pasar. Aoshi abrió la puerta del despacho sin tan siquiera llamar, el lobo les recibió con más interés del habitual.

-Señor comisario, yo no he hecho nada malo- dijo alarmado el joven.

-Comisario…- arrastró cada sílaba saboreándola- suena bien…

El ninja empujó al muchacho hacia una de las sillas, no pudo frenarse a tiempo y acabó chocando contra el respaldo, Saito le miró divertido.

-Soy el inspector Fujita Goro. Siéntate cubo de hielo.

-¿Cubo de hielo?- preguntó curioso.

-Mudô Seichiro, tienes un expediente impecable- Saito ignoró la pregunta del joven- ¿a quién le importa eso? Veamos- sacó una copia del cuestionario que le había hecho días atrás al ninja y se lo dio al muchacho-. Contesta a eso.

El chico obedeció pese a no entender nada, sólo sabía que lo más prudente era no cabrear al policía no fuese a acabar en un calabozo ¿qué era lo peor que podía pasarle? ¿quién sabe? Cuantos menos riesgos tomase mejor. Tomó el pincel y contestó rápidamente a todas las preguntas, eran tan fáciles y a la vez desconcertantes ¿por qué le preguntaban cosas sobre Misao? Otro misterio para la colección. Nada más acabar le dio el papel a Saito completamente serio y aguardó paciente el veredicto, el lobo alzó una ceja, encendió un cigarrillo y rió ruidosamente.

-Retírate, cubo de hielo, no tienes nada que hacer contra él.

-“¿De qué va esto…?”

El ninja se limitó a negar con la cabeza aún más frío que de costumbre ¿retirarse? Antes muerto que se retiraba.

-Pobre cubo de hielo, esto te va a doler- sonrió de un modo siniestro inquietando a ambos jóvenes-. Ahora sí que vas a saber en que consiste ser hombre hecho y derecho.

En el Aoiya Misao caminaba arriba y abajo insistentemente por el patio, de vez en cuando se detenía y empezaba a morderse las uñas inquieta, y es que la actitud de su tutor la tenía extremadamente desconcertada. Desde la sala de descanso Shiro la observaba mientras le quitaban la engorrosa escayola del brazo y Omasu que estaba junto a él suspiró poniéndose en pie para detenerla antes de que hiciese un agujero en el suelo.

-¿Por qué estás tan inquieta?

-Omasu-chan… ¿puedo preguntarte algo?

-Adelante.

-El otro día en el Kikaku-ji Sei-chan le dijo a Aoshi-sama que íbamos a casarnos, y después vino aquí para pedirle mi mano a Jiya y a Aoshi-sama… pero sólo lo hizo por molestarle y… antes en el templo me ha dicho que si me casaba con él se marcharía y no volvería a verle más… ¿tú entiendes algo?- frunció el ceño poniendo las manos en su cintura- ¡Kami! Es que no le entiendo ¿por qué se va a ir? No soy su mascota ni nada así…

-Actúa como si estuviese celoso…

-Pero no lo está- contestó en un susurro.

-¿Por qué no le explicas que es todo un malentendido?

La comadreja la miró atormentada y se acuclilló en un gesto de lo más infantil.

-Es que no me escucha…

-Si no te escucha entonces grítale- sentenció la Oni-. Misao, que sea tu tutor no le da derecho a hacer contigo lo que le plazca. Y si quiere algo de ti que te lo diga claramente.

-Pero Aoshi-sama…

Lanzó un suspiro exasperada y se acuclilló junto a ella poniendo una mano sobre su cabeza.

-Pregúntale que quiere de ti o simplemente ignórale y haz lo que te de la gana.

-Hiko-san me dijo lo mismo…

-Amenázale con echarle del Aoiya- intervino Shiro con cara de dolor mientras movía su brazo entumecido-, ya te dijo Okina que si decidías echarle no tendría más remedio de irse.

-¡No puedo hacer eso!- abrió los ojos con espanto.

-Oye tonta, que decirlo no es lo mismo que hacerlo- farfulló molesto-. Mira, tu te acercas y le dices “¡Shinomori-san o me escucha o le echaré del Aoiya a patadas!”

Las dos Onis rodaron los ojos y a la vez barrieron sus piernas dejándole tirado en el suelo como un trapo.

Mientras el patio se sumía en el caos alguien invadía la habitación del ex-Okashira con un puñado de ropa interior de la más jovencita del Oniwabanshu en la mano, su anciana mirada brilló traviesa al tiempo que abría uno de los cajones del escritorio de Aoshi, aquel donde guardaba algunos cuadernos y los utensilios para escribir. Esta vez se aseguraría de que su antiguo jefe viese las maravillosas prendas que lucía su cerecita bañada en chocolate y que él se estaba perdiendo por estar todo el día en el templo.

Okina rió por lo bajo una vez realizada su fechoría y procedió a escabullirse hábilmente sin ser visto.

Continuará

Escrito el 24 de junio de 2009

miércoles, 20 de mayo de 2009

EL AMOR DUELE… Al estar contra las cuerdas



Rurouni Kenshin y sus personajes pertenecen al gran Nobuhiro Watsuki y Shueisha.

EL AMOR DUELE…

Cap 15.- Al estar contra las cuerdas

La comadreja salió a toda prisa en cuanto Aoshi acabó de tomar el té, nada más intentar bajar las escaleras fue abordada por Okon y Omasu que la arrastraron a su habitación, sacaron un furisode rosado con mariposas y sakuras. Sin darle explicación alguna la desvistieron y enfundaron en el furisode, deshicieron su inseparable trenza y le hicieron un recogido bastante femenino, seguidamente volvieron a arrastrarla, esta vez, escaleras abajo.

-¿Se puede saber que estabas haciendo?- pronunció en tono molesto Okon- Seichiro-san y Okina os están esperando a Aoshi-san y a ti.

-¿Eh? ¿Sei-chan está aquí?

-A ver si bajas de las nubes, Misao-chan…

-Pe… pero no entiendo nada- la empujaron al interior del pequeño despacho de Okina- ¿qué pasaaaaaaaaaa?- gritó sin poder evitar caer al suelo- ¡Ay! Malditas seáis que daño.

-Bienvenida cerecita.

-¿Se puede saber que pasa?

-Siéntate, por favor.

Su abuelo estaba tan serio que se olvidó de replicar y de todo lo que la rodeaba y obedeció. Tomó asiento expectante con la mirada fija en el anciano.

-Kuro, ve a avisar a Aoshi.

El joven acató la orden y minutos después el ex-Okashira entró por la puerta vestido con sus ropajes más elegantes como le había pedido antes. Miró primero a Misao, después a Okina que se estremeció y finalmente a Seichiro al que fulminó.

-Toma asiento, muchacho.

-Estoy bien de pie- respondió tajante.

-Eres muy descortés, Aoshi- dijo el viejo negando con la cabeza- haz lo que quieras, no tengo edad para una discusión infantil contigo, que además eres todo un hombre hecho y derecho. Disculpa su mala educación Mudô-kun- puso su mano sobre el hombro del joven- adelante.

-Okina-san, Shinomori-san… quiero pedirles la mano de Misao-dono.

-¡Angelito! ¿No es maravilloso?

La comadreja se quedó estática con la boca abierta y los ojos como platos ¿qué era lo que pretendía su amigo con eso? No tenía respuesta para ello, tampoco sabía como reaccionar, estaba demasiado sorprendida para reír, contestar, protestar, patalear o cualquier otra reacción típica en ella. A su espalda oyó un bufido más similar al de una bestia que al de una persona, sin embargo sabía quien era la fuente de aquello.

-No- contestó el ninja.

-¡Vamos, Aoshi! Deja que la vida siga su curso, ellos son tan jóvenes… y nosotros tan viejos…

Se tapó la boca al darse cuenta de que acababa de llamar viejo a su antiguo Okashira y sobre todo al darse cuenta que su palabrería estaba haciendo peligrar su integridad física. Rió como un majadero palmeando con fuerza el hombro de Seichiro.

-No te preocupes Mudô-kun, sólo se está haciendo el inaccesible.

-He dicho que no ¿acaso no me has escuchado, Okina?

-No eres su dueño, tarde o temprano tendrás que ceder

-Soy su tutor, eso es suficiente.

-Que posesivo, la quieres solo para ti- dijo en tono dramático Okina.

-Disculpen…- intervino Seichiro- creo que Misao-chan tiene derecho a opinar ¿verdad, Mi-chan?

La ninja pareció despertar en ese momento, si le preguntasen de que estaban hablando no sabría que responder. Estuvo a punto de contestar “sí” pero se contuvo, no sabía que era lo que estaba aceptando.

-¿Aah…? ¿Qué?- preguntó con inocencia.

-¡Me partes el corazón!- se llevó teatralmente las manos al pecho- no me estabas escuchando.

-Perdón jejeje ¿qué decías?

-¿Quieres casarte con él?- gruñó la masculina voz de Aoshi.

-¿Cómo?

-He dicho qué si quieres casarte con ese perdedor- repitió.

Los verdes ojos de la comadreja le miraron fijamente. Parpadeó varias veces sin salir de su asombro, sonaba tan molesto que empezaba a darle miedo, miró fugazmente a su abuelo y a su amigo y cuando se giró dispuesta a decirle la verdad, decirle que el único hombre con el que quería casarse era él, Aoshi Shinomori, sólo vio el shoji cerrándose y el vacío donde antes estaba el ninja.

-Se ha ido, cielo.

-Ya…- murmuró con la cabeza gacha- Sei-chan yo…

-Tranquila, ya conozco la respuesta- sonrió amable- aunque espero que cambies de opinión- añadió con tono esperanzado.

Aoshi se apoyó en la pared del corredor, cerró los ojos tratando de alejar aquella aura oscura que le rodeaba, apretó los puños, bufó y subió las escaleras para encerrarse en su habitación, de buena gana hubiese destrozado el Aoiya entero ¿a qué venía toda esa pantomima? El mocoso sabía perfectamente que no pensaba ceder y Misao… bien, tenía que reconocer que había sido muy injusto con ella, ni se había dignado a escuchar su respuesta pero ¡Kami! Acababa de descubrir que no controlaba nada bien sus celos.

Escuchó los pasos de la comadreja al otro lado de la pared y segundos después, maldecir en un susurro con su maravilloso y variopinto vocabulario plagadito de palabras malsonantes, no supo discernir a quien iban dirigidas las maldiciones, sólo esperaba no ser el centro de esos insultos. La escuchó pasar nuevamente y por el sonido de sus pisadas intuía que no estaba feliz precisamente.

Hora de decidir, lo mejor que podía hacer era ir a hablar con ella, se lo debía por el desplante y su actitud minutos antes, siempre lo pagaba con ella, era muy injusto.

Salió en su busca, la escuchó cerrar el shoji de la sala en la planta baja, así que todo era muy sencillo; iba hasta allí, se disculpaba, le pedía que no se casase con el crío y le decía claramente, o suplicaba, que se casase con él ¿qué podía fallar? Tenía la ventaja de conocer los sentimientos de Misao desde un principio por lo que las probabilidades de que le rechazase serían como mucho de un uno por ciento, ser tan idiota seguro que le había pasado factura.

Bajó las escaleras y se sorprendió al no ver a nadie en el pasillo ni en el patio y, el hecho de que la puerta de servicio del restaurante estuviese cerrada era tan inusual que dudó un poco antes de empezar a correr el shoji. Segundos después se arrepintió de estar ahí con sólo haber abierto una rendija el shoji.

Las manos de Seichiro desataron el obi de la comadreja, los dos jóvenes empezaron a reírse y Aoshi sintió que se le partía el corazón. Cabizbajo abandonó el Aoiya con un destino concreto, el templo. Lo que Aoshi no sabía era que las dos kunoichi había atado el obi a traición y tras batallar durante un buen rato se resignó a pedir ayuda, pero todos habían parecido esfumarse en el aire… y como el ninja parecía haberse levantado con el pie izquierdo no se atrevió a pedirle ayuda, por lo que sólo pudo acudir a su amigo.

