<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-7313635411078290463</id><updated>2012-02-17T01:52:55.889+01:00</updated><category term='el amor duele'/><category term='Vegeta x Bulma'/><category term='Saito x Tokyo'/><category term='Dibujos'/><category term='Anuncios'/><category term='Original'/><category term='Indice'/><category term='Dragon Ball'/><category term='A la luz de la luna'/><category term='Isabelle Lightwood'/><category term='Odd x Yumi'/><category term='Aelita'/><category term='William x Emilie'/><category term='Drabbles'/><category term='Jérémie x Aelita'/><category term='Directos al futuro'/><category term='Personajes'/><category term='recordándote'/><category term='Antes de que sea tarde'/><category term='Veinticinco Momentos'/><category term='Un día normal'/><category term='Ulrich x Yumi'/><category term='Oneshot'/><category term='Mortal Instruments / Cazadores de Sombras'/><category term='Clon William'/><category term='Secciones'/><category term='Azul y Negro'/><category term='Magnus x Alec'/><category term='William x Aelita'/><category term='Code: Lyoko'/><category term='Amor Virtual'/><category term='Lobos'/><category term='Evil Spirit'/><category term='Fanfic'/><category term='Odd x Sissi'/><category term='Edo'/><category term='Jim x Suzanne'/><category term='Rurouni Kenshin'/><category term='Aoshi x Misao'/><title type='text'>Letras del 13</title><subtitle type='html'>Recopilación de mis Fanfics, oneshots e historias originales. Pasen, lean y critiquen</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://fictionniikura.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default?start-index=101&amp;max-results=100'/><author><name>Nat Niikura</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04994620941555549861</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_y0oqfuuRoDE/SKV3CsUfUhI/AAAAAAAAABw/4WbC3LSB0-4/S220/ahoy+garabatosb.png'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>129</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7313635411078290463.post-984442282839838065</id><published>2012-01-28T17:32:00.001+01:00</published><updated>2012-01-28T17:32:53.745+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Vegeta x Bulma'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Azul y Negro'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Dragon Ball'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fanfic'/><title type='text'>A&amp;N III.- De perder y ganar</title><content type='html'>&lt;a href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png"&gt;&lt;img alt="" border="0" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png" style="cursor: hand; cursor: pointer; height: 150px; width: 150px;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/AvFanfics.jpg"&gt;&lt;img alt="" border="0" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/AvFanfics.jpg" style="height: 150px; width: 150px;" /&gt;&amp;nbsp;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Dragon Ball y sus personajes son propiedad de Toriyama Akira.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;III.- De perder y ganar&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;La observó sentada detrás de la mesa revisando papeles, haciendo cuentas, tecleando en el ordenador, con su taza, que siempre contenía café, ahora llena de zumo de pomelo. Llevaba meses observándola, así a escondidas.&lt;br /&gt;La observaba cuando trabajaba, la observaba cuando comía, la observaba mientras dormía... Y por más que odiase estar siempre observándola no podía dejar de hacerlo.&lt;br /&gt;Bulma se desperezó como un gato sin levantarse de la silla ergonómica poniendo en evidencia su abultado vientre. A pesar del estado avanzado de su embarazo seguía luciendo aquella ropa ajustada y sugerente que hacía que aquella nueva curva de su cuerpo se viera deliciosa y seductora.&lt;br /&gt;—Diablos, cómo me duelen los riñones —protestó jugueteando con el bolígrafo, inclinada hacia delante y con los codos apoyados sobre la mesa del despacho—. Mataría por un buen masaje...&lt;br /&gt;Él mataría por dárselo, pero todavía fingía que la ignoraba.&lt;br /&gt;Su mente voló a aquella primera noche en la que Bulma le dijo que no:&lt;br /&gt;Había estado entrenando hasta caer rendido sobre el suelo agrietado de la cámara de gravedad mientras los &lt;i&gt;fight-robots&lt;/i&gt; continuaban dando vueltas a su alrededor acechándolo en silencio con su lucecilla roja cual ojo analizándole. Bulma los había programado para detener el entrenamiento si él perdía el conocimiento, no necesitó que nadie se lo dijera, simplemente lo supo al despertarse con la gravedad desconectada y la puerta abierta.&lt;br /&gt;«No quiere que me mate o es muy retorcida» pensó. Lo cierto es qué no sabía que pensar realmente de aquella mujer tan extraña. Le gritaba le insultaba pero velaba por él cuando se lastimaba, incluso la había visto llorar por él. No atinaba a comprenderla y aquello le desconcertaba, él siempre había tenido buen ojo para calar a la gente, pero con ella no podía.&lt;br /&gt;Entró en aquel edificio de forma peculiar y atracó la nevera desperdigando la mitad de su contenido sobre la mesa blanca e impoluta de la cocina. La devoró, a su ritmo, sin ton ni son, dulces, carnes, pescados, arroz... todo mezclado sin importarle que los diferentes sabores se convirtieran en otros desagradables. Lo único que importaba era saciar el agujero que sentía en el estómago.&lt;br /&gt;Suspiró satisfecho tras la desmesurada comilona. Se olfateó a sí mismo, necesitaba una ducha con urgencia, apestaba a sudor y cansancio.&lt;br /&gt;Apagó la luz de la cocina viendo de reojo como los robots domésticos se encargaban del estropicio que había dejado él. Subió la escalera con paso exhausto, quizás se había pasado un poco entrenando, nunca se había sentido tan agotado como ese día. El pasillo estaba a oscuras cosa inusual, la luz de Bulma siempre se colaba por debajo de su puerta, siempre se quedaba hasta tarde trabajando o esperándole a él; esa era otra de las cosas que no lograba dilucidar de ella. Entró en su propia habitación, se desnudó y se fue al cuarto de baño. Allí las toallas blancas se apiñaban sobre el toallero, siempre perfectamente dobladas y limpias, siempre oliendo a fresco. Se miró en el espejo de cuerpo entero que al parecer tanto les gustaban en aquella casa, el reflejo le mostró la imagen de un guerrero agotado, ojeroso, lleno de moratones y con un sinfín de cicatrices extendiéndose por su cuerpo. Acarició con la yema de los dedos la única cicatriz que no había dejado marca visible en su cuerpo, el rayo de energía de Freezer que había puesto fin a su vida. No estaba allí, sin embargo la sentía, día tras día, como si aquel maldito lagarto espacial se burlase de él.&lt;br /&gt;Las heridas físicas no eran nada comparadas con las heridas emocionales, cada golpe que recibía su orgullo le provocaba más dolor que el peor de los golpes.&lt;br /&gt;Vegeta se metió en la ducha dejando que el agua caliente le quemase la piel y desatase los múltiples nudos que había en sus cansados músculos. Se enjabonó liberando aquel olor a hierbas al que había acabado acostumbrándose. Arrugó la nariz, se estaba acostumbrando demasiado a aquella vida entre los humanos, usaba sus jabones, se duchaba y bañaba con agua caliente que obtenía con sólo girar una llave, dormía en una cama mullida y cómoda, sólo tenía que pedir comida cuando tenía hambre, nada de cazar, nada de ríos de agua gélida, nada de noches al raso...&lt;br /&gt;«Te estás convirtiendo en una vieja retirada de la guerra» se reprochó. Las mujeres saiyan se retiraban tras tener descendencia porque ya no eran útiles para luchar, se volvían blandas y topaban frontalmente con eso llamado "compasión", les daba por salvar y defender a otras mujeres y a los niños. Se estropeaban, por decirlo de alguna manera.&lt;br /&gt;Cerró el grifo y se secó con una de las toallas blancas. Mientras se frotaba la piel no dejaba de observar su reflejo en aquel enorme espejo. Estaba derrotado, vencido, destrozado. Algo no estaba bien. Había algo que no funcionaba como debería. Nunca había tenido una pinta tan deplorable, ni siquiera moribundo.&lt;br /&gt;No había nada que hacer, al menos mientras estuviese tan cansado, necesitaba distraerse un poco y él conocía la distracción perfecta. Lanzó la toalla con la que acababa de secarse al suelo y rebuscó en el interior de uno de los cajones eso que los humanos llamaban "calzoncillos". Se los puso, eran como unos pantalones cortos, más largos que los pantalones que lucían Raditz y Nappa. Eran cómodos, aunque al parecer no eran apropiados para llevarlos por la calle sin ponerse otros pantalones encima.&lt;br /&gt;Ataviado con aquella única prenda de vestir fue hacia la habitación de la mujer extraña en busca de un poco de calor y sobre todo de placer. No se molestó en llamar, de igual modo que ella hacía.&lt;br /&gt;Estaba ovillada bajo su edredón, pero no estaba dormida. Llevaba días extraña, vomitando todo lo que comía, había perdido peso y estaba tremendamente irritable. Pero no parecía enferma, le brillaban los ojos, tenía un saludable tono rosado en las mejillas y sonreía como una boba la mayor parte del tiempo.&lt;br /&gt;El leve susurro de las sábanas al girarse hacia la pared le indicó que le había oído entrar, que sabía que estaba ahí. No había necesidad de avisar antes, sencillamente se metió en su cama y la atrajo hacia su cuerpo. Le besó la nuca invitándola a girarse y continuar con aquel juego suyo, pero Bulma no se movió y finalmente él mismo la giró para besar sus labios. Las manos de ella empujaron su barbilla, un gesto inútil puesto que no tenía suficiente fuerza para limitar sus movimientos, aún y así Vegeta se detuvo a unos centímetros de sus labios, el aliento de Bulma chocando contra su cara.&lt;br /&gt;—No —susurró.&lt;br /&gt;Su primer &lt;i&gt;no&lt;/i&gt;. La primera vez que una mujer le decía que no. La primera vez que ella le rechazaba seriamente. Era un &lt;i&gt;no&lt;/i&gt; rotundo, no un "no debemos" o "no podemos" o "no quiero" acompañado de sonrisilla que le invitaba a convencerla a base de juegos y caricias. Era un &lt;i&gt;no&lt;/i&gt;, amargo y frío. Un &lt;i&gt;no&lt;/i&gt; doloroso.&lt;br /&gt;—No, por favor —repitió al sentir que acariciaba sus piernas—. Vegeta. No.&lt;br /&gt;«¿Por qué?» quiso decir, pero la pregunta sólo sonó en su cabeza.&lt;br /&gt;—Eres muy brusco —le dijo y dejó de empujarle la barbilla.&lt;br /&gt;La confusión se dibujó en sus rasgos. Siempre había sido igual de brusco y ella nunca se había quejado. ¿Por qué ahora? ¿La habría lastimado la última vez? ¿Por qué?&lt;br /&gt;—Me da miedo que nos hagas daño —continuó con la mirada fija en la expresión abierta del saiyan. Estaba confundido, necesitaba una respuesta y comprender porqué hablaba en plural—. Vegeta, estoy embarazada.&lt;br /&gt;Él se apartó de ella bruscamente como si acabase de transformarse en Freezer. Embarazada. No podía ser.&lt;br /&gt;Salió de la cama. Quiso decirle que ese bebé no era suyo, que seguro que era del inútil de Yamcha o de cualquier otro humano ridículo, pero no lo dijo. Habría sido estúpido decirlo. Bulma no le había dicho, ni siquiera insinuado, que él fuese el padre, además el único olor ajeno a Bulma que perfumaba su piel era el suyo propio. Siempre olía a él aunque hiciese días que no compartían cama y por mucho que ella se duchase o se echase perfumes. Bulma siempre desprendía aquel sutil aroma a él.&lt;br /&gt;Abandonó la habitación y cerró la puerta ahogando el sonido del llanto de Bulma. Cerrando esa puerta había cerrado algo más que una habitación.&lt;br /&gt;Ahora, allí, frente a la puerta entreabierta del despacho podía sentir la energía saiyan que desprendía el bebé de Bulma, era su hijo, ya no había espacio para las dudas, por más que él quisiese negarlo llegaría el día en que las evidencias le golpearían frontalmente.&lt;br /&gt;—Deja de hacer eso —espetó Bulma lanzando el bolígrafo que él cazó al vuelo. Le había descubierto—. Si se te ha estropeado la cámara lo siento, pero no puedo hacer nada por arreglarla. —Se puso en pie y se señaló la tripa—. No puedo tirarme en el suelo y colarme bajo el panel de control.&lt;br /&gt;—Funciona bien.&lt;br /&gt;—¿Entonces qué? ¿Tienes hambre? —Estaba a la defensiva, estaba dolida—. ¿El señor necesita una almohada más blanda? ¿A alguien que le abanique, majestad?&lt;br /&gt;La miró. Podría haberle dicho algo. Pero se marchó en silencio.&lt;br /&gt;—¡Idiota! —el grito le persiguió por el pasillo y resonó en sus oídos el resto del día.&lt;br /&gt;Bulma se dejó caer sobre la silla y se arrepintió al momento, no estaba como para dejarse caer así ni en un sofá. Se frotó el vientre con una sonrisa tierna.&lt;br /&gt;—Perdóname Trunks, a veces me olvido de que tengo que ser más delicada. Soy una bruta, pero no más que tu padre.&lt;br /&gt;«Vegeta... —pensó con dolor—. ¿Por qué hemos acabado así?». Si bien era cierto que él nunca había sido el hombre más dulce y cariñoso del universo a ella siempre la había tratado bien. Podría haberla lastimado, podría haberla tomado a la fuerza millones de veces, podría haberle roto los huesos sin proponérselo, pero jamás le había hecho nada más grave que un minúsculo moratón en la muñeca.&lt;br /&gt;El día en que tuvo la feliz idea de invitarle a su casa jamás se habría imaginado que aquel hombre sin sentimientos aparentes pudiese llegar a robarle el corazón. Se abrió hueco a toda velocidad en sus pensamientos. Había llegado a amarle como nunca antes había amado a nadie. Ni siquiera a Yamcha.&lt;br /&gt;Pensó muchas veces en ello. No tenía porqué acogerlo. No era un animal abandonado y mucho menos falto de cariño, pero ella era así, sencillamente su lado ONG siempre derrotaba a su lado racional.&lt;br /&gt;Se había acostumbrado a su constante ir y venir, a sus entrenamientos suicidas, a su apetito voraz. Todo aquello acabó por hacérsele tan familiar que, los escasos días en los que él desaparecía, lo echaba en falta.&lt;br /&gt;Las miradas enfurruñadas, su constante descontento con todo, sus pullas, sus insinuaciones, la constante mención a su fuerza superior...&lt;br /&gt;¿Cuántas veces le había jurado que la mataría? ¿cuántas le había dicho que si quisiera su cuerpo lo obtendría sin pedirle su opinión? ¿cuántas...?&lt;br /&gt;Todas sus amenazas eran como el viento. Las oías pero por más que forzases la vista no podías verlas. Tantas amenazas y jamás la lastimó, jamás le puso la mano encima sin esperar a que ella le permitiese tomarla. Tantos "podría romperte los huesos" que desaparecían bajo las suaves caricias, siempre cuidadosas y delicadas como el aleteo de una mariposa...&lt;br /&gt;Muchas veces había pensado que era por la cámara de gravedad, por la tecnología, para que pudiese seguir surtiéndole de aparatos y reparando los que rompía. Pero no. No era nada de eso. Él, a su manera, la necesitaba. A su manera violenta la quería, no de un modo romántico y dulce, simplemente la quería. Quizás porque era la única persona que no le tenía miedo y no dudaba en plantarle cara, porque no esperaba nada a cambio de tratarlo bien, porque le dejaba hacer lo que quería sin sospechar de él en cada momento. Quizás simplemente porque le dejaba ser él mismo sin juzgarlo.&lt;br /&gt;Vegeta había cambiado mucho, puede que a ojos de los demás siguiese siendo el mismo, pero ella lo veía claramente.&lt;br /&gt;Un año y medio atrás, tras un día de aquellos para olvidar en que se había peleado con Yamcha por enésima vez, había vuelto a casa hablando... bueno, gritándole por teléfono a Yamcha que insistía en que tenían que salvar su relación. Salvar su relación cómo si eso fuese posible. Le había descubierto con otra, más joven, con demasiada silicona y cero cerebro. Salvarlo.&lt;br /&gt;Las luces estaban apagadas, era tarde, la cámara de gravedad estaba desconectada, cosa extraña.&lt;br /&gt;—Por favor, nena, escúchame —le insistía Yamcha con aquél irritante tono de voz que fingía arrepentimiento—. Podemos arreglarlo.&lt;br /&gt;—¡No hay nada que arreglar, Yamcha! —chilló ella dejando de pensar en la cámara de gravedad y su inquilino violento y obsesivo—. ¡No insultes a mi inteligencia con semejante estupidez! ¿Qué quieres arreglar? ¿El cerebro de la mocosa a la que te estabas tirando?&lt;br /&gt;—Pero, nena...&lt;br /&gt;—¡Se acabó, Yamcha! Nuestra relación está muerta desde hace mucho tiempo. No funciona. Se acabó —declaró y cortó la llamada.&lt;br /&gt;Apretó el puño haciendo crujir la carcasa y se adentró en la cocina sumida en la oscuridad. Se quedó inmóvil, no había luz pero sí se oía ruido. ¿Y si era un ladrón? ¿Y si era un asesino? ¿Y si era un espía industrial?&lt;br /&gt;«Huye, Bulma, huye» se dijo a sí misma, pero sus dedos fueron directos e imparables al interruptor de la luz y lo accionaron. La luz de los fluorescentes inundó la cocina, los muebles blancos, las baldosas de mármol blanco veteado y las paredes de baldosas azuladas.&lt;br /&gt;—Ah, eres tú —musitó sin una pizca de entusiasmo viendo a Vegeta devorar comida—. ¿Por qué estabas a oscuras?&lt;br /&gt;Ni la miró ni le contestó, mera rutina. Vegeta no solía contestar le preguntase lo que le preguntase, sólo abría la boca para comer y para exigir cosas como si fuese el rey del mundo o para meterse con ella. Bulma suspiró, dejó la chaqueta sobre el respaldo de la silla y el móvil encima de la mesa, si el saiyan se lo comía durante su proceso de "devora todo lo que hay en la mesa" se lo agradecería, y abrió la nevera.&lt;br /&gt;—Tú nunca te cansas de comer, ¿eh? —Rebuscó en el interior del frigorífico entre botellas algo que beber para calmar sus nervios. Descartó los refrescos con cafeína, esos la pondrían aún más nerviosa. Tomó la jarra de té helado que su madre había dejado preparado por la mañana—. ¿Sois sólo Goku y tú o todos los saiyan coméis así? Debe costaros una fortuna alimentaros, no quiero ni imaginarme como sería una reunión de empresa con siete u ocho como vosotros... los del restaurante seguro que acaban saltando por la ventana.&lt;br /&gt;»No te gusta hablar, ¿no? ¿o soy yo? —Le miró allí comiendo sin parar y sin dar muestras de estarle prestando la más mínima atención. Bulma esbozó una sonrisa—. Sé que hablo mucho, pero...&lt;br /&gt;El tono de llamada de su móvil volvió a sonar, Bulma puso los ojos en blanco, era Yamcha de nuevo.&lt;br /&gt;—¿Qué? —le gruñó al descolgar, al otro lado él le suplicaba por una segunda oportunidad de nuevo, por enésima vez la misma cantinela de las últimas dos horas—. No tengo el teléfono encendido por ti, por si tu memoria falla soy la actual directora de la Capsule Corporation, lo que significa que tengo que estar disponible las veinticuatro horas por si hay alguna emergencia.&lt;br /&gt;Vegeta entonces la miró de espaldas a él, le vio reflejado en el cristal del armario de los vasos. ¿Cuántas veces le había dicho Vegeta que Yamcha la engañaba, que olía a otras mujeres? ¿Cuántas veces le ignoró? ¿Cuántas le acusó de mentirle? Demasiadas.&lt;br /&gt;—¡No eres tan importante como para eso! ¿Me oyes? ¡Imbécil presuntuoso! —gritó con toda su rabia—. ¡Si vuelves a llamarme avisaré a la policía o te rociaré con salsa barbacoa para que Vegeta te ase!&lt;br /&gt;Y colgó de nuevo apretando los dientes. Se podía ir al mismísimo infierno y dejarla en paz. No quería hablar con él ¿es que no lo entendía? No estaba de humor para enfrentarle, en frío ya vería, pero en ese momento sólo quería asesinarle.&lt;br /&gt;—¿Ya no comes pozo sin fondo? —gruñó Bulma y suspiró, él no tenía la culpa—. Lo siento —musitó sentándose en la silla—, me saca de mis casillas.&lt;br /&gt;—No me interesa —replicó mirándola fijamente a los ojos como si intentara leerle el pensamiento. Tomó uno de los múltiples pastelillos y se lo acercó deslizándolo por la mesa—. Come.&lt;br /&gt;—¿Qué?&lt;br /&gt;—Come.&lt;br /&gt;—No tengo hambre.&lt;br /&gt;—Come. Es una orden.&lt;br /&gt;Bulma le dedicó una leve sonrisa cargada de sarcasmo.&lt;br /&gt;—No tienes autoridad para darme órdenes, príncipe. —Él se encogió de hombros—. Y no tengo hambre.&lt;br /&gt;Vegeta fijó su atención en un punto indefinido de la mesa. Nueve palabras, seguramente era la vez que le decía más de cuatro palabras sin soltar un sinfín de insultos, aunque de la orden no se había librado.&lt;br /&gt;Su teléfono volvió a sonar, de nuevo Yamcha, de nuevo iba a pedirle una segunda oportunidad. Estaba harta ya, lo dejaría sonar hasta que se cansase. Ignorarlo sonaba bien. Repiqueteó con las uñas sobre la superficie lacada de blanco de la mesa. Le irritaba escucharlo sin parar. Cerró los ojos, como si con ese gesto el sonido irritante fuese a desaparecer.&lt;br /&gt;El sonido cesó. Se había rendido muy pronto, Bulma abrió los ojos y vio a Vegeta de pie a su lado con el teléfono en el oído y el ceño fruncido. Oía el susurro de la voz de Yamcha.&lt;br /&gt;—Eres patético. —La voz de Vegeta resonó en el silencio de la cocina—. ¿Eso te ha funcionado alguna vez? Superas a Nappa en patetismo, gusano.&lt;br /&gt;»Ha colgado —dijo devolviéndole el teléfono a Bulma.&lt;br /&gt;—Eso ha sido muy grosero.&lt;br /&gt;El saiyan simplemente se encogió de hombros con esa mueca socarrona que la sacaba de quicio. Bulma se puso en pie de un salto dispuesta a enfrentarle y recriminarle su actitud. Con las manos en las caderas, ligeramente inclinada hacia él y con el ceño fruncido.&lt;br /&gt;¿Por qué se enfadaba con él? Sólo había dicho en voz alta que era patético ¿acaso no lo creía ella también? ¿No era precisamente eso lo que llevaba dos horas intentando no gritarle?&lt;br /&gt;«Oh, mierda». Era idiota. Se le nubló la vista y borró la distancia que separaba su cuerpo del de Vegeta. Estaba abrazando a ese saiyan psicópata, obsesivo y malhumorado.&lt;br /&gt;—¿Y ahora qué? —le soltó Vegeta con un tono cargado de incomodidad.&lt;br /&gt;—Es que... acabó de darme cuenta de una cosa —sollozó.&lt;br /&gt;Dejó pasar la oportunidad de apartarla, de fingir que le daba igual, había dudado durante demasiado rato. Bulma sintió que en parte le importaba a Vegeta y también que él se había dado cuenta de que le había descubierto.&lt;br /&gt;Bulma no dijo nada al respecto, sólo lloró. Descubrir que hacía tiempo que había dejado de sentir algo por Yamcha y que si seguía con él era por mera costumbre dolía más que haberlo pillado en la cama con otra.&lt;br /&gt;Aquél momento en la cocina cambió la forma de ver a su huésped. Había dejado de parecerle molesto e insoportable y aprendió a leer en sus movimientos y sus gruñidos. Ya no la sacaba de sus casillas con tanta facilidad, no caía en sus trampas verbales y disfrutaba de sus visitas nocturnas...&lt;br /&gt;Pero las visitas nocturnas habían desaparecido después de rechazarle y decirle que estaba embarazada. Y ahora estaban solos Trunks y ella.&lt;br /&gt;Se desperezó nuevamente. Ya había trabajado suficiente.&lt;br /&gt;Recogió sus cosas y se encaminó a su casa dispuesta a darse un buen baño con mucha espuma y velas por todos lados. Relajarse le sentaría bien, no sólo a ella, a Trunks también le iría bien.&lt;br /&gt;El chófer la dejó frente al edificio y Bulma se apeó elegantemente. Vegeta estaba con la espalda apoyada contra la pared, justo al lado de la puerta.&lt;br /&gt;La siguió con la mirada mientras ella cruzaba el umbral de la puerta ignorándole deliberadamente. La dejó entrar y esperó paciente hasta tenerla en una situación en la que no pudiese huir de él, como si fuese una presa. Bulma no le temía pero era experta en fugarse cuando algo no le interesaba, si la acorralaba impidiéndole la huida tendría que lidiar con sus respuestas mordaces.&lt;br /&gt;Subió por las escaleras recorriendo el mismo camino que había hecho ella. La ventaja de que los padres extraños de su anfitriona les hubiesen alojado juntos al otro lado de la finca es que no tenía que preocuparse por interrupciones de ningún tipo.&lt;br /&gt;Pegó la oreja a la puerta de la habitación de Bulma y escuchó el chapoteo del agua, también olía el jabón.&lt;br /&gt;«Se está dando un baño» se dijo. Era perfecto, así no podía huir de él.&lt;br /&gt;Abrió la puerta de golpe y, antes de que Bulma pudiese reaccionar al sonido de la puerta, Vegeta ya estaba frente a ella mirándola fijamente.&lt;br /&gt;—¿Qué estás haciendo? —preguntó con el pulso acelerado, le había dado un susto de muerte— ¿No te han enseñado a llamar antes de entrar?&lt;br /&gt;—¿Y a ti? —replicó con una sonrisa torcida. Ella jamás llamaba a su puerta antes de entrar.&lt;br /&gt;—¿Qué quieres? —inquirió reprimiendo el gesto de taparse, era una estupidez, la había visto desnuda un sinfín de veces—. Los robots domésticos están programados, la cena estará lista en seguida. No tendrás tanta hambre como para no poder esperar diez minutos, ¿no?&lt;br /&gt;—Cállate y escucha.&lt;br /&gt;Bulma cerró los ojos exasperada, siempre dándole órdenes, al parecer no podría relajarse.&lt;br /&gt;Vegeta apretó los puños, lo había ensayado y había elaborado respuestas acordes a las respuestas habituales de ella. Sólo tenía que soltarlo, abandonar su orgullo un minuto y ya está.&lt;br /&gt;—No pienso cuidaros a ninguno de los dos. —Esperó la reacción, pero ella siguió imperturbable en la bañera—. Si piensas quedarte conmigo y que ese crío esté cerca de mí más os vale aprender a cuidaros solos. Soy un saiyan no un humano.&lt;br /&gt;—¡Ja! El día en que necesite que tú me cuides será el mismo día en que el mundo se acabe, gorila del espacio.&lt;br /&gt;—Mujer presuntuosa.&lt;br /&gt;—Hombre egocéntrico.&lt;br /&gt;Lo último que hizo Vegeta antes de quitarse la ropa y colarse en la bañera fue sonreírle de aquel modo tan particular y darle un suave toquecito en el hombro, que en el idioma Vegeta significaba "lo siento".&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;Fin&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;i&gt;Escrito originalmente en 1997, reeditado el 27 de enero de 2012 &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7313635411078290463-984442282839838065?l=fictionniikura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fictionniikura.blogspot.com/feeds/984442282839838065/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2012/01/iii-de-perder-y-ganar.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/984442282839838065'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/984442282839838065'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2012/01/iii-de-perder-y-ganar.html' title='A&amp;N III.- De perder y ganar'/><author><name>Nat Niikura</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04994620941555549861</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_y0oqfuuRoDE/SKV3CsUfUhI/AAAAAAAAABw/4WbC3LSB0-4/S220/ahoy+garabatosb.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/th_Rating16.png' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7313635411078290463.post-7763574223010009497</id><published>2012-01-13T11:41:00.001+01:00</published><updated>2012-01-13T11:41:41.062+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Vegeta x Bulma'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Azul y Negro'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Dragon Ball'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fanfic'/><title type='text'>A&amp;N II.- Recompensa</title><content type='html'>&lt;a href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png"&gt;&lt;img alt="" border="0" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png" style="cursor: hand; cursor: pointer; height: 150px; width: 150px;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/AvFanfics.jpg"&gt;&lt;img alt="" border="0" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/AvFanfics.jpg" style="height: 150px; width: 150px;" /&gt;&amp;nbsp;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Dragon Ball y sus personajes son propiedad de Toriyama Akira.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;II.- Recompensa&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;Las gotas de sudor se estrellaron contra el suelo de la cámara de gravedad, Vegeta aterrizó entre jadeos. Quizás había exagerado un poco aumentando tan de golpe las G pero necesitaba hacerse más y más fuerte.&lt;br /&gt;Inspiró hondo dispuesto a retomar su entrenamiento mas unos toquecitos en la puerta llamaron su atención; resignado con el convencimiento de que su visitante insistiría e insistiría hasta que abriese hizo lo único que podía hacer: abrir.&lt;br /&gt;Trunks le sonrió desde la parte más baja de la escalerilla.&lt;br /&gt;—Hola papá —saludó el niño intentando mantener la compostura. Tenía una misión y no podía fallar.&lt;br /&gt;—¿Qué pasa?&lt;br /&gt;—Tengo hambre —dijo a sabiendas de que el poder del estómago era muy superior al deseo de hacerse más fuerte—; mucha hambre.&lt;br /&gt;—Dile a Bulma que te prepare algo.&lt;br /&gt;Ya está, era así de simple; ahora sólo tenía que cerrar la puerta y seguir hasta que su propio estómago se quejase.&lt;br /&gt;—Pero es que mamá no está aquí —se quejó Trunks—. Y no sé cuando va a volver...&lt;br /&gt;—¿Que no está? ¿Y dónde está, si puede saberse?&lt;br /&gt;—Está en... ¡Uy! Casi se me escapa.&lt;br /&gt;Vegeta enarcó las cejas. Trunks reprimió una sonrisa, lo había conseguido, el deseo de fortalecerse había sido derrotado por la curiosidad. El niño agachó la cara y se miró los zapatos con fingido arrepentimiento.&lt;br /&gt;—¿Dónde?&lt;br /&gt;—No puedo decírtelo, papá.&lt;br /&gt;—¿Ah no? —Se cruzó de brazos y miró intensamente la cabellera lila de su hijo que miraba a su vez sus zapatos—. ¿Y eso por qué?&lt;br /&gt;—Por qué si te lo digo te enfadarás —siseó y alzó la cara con expresión inocente.&lt;br /&gt;Vegeta tuvo la sensación de que lo que ocultaba no iba a gustarle en absoluto.&lt;br /&gt;—Tengo hambre —volvió a protestar Trunks.&lt;br /&gt;—Tú dime dónde está Bulma y yo te doy comida.