La ciudad estaba en calma o quizás él no les prestaba atención, enfiló el terroso camino que llevaba a su adorado templo con la sensación de que alguien le seguía, aquello no sería tan extraño, al fin y al cabo, él no era el único que frecuentaba el templo, aunque eso sí, él era el único que entraba en la sala de oración, a parte de Misao. Miró de reojo para ver a su misterioso acompañante pero no vio nada, meneó la cabeza seguro de que se lo habría imaginado, pero entonces escuchó unos pasitos y esta vez se giró, pero allí no había nadie, enarcó una ceja y bufó para continuar su camino, sin embargo se detuvo al sentir un suave tirón de su yukata, dirigió su mirada a esa zona.

-Papi…

Una niñita de unos cuatro años jalaba de su yukata, con sus grandes ojos azules llenos de lágrimas, los mofletes rosaditos y la carita llena de barro, por un momento fue como ver a su protegida de niña. Entonces reaccionó ¿acababa de llamarle papi o se lo había imaginado?

-Papi… papi…- al ninja le asaltó un tic, él no tenía hijos- no encuentro a papi…

Respiró aliviado con esas palabras de la pequeña.

-¿Dónde estabas cuando te perdiste?- preguntó tomándola en brazos- ¿Vienes del mercado?- la niña asintió- muy bien, buscaremos juntos.

Se acomodó entre sus brazos buscando con la mirada a su padre, estuvieron un buen rato dando vueltas por el mercado, pero no dieron con él, Aoshi supuso que habría ido a la comisaría, era lo más probable. Quiso dar media vuelta cuando la niña estiró sus bracitos y sonrió a una pareja.

-¡Papi! ¡Mami! Oniichan me trajo hasta aquí.

-¡Sachiko-chan!- la mujer de melena azabache y ojos azules corrió hasta ellos- te dije que no te separases de mi.

-No se preocupe, está perfectamente- dijo Aoshi entregándosela a su madre.

-Muchas gracias señor…

-Shinomori- contestó.

-Muchas gracias, Shinomori-san.

Los vio alejarse sintiendo algo de envidia, él quería exactamente eso, una esposa maravillosa, Misao, y su propia hija, o hijo, o los dos, o todos los que quisiera su Misao. Al diablo su orgullo, su reputación, su fama y todo lo demás que de nada le servía. Tomó la dirección que llevaba a la comisaría de Saito, le daban igual las burlas, mofas, bromas y todo de lo que le haría blanco el lobo de Mibu. La decisión estaba tomada y nada ni nadie iba a hacerle cambiar de opinión.

Entró bruscamente en el despacho del lobo, tiró del brazo de Cho y lo lanzó al pasillo logrando que su cara se estrellase en el suelo, cerró la puerta de un golpe y permaneció sujetando con fuerza el pomo.

-¿Has venido a declararme tu amor? Lo siento, cubo de hielo, ya estoy casado.

-Déjate de estupideces. Quiero que hagas un trabajo para mí.

-Ah no, creo que tu no has entendido nada- miró al ninja con crueldad- TÚ trabajas para mi y NO al revés.

-Entonces quiero que me hagas un favor.

Saito sonrió satisfecho, Shinomori Aoshi rebajándose a pedirle un favor a él, muy desesperado tenía que estar.

-Si no puedes librarte tu mismo de la competencia no esperes que lo haga yo.

-No es eso.

-Entonces ¿qué quieres?

-Un curso acelerado de lo que sea que quieras enseñarme.

Soltó una sonora carcajada, sacando unos papeles de uno de los cajones.

-Muy bien- habló conteniendo la risa- no quiero quejas, ni reproches y mucho menos que te eches atrás, la puerta se ha cerrado y TU, mi estúpido amigo, ya no tienes escapatoria, te voy a convertir en un hombre de verdad.

CONTINUARÁ

Escrito el 15 de mayo de 2009

lunes, 18 de mayo de 2009

EL AMOR DUELE… Con todo en tu contra



Rurouni Kenshin y sus personajes pertenecen al gran Nobuhiro Watsuki y Shueisha.

EL AMOR DUELE…

Cap 14.- Con todo en tu contra

El templo, su querido templo silencioso y tranquilo… quizás demasiado silencioso y tranquilo, sin Misao allí contándole todo lo que pasaba por su cabeza y el delicioso té humeante preparado con delicadeza especialmente para él, aquel lugar no era lo mismo.

-No puedo concentrarme…

Se tumbó en el suelo perezosamente, dejó a su mente viajar a algún lugar donde se sintiese mejor, donde evadirse de su autocrítica y reconfortar sus emociones. Emociones, aquellas que había perdido y que sin previo aviso habían vuelto dispuestas a hacerle la vida imposible.

Dio un par de vueltas sobre si mismo tratando de encontrar una pose más cómoda, con un poco de suerte se dormiría y se le haría la hora de ver a Saito, pero nuevamente la suerte no estaba de su parte y recibió una visita de lo más inesperada. El monje, un anciano de la edad de Okina aproximadamente, se personó en el templo algo que no sería extraño de no ser por que a aquel viejecito no le había dado por pisar el maldito templo desde el jurásico, y sin embargo ahora ahí estaba mirándole con solemnidad a punto de soltarle uno de sus discursos infinitos sobre el karma, el destino y las bondades de Buda… ¡el infierno! Sin lugar a dudas…

Cinco larguísimas horas después, cuando empezaba a pensar que moriría de aburrimiento, pudo huir inesperadamente ya que al abuelito le atacó el sueño. En fin, ya sólo faltaba media hora para su visita al lobo, así que mejor pasear, no fuese a resucitar el viejo y ponerse a hablar de nuevo.

Así pues emprendió un rodeo por el bosque de bambú, escuchando a los pajarillos cantar, el viento ulular entre las cañas, el rumor del río a lo lejos, los animalillos correteando en busca de comida, Misao y su amigo riendo… todo de lo más normal… ¿eh? ¡Un momento! ¿Misao y su amigo riendo? ¿En mitad de la nada? Cuando quiso darse cuenta ya estaba a escasos metros de ellos agazapado tras unos matorrales rodeado de ardillas que le miraban muertas de la curiosidad, sin duda alguna debía parecer un psicópata acechando a su próxima victima y para colmo sus molestas compañeras de espionaje eran tan ruidosas que no podía escuchar claramente lo que decían los dos muchachos.

Finalmente tuvo que resignarse a no poder saciar su curiosidad y optó por apresurarse para no llegar tarde a su reunión con el policía no fuera a salirle el lado psicótico y le encargase hacer alguna cosa completamente descabellada. La fachada de la comisaría central de Kyoto se alzaba majestuosa a las afueras del barrio comercial, los policías en la entrada le miraron sin prestar demasiada atención pese a tener una orden de busca y captura sobre el ex-Okashira, era tan habitual verle por allí que todos se preguntaban por que Fujita Goro aún no lo había quitado, todos sospechaban que de un modo u otro estaban asociados.

Se cruzó con Chô al que ignoró por completo, ya sabía donde debía ir y también estaba preparado para cualquier cosa que tuviera preparada para él, así que llamó a la puerta sin dudarlo y en cuanto obtuvo respuesta entró con paso firme y seguro. El policía estaba sentado en su cómoda butaca leyendo un informe titulado ‘Las aventuras del iceberg y la comadreja en Tottori’, esa vez no había pancarta, pero ese informe era altamente sospechoso.

-Bienvenido Shinomori.

-No tengo tiempo, así que ve al grano.

-Muy bien, Ibuki-chan me ha entregado un detallado informe sobre vuestra visita.

Sonrió satisfecho con la marcha de su plan y la sorprendente actitud del ninja que le había relatado su informante, todo había ido mejor de lo que hubiese llegado a pensar, pero tener en sus manos el informe no iba a restarle diversión.

-¿Has cumplido las tradiciones?

-Ya sabes que sí- le lanzó una mirada gélida- podrías haberte inventado algo más normal.

-No me lo agradezcas- sonrió triunfante- la idea fue de Tokyo.

-¿De qué te sirve poner a prueba mi autocontrol?

-Pretendes que crea que ibas a lanzarte encima suyo y tirártela en mitad del campo como si fueseis dos animales salvajes, retozando como dos chiquillos sin importaros las miradas ajenas dando un espectáculo lujurioso, hacerle el amor una y otra vez hasta acabar completamente agotados, en definitiva, dejar de ser estúpido.

-¡Basta!- exclamó sin poder evitar sonrojarse.

-Vaya, nos ha salido tímido el cubo de hielo- añadió en tono burlón- apuesto a que a ella no le hubiese importado.

-Misao no es así.

-No, claro que no, ella no es una mujer adulta y seguro que nunca piensa en el sexo, apuesto a que tampoco va al baño…- alzó una ceja ante la cara de circunstancias del ninja- ¿cuántos años tienes? ¿Dos? Asúmelo, es adulta, piensa en el sexo lo quieras o no y si tu no se lo das acabará buscándolo en otro lado.

-No hables de ella como si fuera una…

-¿Una qué? ¿Una jovencita de dieciocho años?

El lobo rió ruidosamente, hacía tantísimo tiempo que no se divertía tanto con nada que ya hasta le dolía la barriga de reír, su Tokyo se lo pasaría en grande si estuviese allí. Sin embargo Aoshi no se divertía precisamente lo que había dicho era cierto, lo sabía, pero ¡Kami! Que manera de exponerlo, fuera como fuese no iba a dejar que su Misao se buscase a otro hombre.

Mientras tanto a varios metros de la comisaría la comadreja, que acababa de volver de su ‘secuestro’ ponía patas arriba su habitación en busca de una de sus yukatas preferidas, una que le había regalado el ex-Okashira al poco de volver, al principio se había enfadado, por todos era sabida su opinión sobre ese tipo de vestimenta y llegó a pensar que era algún tipo de indirecta sobre su aspecto, pero su enfado se diluyó en el aire una hora después ¡qué demonios! Mensajes ocultos, indirectas y demás cosas perdían toda la importancia frente al hecho de ser un regalo de Aoshi.

Suspiró con amargura, no quedaba ningún sitio por mirar en su habitación, cabe decir que había levantado todo el suelo por si acaso, de la yukata no había ni rastro, salió dispuesta a interrogar al Aoiya entero preguntó a Shiro que le contestó alegremente que no tenía ni la más remota idea del paradero de la pieza de ropa, tras eso buscó a Omasu que tampoco sabía nada, después fue a por Okon que le contestó con otra negativa, seguidamente preguntó a Kuro que dio la misma respuesta pero que le entregó una yukata malva cuya procedencia era todo un misterio, por último fue a buscar a Okina que le contestó con tono burlón que no la había visto pero que seguramente la yukata estaba con el resto de prendas que le habían desaparecido misteriosamente, los ojos verdes de la comadreja brillaron llenos de curiosidad y emoción olvidando por completo que alguien se dedicaba a robarle la ropa.

Su momento de fantasear con un intrépido ladrón de ropa femenina fue interrumpido bruscamente por las campanadas del reloj occidental del despacho de Okina ¡llegaba tarde! Había quedado con Hiko en la tetería donde habían estado días atrás. Corrió a dejar la yukata que le había dado Kuro y velozmente emprendió el camino hasta aquel lugar donde el maestro ya le esperaba de lo más impaciente.

-¡Hiiiiiiiiiiiiiiiko-saaaaaaaaaaaaan!

-Llegas tarde, alumna atontada.

-¡Aaaaaaah! Lo sientoooooooooo…- se disculpó frotándose la nuca- ¡Eh! ¡Yo no soy tu alumna!

-Querida comadreja salvaje ¡HOY! Es el primer día de tu entrenamiento especial, por que mañana mismo vas a conocer a tu futuro marido.