&lt;br /&gt;—Ha ido a la ciudad, a un hotel de lujo —confesó el niño y Vegeta sonrió creyéndose ganador, tentar a su hijo con el estómago a cambio de información había sido brillante. De lo que no se dio cuenta Vegeta era de que se había tragado el anzuelo, el sedal e incluso la caña de pescar junto con el pescador—. Con un grupo de brillantes científicos y un hombre que, según mamá, es brillante, encantador y muy, muy, muy, muy, muy, muy, muy, muy, muy importante, guapo y atractivo... ¡Espera! —exclamó contando con los dedos—. Creo que me he dejado algún "muy".&lt;br /&gt;Con sólo aquello el orgullo de Vegeta ya estaba en llamas que Bulma considerase a alguien tan "importante, guapo y atractivo" era malo, tremendamente malo; pero Trunks no le dio tregua y continuó.&lt;br /&gt;—También me ha dicho que es muy divertido, que siempre le cuenta anécdotas de cosas que le pasan, que es bueno escuchando a los demás; que siempre que mamá ha tenido un problema él le ha ayudado cortésmente como un caballero. —Trunks asentía conforme iba enumerando las cualidades del misterioso hombre tan "importante, guapo y atractivo"—. Dice mamá que es un hombre muy cariñoso y abierto, que jamás duda en decirle lo que piensa ni lo que siente y que... —enmudeció, un aura asesina empezaba a rodear a su padre cuya expresión fría daba auténticos escalofríos.&lt;br /&gt;Trunks maldijo a Gohan, a Goten, a Goku y a Piccolo por darle aquella idea tan estúpida y peligrosa y sobre todo se maldijo a sí mismo por ser tan idiota y ponerlo en práctica.&lt;br /&gt;—¿Qué más? —preguntó con tono glacial el príncipe saiyan.&lt;br /&gt;—Que... es un genio, que... mantiene conversaciones inteligentes y estimulantes... —El pequeño estaba pálido—. Pa-papá ¿es-estás bien?&lt;br /&gt;—Encárgate lo que quieras comer —gruñó antes de salir volando como alma que lleva el diablo.&lt;br /&gt;Trunks se dejó caer de culo al suelo aliviado de la presión de la energía de su padre, a veces olvidaba que daba pánico cuando se enfadaba, básicamente porque con ellos siempre era bueno y cariñoso —en la intimidad—, incluso le abrazaba de vez en cuando y le decía cosas bonitas a su madre después de un pésimo día. Su padre era un buen hombre disfrazado de mala persona, arrepentido de sus errores pasados y dispuesto a no volver a cometerlos y a enmendarlos en la medida de lo posible.&lt;br /&gt;Se sacó el teléfono de videoconferencia, que le había robado a su madre, del bolsillo del pantalón y llamó a la familia de Goten que esperaban ansiosos a saber cómo había acabado su experimento. Un montón de caras apretujadas aparecieron en la pantalla.&lt;br /&gt;—¿Qué? ¿Cómo ha ido? —inquirió Goku emocionado, podía sentir la energía de Vegeta en plena forma.&lt;br /&gt;—Creo que mi papá va a matar a alguien —declaró Trunks.&lt;br /&gt;—¡Que va! —exclamó Goku meneando la mano.&lt;br /&gt;—Pero estaba muy enfadado cuando se ha ido.&lt;br /&gt;—Eso demuestra mi teoría de que Vegeta es muy posesivo —dijo Piccolo orgulloso—. No soporta la idea de que alguien se acerque a la mujer.&lt;br /&gt;—O que realmente quiere a Bulma —apuntó Gohan.&lt;br /&gt;—O que tiene mucha hambre —dijo Goten llevándose las manos al estómago, él tenía mucha hambre.&lt;br /&gt;Trunks les miró de hito en hito atónito, todo aquello era para comprobar cuál de sus teorías era la acertada.&lt;br /&gt;Mientras tanto, algo surcaba el cielo a toda velocidad dejando una estela dorada a su paso. La gente no atinaba a saber que era aquello que volaba aunque cualquiera de sus compañeros hubiesen sabido que era Vegeta hecho una furia. Se plantó en la ciudad en apenas unos minutos y buscó el hotel. No le había preguntado a Trunks por el hotel, pero imaginaba en cual estaría; siempre decía que le encantaba aquel hotel y que algún día tenían que ir juntos y pasar un par de días, claro que a él eso de perder un par de días en un hotel no le gustaba para nada, prefería dedicar ese par de días a entrenar en su cámara de gravedad.&lt;br /&gt;Aterrizó sobre el pavimento de la entrada con la certeza de que aquella constante negativa a los planes románticos de Bulma la había empujado a los brazos de don "muy, muy, muy, muy, muy, muy, muy, muy, muy importante, guapo y atractivo". Dentro de su corazón volvió a prender la llama de la ira. Don "muy, muy, muy, muy, muy, muy, muy, muy, muy importante, guapo y atractivo" no podía ser rival para él.&lt;br /&gt;La puerta automática de cristal se abrió y Vegeta se adentró en el hotel con el ceño fruncido y su antigua expresión desdeñosa, fría, cínica y desafiante. Estaba de un humor de perros.&lt;br /&gt;La recepcionista alzó el rostro para sonreírle pero su cara formó un mueca de pánico.&lt;br /&gt;—Brief, Bulma. —La mujer de la recepción tembló mientras Vegeta la fulminaba con la mirada—. ¿Es que estás sorda?&lt;br /&gt;Lentamente la recepcionista movió los dedos sobre las teclas formando el nombre de Bulma en busca de la habitación. Tragó en seco al ver la etiqueta de "confidencial" en la ficha y miró temerosa al hombre.&lt;br /&gt;—No... no puedo darle esa información señor.&lt;br /&gt;—¿Cómo que no? —gruñó a punto de perder el poco autocontrol que le quedaba, estaba dispuesto a hacer estallar el hotel con la clientela dentro si así la encontraba—. Es mi mujer, exijo que me digas dónde está.&lt;br /&gt;—S-se-se-señor... si lo desea pu-puedo llamarla por teléfono y solici...&lt;br /&gt;—Llámala —ordenó y se cruzó de brazos con cara de pocos amigos sin despegar sus ojos negros de la aterrorizada recepcionista.&lt;br /&gt;La joven mujer marcó un número de teléfono y jugueteó con el cable tratando de no pensar en ese hombre de aspecto tan peligroso. Al otro lado alguien descolgó.&lt;br /&gt;—Se-señorita Brief, hay... hay aquí alguien que pregunta por usted —tartamudeó y escuchó la respuesta, después miró al hombre blanca de miedo—. Pues... es ba... no muy alto, tiene el pelo de punta negro y... —Vegeta notó que la habían interrumpido y atinó a escuchar el susurro de la risa de Bulma—. ¿Le conoce de verdad? ¿S-su marido? —respondía con preguntas a todo lo que le decían al otro lado de la línea como si no pudiese dar crédito—. Sí, de acuerdo señorita Brief, en seguida.&lt;br /&gt;La recepcionista colgó el auricular y clavó su mirada en el número que figuraba en la pantalla, no se atrevió a volver a mirar aquellos ojos negros.&lt;br /&gt;—Habitación 3021, el ascensor central le llevará directo a la planta correcta.&lt;br /&gt;Se encaminó al elevador sin gruñir un simple gracias ni nada. Retuvo el impulso de presionar el botón con todas sus fuerzas, si lo hacía seguro que lo rompería y no podría explicarlo, así que le dio flojito apenas con un roce. Pero su temperamento iba ganando terreno a marchas forzadas y sin poder remediarlo empezó a repiquetear con el pie el suelo del ascensor conteniendo así los golpes violentos que habrían estropeado aquel chisme.&lt;br /&gt;«Clin» tintineó aquel cacharro lento y lujoso y Vegeta saltó afuera como una fiera encerrada durante meses a la que acaban de abrirle la puerta de la jaula. Recorrió presto el pasillo sin prestar atención a la elegante alfombra que cubría todo el suelo, a las paredes de un cuidado blanco roto y a la cenefa roja que bordeaba el centro de la misma, las inmensas lámparas araña ornadas con lágrimas de cristal y a los exquisitos cuadros más propios de un museo que de un hotel, como tampoco prestó atención a los cómodos sofás que se apostaban a lo largo del corredor.&lt;br /&gt;La idea de volar aquel hotel por los aires cada vez le gustaba más. Estaba que trinaba. Como pillase a aquel cretino iba a molerlo a golpes, a mandarlo al sol sin billete de vuelta, a torturarlo indefinidamente, a aplastarlo como si fuese una minúscula hormiga... en definitiva iba a borrarlo de la faz del planeta.&lt;br /&gt;Miró a su derecha para ver el número 3019 en la puerta que tenía justo al lado, así pues la de Bulma debía de ser la siguiente. Continuó avanzando.&lt;br /&gt;La puerta estaba abierta y su mujer apoyada en el marco, aquello le sorprendió. No había hecho nada por ocultarse, acaso ¿iba a tener el descaro de presentarle a su maldito amante? Estaba relajada. Tremendamente relajada.&lt;br /&gt;Se plantó delante de ella y alzó la barbilla antes de pasar por su lado como si fuese transparente, la oyó suspirar. Le había sonado muy seductor aquel suspiro, pero no iba a dejar que aquello le alejase de su misión de dar con el imbécil que quería robarle a su mujer. Ubicado en el centro de la lujosa sala empezó a mirar a todos lados en busca del ki de algún desconocido, sentía el de Bulma, sentía las habitaciones cercanas vacías. Ni rastro de una energía relevante. Cabía la posibilidad de que fuera increíblemente débil y por eso no lo captase.&lt;br /&gt;Bulma le miró sorprendida mientras Vegeta miraba en todas direcciones en busca de a saber qué.&lt;br /&gt;—¿Se puede saber qué estás haciendo, Vegeta?&lt;br /&gt;—¿Dónde está? —gruñó entrando en la lujosa estancia donde estaba la cama.&lt;br /&gt;—¿Dónde está qué?&lt;br /&gt;—¡Él!&lt;br /&gt;—¿De qué demonios me estás hablando?&lt;br /&gt;Vegeta dejó de rebuscar por la habitación y se plantó frente a ella con una cara que en otros tiempos la habría aterrorizado. Bulma apoyó ambas manos en las caderas adoptando una pose orgullosa, no sabía qué narices se le había metido en la cabeza al saiyan pero no estaba dispuesta a tragarse un rapapolvo.&lt;br /&gt;—Ese tío que te dice cosas bonitas, que te cuenta cosas divertidas y que te dice que te ama.&lt;br /&gt;—Que me dice... que... ¿me ama? —titubeó con las cejas enarcadas por la sorpresa.&lt;br /&gt;—Sea quien sea, yo soy mejor que él.&lt;br /&gt;—Por partes —espetó Bulma masajeándose las sienes—. ¿Mejor que quién?&lt;br /&gt;—Don "muy, muy, muy, muy, muy, muy, muy, muy, muy importante, guapo y atractivo" —escupió con tono irritado.&lt;br /&gt;—Acaso ¿estás celoso? —Sonrió con malicia y una mirada mordaz.&lt;br /&gt;—Tú eres mi mujer.&lt;br /&gt;Bulma se echó a reír frente a la mirada desconcertada de Vegeta. Él había esperado que lo negase con cara de inocente o a que lo reconociese con aquella mirada desafiante, pero no estaba preparado para que ella se pusiese a reír de aquel modo. Tras tantos años conviviendo con ella y otros humanos molestos creía haber descubierto como funcionaban sus mentes y sus reacciones, así que ahora estaba absolutamente desconcertado.&lt;br /&gt;Bulma se secó las lágrimas de risa e inspiró hondamente para recuperar el ritmo normal de su respiración. Le recorrió con los dedos la mandíbula, enredó los dedos en los negros mechones de la nuca de Vegeta y pegó su cuerpo al de él para besarle.&lt;br /&gt;Fue un beso violento síntoma de que estaba enfadado y celoso pero nada reacio a corresponderle y regalarle unas cuantas caricias, poco cariñosas a modo de venganza. Vegeta alzó la mano, la tomó por la barbilla, la separó y la observó. Labios y mejillas rojos, ojos brillantes y vivos, piel perfecta y cariño y pasión en su expresión.&lt;br /&gt;—Por cierto, dime —ronroneó Bulma sin dejar que aquel gesto le robase el buen humor—. ¿De dónde has sacado la idea del amante?&lt;br /&gt;—Trunks... —dijo y entonces la soltó y apretó los puños con fuerza—. ¡Voy a matar a ese mocoso! —exclamó recordando las palabras de su hijo mientras Bulma volvía a reír.&lt;br /&gt;—¿Trunks te ha dicho que tengo un amante?&lt;br /&gt;«No exactamente» pensó el saiyan consciente de que la película del amante se la había formado él solito con la inestimable ayuda de su orgullo de príncipe. Optó por contestar con un gruñido antes de que ella volviera a preguntarle.&lt;br /&gt;—Así que estabas celoso —susurró divertida dándole un toquecito con la yema del dedo en la punta de la nariz. Después de tantos años aquella era la primera vez en que su amorcito se ponía frenéticamente celoso.&lt;br /&gt;—No digas tonterías, mujer.&lt;br /&gt;Bulma sonrió, desde aquella primera noche que pasaron juntos Vegeta sólo la llamaba mujer cuando algo le daba vergüenza. Así había acabado descubriendo lo que sentía por ella.&lt;br /&gt;—Qué lástima —se lamentó Bulma—. Si no estabas celoso no te has ganado ninguna recompensa.&lt;br /&gt;—¿Recompensa? —preguntó él lleno de curiosidad.&lt;br /&gt;Ella asintió sin dar más detalles observando complacida el brillo de curiosidad en sus ojos negros.&lt;br /&gt;—¿Qué clase de recompensa?&lt;br /&gt;—No sé... —dijo remoloneando—, no has hecho nada para ganártelo, así que no mereces saberlo.&lt;br /&gt;—Mujer ¡no...!&lt;br /&gt;Pero lo que fuera que iba a decir no llegó a salir de su garganta porque las manos de Bulma en su trasero y sus labios sellándole los suyos se lo hicieron olvidar todo y prestamente sus manos se movieron por la espalda de Bulma, expertas, conociendo a la perfección cada curva y cada punto sensible de aquel delicioso cuerpo.&lt;br /&gt;La cremallera del elegante vestido rojo no entrañaba secreto alguno para el saiyan que la bajó hasta sus caderas de un movimiento certero. Bulma abandonó sus labios jadeante y le sonrió.&lt;br /&gt;—Te amo —le susurró divertida con el rubor en la mejillas de su hombre—. Te has puesto loco de celos por un supuesto hombre "muy, muy, muy, muy, muy, muy, muy, muy, muy importante, guapo y atractivo".&lt;br /&gt;Vegeta asintió algo aturdido, siempre le pasaba lo mismo, aquella mujer era capaz de convertirle en un corderito dócil. Aunque pensándolo mejor eso le valdría la recompensa de la que Bulma hablaba.&lt;br /&gt;—Pero daría igual si ese hombre fuese "tan, tan, tan, tan, tan, tan, tan, tan, tan importante, guapo y atractivo", jamás podría llegarte a la suela de los zapatos.&lt;br /&gt;La sonrisa socarrona y altiva de Vegeta se dibujó lentamente, su orgullo se había regenerado al cien por cien.&lt;br /&gt;—¿Y mi recompensa?&lt;br /&gt;—La tienes aquí mismo, tómala —susurró dejando que el vestido resbalase hasta el suelo.&lt;br /&gt;A Vegeta le gustaba aquella recompensa, sólo lamentaba una cosa, Trunks tendría que encargar comida varios días, eso o irse a saquear la nevera de Kakarotto. Sí, mejor que saquease la casa de Kakarotto.&lt;br /&gt;Por el momento él iba a encargarse de disfrutar, durante días, de su recompensa.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;Fin&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;i&gt;&amp;nbsp;Escrito originalmente en 1995, reeditado el 15 de enero de 2012&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7313635411078290463-7763574223010009497?l=fictionniikura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fictionniikura.blogspot.com/feeds/7763574223010009497/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2012/01/ii-recompensa.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/7763574223010009497'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/7763574223010009497'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2012/01/ii-recompensa.html' title='A&amp;N II.- Recompensa'/><author><name>Nat Niikura</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04994620941555549861</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_y0oqfuuRoDE/SKV3CsUfUhI/AAAAAAAAABw/4WbC3LSB0-4/S220/ahoy+garabatosb.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/th_Rating16.png' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7313635411078290463.post-4341346630488262388</id><published>2012-01-13T11:34:00.000+01:00</published><updated>2012-01-13T11:34:31.016+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Vegeta x Bulma'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Azul y Negro'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Dragon Ball'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fanfic'/><title type='text'>A&amp;N I.- Hijo</title><content type='html'>&lt;a href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png"&gt;&lt;img alt="" border="0" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png" style="cursor: hand; cursor: pointer; height: 150px; width: 150px;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/AvFanfics.jpg"&gt;&lt;img alt="" border="0" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/AvFanfics.jpg" style="height: 150px; width: 150px;" /&gt;&amp;nbsp;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Dragon Ball y sus personajes son propiedad de Toriyama Akira.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;I.- Hijo&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;Que ella fuese Bulma Brief, la heredera de la Capsule Corp, que su fortuna fuese la mayor de la tierra... no hacía que la habitación de aquel hospital fuese menos deprimente.&lt;br /&gt;Bulma suspiró en la cama y se giró para ver la pequeña cuna donde dormía su hijo recién nacido. Estaba agotada, pero aún y así no podía conciliar el sueño; a su lado su madre acomodaba un ramo inmenso de flores dentro de un jarrón tarareando una cancioncilla de amor. Bulma sonrió, no la había dejado sola ni un momento, con su presencia trataba de apaciguar la ausencia de Vegeta.&lt;br /&gt;Bulma miró por la enorme ventana de la habitación y contuvo una exclamación pero no la sonrisa que se le dibujó rápidamente en los labios.&lt;br /&gt;—Ah, mamá —dijo con tono cantarín—, porque no vuelves a casa y te das un buen baño.&lt;br /&gt;—Pero Bulma, cielo...&lt;br /&gt;—No te preocupes estaré bien. Además me apetece algo con muchas calorías, chocolate, fresas, nata...&lt;br /&gt;La señora Brief miró a su hija comprensiva, necesitaba recuperar las calorías perdidas durante las tres horas de parto y cinco días de comida de hospital, aunque no estaba muy segura de si era conveniente dejarla sola.&lt;br /&gt;—Creo que aquí cerca hay una pastelería —dijo la señora Brief.&lt;br /&gt;—No, mamá. Quiero uno de esos de la pastelería de Satan City. —La miró con ojos suplicantes—. Por favor, mami.&lt;br /&gt;—Pero cariño, eso me llevará al menos media mañana...&lt;br /&gt;—No pasará nada, si necesito algo llamaré a la enfermera.&lt;br /&gt;La señora Brief suspiró con la mano en la mejilla, no podía negarle un delicioso pastelillo a su hijita. El chocolate era la única medicina para un corazón roto y ella estaba segura de que el corazón de Bulma acabaría rompiéndose por la frialdad de ese hombre.&lt;br /&gt;—Por favor —insistió.&lt;br /&gt;Finalmente la mujer cedió, besó la frente de su hija y después le dio un beso en la manita a su nieto para ir a comprar el mejor pastel del mundo para su niña. Bulma escuchó, conteniendo la respiración, los tacones de su madre alejarse por el pasillo y permaneció inmóvil hasta que dejó de oírlos.&lt;br /&gt;Apartó la sábana y bajó los pies al suelo, apoyándolos lentamente, se irguió con una mueca de dolor ahogando un quejido. No iba a flaquear, ella no era débil. Caminó penosamente hasta la ventana, quitó el seguro y deslizó la hoja de vidrio.&lt;br /&gt;—Entra, deprisa.&lt;br /&gt;Y él entró.&lt;br /&gt;Bulma cerró la ventana rápidamente para que el pequeño no tuviese frío, aún era demasiado pequeño y frágil para exponerlo a la fría brisa otoñal.&lt;br /&gt;—La gente normal usa la puerta —comentó apoyada en el vidrio, necesitaba unos segundos para poder moverse de nuevo hasta la cama.&lt;br /&gt;Vegeta la miró allí inmóvil, con la frente perlada de sudor y con todo el peso recostado contra la ventana. Esbozó una sonrisa orgullosa; se estaba haciendo la fuerte, fingiendo que estaba perfectamente, toda digna como si apoyarse contra el cristal fuera la cosa más interesante del universo. Pero a él no podía engañarle, la sentía sumamente débil.&lt;br /&gt;Decidió echarle una mano para que su orgullo de mujer no saliese demasiado herido. La tomó en brazos y la llevó hasta la cama donde ella misma, y sin protestar, se acomodó arropándose bien.&lt;br /&gt;«Sabía que vendrías» pensó orgullosa al constatar que había aprendido a entenderle.&lt;br /&gt;El saiyan llevaba su traje de guerrero, no podía ser de otra manera, aquella ropa le hacía sentirse seguro y en cierto modo superior. Una indumentaria que le permitía seguir sintiéndose como el frío príncipe de los saiyan, poderoso, despiadado y sin sentimientos. Bulma dibujó una tierna sonrisa al verle mirar con cierto temor al pequeño que dormía en la cuna de metacrilato junto a la cama.&lt;br /&gt;—Se llama Trunks. —Vegeta no apartó la vista del niño—. Nació hace cinco días, aunque supongo que eso ya lo sabías.&lt;br /&gt;—Sí —replicó él.&lt;br /&gt;—¿Quieres cogerlo?&lt;br /&gt;Vegeta la miró con los ojos muy abiertos; Bulma contuvo la risa, se le veía aterrorizado con la simple idea de ponerle un dedo encima al bebé.&lt;br /&gt;—Ven, siéntate —le dijo dando palmaditas a su lado en el colchón, él lo hizo de modo prácticamente inconsciente—. No te preocupes si lo coges como lo has hecho conmigo hace un momento no pasará nada. Que sea pequeño no lo convierte en quebradizo.&lt;br /&gt;Bulma cogió al pequeño Trunks que se removió entre sueños buscando el pecho de su madre para asirse.&lt;br /&gt;—Tienes que pasarle el brazo por debajo de la cabeza, así —dijo adoptando ella misma la posición sujetando a Trunks—. Y con el otro le mantienes bien sujeto. Inténtalo.&lt;br /&gt;El saiyan colocó los brazos como le había indicado la mujer que asintió satisfecha.&lt;br /&gt;—Mira Trunks, éste es tu papá —musitó dejando al bebé en brazos de su padre—. Se llama Vegeta, es gruñón, borde, antipático, egoísta, caprichoso, cruel, despiadado, arrogante... —enumeró con una sonrisa divertida las múltiples cualidades del hombre mientras éste gruñía—; pero en algún lugar dentro de semejante idiota se esconde una buena persona. Ya lo verás.&lt;br /&gt;Trunks se echó a llorar como si estuviese en brazos del mismísimo diablo, Vegeta puso cara de terror y Bulma rió.&lt;br /&gt;—¡Estás demasiado tenso! Mírate —exclamó entre risas—. Llora porque se siente inseguro, siente tu nerviosismo, relájate.&lt;br /&gt;—Yo soy un guerrero no un... ¡cógelo mujer!&lt;br /&gt;Bulma tomó a Trunks entre sus brazos y el pequeño dejó de llorar al instante.&lt;br /&gt;—El gran príncipe Vegeta derrotado por un inocente bebé de cinco días —canturreó—. Tranquilo Trunks, gruñe mucho pero no muerde.&lt;br /&gt;»Vegeta, supongo que no has venido sólo para conocer a Trunks ¿no?&lt;br /&gt;De hecho Bulma no estaba demasiado segura de si Trunks era remotamente el motivo que le habría llevado hasta aquella habitación de hospital, pero como decía su madre: la esperanza es lo último que se pierde.&lt;br /&gt;—Quería enseñarte algo —contestó él con aquella sonrisa orgullosa adornándole la cara.&lt;br /&gt;—Adelante —siseó.&lt;br /&gt;Vegeta se levantó y se colocó en el centro de la habitación lo suficientemente alejado de la ventana y de la cama. Observó un instante a la mujer y a su hijo y entonces cerró los ojos y los puños. Inspiró hondo.&lt;br /&gt;Los objetos del cuarto empezaron a temblar y Bulma sujetó con más fuerza a Trunks para protegerlo de lo que fuera que hacía Vegeta. Pero entonces, un segundo antes de que ocurriese, lo comprendió.&lt;br /&gt;—Me alegro por ti —pronunció con sinceridad—. Lo has conseguido.&lt;br /&gt;El aura y el cabello dorados, los ojos azules e intensos y la sonrisa arrogante que tanto le caracterizaba. Estaba todavía más impresionante de lo habitual. «Hermoso» era la única palabra que surcaba la mente de Bulma y el orgullo le inflaba el pecho.&lt;br /&gt;Con delicadeza dejó a Trunks en su cunita de metacrilato y lo arropó tiernamente con la mantita de punto azul que le había comprado su madre.&lt;br /&gt;Volvió a mirar al saiyan cuya expresión había perdido arrogancia, seguramente por la falta de alabanzas, de vítores o de lágrimas de emoción. Tal vez si a Bulma le hubiesen quedado fuerzas habría hecho alguna de aquellas cosas, pero no era el caso y lo máximo que podía hacer era mirarlo.&lt;br /&gt;—Felicidades —le dijo Bulma tratando de enorgullecerle de nuevo, pero no funcionó. Vegeta volvió a su forma normal—. Estoy muy orgullosa de ti.&lt;br /&gt;Vegeta regresó a su lado despacio como si analizase su reacción, buscando algo que faltaba. Las ganas de guerrear. Eso era lo que faltaba. Había esperado alguna palabra para bajarle los humos quitándole importancia al hecho de haberse convertido en supersaiyan.&lt;br /&gt;La miró largamente a los ojos, aquellos ojos azules y vivarachos, siempre brillantes, siempre dispuestos a fulminarle durante cualquiera de sus intensas discusiones. Los mismos que buscaba después de un nuevo día de improductivo entrenamiento. Los que velaban por él cuando se lastimaba.&lt;br /&gt;La besó ávidamente en los labios. Casi había olvidado cómo era besarla. Casi. Porque, incluso entrenando, los recuerdos de la mujer aparecían para recordarle que había algo dentro de él que pugnaba por salir; no podía permitírselo, al menos no por el momento.&lt;br /&gt;El que Bulma correspondiese a sus besos con intensidad y voluntad volvía a llenarle de orgullo; y aunque pudiese pasarse así el resto de la vida tenía que marcharse y seguir entrenando.&lt;br /&gt;—Iré a entrenar fuera —le dijo antes de darle un último beso en los labios e ir hacia la puerta.&lt;br /&gt;—Vegeta...&lt;br /&gt;—Volveré —declaró de pie en el zaguán de la puerta.&lt;br /&gt;—A riesgo de provocar un situación violenta —dijo Bulma y Vegeta se giró para mirarla—. Te quiero, ten cuidado.&lt;br /&gt;—No digas tonterías mujer —espetó dándole la espalda de nuevo, pero antes de girarse Bulma había atinado a ver que sus mejillas se ponían rojas—. Cuida de Trunks.&lt;br /&gt;Vegeta cerró la puerta de la habitación y fulminó con la mirada a la mujer rubia sentada en el pasillo junto a la puerta con una sonrisa satisfecha. La madre de Bulma. ¿Cuánto tiempo llevaba allí? ¿Cuánto de aquello habría visto y oído? El saiyan sacó su mejor cara de indiferencia y se la dedicó a la mujer que a su vez amplió su sonrisa hasta que lo vio desaparecer al final del corredor.&lt;br /&gt;A diferencia de Bulma, a ella se le escapaban muchos detalles de ese hombre todavía, al menos ahora sabía que su hija y su nieto sí que le importaban.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;Fin&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;i&gt;Escrito originalmente en 1995, reeditado el 15 de diciembre de 2011&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7313635411078290463-4341346630488262388?l=fictionniikura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fictionniikura.blogspot.com/feeds/4341346630488262388/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2012/01/i-hijo.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/4341346630488262388'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/4341346630488262388'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2012/01/i-hijo.html' title='A&amp;N I.- Hijo'/><author><name>Nat Niikura</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04994620941555549861</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_y0oqfuuRoDE/SKV3CsUfUhI/AAAAAAAAABw/4WbC3LSB0-4/S220/ahoy+garabatosb.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/th_Rating16.png' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7313635411078290463.post-3340147178207977345</id><published>2012-01-13T11:27:00.000+01:00</published><updated>2012-01-28T17:39:37.045+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Vegeta x Bulma'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Azul y Negro'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Indice'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Dragon Ball'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fanfic'/><title type='text'>AZUL Y NEGRO</title><content type='html'>&lt;a href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png"&gt;&lt;img alt="" border="0" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png" style="cursor: hand; cursor: pointer; height: 150px; width: 150px;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/AvFanfics.jpg"&gt;&lt;img alt="" border="0" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/AvFanfics.jpg" style="height: 150px; width: 150px;" /&gt;&amp;nbsp;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size: 130%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;AZUL Y NEGRO&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Género:&lt;/b&gt; Adventure, Romance, Humor&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Advertencias:&lt;/b&gt; No&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Clasificación:&lt;/b&gt; Hetero&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Serie:&lt;/b&gt; Dragon Ball&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Pareja:&lt;/b&gt; Vegeta y Bulma&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Año:&lt;/b&gt; 1990-1999~2012&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Estado:&lt;/b&gt; En proceso&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Capítulos:&lt;/b&gt; 7 originalmente&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Colección de one-shots sobre Vegeta y Bulma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Dragon Ball y suis personajes son propiedad de Toriyama Akira.&lt;/b&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size: 85%;"&gt;&lt;span style="font-size: 85%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;--&amp;gt;Versión en castellano y en catalán&amp;lt;--&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;a href="http://www.safecreative.org/work/0905303745194" rel="cc:license"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Listado de capítulos:&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;I.- &lt;a href="http://fictionniikura.blogspot.com/2012/01/i-hijo.html"&gt;Hijo&lt;/a&gt; // &lt;a href="http://lletresdeltretze.blogspot.com/2012/01/b-i-fill.html"&gt;Fill&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Que ella fuese Bulma Brief, la heredera de la Capsule Corp, que su fortuna fuese la mayor de la tierra... no hacía que la habitación de aquel hospital fuese menos deprimente. &lt;b&gt;(Romance // +16)&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;II.