-¿Futuro marido?

-Sí, preciosa- dedicó una sonrisa deslumbrante al tiempo que la apuntaba con el dedo- tu amiguito va a ayudarnos, y después seguramente moriría con crueldad despedazado por los mortales filos de las kodachi del ninja impasible- la Oni se estremeció por el comentario- Tú, mi querida niña inquieta vas a hacer que tu adorado tipo atontado haga gala de sus letales dotes ninjas…

-¡Ni de broma! ¡Vamos! Lo que me faltaba- exclamó golpeteando inquieta el suelo con su pie.

-Lástima que no tengas ni voz ni voto en esto- dijo con tono burlón logrando que la airada mirada que le estaba lanzando la muchacha empezase a intimidarse en cierto sentido- antiguamente las mujeres se casaban con aquellos a los que sus padres elegían… ahora que lo pienso, aún es así- rió más para tranquilizarse a si mismo que por que le hiciese gracia la situación- tu tienes la suerte de que el viejo loco y el psicópata de Shinomori no te entregarían bajo ningún concepto a un deshecho humano.

-¡Pues claro que no! ¿Qué te crees que soy? ¿Una vaca?

La Okashira estaba realmente molesta con el plan extraño del maestro del Hiten Mitsurugi que estalló en carcajadas debido al comentario de la vaca, esa había sido muy divertida a su criterio. Minutos después de librarse del ataque de risa continuó hablando.

-Verás, ternerita, lo que quiero decir es que si le presentas ‘al hombre de tu vida con el que quieres casarte’ y le pones ojitos de cachorrito abandonado le harás moverse.

-Sí, al templo a meditar- interrumpió con tono irónico.

-O al bosque a matar a enemigos invisibles. La cuestión es que reaccionará y lo más probable es que tu amigo muera, pero será por el bien de la humanidad, Buda le acogerá en sus brazos- dijo con una mirada soñadora que Misao jamás creyó posible ver.

-No quiero que Sei-chan muera, además, Aoshi-sama me ve como una niña ¿¡No ves que es ridículo!?- se puso en pie de un brinco- ¡Tu plan tiene un enorme fallo! Para dar celos a alguien este tiene que sentir algo y ese no el caso.

-Tú déjaselo al experto.

Hiko adoptó una pose triunfal completamente seguro de su ‘plan infalible’ mientras ella suspiraba resignándose a las locuras de aquel gran maestro de la esgrima que empezaba a explicarle eso de su entrenamiento especial.

Mientras tanto el Aoiya recibía la visita de Seichiro con una amplia sonrisa, sorprendió a todos al decir que no iba buscando a Misao si no que deseaba hablar con Okina y Aoshi. Yuri y él habían trazado un plan para encelar al ninja, que curiosamente coincidía a la perfección con el de Hiko. Como el ex-Okashira aún no había regresado de su encuentro con Saito, el anciano le invitó a té y trató de descubrir con sus grandes dotes de espía que se traía entre manos el joven, pero todos sus intentos fueron inútiles, ya que el muchacho no tenía la más mínima intención de dejar que ninguno de los miembros de Aoiya intercediera en su plan.

Varias tazas de té después el ninja regresó y tras fulminar al chico con su mirada más fría se dispuso a subir a su habitación y encerrarse, sin embargo Okina le ordenó que se mudase con su ropa más formal, los dos ninjas mantuvieron una conversación silenciosa capaz de ponerle los pelos de punta a cualquiera, el ambiente se había vuelto pesado. Muy a su pesar, finalmente cedió de mala gana, aunque eso era algo que no se notaba, y subió.

Una vez en su cuarto se puso a buscar bastante molesto el hakama más formal que tenía y que no usaba desde a saber cuando, de entre las cajas de madera sobresalía un trozo de tela roja, alzó una ceja ¿tenía alguna pieza de ropa de color rojo? Hubiese jurado que lo único rojo que tenía era un libro. Llevado por la curiosidad, Misao debía haberle contagiado eso, movió las cajas cuidadosamente descubriendo la pieza era ¡una yukata! Pero no una yukata cualquiera, conocía a la perfección a su dueña ¿qué demonios hacía eso allí? Lo peor de todo era que debajo de la yukata había más prendas femeninas, entre ellas ropa interior y todas de la misma persona. Estupendo, no era suficiente con parecer idiota que ahora además iba a quedar como un pervertido.

Dos leves golpes en el papel de arroz le devolvieron la consciencia de lo que le rodeaba, empujó hacia el fondo del armario la ropa femenina y cerró la puerta, agradeciendo al cielo que a la comadreja le diera por llamar a la puerta por primera vez en su vida.

-Adelante.

-Le traigo el té y algo para comer.

-Gracias- la muchacha se sentó frente a él para realizar la ceremonia del té- mañana quiero hablar contigo a solas, en el templo, no pienses en no presentarte, no toleraré ninguna excusa.

Planeado o no aquel comentario sonó más a amenaza que a petición, aquello tan simple había tenido una consecuencia impensable que Makimachi Misao, por primera vez en sus dieciocho años de vida, sintiese auténtico temor a una reunión a solas con su tutor.

Continuará

Escrito el 17 de abril de 2009

domingo, 17 de mayo de 2009

EL AMOR DUELE… Si te roban lo que más quieres



Rurouni Kenshin y sus personajes pertenecen al gran Nobuhiro Watsuki y Shueisha.

Advertencia: este capítulo contiene lime.

EL AMOR DUELE…

Cap 13.- Si te roban lo que más quieres

Aoshi estaba en los baños relajándose, era su último día allí y se sentía bastante complacido con su pequeño avance, pero tenía que hacer algo más. Estiró bien las piernas bajo el agua y se recostó contra la pared de piedra, el poder ver el cielo azul mientras se tomaba un buen baño le parecía maravilloso.

Cerró sus ojos respiró hondo volviendo a abrirlos bruscamente al oír el chapeo del agua a su lado ¿qué hacía ahí Misao? Habían acordado un horario para no coincidir y esa toalla ¿era tan corta la otra vez? Se sentó junto a él y se abrazó con fuerza a su cuerpo petrificado.

-Aoshi-sama no puedo dejar de pensar…- se pegó más a él- … en usted.

-No tendrías que estar aquí.

Ella se incorporó para sentarse en su regazo rodeando con sus piernas la cintura del ninja, depositó sus labios sobre los del ex-Okashira en un beso inocente, con suavidad guió sus manos hasta el pliegue que mantenía sujeta su toalla, la soltó dejando que se deslizase hasta quedar flotando en el agua, recorrió la blanca piel con sus grandes manos. Clavó sus ojos en los de ella antes de devorar sus labios con pasión. Las manos de Misao despojaron al ninja de su toalla, ya no quedaba nada que entorpeciese la visión de sus cuerpos desnudos.

Acarició los firmes pechos de la comadreja deleitándose con el tacto aterciopelado de su piel, dejando resbalar una de sus manos a lo largo de su torso deteniéndose en su ombligo dibujando la circular forma, mientras las manos de ella dibujaban un camino ardiente sobre su espalda y sus labios sobre su cuello le hacían arder de deseo, la pegó bruscamente contra su cuerpo saciando la salvaje necesidad de sentirla junto a él, deslizó impaciente su mano por la espalda femenina.

-Ya no puedes huir- susurró contra su blanco cuello.

El sonido de la madera chocando contra el tatami le hizo abrir los ojos, rayos estaba soñando obscenidades de nuevo, escuchó a una de las trabajadoras disculparse en un susurro con Misao y segundos después el roce del shoji al cerrarse. La ninja se acercó a él, suerte que estaba tumbado de lado y que la yukata era ancha, tenía la respiración agitada, la comadreja ladeó la cabeza mirándole sin entender que le ocurría.

-Le hemos despertado, lo siento.

No podía ni pensar con claridad, ahora tenía más claro que nunca que tanto contenerse no era bueno para su salud mental y que ese viaje le estaba poniendo a prueba más de lo que creía.

-No importa, iré a darme un baño.

Sin esperar nada recogió sus cosas y bajó decidido a alejar aquellas imágenes de su mente, aunque sin duda necesitaría más un baño helado que uno caliente, al menos tenía la certeza de poder apartar durante unos minutos a la ninja de su mente calenturienta o por lo menos aliviar algo la tensión de su cuerpo.

Desnudó su cuerpo cubriéndose solamente con la pequeña toalla que tapaba lo justo, y es que pese a estar solo estaba demasiado acostumbrado a aquella acción. Se sumergió en el líquido caliente con sus ojos cerrados recostado en la rocosa pared. Respiró hondo sintiendo desaparecer la tensión acumulada, se alarmó con el leve chapoteo del agua a su lado, ahí estaba como en su sueño, sentándose delicadamente a su lado, la única diferencia era que no le abrazaba.

-Aoshi-sama no puedo dejar de pensar…- la miró incrédulo ¿su sueño se estaba cumpliendo?- … en que este viaje está siendo muy extraño.

Respiró aliviado, falsa alarma seguía siendo la Misao de siempre, aquella que no se le abalanzaría encima haciendo cosas extrañas para ella. Aún y así era una tortura para sus instintos aquella dulce tentación.

-Eres demasiado confiada.

-¿Por qué lo dice?- se abrazó las rodillas.

-Estás desnuda con un hombre en un lugar en el que si gritases nadie te escucharía- la miró de reojo- no es muy inteligente por tu parte.

-Jajajaja ¿pretende asustarme?- sonrió al ninja- usted no es un hombre cualquiera, no me haría nada.

-No tienes garantías de eso.

Acababa de poner las cartas sobre la mesa, de un modo extraño, acababa de advertirle sobre lo que podría hacerle, ella parpadeó y después rió, la advertencia no tuvo el efecto esperado, no se lo había tomado en serio. Disfrutó de su tortura, sintiendo el roce de su piel, un leve contacto que ponía a prueba su voluntad.

La última tarde que pasaban allí la aprovecharon para pasear sin la presencia de su ‘guía turística’, un poco de libertad de movimientos no les iría nada mal, la ciudad era más hermosa ahora que no tenían tradiciones absurdas que cumplir.

Y así llegó la última noche en la que el calor de su cuerpo y su delicioso aroma a cerezo era lo único que existía para él, la mantenía prisionera en un abrazo protector, velando por su sueño, y ¡qué diablos! Aprovechando esa oportunidad para sentirla bien cerquita y ‘jugando al despiste’ dejar su mano allí donde la espalda pierde su nombre, nadie sospecha de un hombre dormido y a ella parecía no importarle, se había limitado a abrazarle con más fuerza.

La noche dio paso al día y con ello la hora de partir de vuelta a su querida Kyoto, salieron del hostal con sus equipajes, Ibuki les esperaba en la puerta para despedirles con una sonrisa resplandeciente en sus labios y una caja en sus manos.

-Tengan es su recompensa por recoger las tablillas, vuelvan cuando quieran, les alojaremos gratuitamente durante una semana.

-Muchas gracias- la comadreja sonrió encantada.

El elegante carromato que les había llevado hasta allí ahora les llevaba en dirección a la estación. Cuando llegaron el tren ya estaba esperando la entrada de pasajeros con destino Kyoto, tras agradecer al cochero que le llevase subieron en busca de sus asientos en la parte delantera del convoy.

-Aoshi-sama ¿puedo abrirlo?- preguntó sujetando la caja que Ibuki les había entregado- me muero de curiosidad.

El ninja asintió, a decir verdad él también tenía cierta curiosidad, la observó deshacer el nudo del cordel que la mantenía bien cerrada y después abrir la tapa, Misao parpadeó sorprendida con el contenido, había dos yukatas a juego, de esas que usaban los matrimonios y a juzgar por el tamaño las habían hecho a medida para ellos. Ambos desearon poder usarlas en su propia casa algún día.