- &lt;a href="http://fictionniikura.blogspot.com/2012/01/ii-recompensa.html"&gt;Recompensa&lt;/a&gt; //&lt;a href="http://lletresdeltretze.blogspot.com/2012/01/b-ii-recompensa.html"&gt;Recompensa&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Las gotas de sudor se estrellaron contra el suelo de la cámara de gravedad, Vegeta aterrizó entre jadeos. Quizás había exagerado un poco aumentando tan de golpe las G pero necesitaba hacerse más y más fuerte. &lt;b&gt;(Romance, Humor // +16)&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;III.- &lt;a href="http://fictionniikura.blogspot.com/2012/01/iii-de-perder-y-ganar.html"&gt;De perder y ganar&lt;/a&gt; // &lt;a href="http://lletresdeltretze.blogspot.com/2012/01/b-iii-sobre-perdre-i-guanyar.html"&gt;Sobre perdre i guanyar&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La observaba cuando trabajaba, la observaba cuando comía, la observaba mientras dormía... Y por más que odiase estar siempre observándola no podía dejar de hacerlo. &lt;b&gt;(Romance, Drama // +16)&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;IV.-&lt;br /&gt;V.-&lt;br /&gt;VI.-&lt;br /&gt;VII.-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7313635411078290463-3340147178207977345?l=fictionniikura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fictionniikura.blogspot.com/feeds/3340147178207977345/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2012/01/azul-y-negro.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/3340147178207977345'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/3340147178207977345'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2012/01/azul-y-negro.html' title='AZUL Y NEGRO'/><author><name>Nat Niikura</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04994620941555549861</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_y0oqfuuRoDE/SKV3CsUfUhI/AAAAAAAAABw/4WbC3LSB0-4/S220/ahoy+garabatosb.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/th_Rating16.png' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7313635411078290463.post-2864154166251799351</id><published>2011-11-18T20:01:00.001+01:00</published><updated>2011-11-18T20:09:15.884+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='William x Emilie'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Oneshot'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Code: Lyoko'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fanfic'/><title type='text'>Caminos</title><content type='html'>&lt;a href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png"&gt;&lt;img alt="" border="0" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png" style="cursor: pointer; height: 150px; width: 150px;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/AvCodelyoko.jpg"&gt;&lt;img alt="" border="0" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/AvCodelyoko.jpg" style="height: 150px; width: 150px;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Code: Lyoko y sus personajes son propiedad de MoonScoop y France3.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;Caminos&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;La vida da vueltas y más vueltas, y cuando crees que ya te ha mareado lo suficiente como para dejarte tranquila una temporada, vuelve a dar la vuelta para darte un puñetazo en la cara y recordarte que a los quince eras una tonta.&lt;br /&gt;Es irónico, molesto, engorroso y muy, muy odioso.&lt;br /&gt;Estudiar en Kadic había sido casi como un trámite burocrático. Residir allí hasta graduarme, sacar buenas notas, procurar no crearme enemigos... los amigos y el amor eran cosas que en principio no me habían parecido dignas de ser listadas porque no son predecibles; puedes pensar «jamás me enamoraré», «nunca tendré un amigo como ese idiota» y de repente darte cuenta de que estás enamorada como una tonta de ese idiota al que no querías por amigo.&lt;br /&gt;Por aquel entonces era tímida y un tanto insegura, por suerte para mí mis amigas eran los suficientemente espabiladas como para empujarme al vacío para que probase cosas nuevas y ahora ya no queda rastro de aquella chica insegura y, si lo queda, es tan en el fondo que ya ni asoma la cabeza.&lt;br /&gt;Mi historial romántico. Un desastre tras otro. Primero tuve la feliz mala suerte de fijarme en el chico más popular e inaccesible de toda la academia. Ulrich Stern. Había tantas chicas enamoradas de él que hacía que te plantearas si era algo así como un dios. Lamentablemente él sólo tenía ojos para una chica, Yumi Ishiyama, tampoco podía culparle, hasta yo era capaz de reconocer que es guapísima. Después William Dunbar, que estaba loco por la misma que Ulrich y no tenía reparos en divulgarlo a los cuatro vientos, y yo como una idiota suspirando por él.&lt;br /&gt;—¿¡Me está escuchando, señorita! —gruñó la ancianita sentada frente a mi mesa.&lt;br /&gt;—Sí, le escucho, pero tiene que comprender que es su nieto quien tiene que personarse aquí si quiere que le tramitemos el cambio de...&lt;br /&gt;—Mi nieto está muy ocupado para venir —espetó dando un golpecito sobre el tablero—. Estudia por las mañanas y trabaja por las tardes.&lt;br /&gt;—Créame que le comprendo. —Suspiré—. Pero no hay nada que yo pueda hacer para cambiar las normas.&lt;br /&gt;La mirada de la anciana centelleó de pura rabia. La entendía pero eso no cambiaba nada.&lt;br /&gt;—Quiero hablar con su jefe —finiquitó con tono autoritario.&lt;br /&gt;Quien dijo que las abuelitas son dulces y adorables no conocía a aquella, sino no diría eso. Descolgué el teléfono y marqué la extensión de mi supervisor intercambié con él algunas palabras y después colgué, a los poco minutos la secretaria de mi jefe estaba plantada frente a la mesa con sus lustrosos rizos pelirrojos, sus ojos azules, sus labios rojos y su traje de Dior o de Chanel inundando la sala con su perfume caro que se olía a distancia.&lt;br /&gt;La abuela indignada la siguió golpeando furiosa con su bastón las baldosas blancas.&lt;br /&gt;Apoyé la frente sobre el escritorio y resoplé. Menos mal que los cubículos estaban separados por paneles de plástico y apartados de la vista de la gente que esperaba porque aquella actitud no encajaba con lo que debería hacer.&lt;br /&gt;Pulsé el botón para que saltara el turno a la siguiente persona cabreada. Me bloqueé un momento.&lt;br /&gt;—Siéntese por favor —logré articular no sin cierta dificultad.&lt;br /&gt;—¡Emilie! ¿No te acuerdas de mí? —Me sonrió.&lt;br /&gt;Vaya que sí me acordaba, le había reconocido nada más notar su peculiar aroma a cedro, incluso antes de verle caminar hasta la silla y muchísimo antes de ver aquella sonrisa desenfadada. No creía que supiese mi nombre y menos aún que me recordara. Pensé en disimular pero notaba la cara de idiota que se me había puesto.&lt;br /&gt;—William, sí que me acuerdo de ti.&lt;br /&gt;Rogué porque mi voz no hubiese sonado tan bobalicona como me había parecido.&lt;br /&gt;—Menuda sorpresa, nunca imaginé encontrarte en un sitio como este.&lt;br /&gt;—Ya bueno, yo tampoco me imaginaba trabajando aquí.&lt;br /&gt;—Todo el día escuchando quejas, ¿no?&lt;br /&gt;Suspiré al tiempo que asentía.&lt;br /&gt;—Si sólo fueran quejas... no sabes lo grosera que puede ser la gente cuando no le dices lo que quiere oír.&lt;br /&gt;—Espero no hacer que tu día empeore. —Sonrió y yo pensé que mi día había mejorado lo suficiente como para aguantar las dos horas de gente grosera que aún me quedaban—. Me han puesto una multa.&lt;br /&gt;—No puedo quitártela —lamenté.&lt;br /&gt;—Ya me lo imagino, la cosa es, que el coche en cuestión no es mío.&lt;br /&gt;Le miré intensamente sin entender en qué cambiaba la situación el hecho de que no fuese su coche.&lt;br /&gt;—Yo tengo una moto, no he conducido un coche en la vida. Creo que alguien ha cometido un error.&lt;br /&gt;Tomé la carta con la multa de tráfico, allí aparecía una fotografía de la parte trasera de un Honda Civic blanco. Transcribí el número de referencia para obtener todos los datos. Los repasé con más atención de la que había prestado jamás a ninguna otra reclamación.&lt;br /&gt;Habría sido fácil pasar por alto aquel detalle y seguramente no lo habría notado de no haber estado tan concentrada en ello. William tenía razón, alguien había cometido un error.&lt;br /&gt;—Ya lo veo —dije sin despegar los ojos de la casilla "nombre y apellidos"—. El policía que detuvo al infractor tomó mal el nombre.&lt;br /&gt;—¿Tengo que pagarla?&lt;br /&gt;Tecleé a toda velocidad tramitando la reclamación y especificando que el vehículo pertenecía a un tal William Duncan y no Dunbar.&lt;br /&gt;—No, tranquilo —dije pulsando el icono de la impresora. Tomé el papel recién impreso y se lo tendí junto con un bolígrafo—. Sólo tienes que firmarme esto.&lt;br /&gt;—Vale.&lt;br /&gt;Firmó sin leer y sin hacer mil preguntas, algo tan raro como el que hacienda te regalase billetes de quinientos euros por pasar por delante de su puerta.&lt;br /&gt;—¿No lo lees? —pregunté.&lt;br /&gt;—Me fío de ti —replicó devolviéndome el papel y el bolígrafo.&lt;br /&gt;Tuve la certeza de que si no hubiese estado sentada en la silla me habrían fallado las rodillas y me habría caído al suelo.&lt;br /&gt;—Supongo que eso es todo —murmuré deseando que no se marchase hasta que acabase mi turno—. Me ha encantado volver a verte.&lt;br /&gt;—Oye, si no es mucha osadía, ¿te apetecería comer conmigo? Cuando salgas.&lt;br /&gt;El cuerpo me pedía gritarle que "sí" y hasta llorar de la emoción, pero saqué mi recién descubierta faceta de actriz y esbocé una sonrisa cautelosa.&lt;br /&gt;—¿Y eso?&lt;br /&gt;—Por ahorrarme trescientos euros y porque me ha hecho ilusión volver a verte.&lt;br /&gt;¡Oh, Alá, Dios, Jesús, Yaveh, Buda y todos los santos del universo! Con lo de ahorrarle trescientos euros ya me bastaba.&lt;br /&gt;—¿Te apetece, Emilie?&lt;br /&gt;—Claro —contesté con toda la calma que logré reunir.&lt;br /&gt;—¡Genial! Te esperaré en... la sala de espera –-musitó encogiéndose de hombros divertido.&lt;br /&gt;Reí mientras William se marchaba por donde había venido minutos antes. Y cuando le perdí de vista pulsé el botón para atender al siguiente cliente cabreado.&lt;br /&gt;Las dos horas se me hicieron eternas pero no pude borrar la sonrisa de mi cara, daba igual lo que me dijeran. Estaba contenta y los insultos y las groserías me resbalaban. Cada nueva reclamación iba comiéndose los minutos que me separaban de mi cita con William.&lt;br /&gt;Y cuando al fin dio la hora casi salté de la silla cogiendo apresuradamente todas mis cosas. Por la cara que puso cuando me planté frente a él supongo que se me notaba que había salido a toda pastilla.&lt;br /&gt;—¿Has montado en moto alguna vez?&lt;br /&gt;—No, ¿por qué?&lt;br /&gt;—¿Te da miedo?&lt;br /&gt;Negué con la cabeza y entonces recordé que me había dicho que tenía una moto. Me picó la curiosidad, no tenía pinta de llevar una scooter ni una motocicleta de esas pequeñas, no le veía conduciendo una Vespa ni nada por el estilo, pero siendo sincera, tampoco entendía de motos así que me esperaba cualquier cosa.&lt;br /&gt;—Que va —contesté resuelta y curiosa—. Siempre he querido montar en moto.&lt;br /&gt;—Fantástico, toma.&lt;br /&gt;Me tendió un casco azul eléctrico que olía a perfume de mujer y me pregunté quién debía ser su dueña, Yumi Ishiyama cruzó por mi mente como si se burlase de mí. Me quedé mirando el casco fijamente como si con mirarlo fuese a descubrir algo.&lt;br /&gt;—Es de mi compañera de trabajo, no le importará que lo uses.&lt;br /&gt;—¿Compañera de trabajo? —pregunté con tono mordaz.&lt;br /&gt;—Eso he dicho —pronunció iniciando la marcha al exterior, le seguí—. Vivimos cerca y así ahorramos dinero, pagamos el combustible a medias.&lt;br /&gt;—¿En qué trabajas? —pregunté sintiéndome grosera por meterme donde nadie me llamaba.&lt;br /&gt;—Soy mecánico en un taller de motos.&lt;br /&gt;Mecánico y taller de motos... supongo que debí imaginármelo porque William nunca había sido uno de esos chicos estudiosos, serios y sensatos. En Kadic siempre hacía lo que le gustaba y se aplicaba en aquello que disfrutaba. Jamás me lo habría imaginado con traje y corbata sentado en la mesa de una sala de reuniones explicando a sus jefes como remontar las ventas ni nada parecido; sí, definitivamente el trabajar con las manos le pegaba más, concentrado en algo con lo que pringarse las manos y la ropa y después sentirse satisfecho del estropicio.&lt;br /&gt;—Mi compañera se encarga de la contabilidad, nos conocimos en la cola del paro. —Sonrió como si acabase de contar un chiste—. A fuerza de vernos día tras día acabamos hablando y montando nuestro propio negocio.&lt;br /&gt;—¿Tienes tu propio taller?&lt;br /&gt;—Exacto —exclamó y se detuvo frente a una moto.&lt;br /&gt;La analicé con detenimiento. Era muy bonita, de un negro brillante e inmaculado, de corte clásico y elegante con su asiento de cuero y los tubos de escape plateados y relucientes. Miré a William y después miré de nuevo la moto. Si entendiera de motos seguramente la hubiese relacionado directamente con él.&lt;br /&gt;—Es una Moto Guzzi California Classic de 2008 —me dijo arrodillado en la acera abriendo el candado cerraba la cadena que bloqueaba la rueda—. Estaba para desguazar. Su anterior dueño la dejó prácticamente destrozada, se la compré por unos doscientos euros y la arreglé.&lt;br /&gt;—¿Como los de las Harley?&lt;br /&gt;Él asintió a mi pregunta.&lt;br /&gt;—Te quedarás congelada si vas en manga corta.&lt;br /&gt;William me sonrió, se quitó su chaqueta de cuero y me la puso subiéndome después la cremallera y acto seguido se enfundó un casco negro con la visera ahumada y subió a la moto bajándola de la pata de cabra con una leve sacudida.&lt;br /&gt;—¿Nos vamos? —Su voz sonó extraña bajo el casco.&lt;br /&gt;Me puse el mío batallando con la mangas de la chaqueta que me quedaba grande y subí también sin saber muy bien dónde debía agarrarme ¿a su cintura o al asiento? Estaba a punto de preguntarle cuando a tientas buscó mis manos y me hizo abrazarle por la espalda quedando completamente pegada a él con las manos firmemente entrelazadas sobre sus definidos abdominales temerosa de relajar los brazos y provocar una situación embarazosa.&lt;br /&gt;—¿Preparada? —preguntó poniéndola en marcha con un ronco rugido como el de una bestia salvaje.&lt;br /&gt;—Sí —grité por encima del ruido del motor, mi propia voz me sonó extraña, amortiguada por el casco.&lt;br /&gt;William aceleró y salimos disparados del aparcamiento. Zigzagueamos entre los coches atrapados en el atasco de la hora punta, pasando por lugares imposibles. De repente entendí qué era lo que tenían las motos para hacer que muchos se volvieran locos por ellas, aquella sensación de libertad era impagable, con el viento acariciando nuestros cuerpos. Las mangas de su camiseta azul marino se hinchaba atrapando el aire como si de un globo se tratase, la tela ondeaba de un modo curioso.&lt;br /&gt;Nos fuimos alejando más y más del centro de París abandonando las carreteras anchas por otras más estrechas y sinuosas. Lejos de mi casa, lejos de mi trabajo y lejos de Kadic.&lt;br /&gt;William estacionó en las plazas para motos en un trozo de calle peatonal, se deshizo del casco y tras poner la pata de cabra bajó con sencillez. Le miré desde el asiento de la moto sin saber cómo narices tenía que bajarme de esa repentina altura.&lt;br /&gt;—Deslízate hasta la parte delantera. —Lo hice pero mis pies siguieron sin tocar el suelo—. Deja que te ayude.&lt;br /&gt;Me sujetó por la cintura y me alzó como si en vez de cincuenta y tres kilos tuviera el mismo peso que una pluma. Me dejó en el suelo con suavidad.&lt;br /&gt;—Déjame adivinar. Tu compañera es mucho más alta que yo —musité con amargura comparando mi metro sesenta con el metro ochenta y algo de él.&lt;br /&gt;—Es más baja que tú, pero tiene una amplia experiencia en motos —replicó cerrando la cadena e inmovilizando la rueda—. Ya aprenderás.&lt;br /&gt;Sonreí imaginando unas clases extrañas de cómo subir y bajar de la moto al más puro estilo &lt;i&gt;Cirque&lt;/i&gt;&lt;i&gt;du&lt;/i&gt;&lt;i&gt;Soleil&lt;/i&gt;. Me quité el casco y bajé la cremallera de la cazadora, ahora que habíamos parado y a pleno sol hacía calor. William me pasó los dedos por el pelo y yo me sonrojé no había caído en que el casco me había despeinado.&lt;br /&gt;Le seguí calle arriba expectante, nunca había estado allí, todo era nuevo y mágico, además de la buena compañía y la curiosidad por ver a que lugar me llevaba. Durante nuestro trayecto en moto había imaginado de todo un poco desde una cadena de comida basura hasta un elegante restaurante de esos en los que tienes que lidiar con varios tenedores y cuchillos a la vez intentando no equivocarte y quedar como una imbécil.&lt;br /&gt;Entramos en un restaurante de puerta de madera verde con un toldo, verde también, con aspecto de elegante pero de ambiente familiar con una larguísima cola. Por el recibimiento era evidente que aquella no era la primera vez que William ponía los pies allí. Una camarera rubia vino hasta nosotros le dio dos besos a William me encajó la mano analizándome con la mirada y nos llevó hasta una mesa junto a la ventana. Nos dejó las cartas y desapareció.&lt;br /&gt;—¿Eres el cliente estrella? —pregunté aún alucinada porque nos hubiesen dejado pasar sin hacer cola.&lt;br /&gt;—Es la hermana de mi compañera —me dijo.&lt;br /&gt;Me deshice de la cazadora y la colgué en el respaldo de la silla junto con mi bolso.&lt;br /&gt;—Entonces ¿vives por aquí?&lt;br /&gt;—No, lo cierto es que no. Pero me gusta venir, se come de maravilla, ya lo verás.&lt;br /&gt;Asentí y me concentré en la carta, la camarera regresó con sus tacones resonando sobre las baldosas y una libretilla en la mano.&lt;br /&gt;—¿Qué te apetece? Pide lo que quieras, no te cortes.&lt;br /&gt;Miré a la camarera y después volví a mirar la carta. Era todo demasiado caro, me sabía fatal que se gastase tanto dinero en mí. Analicé el listado de ensaladas con sus respectivos precios. Oí a William suspirar y un instante después me arrebató la carta.&lt;br /&gt;—El precio no se come —me dijo con sus brillantes ojos azules clavados en los míos—. ¿Hay algo que no te guste?&lt;br /&gt;—Las coles de Bruselas y el cous-cous. —William enarcó las cejas como si no me creyera.&lt;br /&gt;—Tráenos una ensalada de espinacas con queso de cabra y piñones, para picar, junto con una tortilla de crema rancia y caviar y... —dudó un instante como tratando de recordar algo de vital importancia, sacudió la cabeza y revisó los segundos platos—. Cordero al horno con setas variadas.&lt;br /&gt;La camarera tomó nota con una sonrisa divertida.&lt;br /&gt;—¿De beber?&lt;br /&gt;William me miró.&lt;br /&gt;—Agua.&lt;br /&gt;—Pues agua para los dos —pidió William devolviéndole las cartas a la camarera.&lt;br /&gt;—¿Cordero? —La pregunta escapó de mis labios, me había sorprendido.&lt;br /&gt;—Bueno, no soy ningún genio pero recuerdo que ni Azra ni tú comíais cerdo —declaró—. Aunque no lo has mencionado.&lt;br /&gt;¡Caray! Esa no me la esperaba. No creía que me hubiese prestado jamás la suficiente atención como para notar un detalle tan insignificante, a ojos de cualquiera, como ese.&lt;br /&gt;—Es verdad —dije con una sonrisa.&lt;br /&gt;—¿Me habías tendido una trampa?&lt;br /&gt;Sentí que se me incendiaban las mejillas. Sí. En parte se la había tendido.&lt;br /&gt;—Mi madre es de Irak —declaré, aunque no fuese necesario hacerlo—. Para ella las enseñanzas del Islam están por encima de casi cualquier cosa en el mundo.&lt;br /&gt;—¿Eres musulmana?&lt;br /&gt;—No, no... bueno, algo, supongo. —Suspiré, el tema religioso era espinoso por culpa de los fanáticos—. Cuando era pequeña mi madre me llevaba siempre a la mezquita. Mi padre también era musulmán, pero no era demasiado... no sé como decirlo. Supongo que podría decirse que era como un cristiano que no va la iglesia.&lt;br /&gt;William me sonrió, yo no sabía si era una buena idea hablar de eso con él.&lt;br /&gt;La camarera regresó con la fuente de ensalada, la tortilla y dos platos de porcelana que dispuso con movimientos estudiados al milímetro. Cuando se alejó continué:&lt;br /&gt;—Cuando me matricularon en Kadic dejé de ir, igual que Azra. Pero conservo algunas costumbres como esa del cerdo. Imagino que me es más cómodo así.&lt;br /&gt;—Vaya.&lt;br /&gt;—¿Asustado?&lt;br /&gt;Esperaba la trillada pregunta de "entonces ¿por qué no llevas pañuelo?" y la necesidad de explicarle que el &lt;i&gt;hiyab&lt;/i&gt; era algo opcional y no una imposición, al menos no lo era entre los no radicales o los poco religiosos, por no hablar del &lt;i&gt;niqab&lt;/i&gt; o el &lt;i&gt;burka&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt;—¿De qué? —me devolvió la pregunta con aire desenfadado.&lt;br /&gt;—Normalmente cuando la gente oye eso del Islam le entra la paranoia.&lt;br /&gt;—Tranquila —me susurró—. No me das ni pizca de miedo.&lt;br /&gt;Me sentí aliviada. Mi último novio huyó, literalmente, por las escaleras al descubrir que mi madre era de Irak y ver un ejemplar del Corán en la estantería. Cuando le llamé al día siguiente había dado de baja su teléfono móvil y cambiado su fijo, seguro que hasta había cambiado de casa. Tanto "te quiero" y "eres la mujer de mi vida" para huir como un imbécil.&lt;br /&gt;—¿Estás bien, Emilie?&lt;br /&gt;—Sí, lo siento. —Parpadeé tratando de disipar las malditas lágrimas—. No es nada.&lt;br /&gt;—¿Lo preguntabas por experiencia propia?&lt;br /&gt;Asentí y no sé muy bien por qué. Porque no era algo que a él tuviese por qué importarle, al fin y al cabo no éramos más que dos desconocidos que habían estudiado en la misma academia. Un desconocido por el que había suspirado demasiadas noches, un desconocido en el que pensaba con más frecuencia de la que querría.&lt;br /&gt;—Seguro que era un imbécil. No merece la pena que le dediques un minuto más de tu tiempo ni que llores.&lt;br /&gt;«Ese imbécil. No merece ni un minuto de tu tiempo ni una sola de tus lágrimas» me había dicho Noémie aquella noche mientras lloraba como una tonta. Azra me había dicho algo parecido.&lt;br /&gt;Asentí despacio. Tomé los cubiertos y empecé a comer. No sabría decir qué estaba más bueno si la ensalada o la tortilla de ingredientes extraños.&lt;br /&gt;De repente con la comida entre nosotros la conversación se volvió más sencilla y natural. El miedo a decir algo que no debía se evaporó. Comimos y reímos como dos buenos amigos de toda la vida, de ese modo que yo siempre había querido y que tanto había envidiado de Yumi Ishiyama.&lt;br /&gt;La comida se acabó y a nuestro alrededor se fueron acumulando tazas de café y cosas dulces para picar. La camarera traía obediente cualquier cosa que William le pidiera y yo no podía dejar de sorprenderme de que siempre acertase con lo que podría gustarme.&lt;br /&gt;Cuando me di cuenta ya había anochecido y estábamos tomando unos sándwiches vegetales como cena que devoramos con hambre.&lt;br /&gt;William le entregó su tarjeta de crédito a la camarera para pagar el importe que seguramente tendría tres cifras y desestimó totalmente mi oferta de pagar a medias como si el simple hecho de pensarlo fuese una ofensa. Doblé la chaqueta sobre mis brazos antes de salir. Miré alrededor detectando una parada de metro más abajo, no tendría problemas para volver a mi casa que, definitivamente, estaba muy alejada de aquel punto de la ciudad.&lt;br /&gt;—Te llevo a casa —dijo pasándome un brazo sobre los hombros para llevarme hasta la moto.&lt;br /&gt;—No te preocupes puedo coger el metro.&lt;br /&gt;William me miró con una ceja enarcada.&lt;br /&gt;—Ni hablar, he sido yo quien te ha entretenido y es mi obligación dejarte sana y salva en la puerta de tu casa.&lt;br /&gt;—De acuerdo, tú ganas —cedí porque en realidad la idea de pasar un rato más con él me encantaba.&lt;br /&gt;Salimos a la calle, las farolas ya estaban encendidas y la noche estrellada. William me ofreció de nuevo su chaqueta y yo la tomé gustosa porque hacía algo de fresco, aunque no sin sentirme culpable porque ahora sería él quien se quedase helado. Me puse el casco de su compañera y subí a la moto tras él sujetándome automáticamente a su cintura, esta vez con más seguridad y menos vergüenza. Arrancó pero no aceleró como si de repente acabase de recordar algo de vital importancia.&lt;br /&gt;—Esto... tendrás que guiarme porque no tengo ni idea de dónde vives.&lt;br /&gt;Me reí apoyando la barbilla sobre su hombro, nuestros cascos chocaron.&lt;br /&gt;—Tranquilo, no tiene pérdida.&lt;br /&gt;Fui indicándole las calles por las que tenía que ir, las esquinas que debía girar. El Sena discurrió a nuestro lado durante unos metros, con las barquitas iluminadas y los turistas poniéndose en pie cada vez que pasaban bajo uno de los puentes, antes de hacerle girar de nuevo hacia una callejuela estrecha y oscura de asfalto agrietado y molestos baches que William esquivó con destreza zigzagueando.&lt;br /&gt;—¡Es aquí! —grité señalando mi portería y entonces la moto se detuvo.&lt;br /&gt;Me quité el casco y después pasé los dedos por mi pelo intentando dejarlo presentable. Mi pie izquierdo tocó el suelo, William había inclinado la moto para que pudiera bajar por mis propios medios.&lt;br /&gt;—No parece un sitio muy seguro —pronunció deshaciéndose de su casco.&lt;br /&gt;—Bueno... es lo único que podía pagar.&lt;br /&gt;William observó con desconfianza la portería de mi edificio, la puerta estaba abierta y descolgada, sin apenas luz y sombras siniestras proyectándose por todos lados. Agaché la mirada, no estaba demasiado orgullosa del aspecto del edificio que parecía más un nido de ratas y delincuentes o un fumadero de crack que un bloque de viviendas. Oí la pata de cabra levantar la moto y el candado cerrarse. Le miré preguntándome qué hacía.&lt;br /&gt;—No pienso dejar que entres sola ahí adentro —siseó.&lt;br /&gt;—Lo hago cada día —repliqué con aire resuelto.&lt;br /&gt;—Pero no en mi presencia. —Y el tono que usó dejó claro que no iba a ceder aunque me echase al suelo y me pusiera a patalear como una niña consentida—. No, en serio, Emilie. Podría haber entrado cualquiera y asaltarte en mitad de la escalera.&lt;br /&gt;Tenía razón, siempre me había dado miedo entrar y salir de noche, por eso trabajaba por la mañana y por las tardes me encerraba en casa, por eso mismo dormía con un cuchillo debajo de la almohada. Pero a pesar de ello siempre me había sentido bastante segura porque nadie había verbalizado mis miedos y ahora que él lo había dicho en voz alta fui plenamente consciente de lo peligroso que podía ser.&lt;br /&gt;Con un suspiró me adentré en la portería las botas de William resonaban tras mis pasos, subimos los cuatro tramos de escalera hasta mi rellano donde un fluorescente parpadeaba desde hacía semanas. Me avergonzó el aspecto interior del edificio casi tanto como el exterior, realmente parecía estar en ruinas.&lt;br /&gt;Me detuve frente a mi puerta y metí la llave en la cerradura deseando poder alargar aquel momento eternamente.&lt;br /&gt;—Misión cumplida —musité—, supongo.&lt;br /&gt;William con una sonrisa se inclinó hacia delante. Iba a besarme en la mejilla, era de esperar. Decidí que era un buen momento para poner en práctica lo que había aprendido de Odd durante nuestro fugaz romance de tres días: gira la cara y aprovecha la situación. Así pues, me giré hasta que mis labios encontraron los suyos.&lt;br /&gt;Sinceramente, esperaba que se apartase, compusiera una de sus fascinantes sonrisas y me llamase indecente. Pero no ocurrió. Noté como su cuerpo se acercaba al mío con determinación hasta que ya no quedó espacio ni para el aire. Me temblaron las rodillas como si en vez de músculos, ligamentos, huesos y cartílagos tuviese gelatina. Me abracé a su cuello, poniéndome de puntillas, lo único que parecía ser estable y fiable en aquel sobrio pasillo de pintura desconchada.&lt;br /&gt;Reculamos hasta dar con la pared fría, algunos fragmentos de la pintura cayeron al suelo provocando un ruido sordo que el rugido de la sangre en mis oídos casi silenció. De repente hacía calor, un calor tremendo. Entonces me di cuenta de que me daba absolutamente igual que mi &lt;i&gt;adorable&lt;/i&gt; vecina viviese pegada a la mirilla y que, sin duda alguna, nos estaría espiando.&lt;br /&gt;Sólo existía el calor y la presión del cuerpo de William contra el mío y el frescor de la pared. Bajé las manos suavemente acariciando sus brazos fríos a causa de ir en manga corta en la moto y me aferré a su cintura sintiendo la piel cálida de su espalda bajo el tacto de mis dedos, allí donde la camiseta estaba algo subida. Su aliento mezclándose con el mío. El deseo de que aquel instante se alargase durante el resto de la eternidad, pero acabó.&lt;br /&gt;—¿Quieres entrar? —logré preguntar.&lt;br /&gt;William me sonrió, me plantó un beso casto en la frente y me acarició la mejilla.&lt;br /&gt;—Si entro tendrás que invitarme a desayunar. —Pude leer en sus ojos azules que lo decía en serio. Sonaba tan tentador que le habría invitado incluso a comer—. Mejor otro día.&lt;br /&gt;Me sentí un poco decepcionada aunque intenté que no se me notase.&lt;br /&gt;—Déjame tu móvil.&lt;br /&gt;—¿Para qué? —pregunté dándoselo.&lt;br /&gt;Pulsó varias teclas y se llevó el auricular a la oreja, una musiquilla se elevó desde el bolsillo de William y enmudeció al instante. Comprendí que se había llamado a sí mismo cuando grabó el número en la memoria de mi teléfono y lo dejó en la pantalla cuando me lo devolvió. Sacó el suyo y grabó mi número.&lt;br /&gt;—Te llamaré —prometió. Aunque esa promesa sonaba a "no voy a llamarte" como en las entrevistas de trabajo—. También puedes llamarme tú si quieres —añadió. Parecía leerme la mente.&lt;br /&gt;—De acuerdo, lo haré.&lt;br /&gt;William me dio un último beso en los labios y otro en la punta de nariz. Yo le devolví su chaqueta y miré como se alejaba por el pasillo y cerré la puerta cuando le hube perdido de vista.&lt;br /&gt;Había sido extraño, pero agradable.&lt;br /&gt;Di vueltas y más vueltas por el salón de mi casa con el teléfono móvil en la mano y el número de William fijo en la pantalla.&lt;br /&gt;¿Qué diría de mí el hecho de que le llamase ya? Parecería que estaba desesperada. Lo mejor sería no hacerlo. Pero mis dedos opinaban diferente.