La vuelta a casa se hizo tan corta que parecía haber pasado tan solo una hora, cargó el equipaje de ambos y la ayudó a bajar del tren, sabiendo que no era necesario, ganándose una de esas sonrisas que tanto le gustaban, desvió su mirada a la gente del andén.

-¡Sei-chan! ¿Qué haces aquí?

-Tu abuelo me dijo que volvías hoy y he venido a buscarte- sonrió abrazando a la comadreja- ¿qué tal un besito de reencuentro?

-¿Qué dices, tonto?- le tapó la boca nerviosa sintiendo la gélida mirada de Aoshi sobre ellos- eres un pervertido…

El muchacho murmuró algo que no se entendió al tener la boca tapada, así que llevada por la curiosidad le destapó los labios esperando que lo repitiese, en cambio lo que hizo fue besar sus labios, agarrar con fuerza su mano y arrastrarla bien lejos de la amenaza del ninja que estaba a punto de asesinarle.

-¡Sei-chan! ¿Qué rayos haces?

-Jajajaja deberías haber visto tu cara y la de Shinomori-san tampoco tenía desperdicio.

-¿A qué viene eso? Pobre Aoshi-sama, ahora tendrá que cargar con todo él solo…

-¡Kami! Misao, pareces tonta, no va a morir por cargar con el equipaje, ni va a perderse por el camino. Tómate un respiro, no te necesita a cada paso que de- sonrió haciendo el signo de la victoria- además ahora te necesito yo, toda esta semana han estado viniendo Shiro y Kuro a comprar, necesitaba ver con urgencia a una hermosa jovencita.

-¿Quieres que te busque una?- ladeó la cabeza- por que yo no soy ninguna casamentera.

-¡Tonta! Estaba hablando de ti, eres mi clienta favorita.

-No se besa a las clientas… imagina si yo fuese por ahí besando a los clientes del Aoiya…

-No creo que eso le gustase a Shinomori-san jajajaja- la comadreja le pateó- entendido, entendido.

Mientras en la estación el ninja se recuperaba de la impresión del ‘beso-secuestro’ ya se la habían vuelto a llevar y él que parecía idiota, cada vez que alguien hacía eso se quedaba petrificado, menos mal que no eran enemigos mortales. Suspiró con amargura para encaminarse al Aoiya, dejaría sus equipajes e iría un rato al templo, su templo, aquel sin tradiciones de darse la mano o dar besos, un templo normal y corriente.

Como de costumbre las miradas de los transeúntes se clavaban en él, por eso odiaba salir a la luz del día por el centro, se apresuró a llegar a su destino. La puerta se abrió bruscamente para su sorpresa siendo apresado por unos brazos fláccidos que le produjeron un escalofrío.

-¡Cerecita mía! Cuanto has tardado- palpó la espalda de su ‘nieta’- ¿has engordado?

-Suéltame de una vez.

Se horrorizó al escuchar ese tono de voz gélido, soltó el musculoso cuerpo del ex-Okashira con espanto ¿cómo podía haber confundido a su niñita con ese espantoso hombre helado? Miró a todos lados en busca de su pequeña pero no había ni rastro, hizo pucheros mirando al ninja.

-¿Dónde está mi caramelito de fresa? Estoy preocupado por ella.

-Con el estúpido de las verduras.

-Si está con Seichiro-kun me quedo más tranquilo- asintió a sus propias palabras- muuuuuuuuuuucho más tranquilo.

-¿Te preocupa que esté conmigo pero te quedas tranquilo si está con ese?

-Es natural, de él puede defenderse, de ti no.

Huyó a donde sabía que él no le seguiría, esas palabras eran su sentencia de muerte, se escabulló hábilmente entre la muchedumbre que realizaba sus compras echando una ojeada al airado hombre, sí esa vez le mataría, mejor aprovechaba para rodearse de chicas lindas ahora que aún podía.

Maldito viejo, él no iba a hacerle nada a Misao, con él estaba segura ¿a qué venía esa estupidez? Entró lanzando una mirada fulminante a los Onis, una advertencia de que no le dirigiesen la palabra o iba a haber guerra. Dejó el equipaje de mala manera en un rincón de su cuarto, si quería sus cosas tendría que ir a buscarlas, así podría interrogarla sobre su amiguito el secuestrador.

-Ojala no hubiésemos vuelto…- susurró.

Salió saltando por el tejado evitando volver a encontrarse con los Onis, le convenía la tranquilidad del templo, quizás si iba, Misao le llevase el té como siempre y todo se solucionase como si nada. Necesitaba fuerzas para enfrentar a Saito esa misma tarde.

Continuará

Escrito el 29 de marzo de 2009

viernes, 15 de mayo de 2009

EL AMOR DUELE… Con los viajes extraños II



Rurouni Kenshin y sus personajes pertenecen al gran Nobuhiro Watsuki y Shueisha.

EL AMOR DUELE…

Cap 12.- Con los viajes extraños II

Su viaje estaba siendo de lo más surrealista, todo aquello parecía sacado de la mente calenturienta de Okina. Tras un nutritivo desayuno y pensar qué podían hacer para pasar el día, la incombustible Morita Ibuki llegó dispuesta a torturarles un poco más.

-Muy buenos días- les dedicó una reverencia- hoy les llevaré al estanque de los deseos, es un lugar precioso, seguro que a la señorita le fascinará.

-¡Un estanque!- exclamó emocionada.

Si a Misao le hacía ilusión él no podía negarse, asintió a la suplica silenciosa de la comadreja y se pusieron en camino, aquel estanque estaba prácticamente a las afueras tuvieron que caminar durante más de una hora. Las dos muchachas no pararon de hablar durante todo el camino y aunque intentaron que participase en la conversación lo máximo que llegó a hacer fue asentir y decir algún “aa”, el rey de la fiesta, vamos.

Los ojos de la Okashira centellearon frente a aquel lugar, la palabra “fascinar” que había usado Ibuki se quedaba corta, de hecho habría que inventar un término nuevo sólo para ella. La ‘guía turística’ sonrió primera parte de la misión cumplida, ahora sólo faltaba la segunda que prometía ser todo un reto.

-Este lugar también tiene una leyenda detrás- los ninjas la miraron, Aoshi desesperado y Misao deseando que no fuese nada extraño- cuenta la leyenda que hay que besarse si se quiere tener un matrimonio feliz en el futuro, si no el matrimonio estará marcado por la infidelidad y la miseria- hizo un puchero para dar más énfasis a sus palabras.

¡Oh Kami! Eso ya era exagerado ¿qué sería lo siguiente? ¿”Tiene que acostarse con ella para tener futuro”? Miró a la Okashira, que ingenuidad… había vuelto a tragarse esa tontería, sopesó la situación con detenimiento ella quería una vida feliz y le amaba, él la amaba y se moría por besarla… no podía ser tan malo ¿no?

Con su mano levantó el rostro sonrojado de Misao, no iba a echarse atrás, se inclinó sobre ella.

-Cierra los ojos- susurró contra sus labios.

Obedeció a su tutor, su corazón latía tan rápido que parecía querer escapar. Rozó su mejilla con la punta de los dedos y la atrajo con suavidad juntando sus labios con los de ella. No era la primera vez que se besaban pero esa vez no era producto de una travesura de Misao, esa vez había tomado él la iniciativa, con algo de ayuda, por que así lo deseaba. El leve contacto pronto se le hizo insuficiente, acarició los labios de Misao con su lengua haciendo que los entreabriera y se adentró en la profundidades de esa boca que tanto deseaba explorándola con total dedicación, los delgados brazos de la ninja se enredaron en su cuello sin poder evitar ese gesto la pegó aún más a su cuerpo sintiendo que el deseo de poseerla le consumía con ferocidad, la falta de oxigeno le obligó a separarse de ella y con ello recapacito sobre su actitud y la dejó libre.

Ibuki se había alejado abrumada por el espectáculo, según le había dicho Saito lo más probable es que pasaran horas hasta que uno de los dos se decidiese y que cuando lo hicieran más que un beso parecería un choque accidental, eso la había dejado fuera de juego.

Cuando Aoshi la soltó sintió que sus piernas fallaban por lo que se dejó caer sobre el banco de piedra apartando la mirada tan roja que podría competir con un tomate. En el momento en que su cerebro volvió a funcionar cayó en la cuenta, le había besado para tener un matrimonio feliz con su amada Yuri, suspiró sintiendo que su cruel certeza le hacía trizas el corazón, al menos había cumplido uno de sus sueños, besar a su Aoshi-sama y de que manera, lástima de esa sensación de necesitar mucho más que ese beso.

Una vez recuperados de la ‘tradición’ buscaron a Ibuki, pero no había ni rastro de ella, así pues sin más que hacer por allí fueron a un pequeño restaurante a comer y después volvieron al hostal. Se bañaron, esa vez por separado, y después de la deliciosa cena se fueron a la habitación a descansar.

A Misao el futón le parecía repentinamente demasiado pequeño, tenía miedo de rozar a Aoshi y que aquella sensación de necesidad volviera a atraparla, pero él tenía un plan diferente, la apresó en un calido abrazo, cuando volvieran al Aoiya le iba a costar horrores conciliar el sueño sin tenerla a su lado.

-Aoshi-sama…

-Duerme, mi pequeña.

Fácil de decir, pero cómo podía dormir si lo único que deseaba era que volviera a besarla como en el estanque, que hiciera con ella lo que quisiera, lo que fuera pero que la quisiera. Los labios del ex-Okashira se posaron en su frente y aunque deseaba llegar más allá se contuvo imaginando que Okina estaba al lado, así no se le iría la mano, de estar allí realmente ahora mismo tendría un Tong far en el cuello.

Aquella noche Aoshi durmió profundamente, no dormía así desde que era un crío, sin soltar en ningún momento el cuerpecito de Misao, ella en cambio no pudo dormir pero ya que él dormía como un tronco aprovecho para abrazarle con fuerza, acariciar su espalda, su rostro y observarle maravillada toda la noche.

La mañana llegó, Misao dudó durante mucho rato que ropa ponerse, algo nada habitual en ella, dejó a una lado su cómodo hakama y se puso una yukata blanca con flores de cerezo. Cuando bajó empezó su nueva aventura, la aliada de Saito en aquel lugar no iba a tener piedad aunque Misao tuviera unas ojeras que le llegaban al suelo. Los llevó hasta el cauce de un riachuelo, sonrió nerviosa y les encomendó su misión.

-Hoy tendrán que buscar una nueva tablilla, pero esta vez deben ir de la mano, si se sueltan perderán la recompensa.

-¿Por qué siempre tenemos que hacer cosas así?

La pregunta inocente de Misao había dado en el clavo, él se preguntaba lo mismo aunque ya imaginaba de quien era la mano que movía los hilos, Saito Hajime el maldito lobo de Mibu. Ibuki les sonrió con inocencia como si no supiese de lo que hablaban, tenía que salir del paso sin ser descubierta.

-Son los designios de Buda, son nuestras tradiciones.

-Ya entiendo…- pronunció no muy convencida.

-Es ridículo- murmuró Aoshi sin darse cuenta.

Ella le miró con curiosidad, también le parecía raro todo aquello pero quería saber para que servían las tablillas que iban recogiendo, tendría que resignarse a no poder saciar su curiosidad. Por su parte Aoshi no iba a dejar que la comadreja se desilusionara, sabía que le encantaba hacer la cabra y esos juegos de buscar cosas, tenía el consuelo de que nadie en el Aoiya iba a enterarse de nada de eso, así que… ¿por qué no? Se adueñó de la mano de la ninja arrastrándola a la búsqueda de la tablilla perdida.

-Estate atenta.

-¡Sí!

No podía ser tan difícil encontrarla, no había arbustos y los árboles eran demasiado altos para que una persona normal trepara para esconder algo, lo que dejaba como escondites validos las piedras del lecho del riachuelo y las pequeñas áreas de hierba más altas. El ir de la mano y la yukata de Misao entorpecían sus movimientos a pesar de la agilidad de ambos, tenían que ir muy juntos y tanto roce empezaba a volverle loco.