&lt;br /&gt;Pulsé la tecla de llamada y escuché, con el corazón aporreándome las costillas, el tono de llamada.&lt;br /&gt;Descolgó al instante.&lt;br /&gt;—Dime, Emilie.&lt;br /&gt;—He pensado que... ¿qué te gustaría desayunar?&lt;br /&gt;Se cortó ¿o me había colgado? También podría habérsele acabado la batería, aunque no lo creía. Me senté en el sofá con desánimo y suspiré.&lt;br /&gt;Sonó el timbre y me levanté apresurada. Abrí sin mirar antes por la mirilla, una costumbre sin duda peligrosa teniendo en cuenta que no vivía en el bloque más seguro de la ciudad.&lt;br /&gt;—Cualquier cosa me vale —declaró de pie en el zaguán de mi puerta.&lt;br /&gt;—Preparo unas tortitas increíbles —dije ¿no era eso lo que desayunaban en América? Un cliché tonto.&lt;br /&gt;—Me encantan las tortitas —susurró antes de que le cogiese de la camiseta, le arrastrase al interior de mi piso y la puerta se cerrase a nuestras espaldas.&lt;br /&gt;—Has llegado muy rápido.&lt;br /&gt;—Aún no había salido del edificio.&lt;br /&gt;¿Había pasado tan poco rato como para que no hubiese salido? Me tentó la idea de comprobar el reloj, pero preferí dejarme besar con aquella pasión arrolladora hasta que nos hubimos quedado sin oxígeno.&lt;br /&gt;—Tienes unos vecinos muy interesantes —jadeó contra mis labios.&lt;br /&gt;—¡Oh no! ¿Qué te han dicho?&lt;br /&gt;—Que si te rompo el corazón nunca encontrarán mi cadáver. —Sonrió.&lt;br /&gt;—¿En serio? —pregunté incrédula.&lt;br /&gt;—Y tan en serio.&lt;br /&gt;Recorrí su mejilla con mis dedos. Cuántas veces habría imaginado cómo sería tocarle, qué sentiría si me besase, qué me diría si le confesase lo que sentía por él. Y ahora aquel hombre increíble estaba de pie en el recibidor de mi casa, mirándome con sus profundos ojos azules. Un suspiro trémulo escapó de mis labios entreabiertos.&lt;br /&gt;—¿Qué ocurre?&lt;br /&gt;—Me siento un poco tonta.&lt;br /&gt;—¿Por qué? —Sonrió.&lt;br /&gt;—Porque me he imaginado tantas veces que te tenía delante, que podía tocarte, que me mirabas sólo a mí... —Noté el rubor encendiendo mis mejillas—. Deseé tantas veces que me vieras...&lt;br /&gt;—Te veo, Emilie. Y me gusta lo que veo.&lt;br /&gt;La risa brotó de mis cuerdas vocales como si fuese un lamento.&lt;br /&gt;—En Kadic también te veía —declaró sujetándome la barbilla—. Pero tú siempre te escondías.&lt;br /&gt;—¿Qué?&lt;br /&gt;—Nunca pude acercarme a ti.&lt;br /&gt;«William te mira» me había dicho muchas veces Noémie. «Si te sigues escudando detrás nuestro vas a perder la oportunidad» me había advertido. Siempre creí que aquello era una estrategia de Noémie, Magali y Azra para que me quitase la timidez de encima y me acercara a hablar con William.&lt;br /&gt;—Tú estabas loco por Yumi Ishiyama.&lt;br /&gt;—Sí.&lt;br /&gt;Aquella afirmación fue igual que una bofetada.&lt;br /&gt;—Pero eso no cambia nada —dijo y me soltó—. Que quisiera a Yumi no me dejó ciego, seguía viendo.&lt;br /&gt;—¿La querías?&lt;br /&gt;William encogió un hombro e inspiró hondo.&lt;br /&gt;—Eso es el pasado y esto —dijo abarcando mi recibidor con los brazos—, es el presente. Tú estás aquí y yo también lo estoy.&lt;br /&gt;—Y ¿eso significa que vas a quedarte aquí?&lt;br /&gt;—Me has llamado para que volviera. ¿Me quieres aquí?&lt;br /&gt;—Te quiero aquí —afirmé aferrándole por la camiseta y William volvió a besarme.&lt;br /&gt;Quizá aquello no funcionaría, tal vez descubriría que me había creado una imagen idealizada de él y dentro de cuatro días le mandaría a paseo, quizás él descubría alguna manía mía que le sacaría de quicio y me plantaría. Pero, en aquel momento, me importaba más bien poco.&lt;br /&gt;Acababa de descubrir que William significaba pasión desenfrenada.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;Fin&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;Escrito el 18 de noviembre de 2011&lt;/span&gt;&lt;b&gt; &lt;/b&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7313635411078290463-2864154166251799351?l=fictionniikura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fictionniikura.blogspot.com/feeds/2864154166251799351/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2011/11/camino.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/2864154166251799351'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/2864154166251799351'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2011/11/camino.html' title='Caminos'/><author><name>Nat Niikura</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04994620941555549861</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_y0oqfuuRoDE/SKV3CsUfUhI/AAAAAAAAABw/4WbC3LSB0-4/S220/ahoy+garabatosb.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/th_Rating16.png' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7313635411078290463.post-5418993399948656904</id><published>2011-11-13T18:28:00.001+01:00</published><updated>2011-11-13T18:38:24.821+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Veinticinco Momentos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Code: Lyoko'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ulrich x Yumi'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fanfic'/><title type='text'>25M X.- Pasado</title><content type='html'>&lt;a href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png"&gt;&lt;img alt="" border="0" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png" style="cursor: pointer; height: 150px; width: 150px;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/AvCodelyoko.jpg"&gt;&lt;img alt="" border="0" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/AvCodelyoko.jpg" style="height: 150px; width: 150px;" /&gt;&amp;nbsp;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Code: Lyoko y sus personajes son propiedad de MoonScoop y France3.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt; Éste shot está basado en el relato "El soldado y la dama" propiedad de Casanovas (o sea, yo misma), queda totalmente prohibida su redistribución o reproducción con fines lucrativos, así como su publicación en cualquier lugar sin mi permiso.&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;X.- Pasado&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Yumi, una chica delgada y alta, de ojos negros y rasgados, cabello negro como el azabache, miró angustiada a su jefe. Abandonar Kyôto para irse a vivir y trabajar a Barcelona, una ciudad tan diferente a la suya, una ciudad completamente desconocida y con una fama a veces no demasiado buena. Había estado a punto de negarse, de decirle a su jefe que prefería seguir cogiendo llamadas y mecanografiando cartas, pero se había acabado resignando. Siempre le pasaba igual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus padres y su hermano estaba en Francia y lo cierto era que en Japón no había nada ni nadie que la atase. No tenía novio, el último prefería borrarlo de su memoria, era un imbécil que no merecía ni un segundo de su tiempo. Y sus amigos... con tanto trabajo hacía meses que no los veía ni hablaba con ellos, quién sabe si se acordaban de que existía. Al fin y al cabo tal vez el cambiar de aires, conocer una ciudad nueva y, sobre todo, a gente nueva le iría bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abrió por última vez la ventana de su cuarto desde donde podía ver las colas que se formaban a las puertas del espectacular &lt;i&gt;Kiyomizu-dera&lt;/i&gt;. Lo echaría en falta, vivir en el casco histórico era mágico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Subió al taxi, pagado por la empresa, y permaneció en silencio con la vista perdida en la autopista. Quería llorar por aquella sensación de melancolía que la invadía conforme se acercaban al aeropuerto; cuando se subió al avión todo empeoró. Durante el larguísimo vuelo mantuvo la vista clavada en la pantalla, los auriculares puesto y sin dormir ni hacer caso a nadie a excepción de la azafata que le ofreció algo para comer y que no pudo rechazar porque estaba muerta de hambre. Ignoró la panorámica de la ciudad de Barcelona mientras la sobrevolaban, esa que todos miraban fascinados mientras nombraban sus edificios más emblemático que, al parecer, podían distinguirse desde aquella altura. Tampoco prestó atención al aeropuerto, se limitó a tomar su maleta enfurruñada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿&lt;i&gt;Señorita Ishiyama? &lt;/i&gt;—preguntó una voz en un japonés rudimentario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yumi se giró para ver a un anciano de pelo blanco, mejillas rellenitas y sonrosadas, gafas doradas y una sonrisa afable, que ataviado con un traje de chaqueta azul marino, camisa blanca y corbata celeste sujetaba un cartelito con su nombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—&lt;i&gt;Sí, soy Ishiyama Yumi&lt;/i&gt; —contestó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;—Me llamo Pau Soler, soy el fundador de &lt;/i&gt;Somnis d'Or.&lt;i&gt; —&lt;/i&gt;Yumi, sorprendida, le miró boquiabierta. El fundador de la empresa en persona había ido a recibirla como si fuese una personalidad o una celebrity—&lt;i&gt;. Venga conmigo, por favor, le enseñaré su nuevo hogar.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salieron del Aeropuerto de El Prat y fueron hasta un elegante coche negro que, al abandonar la autopista, les llevó por el corazón de la ciudad. Yumi miraba fascinada las fachadas de los edificios modernistas, cada fachada era única y espectacular, pero todas formaban un conjunto mágico. El coche se detuvo en la Vía Laietana y Pau la invitó a salir del vehículo tomándola de la mano con suavidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ante sus ojos apareció una iglesia que destacaba por la simplicidad de su construcción. Él le explicó que aquella era la Basílica de Santa María del Mar, la iglesia que la ciudad de Barcelona había levantado con sus propias manos y su dinero para la patrona del mar. Le dijo que viviría al lado de aquella maravilla y de algo llamado &lt;i&gt;El&lt;/i&gt; &lt;i&gt;Fossar de les Moreres&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su nueva casa era pequeña y antigua y estaba amueblada. Con dos habitaciones, un baño, cocina completamente equipada y un gran salón; analizó bien el espacio del que disponía y una vez situada empezó a vaciar las cajas con sus cosas que la empresa ya le había enviado una semana antes. Pasó el resto del día instalándose y procurando sentirse cómoda en un espacio tan diferente al suyo. Aquella noche se encargó una pizza, demasiado agotada como para cocinar, y se la comió sentada en el suelo rodeada por una gran cantidad de velas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;«&lt;i&gt;El Fossar de les Moreres&lt;/i&gt; se fundó en el siglo XII y es dónde durmieron nuestros hermanos que dieron sus vidas defendiendo su libertad y las leyes de Catalunya de la invasión borbónica de 1714». No había tenido tiempo para pensar en ello durante el día y ahora le daba auténticos escalofríos pensar en ello. Iba a dormir al lado de una especie de fosa común de hacía siglos, era casi como dormir al lado de un cementerio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;«Ostras Yumi, deberías haberte quedado en Kyôto. Esto es demasiado siniestro» pensó acongojada. Construir al lado de una fosa común, ¡qué locura! Tendría que buscar otro sitio en el que vivir, aunque si se quedaba allí se ahorraría pagar un alquiler.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abrió la ventana tal como hacía cuando vivía en Kyôto y se asomó, la llama eterna del pebetero le pareció hipnótica danzando con el viento retorciéndose y encogiéndose como si se doliese. El olor de las hojas de las tres moreras era mágico y las estrellas titilando sobre la basílica de Santa María del Mar. El silencio...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De repente aquel barrio, un tanto claustrofóbico, y su fosa común le parecieron sacados de un cuento de hadas en el que todo es posible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;«Barcelona es una ciudad mágica» le había dicho Pau «es posible que si prestas suficiente atención veas algo fantástico paseando por la calle». Yumi sacudió la cabeza, cerró la ventana y se metió en la cama.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Conforme iban pasando los meses se fue enamorando de la ciudad y de su historia, de su gente, de su cultura y de su lengua. Se había propuesto hablar catalán tan bien como su marcado acento japonés le permitiese y escribirlo a la perfección. Los prejuicios que se había formado en base a lo que le habían explicado desaparecieron, la gente era amable y acogedora, en la panadería la recibían con una sonrisa cada mañana y por la noche siempre le guardaban un panecillo para la cena. En el mercado los vendedores la llamaban "&lt;i&gt;Llumeneta&lt;/i&gt;" y le explicaban con toda la paciencia del mundo qué eran las cosas que vendían, las butifarras, las &lt;i&gt;seques&lt;/i&gt;, los &lt;i&gt;rovellons&lt;/i&gt; y los &lt;i&gt;pinetells&lt;/i&gt;... todo un mundo de sabores y olores nuevos que ir descubriendo poco a poco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Born con sus calles estrechas y sinuosas, con sus nombres que hacían referencia al gremio que había morado en ellas siglos atrás, se había convertido en su hogar y ya no sabía vivir sin aquella vista de Santa María del Mar y el &lt;i&gt;Fossar&lt;/i&gt;, sin todas aquellas delicias artesanales que aparecían detrás de cada esquina, sin el olor a mar que llegaba cuando la presión atmosférica estaba más baja de lo habitual, de la humedad pegajosa durante los días calurosos y la helada cuando hacía frío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yumi acabó de cenar y apagó la televisión. Se tiró en el sofá cerrando los ojos e inspiró profundamente. Le pareció oír un timbal en la calle, pero era algo impensable, así que creyó que la señora Núria, su vecina octogenaria y más sorda que una tapia, debía tener el volumen de su televisor al máximo otra vez o que tal vez se lo había imaginado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasaron un par de minutos y aquel sonido volvió a resonar en sus oídos. Se levantó de un salto y sacó la mitad del cuerpo por la ventana, la calle estaba desierta. Los bares de la plaza de Santa María ya estaban cerrados, nadie paseaba al perro. No había nada fuera de lo común sin embargo su curiosidad iba en aumento así que se puso la cazadora vaquera, cogió las llaves y bajó a la calle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se detuvo en el centro del &lt;i&gt;Fossar &lt;/i&gt;mirando a todos lados, pero no había nada ni nadie. Sacudió la cabeza sintiéndose algo estúpida por lanzarse a la calle en mitad de la noche por un sonido que era más que evidente que se había imaginado; porque de haber sido real habría más gente allí abajo o asomada a las ventanas. De repente le pareció oír un susurro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Hola? —preguntó medio asustada pero llena de curiosidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Quién es usted? —preguntó una voz masculina desde algún punto de la calle con un peculiar acento—. ¿En qué bando está?