¡Ahí estaba! La vio junto a la piedra más grande del riachuelo, había sido demasiado fácil y debió haberlo pensado antes de llevar a la ninja hasta allí, tendría que haber pensado en las geta, en lo complicado que era caminar por un terreno tan irregular con una yukata y sobre todo en el resbaladizo musgo, lastima que no hubiera pensado ¿resultado? Aoshi en el agua manteniendo en el aire el ligero peso de Misao evitando que se mojase.

-Lo siento mucho Aoshi-sama, tendría que haberme puesto el hakama.

-No te disculpes.

-Pero si no llevase la yukata no se habría…

-Agárrate no vayas a caerte.

Sin soltarse de la mano se abrazó al cuello de Aoshi que se levantó ágilmente del agua sujetándola de la cintura. La llevó hasta la orilla recogiendo la tablilla y con su ligera y preciada carga llegó hasta donde Ibuki les esperaba.

-¿Algo más?- preguntó con una frialdad mayor a la habitual.

-A-ah… n-no, nada ma-más…

Le había cabreado, caerse al riachuelo no le había gustado nada, aunque la comadreja se veía la mar de tranquila en brazos de aquel hombretón ella estaba muerta de miedo parecía dispuesto a hacer cualquier cosa. A pesar de los planes preparados para aquel día decidió dejarles pasar una jornada normal haciendo antes una parada en el hostal para que el ninja pudiera cambiarse la ropa empapada.

Una visita por el barrio comercial donde Misao se encargó de comprar regalos para todos los del Aoiya, Seichiro e incluso para Yuri, Saito y Chô, vaya que había pensado en todos. Se alejó disimuladamente para hacer una compra secreta, había visto algo ideal para su Aoshi-sama y claro no podía dejar que lo viera antes de tiempo. La sonrisa traviesa que tenía al volver delató que escondía algo, pero viniendo de ella seguro que era alguna cosa de la que no debía preocuparse.

Algunos de los trabajadores del hostal pasaron a recoger sus compras para llevárselas. El resto de la tarde los dejaron campar a sus anchas, por lo que Aoshi propuso volver a aquel riachuelo, alejado de tantísima gente, para relajarse y como no podía ser de otra manera accedió encantada. Se tumbaron en la hierba disfrutando de la paz y la tranquilidad de aquel pequeño momento de soledad.

La comadreja se inclinó ligeramente sobre él, mirándole directamente a los ojos.

-Aoshi-sama ¿se lo está pasando bien?

-Aa.

-¡Qué bien! Con tantas cosas extrañas creía que se enfadaría.

Retiró con delicadeza algunos de los mechones rebeldes de Misao y la dejó acomodarse en su pecho donde acabó durmiéndose. Acarició su mejilla con ternura, aquella muchachita tan fascinante, la combinación perfecta de madurez e inocencia, fuerza y fragilidad, independencia y necesidad de ser protegida. La quería tener siempre a su lado costase lo que costase.

Sonrió y sin poder remediarlo hizo una confesión que no llegaría a escuchar al estar dormida.

-Te amo mi pequeña Misao.

Mientras tanto en el barrio comercial de Kyoto Yuri paseaba sonriente buscando a su nuevo amigo.

-¡Nikaido-san! ¿Vienes a comprar verduras?

-En realidad iba al Aoiya pero ya que pasaba por aquí he venido a saludar.

-Jajaja hola pues Nikaido-san.

-Oye ¿quieres venir conmigo?- sonrió ampliamente- te invito a cenar.

-Lo siento, hoy no puedo, pero si quieres te invito mañana a tomar algo.

Acordaron encontrarse al día siguiente para continuar con su confabulación para juntar a los ninjas lentos.

Continuará

Notas de la autora:

Antes que nada, las tradiciones y lugares son totalmente inventados, no dispongo de mucha información sobre Tottori así que he improvisado totalmente pensando en las cosas que podrían gustarle a Misao y las cosas extrañas que podrían desesperar a Aoshi.

Escrito el 14 de marzo de 2009

jueves, 14 de mayo de 2009

EL AMOR DUELE… Con los viajes extraños I

Rurouni Kenshin y sus personajes pertenecen al gran Nobuhiro Watsuki y Shueisha.

EL AMOR DUELE…

Cap 11.- Con los viajes extraños I

A primera hora de la mañana llegaron a la estación de tren de Kyoto, cual de los dos estaba más nervioso era imposible de determinar. Misao lucía una yukata azul con mariposas y unas geta y él llevaba uno de sus trajes occidentales que tan bien le quedaban.

Misao fue fácil de convencer, el problema fue Okina que se puso a la defensiva nada más saber que se la llevaba una semana fuera, evidentemente no podía llevársela sin más, así que optó por decirle que Saito le había encargado espiar a los dueños del balneario, pero el viejo seguía sin entender por que se llevaba a Misao en vez de a Okon u Omasu que eran más mayores y tenían mucha más experiencia, por lo que se limitó a contestarle que ella no le tenía miedo y necesitaba trabajar con alguien que le tuviera confianza dando por finalizado el tema diciéndole “yo no cuestiono tus decisiones, no cuestiones tu las mías”.

Cuando el tren llegó subieron y unos diez minutos más tarde la máquina inició su recorrido en dirección a Tottori, el viaje duraba cuatro largas horas, una buena oportunidad para hablar, si es que reencontraba sus tontas palabras que desaparecían siempre en el momento más inoportuno, y como era habitual era ella la que acababa hablando, tras dos horas de monologo forzoso y de picar alguna cosa que había preparado la noche anterior acabó quedándose dormida por el vaivén del tren y él mirándola con cara de idiota.

En la estación de Tottori les esperaba un elegante carro que les llevaría al balneario, el cochero subió sus equipajes y los aseguró en el techo, una vez se hubieron acomodado ambos ninjas en el interior el carro se puso en marcha.

Habían imaginado que sería un pequeño hostal junto a unos baños termales, pero Kami aquello era igual de grande que el Aoiya y lo tenían sólo para ellos. Cinco hombres y cinco mujeres les esperaban en la puerta, todos les dedicaron una profunda reverencia.

-Bienvenidos- la más joven se les acercó- esperamos que disfruten de su estancia en nuestro humilde hostal.

-Ah… gracias.

-Acompáñenme, les enseñaré las instalaciones. Mi nombre es Morita Ibuki.

-Él es Shinomori Aoshi y yo Makimachi Misao.

Recorrieron la planta inferior, los jardines y finalmente les llevó hasta la planta superior donde les indicó cual era su habitación, una habitación de matrimonio con un único futón, cuando lo habitual era que hubiesen dos, todas las comodidades posibles y un baño privado. Les dejó a solas para que se instalasen.

-Sólo hay un futón…- apuntó la obviedad Misao.

-“Eso ya lo veo. Maldito Saito ¿este era tu plan?”- acomodó su morral junto al armario- pediré otro futón si quieres.

-Ah… no es necesario.

Una vez ordenadas sus cosas en la habitación bajaron dispuestos a preguntar que se podía hacer por aquella ciudad, las cosas más tradicionales, los puntos de interés… ese tipo de cosas. Ibuki, les propuso, bueno, más bien les impuso, hacer una visita turística por la ciudad, primera parada, el templo de la ciudad, con lo que le gustaban a Aoshi los templos y a juzgar por su expresión aquel le había fascinado.

-Préstenme atención, por favor- los dos ninjas la miraron con curiosidad-. Debo hacerles una advertencia, según una leyenda de este lugar hay que recorrer el patio del templo de la mano de una persona y hacerle una plegaria a Buda, quien se atreva a caminar solo… tendrá una vida sin amor y morirá en la más absoluta soledad.

A Misao la recorrió un escalofrío, ella no quería eso, quería tener una vida de color rosa llena de amor y florecillas junto a su Aoshi-sama y nada de morir sola y abandonada como un trasto viejo e inservible. Él alzó una ceja ante semejante superstición ridícula. Le miró con sus grandes ojos vidriosos. Misao si era un poco inocente en ese sentido, por su mirada era evidente que se lo había creído de principio a fin. Le tendió la mano haciendo que sus ojos centellearan de la emoción. De la mano hicieron el recorrido indicado por Ibuki que se quedó fuera esperando.

Una vez cumplidos los objetivos de la visita, era el momento de tomarse un descansito en una casa de té, pero al parecer por allí no se podía hacer nada de un modo convencional. Antes de poder pedir lo que les apetecía tenía que hacer una cata de té e identificarlos correctamente, si fallaban tenían que contestar una pregunta que les formularía la anciana dueña del recinto ¿qué tipo de pregunta? Estaban a punto de descubrirlo.

Les pusieron seis vasitos de té a cada uno, no debería suponer un gran reto para ninguno de los dos, Misao se pasaba media vida en herbolarios buscando nuevas variedades de té para él, y Aoshi nunca rechazaba un buen té. Tras probarlos los emparejaron con la variedad que creyeron correcta, la hora del veredicto llegó.

-Ha fallado dos- le dijo la ancianita a Misao- por lo que tendrá que contestar dos preguntas.

-¡Mecachis!- se quejó haciendo pucheros.

-¿Qué es lo que más le gusta de su acompañante? ¿Cuántos hijos quiere tener?

-¿Ah?- se puso completamente roja- p-p-pues… lo que más me gusta de Aoshi-sama es que… esto… que es fuerte y valiente y se puede confiar en él- desvió su mirada hacia la pared totalmente avergonzada- y lo otro… pues la verdad… no lo he pensado nunca.

-¡Que mona! Nos ha salido tímida- Ibuki abrazó con fuerza a Misao.

-Usted ha fallado tres- se limitó a alzar una ceja, la anciana carraspeó y formuló sus tres preguntas- ¿Qué parte del cuerpo de la señorita le gusta más? ¿Va a serle fiel? ¿Qué le hizo enamorarse de ella?

Las mentes de ambos ninjas se cortocircuitaron. La comadreja agradeció a Kami, a Buda y a todo lo que le ocurrió por el hecho de que Ibuki la continuase abrazando por que si no estaba segura que se hubiera caído de morros al suelo, ya se imaginaba las respuestas “ninguna, no tengo por que y no estoy enamorado, sólo es mi protegida”. El cubo de hielo que aún no se recuperaba de la ‘confesión’ de Misao que encima le preguntaban semejantes cosas ¿y ahora que hacía? No podía contestar a eso delante de esas dos lunáticas, tenía que ser algo romántico no una confesión de taberna.

Las tres mujeres le miraron curiosas, se había quedado helado, y entonces reaccionó. Se puso en pie de golpe, cogió la mano de Misao y de un suave tirón la puso en pie, se calzaron y salieron como si les persiguiera el mismísimo diablo. Su guía turística salió a toda prisa tras ellos, Aoshi se había enfadado y su enfado estaba a punto de aumentar.

-Antes de volver tienen que participar en un pequeño juego, tienen que buscar una tablilla.

-¿Para qué?- gruñó el ninja.

-E-es un pequeño secreto, más tarde lo sabrán.

Después del recorrido por el templo y el momento surrealista de la casa de té, ahora les hacían buscar una tablilla con algo escrito que a saber para qué rayos servía. Se separaron para cubrir más terreno. Buscaron durante casi una hora, ya estaban a punto de rendirse cuando la comadreja sonrió de oreja a oreja y corrió hasta Aoshi.

-¡La encontré!

-Perfecto vámonos de aquí.

Aoshi empezó a caminar pero ella no se movió, se detuvo lanzándole una pregunta silenciosa.

-Tiene usted mucho morro… yo he tenido que contestar a esas preguntas y usted se ha escapado…

-“Bien Aoshi, esta es tu oportunidad”- la miró intensamente- no es algo para contestarle a unas desconocidas.

-Ya pero…

-No eres un trozo de carne, no te trates a ti misma así.

¿Cómo podía elegir una parte del cuerpo de Misao? Adoraba cada recoveco de esa blanca y suave piel incluso esas partes descuidadas como sus rodillas siempre con algún moratón o rasguño por los entrenamientos.

Ibuki les preguntó si querían volver ya y no se lo pensaron dos veces y ¿qué mejor que un buen baño para recuperar todas sus energías y olvidar ciertas cosillas? Sin perder ni un segundo Misao recogió su yukata y sus cosas para el baño y bajó canturreando feliz hasta los baños.

Tras desnudarse en el cambiador salió a la zona del baño, le extrañó ver un biombo en mitad del lugar, prefirió no darle más importancia se acomodó en una de las banquetas y empezó a lavarse, cuando acabó se metió en las aguas termales ¡Kami! Aquello era media vida, que bien se estaba. Su oído la avisó de que no estaba sola, se giró y… ¡Aoshi estaba allí parado!

El ninja se quedó petrificado ¡Oh, Kami! Volvió atrás, pero fue inútil, habían bloqueado la puerta desde fuera ¿acaso Saito quería poner a prueba su autocontrol? Seguro que lo de encerrarles en los baños también había sido idea suya el muy… Las sospechas del cubo de hielo eran acertadas, el lobo le había dicho a la dueña que eran un poco tímidos y que si veían que los baños eran mixtos huirían y que eso era absurdo por que estaban prometidos.

Lo mejor sería meterse en el agua, si quedaban espalda contra espalda quizás sería un poco menos violento, suerte de las toallas, en varios sentidos.

-Siento que haya pasado esto.

-Aoshi-sama es usted muy inocente…- dijo tratando de contener una risita.

-¿Por qué dices eso?

-Por que viniendo de Saito debió imaginarse que haría algo así, mire que a ese hombre le gusta fastidiar a todo el mundo… seguro que se está muriendo de la risa en algún rincón de Kyoto…

-Tienes razón.

-Se está nublando… parece que va a llover.

Bajo el agua sus manos se encontraron y pese al primer impulso tímido de apartarlas mantuvieron aquel leve contacto tan agradable, Misao bajó su mirada avergonzada aún sabiendo que él no podía ver que estaba completamente roja.

-Creo que debería salir ya… se me están arrugando los dedos jejeje. No quiero acabar arrugada como Okina.

-Yo me quedo un rato más.

La comadreja se marchó, cuando la supo fuera se sumergió en el agua, si seguía así moriría siendo joven. En el momento que empezó a marearse supo que era hora de salir de ahí.

Regresó a la habitación una vez vestido, ella estaba allí arreglándose su larguísima cabellera, guardo sus cosas y tendió la toalla en la cuerda del ventanal. Una fuerte tormenta se desató sobre el lugar. Misao tenía miedo de los truenos ¡era su oportunidad! Se giró a mirarla, seguro que estaría intentando disimularlo, y… ¿eh? estaba la mar de feliz extendiendo el futón como si nada… ¿Cuándo había dejado de tener miedo? ¡Estúpido karma!

Ella se acostó mientras él escribía algo, y aunque la curiosidad la estaba matando la verdad es que estaba tan a gusto en el futón que no se movió. Rato después él ocupó su lugar junto a ella y apagó la llama de la vela que alumbraba la estancia. La tormenta había empeorado y ella seguía sin dar señales de asustarse.

-¿Tienes miedo?

-¿Ah? Hace años que dejaron de darme miedo los truenos.

De lo que Misao no se había dado cuenta era de la maravillosa oportunidad de pasar toda la noche abrazada al hombre de sus sueños.

-¿Por qué me ha invitado a venir?- él alzó una ceja en la oscuridad- Debería haber traído a Nikaido-san.

Ahí estaba, una nueva oportunidad para aclarar que Yuri y él no tenían nada, era simple, sólo tenía que decir “Yuri era una Oniwabanshu” pero eso sonaba frívolo incluso para él.

-Es un sitio muy bonito- suspiró acurrucándose en el futón- me encantaría volver algún día.

Aoshi deslizó su mano para atrapar la cintura femenina y la abrazó con fuerza sintiendo con total claridad las deliciosas curvas del cuerpo de Misao, acarició su espalda con sensualidad. Misao se mordió el labio inferior conteniendo un suspiro, alzó su rostro para mirarle, sus labios estaban a escasa distancia y sus respiraciones chocaban entre si. Sólo tenía que inclinarse un poco y podría besar los dulces labios de la Okashira.

¿Qué era eso? ¿Qué hacía ahora? Por Kami… nunca había visto a Aoshi en una actitud tan… ¿cariñosa? ¿Cercana? ¡Tan anti-Aoshi! Sin saber por que su delgado brazo rodeó la cintura de su tutor. Estaba a punto de volverse loca, ella no quería hacer eso… ¡qué demonios! ¡Claro que quería! Pero no lo había planeado, su cuerpo se había movido solo.

No había que ser un genio para notar que la había puesto nerviosa, normal, eso se podía considerar acoso, aunque viniendo de ella seguro que ni se planteaba algo así. No podía seguir, ni siquiera le había dicho lo que sentía por ella, tenía que tranquilizarla.

-Duerme, pequeña.

Ella le sonrió y acomodó su cabeza en el fuerte pecho del ninja. A pesar de lo nerviosa que estaba se quedó dormida rápidamente.

Continuará

Escrito el 7 de marzo de 2009

miércoles, 13 de mayo de 2009

EL AMOR DUELE… cuando te ponen a prueba

Rurouni Kenshin y sus personajes pertenecen al gran Nobuhiro Watsuki y Shueisha.

EL AMOR DUELE…

Cap 10.- Cuando te ponen a prueba

Primera hora de la mañana, era el día libre de las chismosas así que nada más desayunar las delicias preparadas por Misao salió a buscarlas. Su principal problema era como sacarles el tema y que no pensasen cosas raras…

-¿Puedo hablar con ustedes un momento?

-¡Aoshi-san!- Okon se sobresaltó con su aparición- yo… lo siento tengo mucha prisa.

-Y yo también, lo siento Aoshi-san.

Ambas se levantaron y huyeron, al parecer aún le tenían algo de miedo, no llevaba sus kodachi podrían haberse ahorrado la huida. Nunca entendería a esas dos. Empezaba mal ¿y ahora qué? No pensaba ir a ver a Okina y Misao estaba trabajando… volvía a tener una sola opción, preguntar a Mudô. Eso sí, antes de salir en su busca cogería sus kodachi.

Tenía localizada la verdulería y hasta allí fue sin perder más tiempo, pero el joven no estaba allí, por suerte si estaba su padre que gustosamente le reveló el paradero del muchacho. No tenía que ir muy lejos para encontrarle, estaba en el Shirobeko. Esquivó a Sae que tenía intención de reclamarle por haberle tratado de mensajera y se plantó frente a Mudô

-Ven conmigo.

-¿Po-por qué?

-No voy a hacerte nada, ven conmigo.

Dejó el dinero de la consumición de Seichiro sobre la mesa y finalmente este accedió a seguirle, le dirigió a la pequeña área boscosa cercana obligándole a internarse en el bosque para quedar lejos de los oídos ajenos.

-Quiero información.

-¿Qué… tipo de información?- tragó saliva nervioso.

-Sobre Misao.

-No voy a decirle nada- suspiró clavando su mirada en el suelo- pregúntele a ella, eso sería más sencillo.

Desenvainó su kodachi sin pensar presionándola contra el brazo derecho del más joven que se alarmó al sentir el frío acero rozar su piel, alzó su mirada asustada clavándola en la helada del ninja, viendo claramente aquellos ojos inexpresivos y distantes sin rastro de emociones y no pudo hacer más que rezar todo lo que sabía para que no le triturase ni le usase de alimento para animales salvajes.

-Hagamos un trato- enfundó de nuevo su kodachi- tú me dices lo que quiero saber y yo me tomo el tiempo de conocerte- el joven suspiró aliviado.

-¿Y me dejaría casarme con Mi-chan?

-No tientes tu suerte.

-Está bien… ¿Qué quiere saber en concreto?

-Quiero llevarla de viaje y regalarle algo- mantuvo su mirada inexpresiva.

-Le gustan las cosas sencillas, puede llevarla a donde sea siempre que vaya con ella, es muy sociable y en seguida entabla conversación con quien sea, le encanta la tempura de verduras y los dulces como los bollos de crema y los castella para tomar el té…- suspiró- su té favorito es el verde y siempre le pone miel para endulzarlo y el zumo de frutas que prepara Omasu-san le vuelve loca. No necesita comprar nada, si le da flores de las que se encuentran por aquí y le sonríe le hará la mujer más feliz del mundo. Lo que más le gusta es estar a su lado.

-¿Me estás mintiendo?

-¡Claro que no!- exclamó molesto- ¿siempre es tan desconfiado?

-Está bien, gracias. Pásate un día por el Aoiya.

Aoshi volvió sobre sus pasos dejando a Seichiro lleno de preguntas ¿a qué venía la demanda de información sobre Misao? Él debería conocerla a la perfección la había criado y vivía bajo su mismo techo, además ¿por qué le preguntaba a él? Era más fácil preguntarle a ella o a la gente del Aoiya… y ahora que lo pensaba ¿para qué demonios tenía que ir al Aoiya? Suspiró frustrado, de verdad que era incapaz de comprender a ese hombre… se frotó el brazo donde había estado la kodachi y después inició su camino de vuelta al Shirobeko recuperando poco a poco la calma.

El ex-Okashira se dirigió con decisión hacia la comisaría, quería quitarse de encima cuanto antes el asunto con Saito, si bien parecía que podría sacarle provecho a sus paranoias se le hacía molesto e incomodo que el lobo supiese de sus sentimientos por la pequeña Okashira, él era un hombre que ocultaba sus emociones, era ninja por ello sus impulsos se veían reducidos a la nada, para eso había entrenado duramente durante tantísimo tiempo, pero ese maldito hombre…

Se detuvo frente a la puerta de la comisaría tomando aire para lograr mantener la calma que parecía querer escaparse de su cuerpo. Entró con decisión sin ceremonias hacia los oficiales que le miraban curiosos, recorrió el pasillo hasta toparse con Cho que le señaló la sala donde había estado el otro día y allí dirigió sus pasos.

Abrió la puerta sin llamar, lo más seguro era que ya le estuviese esperando, clavó su vista en la pancarta y suspiró, sacudió la cabeza y volvió a mirarla, no era la misma del día anterior, esta vez ponía “¿CUÁNTO SABES SOBRE LA COMADREJA? EL EXAMEN DEFINITIVO PARA SABER SI ERES IDIOTA”. Nuevamente sintió ganas de salir corriendo de allí, lástima que supiera que no podría hacerlo, seguro que el lobo con su cínica sonrisa se vengaba de un modo nada beneficioso para él.

-Bienvenido cubo de hielo- sonrió satisfecho- anda siéntate.

-Ahórrate esas estupideces que cuelgas-gruñó sentándose frente al policía.

-Así es más divertido y ahora…- plantó un papel, un pincel y un tintero frente a él- contesta esas preguntas sobre la comadreja, tienes una hora.

Un tic asaltó al Oni, la hoja tenía diez preguntas debajo de cada una un espacio en blanco para escribir la respuesta ¿cuan veraz era eso? ¿Cómo sabría el lobo si acertaba o se equivocaba? Tomó el pincel y empezó a escribir esperando no equivocarse en nada.

1.- Color favorito

Aoshi: azul

Correcta: el color de los ojos de Aoshi-sama.

2.- Flores favoritas

Aoshi: las flores silvestres

Correcta: las flores silvestres, sobre todo las velloritas

3.- Comida favorita

Aoshi: los pastelillos castella

Correcta: la tempura de verduras, mis dulces favoritos son los bollos de crema y para el té los pastelillos castella.

4.- Bebida preferida

Aoshi: el té verde

Correcta: el zumo de frutas que prepara Omasu-chan

5.- Té favorito

Aoshi: el té verde

Correcta: el té verde con un poco de miel

6.- Festividad preferida

Aoshi: Año Nuevo

Correcta: Tanabata, es tan romántico…

7.- Lugar favorito

Aoshi: el cerezo del Aoiya

Correcta: el cerezo del patio del Aoiya

8.- Lo que más le gusta hacer

Aoshi: hablar

Correcta: estar junto a Aoshi-sama

9.- Viaje ideal

Aoshi: algún lugar cercano al mar

Correcta: donde sea si puedo ir con Aoshi-sama

10.- Su sueño para el futuro

Aoshi: preservar el Oniwabanshu

Correcta: que algún día Aoshi-sama sonría de corazón

El lobo alzó una ceja y bufó derrotado ese hombre sería muy inteligente y todo lo que le diera la gana pero desde luego descubriendo cosas sobre la comadreja era el peor del mundo seguro que aunque colgase una pancarta poniendo lo que le gusta no se enteraba.

-Has suspendido, sólo has acertado tres y dos a medias.

-¿Ah si? ¿Y tu cómo lo sabes?

-Por esto- le entregó una hoja de papel con las mismas preguntas contestadas por Misao- se lo pregunté directamente a la interesada, apuesto… a qué ella contestaría a la perfección las preguntas relacionadas contigo.

Leyó atento las respuestas, era lo mismo que le había dicho Seichiro…

-Cuando una mujer te dice “mi color favorito es el de los ojos del cubo de hielo” es ese en concreto no el azul del mar, ni el azul del cielo, ni otro tipo de azul, el azul en general no vale.

-Lo tendré en cuenta.

-Mira cubo de hielo, tienes suerte de que tu niña hable sin parar y te cuente cualquier tontería que pase por su cabeza, te da toda la información que necesitas, sólo tienes que escucharle- encendió un cigarrillo y se recostó en su silla- además ella se conforma con que la dejes estar a tu lado.

-Sí la escucho.

-¿En serio? Pues no lo parece.

-…

-Te la vas a llevar de viaje. Unos conocidos tienen un hostal con baños termales, les pediré que lo reserven, tienes tres días para convencerla- sonrió con malicia- y hazte un favor a ti mismo, que no se entere el viejo o te usará como saco de arena.

-¿Por qué?

-Mmm- le miró sin mucho interés dando una calada a su cigarro- es una buena oportunidad para que te fijes en lo importante.

-¿Y tu que ganas con eso?

-Cuando estés allí cógela de la mano, llévala a ver lugares bonitos, invítala a comer, ved juntos una puesta de sol, cosas de esas.

-No me has contestado.

-Es simple, si la comadreja está de buen humor rinde mejor y sus informes son más completos, cuando la deprimes sus informes parecen telegramas escritos por Cho y así no me sirve.

-Misao no es un juguete- dijo incorporándose el ninja- no la uses para tu propia diversión.

-Shinomori, no eres el más indicado para decirme eso, tu juegas con ella. Y ahora lárgate, tengo mucho trabajo.

-Si le ha…

-Ahórrate las amenazas, no me das ningún miedo. Venga, tienes que convencerla de que te acompañe, deja de perder el tiempo.

Saito se marchó en dirección a su despacho dejado a Aoshi plantado en medio de aquella sala, finalmente se resignó y regresó a su hogar a planear como llevarse a Misao de viaje sin que Okina le incordiase.

Continuará

Escrito el 27 de febrero de 2009

martes, 12 de mayo de 2009

EL AMOR DUELE… Cuando falla el plan



Rurouni Kenshin y sus personajes pertenecen al gran Nobuhiro Watsuki y Shueisha.

EL AMOR DUELE…

Cap 9.- Cuando falla el plan

Lo primero que hizo cuando llegó al Aoiya fue buscar a Misao, pero aún no había vuelto, así que salió a buscarla, era muy tarde ya era casi la hora de cenar, hacía horas que debería haber vuelto ¿es que se había propuesto preocuparle? Sólo esperaba que no se hubiera tropezado con aquellos imbéciles.

Salió a la calle, seguir el rastro de Misao nunca había sido muy complicado, cuando estaba en Kyoto no solía preocuparse en ocultarlo así que seguro que encontraba el camino. Y no se equivocaba, Misao y su amigo habían ido en dirección al templo. Sin perder más tiempo corrió tras los paso de los jóvenes, se habían desviado hacia la montaña ¿por qué? Se temía lo peor. Aceleró el paso hasta llegar a un pequeño claro allí se detuvo bruscamente.

Misao estaba sentada encima de la montaña de cuerpos inconscientes de los seis idiotas de aquella misma mañana, pero ¿dónde estaba su amiguito? La jovencita miró hacia donde él estaba y sonrió.

-Aoshi-sama ¿ha venido a buscarme?

-¿Qué ha pasado?- preguntó avanzando hasta ella.

-Pues parece ser que nos han visto salir del Aoiya y nos han seguido.

-¿Y Mudô?

-En teoría ha ido ha buscar ayuda, pero no hacía falta.

-¿Te ha dejado sola con ellos?- la miró incrédulo.

-Sí, le dije que fuera a buscar a la policía…

-¡Idiota! ¡Eres una inconsciente! ¡Podrían haberte hecho cualquier cosa!

-Aoshi-sama… sé cuidarme perfectamente.

Le tiró del brazo y la empotró bruscamente contra el árbol más cercano, impidiendo que se moviera.

-¿Crees que puedes defenderte de cualquier cosa?

-¡Ay! ¡Me hace daño!

-Pues imagina que más podría hacerte si quisiera.

Acababa de amenazarle pero ¿por qué le resultaba tan excitante la amenaza de Aoshi? Debería enfadarse por lo bruto que estaba siendo, le estaba haciendo daño en el brazo.

-Empieza a ser más responsable.

-Shinomori-san ¿qué está haciendo?- Seichiro y un policía le miraban cargados de curiosidad- parece que la esté atacando.

-¿Atacarme? ¡Qué tontería Sei-chan! Me he caído y me estaba ayudando ¿verdad, Aoshi-sama?

-Aa.

-Pues hubiese jurado que no tenía buenas intenciones- sonrió nervioso al ver la gelidez de la mirada de Aoshi- si todo está bien… yo… me voy a casa, ha-hasta mañana Mi-chan.

El joven se marchó a toda velocidad antes de que pudiera cruzársele un cable al ninja y decidiera hacer filetes con él, pero su felicidad acabó cuando le vio parado en mitad del camino, no sólo le había seguido si no que incluso le había adelantado, qué hombre más rápido.

-Te dije que no la perdieras de vista.

-Me amenazó con pegarme si no iba a por la policía.

-¿Haciendo caso a las amenazas de una niña?

-¡Misao no es una niña! Es una mujer y si no quiere verlo es su problema, además es bien capaz de cumplir sus amenazas.

-Dame un solo motivo por que el que no deba darte una paliza.

-No tengo ninguna obligación de decirle nada, haga lo que le venga en gana.

Seichiro reemprendió su camino mostrando una increíble seguridad que en realidad no sentía, Aoshi se quedó parado sin saber como reaccionar, acababa de vacilarle un crío. Se quedó allí plantado hasta que llegó Misao y le sacó de su estupor.

-¿Qué hace aquí parado? Creía que iba al templo.

-Misao, necesito que me ayudes con algo.

-Claro ¿qué necesita?

-Tengo que regalar unas flores.

-¿A quién?

-A una mujer.

-Ah…-suspiró, mejor no haber preguntado, seguro que eran para Yuri- busque sus flores favoritas, eso es lo mejor.

-No sé cuales son ¿Cuáles te gustan a ti?

-Pues… las que me gustan a mi no son muy apropiadas, así que no creo que le sean útiles…- la miró esperando una respuesta- que pueda encontrar en una floristería me gustan las primulas, los girasoles, los tulipanes y las velloritas, pero las flores silvestres son las que más me gustan- finalizó con una sonrisa.

Flores silvestres, eso pegaba con su carácter, debería haberse dado cuenta… de pequeña siempre volvía cargada de flores del bosque y decía que eran tan bonitas que no podía dejarlas allí.

-Jejeje siento no serle de mucha utilidad…

-No, me has ayudado mucho, gracias.

-¿Ah? De nada- le miró sorprendida ¡acababa de darle las gracias!- hacen buena pareja…

-¿Mmm?

-Nikaido-san y usted.

Maldición… se había olvidado de aclarar que no eran pareja, ese era un buen momento para explicarle que no había nada entre ellos, pero la comadreja echó a correr diciendo que tenía algo que hacer para Okina dejando al ninja sólo en el bosque. No pudo acabar su cuestionario, sabía las flores pero no el resto ¿dónde conseguir la información? El amigo de Misao, no tenía nada que perder. Y a su encuentro fue, odiaba ir al mercado pero no le quedaba otra opción, por suerte para él era la hora del cierre y a penas había gente.

-Shinomori-san, si viene a amena…

-¿Cuál es el color favorito de Misao?

-¿Uh? ¿Es qué no lo sabe?- el ninja alzó una ceja- ella siempre dice “el color que más me gusta es el de los ojos de Aoshi-sama”- dijo imitando el modo de hablar de la kunoichi- así que ese es su favorito.

-Azul…

-Disculpe pero tengo mucha prisa… ¿por qué no le pregunta a ella?

-Oye.

Tarde… el muchacho se había marchado a toda prisa ¿qué demonios pasaba? ¿Estaba perdiendo facultades? Le estaban tomando a broma tanto Mudô como el lobo y encima se quedaba sin respuestas.

Ahora tenía tres opciones…

Opción uno interrogar a las dos chismosas del Aioya y que seguro conocían los gustos de Misao.

Opción dos interrogar al viejo loco que lo más probable es que muriera presa de un ataque de la risa al saber que no conocía los gustos de la muchacha y después, trataría de matarle por haberse atrevido a enamorarse de ella.

Opción tres ir directamente a la fuente, o lo que es lo mismo, preguntar a Misao directamente.

Tras una intensa discusión consigo mismo llegó a la conclusión que lo mejor era preguntar a Okon y Omasu, así el viejo loco le dejaría vivir un poco más y Misao no se enteraría de nada ¿qué podía fallar? Era un excelente espía.

De camino al Aoiya trató de hacer memoria sobre cosas que decía la muchacha, como lo de las flores que debería haber recordado con facilidad, le gustaba beber té, hablar de todo lo que le pasase, no quería que el Oniwabanshu desapareciese nunca, también quería ser una buena Okashira, adoraba a Okina, le gustaba cocinar y seguramente viajar por que siempre le seguía, siempre pedía pastelillos castella con el té, el té… siempre era té verde, sería su favorito, una vez se pararon en un pueblo costero y había estado correteando en la orilla tratando de no mojarse los pies cuando rompían las olas... se había divertido mucho, seguro que eso le gustaba también.

Ciertamente tenía mucha información sobre ella la cuestión era si sería capaz de utilizarla a su favor, si tuviera que torturarla o asesinarla sí sabría pero con fines románticos… era un completo estúpido en ese campo.

A lo lejos vio a Misao acompañada de Hiko ¿qué hacían esos dos juntos y tomando el té? Parecían muy amigos, pero no recordaba que se llevasen tan bien como para tomar algo juntos contarse confidencias y reír a carcajadas…

No podía acercarse por que sabía que Hiko le detectaría si acortaba la distancia y eso levantaría las sospechas sobre que algo estaba ocurriendo y con Saito ya tenía suficiente tortura. Pero si era sincero se moría de curiosidad… ese hombre volvía locas a las mujeres con sólo mirarlas, la comadreja siempre había sido inmune a sus encantos, sólo esperaba que eso no hubiese cambiado y estuviesen juntos por mera casualidad.

Pero la cruel realidad era otra, en realidad Misao no tenía que hacer ningún encargo para Okina, había quedado con Hiko por que se había ofrecido a ayudarla con Aoshi y reían por que él había imitado la forma de actuar y hablar del cubo de hielo.

-Muy bien, lección uno, cuando tu querido ninja se ponga borde contigo ignórale, pero no pongas cara de perro apaleado, ignórale por completo, como si no existiera, que sepa que no puede hacer lo que le de la gana contigo, tienes sentimientos y su comportamiento te afecta, así que sé cruel y véngate.

-Pero Hiko-san…

-Mira, el cubo de hielo es un guerrero a él las relaciones sentimentales le quedan grandes, no es capaz de mantener una relación normal por que está acostumbrado a la soledad por eso sus reacciones son desmesuradas con las situaciones- bebió un poco de su té- A parte tú nunca le has llevado la contraria, pareces su mascota, le sigues fielmente, por eso en cuanto te has impuesto un poco ha saltado del modo que lo haría si le hubieses traicionado ¿comprendes?

-Sí… pero yo no quiero que se enfade.

-No seas tonta, ya te dije que tu eres la Okashira puedes hacer lo que te de la gana sin dar explicaciones a nadie, aprovéchalo ¿quieres conquistarle, no?- ella asintió- pues no hay nada mejor que ponerle las cosas difíciles, cuando crea que puede perderte se espabilará, ya lo verás.

Hiko continuó aconsejando a la comadreja pero ¿Cuáles eran sus verdaderas intenciones? A ella no parecía preocuparle demasiado… por su parte Aoshi seguía intentando escuchar algo pero estaba demasiado lejos y la verdad, empezaba a molestarle no saber que pretendía el maestro del Hiten Mitsurugi.

Continuará

Escrito el 18 de febrero de 2009

lunes, 11 de mayo de 2009

EL AMOR DUELE… Cuando no entiendes el por qué



Rurouni Kenshin y sus personajes pertenecen al gran Nobuhiro Watsuki y Shueisha.

EL AMOR DUELE…

Cap 8.- Cuando no entiendes el por qué

A primera hora de la mañana dos jóvenes con demasiado tiempo libre se reunieron en una pequeña taberna a las afueras de Kyoto por que allí no habría testigos de sus perversos planes.

-Mudô-san, háblame sobre Makimachi-sama, la vi de pequeña pero no la conozco.

-¿Makimachi-sama? ¿A qué tanto respeto?

-Mmm… aaaaaah… no me hagas mucho caso- dudó un poco, no le había dicho que había sido una Oni- cuéntame ¿cómo es?

-Pues Mi-chan es una chica muy peculiar, es fuerte pero a la vez muy sensible, una bruta de mucho cuidado pero delicada como el cristal, infantil y madura, muy testaruda, no se rinde ante nada, es firme en sus decisiones…- suspiró- es detallista, tierna, dulce, es capaz de querer incondicionalmente y de perdonar cosas que nadie más podría… eso sin contar lo hermosa que es…

-¿Estás enamorado de ella?

-Desde que me pegó la paliza de mi vida jajajaja, una niñita de nueve años pateando a un chaval de trece ¿puedes creértelo?

-Entonces ¿por qué quieres seguir adelante?

-Por que yo no podría hacerle feliz ni en un millón de años…- sonrió amablemente a su acompañante- ¡quiero que sea muuuuuuuuuy feliz!- dio un sorbo a su té.

-Aoshi-kun es un hombre frío y distante, muy tímido aunque pueda no parecerlo, ha renunciado a su propia vida por su…- titubeó un poco- por su trabajo, nunca muestra lo que siente ni se permite dar muestras de debilidad. Es firme, fuerte, valiente, responsable… tiene un lado oculto muy dulce, amable y cariñoso, sólo que lo esconde muy bien… y se preocupa mucho por los suyos, sería capaz de cualquier cosa por los que quiere.

-¿Tu…?

-¿Eh? jejejeje… sí, pero nunca podría tener una oportunidad con él.

-Te das cuenta ¿de lo raro que es esto? Estamos intentando juntar a las personas que amamos jajajaja.

-Es verdad jajajajaja.

Tras unos minutos de risas se miraron para después suspirar.

-No creo que sea una buena idea darle celos a Makimachi-sama, se entristeció mucho cuando le dije que era la prometida de Aoshi-kun…

-Shinomori-san se muere por trocearme ¡mi vida correrá peligro!

-¡Yo te protegeré!

En el Aoiya Misao servía el desayuno a los clientes más madrugadores con una sonrisa de oreja a oreja que se convirtió en una mueca de fastidio al ver a Aoshi sentado en la mesa del fondo, ahora tendría que servirle el desayuno… y esa mañana no estaba dispuesta a cambiarle la tempura por algún dulce, iba a comerse lo que había lo quisiera o no y el té… iba a ser té verde, nada de prepararle un té especial sólo para él… Suspiró para entrar en la cocina bajo la atenta mirada del ninja de hielo. Él nunca se sentaba en el restaurante cuando había gente, principalmente por que ella siempre le subía la comida, además odiaba todas aquellas miradas curiosas de los clientes ni que fuera un bicho raro.

La Okashira dejó una bandeja individual frente a él, la observó atento, no había doble ración de sopa de miso, ni había ningún dulce, le había dejado la tempura que tanto odiaba desayunar y el té… simple té verde, alzó una ceja contrariado para después mirarla.

-Lo que no quiera no se lo coma.

-…- cogió sus palillos y empezó a comer.

¿Cómo habían llegado a ese extremo? Misao siempre le había dado un trato especial, en cambio ahora… ¡maldición! ¿Qué estaba haciendo mal? Sólo quería volver a estar bien con ella, esa niña tonta que estaba enfadada por vete a saber qué.

Dirigió su mirada a su mujercita que servía una mesa con seis jovencitos con las hormonas muy revolucionadas. Uno de ellos tuvo el atrevimiento de tocarle el trasero y ella reaccionó sin pensar propinándole una sonora bofetada.

-¿¡Qué crees que estás haciendo zorra!?

-Tenía un mosquito- si montaba un escándalo Jiya la mataría por no pensar antes de hacer las cosas- ¿quieren algo más?

-Ven aquí fulana te vamos a enseñar lo que es un hombre.

Entre dos pegaron un tirón de la muchacha y entonces Aoshi ya no pudo quedarse sentado por más tiempo. De dos zancadas se plantó frente a ellos, jaló del brazo a Misao y se colocó entre ella y esos tipejos.

-¿Hay algún problema?- les lanzó una mirada helada.

-Sí, esta mujerzuela se ha atrevido a pegarme.

-Misao.

-¿Sí?

-La próxima vez…- los jóvenes sonrieron creyendo que la iban a despedir- pégales más fuerte y que Saito los encierre en el calabozo. Y vosotros, comed y largaos, no quiero volver a veros por aquí.

-Oye tío qué yo no he hecho nada.

Todos los clientes que conocían muy bien a la comadreja salieron en su defensa, esa pequeña siempre les ofrecía el mejor trato de toda la ciudad. Ante la avalancha de gente que les amenazaba los jóvenes se marcharon sin pagar jurando venganza.

-Gracias Aoshi-sama.

-No quiero que salgas sola, al menos no hasta dentro de unos días.

-De acuerdo.

Volvió a su mesa para acabar su desayuno y ella a la cocina, minutos después reapareció con su flamante sonrisa unos pastelillos y su té preferido, se vio tentado de echarse a llorar de la emoción y abrazarla con todas sus fuerzas pero se limitó a agradecérselo.

Horas más tarde Seichiro se presentó en el Aoiya buscando a Misao, sólo por esa vez Aoshi se alegró de verle, algo bastante irónico. Le hizo sentarse en su mesa mientras la ninja se cambiaba.

-Mudô, vigílala, no te separes de ella ni un segundo, si algo le pasa servirás de alimento para los peces.

-¿Eso significa que acepta que me case con ella?

-No. Limítate a no perderla de vista.

La comadreja volvió con su ropa normal, su gi holgado y su short tan poco femenino, eso le dio una tremenda alegría a Aoshi, aunque… esa indumentaria mostraba mucha piel.

-¡Wow! Hacía tiempo que no te veía así vestida.

-Es que mis yukata las tiene todas Omasu…- se acercó al oído de Aoshi para susurrarle- llevo mis kunai por si se les ocurre volver, no se preocupe.

-Ten mucho cuidado- le susurró.

Los dos jovencitos se marcharon riendo como era habitual en ellos y el ninja… bueno, él tuvo que conformarse con dejarle ganar por el momento. Se levantó decidido a encontrar el modo de arreglarlo todo, iría a ver al lobo y tantearía el terreno a ver si podía ofrecerle algo útil, aunque eso el lobo no lo sabría usaría de excusa el altercado del desayuno.

Nada más llegar a la comisaría le recibió Cho entre risas, algo a lo que no le dio importancia, y le guió a una sala en vez de al despacho del lobo como era habitual. El escoba se alejó riendo como un loco ¿sería el estrés de trabajar con el lobo? Decidió no pensar más en eso y llamó a la puerta, al otro lado la potente voz del policía le mandó entrar. Abrió la puerta y lo primero que vio casi le provoca un paro cardiaco… una enorme pancarta que ponía “CLASES PARA RECONQUISTAR EL CORAZONCITO DE LA COMADREJA PARA EL ESTÚPIDO CUBO DE HIELO”.

-Pasa hombre, pasa, te estaba esperando- se acercó a él y de un empujón lo metió dentro- siéntate.

-Creo que me voy…

-¿Cuál es la mejor cualidad de la comadreja?

-Tiene una puntería letal- tal y como había planeado Saito el ninja se sentó, que fácil era engatusarle- es una buena kunoichi.

-Eso serviría si quisieras reconocer su merito no para ligártela, patán…- se dejó caer bruscamente sobre la silla- ¿Es guapa? ¿Tiene un buen culo? ¿Buenas tetas?- Aoshi se quedó boquiabierto- ¿Te pone? ¿Te dan ganas de abrazarla y no soltarla? ¿Te hace feliz? Piensa estúpido ¿su mejor cualidad?

Se quedó pensando un rato ¿Cuál era? Seguramente su optimismo, no… era su amabilidad, no, lo detallista que era, no, tampoco, su vitalidad… no, su inocencia… ¿su ternura? ¿Su sonrisa? Se sintió repentinamente mareado ¿sólo podía elegir una? Imposible. Suspiró derrotado.

-Muy bien, hagámoslo más fácil- dijo encendiendo un cigarrillo- cierra los ojos y visualiza a la niña- el ex-Okashira obedeció- y ahora dime ¿cómo la ves?

-Sonríe, como siempre.

-¿Una bonita sonrisa?- el ninja asintió- jujuju ¿y qué le dirías?

-¿Sobre qué?

-Eres un auténtico caso perdido, Shinomori. A las mujeres les gusta que les hagas cumplidos, que les digas que están hermosas, que las quieras y valores, no que las trates como un tabi sudado, aunque en eso eres un experto.

¿Un tabi sudado? Él no trataba así a Misao ¿o si? No tenía muy claro a que se refería el lobo con eso. Si era la única con la que tenía trato…

-Regálale flores, eso nunca falla… ¿Cuáles son sus favoritas?

-Mmm… ¿las rosas?

-¿Me lo estás preguntando?- alzó una ceja el lobo- ¿no sabes ni algo tan simple como eso? Tu primera tarea, descubre sus flores favoritas, su comida favorita, su color favorito y otras cosas muy útiles y que deberías saber.

Se paró a pensar, realmente no tenía ni idea de ese tipo de cosas… ¡Oh Kami! Ella conocía todos sus gustos a pesar de sus pocas palabras, en cambio él… y mira que Misao hablaba y daba información ¿cómo era posible que no supiese ese tipo de cosas?

Un tic le asaltó y Saito rió, su alumno era un autentico desastre, prometía ser muy divertido.

Continuará

Escrito el 11 de febrero de 2009