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Ba-bando? —titubeó ella—. ¿Qué quieres decir con bando?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Es una botiflera?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella frunció el entrecejo, no sabía que significaba ser una "botiflera" pero imaginaba que no era nada bueno. Entrevió una figura borrosa detrás de una de las moreras del &lt;i&gt;Fossar&lt;/i&gt; y en una especie de impulso suicida, Yumi, caminó hasta allí. Tuvo que parpadear un par de veces para que su vista se aclarase. Delante de ella había un hombre con una especie de uniforme militar, llevaba una casaca azul oscuro y con el reverso granate y un montón de botones dorados, las calzas y las medias rojas se perdían bajo la casaca y en los pies llevaba unos zapatos de cuero con una hebilla. Por un momento Yumi creyó que debía ir a un baile de disfraces extraño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El joven se quitó el sombrero marrón y se lo llevó al pecho dejando a la vista una mata de pelo castaño mal peinado y algo largo, de cara angulosa pero amable, con una nariz algo pronunciada y manchada de polvo gris al igual que sus mejillas y unos ojos castaños que le robaron el aliento a Yumi que permanecía inmóvil frente a aquel desconocido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Mi nombre es Ulrich Stern, soy soldado de la Compañía de los &lt;i&gt;Paraires&lt;/i&gt; de la Coronela de Barcelona —se presentó orgulloso—. Disculpe, señorita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Me llamo Yumi...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No se preocupe, Yumi, no le haré daño. Soy miembro de la Coronela. La mantendré a salvo de Felipe V y de nuestros enemigos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;«Felipe V» se dijo a sí misma. Hacía casi trescientos años de eso pensó que era una broma o que estaba como una cabra, pero la mirada seria de Ulrich la hizo cambiar de idea. Realmente parecía totalmente seguro de lo que estaba diciendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Si me disculpa, tengo que ir a hacer la ronda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y sin decir nada más se evaporó en mitad de la oscuridad. Yumi huyó asustada, ¡un fantasama! ¡Acababa de ver un fantasma! Ya sabía ella que eso de dormir al lado de una fosa común no iba a traerle nada bueno. ¡Un fantasma! Aquella noche se la pasó espiando las sombras de su habitación y la puerta entreabierta de su armario. No pudo dormir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pese al susto inicial, las siguientes semanas a menudo se encontraba a sí misma mirando por la ventana esperando volver a ver a aquel fantasma, era extraño, pero tenía ganas de saber más cosas sobre aquella aparición misteriosa. Finalmente decidió bajar de nuevo al &lt;i&gt;Fossar&lt;/i&gt; con la esperanza de que volviese. Se sentía un poco tonta sentada en el mármol helado rodeada de ofrendas florales de vecinos anónimos esperando a saber qué.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Señorita Yumi.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se giró con los ojos brillantes buscando el origen de la voz, Ulrich estaba en el centro del &lt;i&gt;Fossar&lt;/i&gt; de pie mirándola fijamente, llevaba la casaca azul desabrochada y la camisa de lino blanca se veía desgastada, algo amarilleada y salpicada de sangre que era evidente que no le pertenecía. Se levantó y fue hasta él con una sonrisa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Has vuelto —pronunció impaciente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—He venido cada noche, pero usted nunca estaba. —Ulrich la miró con las mejillas ligeramente sonrojadas y una expresión tímida en el rostro—. Creía que tal vez os habían matado en uno de los bombardeos, me alegro de ver que estáis bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Yumi la hizo feliz escuchar que había ido cada noche para encontrarla, le hizo sentirse querida, de un modo que hacía tiempo que no sentía. Hablaron durante horas bajo la llama del pebetero y las estrellas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A partir de aquella noche se encontraban la chica de Japón y el fantasma del siglo XVIII a diario, aunque lloviese, aunque hiciese un frío que pelaba. Durante el día soñaba despierta esperando a que oscureciese, a que la calle quedase desierta y a que Ulrich saliese de detrás de la morera. Aquellas noches felices él le hablaba de cuando siendo niño su padre y él había abandonado su ciudad natal para dedicarse al comercio, de su trabajo como &lt;i&gt;paraire&lt;/i&gt;, de cómo había entrado en la Coronela. Y ella le contaba cosas de su viaje hasta Barcelona, omitiendo el tema del avión y de su trabajo en una multinacional, de lo que había aprendido aquel día y de todo lo que deseaba hacer y ver; Ulrich siempre le repetía que cuando la guerra acabase podría hacer todo aquello que deseaba y ella, sintiéndose algo culpable por no decirle toda la verdad, asentía con la mirada clavada en el millar de estrellas que les acompañaban todas las noches.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Si algún día os sentís sola, Yumi, mirad a las estrellas, yo las estaré mirando también.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ella, como si fuese una cría, no pudo reprimir un par de lágrimas, porque Yumi sabía la verdad y que daba igual cuanto mirara las estrellas porque lo que les separaba era más grande que el propio universo. Ulrich se había convertido en lo más similar a un amigo que jamás había tenido, alguien en quien confiar, alguien con la que sentirse protegida, alguien con quien pasarlo bien charlando y sin necesidad de medir todas las palabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella noche el cielo estaba nublado y hacía frío, pero a Yumi le daba igual. Leía sentada al lado del pebetero oliendo el perfume de las flores y de las hojas de morera esperando a que Ulrich llegase. Concentrada en la lectura no se percató de que él había llegado y de que la estuvo observando desde la otra punta del &lt;i&gt;Fossar&lt;/i&gt; largo rato como si fuese una de las imágenes de Santa María del Mar, hasta que sobre las letras impresas apareció una hermosa rosa roja como la sangre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Es para mí?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí. Es poca cosa —murmuró—, lo siento, pero bien... ya sabe que no es fácil encontrar algo en buen estado en medio de este sitio, los bombardeos y la hambruna... Quedan pocas cosas dentro de las murallas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella le sonrió, lo cierto era que no podía imaginarse como era sufrir aquel asedio y bombardeos constantes, el hambre, la desesperación, el dolor, las enfermedades. Siempre se preguntaba si él sabía que estaba muerto y si la veía tal cual era o como a una chica de su época; le daba miedo preguntar y perder aquello que tenía. A veces se sentía como si caminase por una cuerda floja suspendida a cinco metros del suelo y sin red.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Es la más bonita de todas, estoy segura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No... tanto como tú, Yumi. —La voz de Ulrich se había convertido en un susurro ahogado por la timidez. Sonrojada de pies a cabeza, Yumi, le miró fijamente, era como sacado de un sueño—. Me gusta tu pelo tan negro y tus ojos rasgados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Gracias —dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tengo que marcharme, Yumi. —Ulrich le acarició la mejilla y después se puso en pie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Tan pronto? ¿No puedes quedarte un rato más?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Mañana tengo que defender la muralla —pronunció con un destello de responsabilidad en sus ojos castaños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yumi sintió un escalofrío y el peso del terror oprimiéndole el pecho. No era posible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No vayas, por favor —dijo cogiéndole por el reverso de la manga izquierda con tanta fuerza que parecía querer arrancarle la manga—. Por favor, quédate conmigo... Aquí estamos bien, ¿no? Quédate aquí...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su súplica sólo obtuvo una sonrisa como respuesta, Ulrich le masajeó los nudillos hasta que su agarre perdió fuerza, después le apartó la mano con mucha suavidad y le dio un beso tan suave como un suspiro. Las lágrimas le rodaron por las mejillas cuando él se desvaneció dejando tras de sí un «hasta mañana» que le rompió el corazón. Había estudiado la Guerra de Sucesión y sabía bien que, Ulrich, era un fantasma, uno de los muertos enterrados en el &lt;i&gt;Fossar de les Moreres&lt;/i&gt;, un héroe anónimo; alguien a quien la gente rendía homenaje durante el Once de Septiembre pero del que nadie sabía el nombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yumi se dio cuenta de que se había enamorado de Ulrich y eso la hizo llorar como si el mundo fuese a acabarse mientras entre sus manos sostenía la rosa roja que él le había entregado y que era tan real como ella misma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajó cada noche al &lt;i&gt;Fossar&lt;/i&gt; pero él nunca volvió aunque a Yumi le parecía verlo en cada sombra de la calle con sus ojos castaños y su sonrisa decidida orgulloso de defender su ciudad.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;Fin&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;Aclaraciones:&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;En realidad antes de 1989 el &lt;/i&gt;Fossar de les Moreres&lt;i&gt; no existía como hoy en día, había pisos construidos encima. Cuando se pavimentó con los ladrillos rojos como la sangre se trasladaron todos los cuerpos por una cuestión de salud pública. Si venís a Barcelona y pasáis a visitar la Basílica de Santa María del Mar (visita obligada) veréis el &lt;/i&gt;Fossar&lt;i&gt; a través de una de las puertas laterales, siempre está lleno de ofrendas florales de los ciudadanos de Catalunya. El &lt;/i&gt;Fossar&lt;i&gt; no es sólo un monumento fúnebre dónde se homenajea a los caídos durante la Diada Nacional de Catalunya. Suscita mucha curiosidad el hecho de que nuestra fiesta nacional conmemore una derrota, pero tanto el &lt;/i&gt;Fossar&lt;i&gt; como la Diada tienen un mensaje "da igual cuantas veces caigas, mientras te quede aliento te puedes volver a levantar".&lt;b&gt;&amp;nbsp;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Botifler/a:&lt;/b&gt; durante la Guerra de Sucesión se llamaban así a los partidarios de Felipe V.&lt;b&gt;&amp;nbsp;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Compañía de los &lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;b&gt;Paraires&lt;i&gt;:&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;i&gt; una de las divisiones de la Coronela de Barcelona, la integraban los &lt;/i&gt;paraires&lt;i&gt; o lo que es lo mismo los que preparaban la lana para ser tejida, seguro que en castellano existe un término concreto, pero lo desconozco y el traductor de google no me da ninguna traducción, así que si alguien lo sabe que me lo diga y lo edito, gracias.&lt;/i&gt;&lt;b&gt;&amp;nbsp;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Kiyomizu-dera&lt;i&gt;:&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;i&gt; "templo del agua pura". Es, seguramente, el templo más famoso de todo Japón, está ubicado en la ciudad de Kyôto. El nombre de &lt;/i&gt;Kiyomizu-dera&lt;i&gt; se refiere a varios templos budistas, pero por norma general quien lo menciona se refiere al templo &lt;/i&gt;Otowasan Kiyomizudera&lt;i&gt;. Data del año 798 y toma el nombre de las múltiples cascadas que bajan de las colinas cercanas que están dentro del complejo del templo. "&lt;/i&gt;Kiyo&lt;i&gt;" se traduce como "pura, clara o limpia" y "&lt;/i&gt;mizu&lt;i&gt;" significa "agua". Es una de las visitas obligadas para todo aquel que vaya a Kyôto.&lt;b&gt;&amp;nbsp;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;La Coronela de Barcelona:&lt;/b&gt; Durante los sitios de Barcelona (1697-1714) se encargaron de la protección de la ciudad intramuros, dentro de la Coronela había varias compañías: Compañía de los &lt;/i&gt;Paraires&lt;i&gt;, Compañía de los Curtidores, Compañía de los Carniceros, Compañía de los Jóvenes Sastres, Compañía de los Zapateros, Compañía de los Cerrajeros, Compañía de los Hortelanos de San Antonio y Compañía de los Horneros y Panaderos. Cada compañía tenía sus colores representativos.&lt;b&gt;&amp;nbsp;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Llumeneta: &lt;/b&gt;traducido al castellano sería "lucecita" o "luciérnaga", en las zonas costeras "&lt;/i&gt;llumeneta&lt;i&gt;" también se emplea para referirse al &lt;/i&gt;Foc de Sant Elm&lt;i&gt; (fuego de San Telmo) es un fenómeno atmosférico provocado por una descarga eléctrica que ioniza el aire y crea una especie de llamarada eléctrica espectacular y varios rayos asociados que caen en cascada. Os dejo una imagen (eliminad los espacios) www. nauticahoy. com. ar/blog/wp-content/ uploads/2007/10/fuegos-de-san-telmo. Jpg&lt;/i&gt;&lt;b&gt;&amp;nbsp;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Somnis d'Or&lt;i&gt;:&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;i&gt; en castellano "Sueños de Oro".&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;Escrito el 02 de noviembre de 2011&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7313635411078290463-5418993399948656904?l=fictionniikura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fictionniikura.blogspot.com/feeds/5418993399948656904/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2011/11/25m-x-pasado.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/5418993399948656904'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/5418993399948656904'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2011/11/25m-x-pasado.html' title='25M X.- Pasado'/><author><name>Nat Niikura</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04994620941555549861</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_y0oqfuuRoDE/SKV3CsUfUhI/AAAAAAAAABw/4WbC3LSB0-4/S220/ahoy+garabatosb.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/th_Rating16.png' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7313635411078290463.post-4324229236824677309</id><published>2011-10-09T21:02:00.000+02:00</published><updated>2011-10-09T22:19:08.331+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Original'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Oneshot'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Indice'/><title type='text'>Oneshots (Originales)</title><content type='html'>&lt;br /&gt;&lt;a href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Avoriginal2.jpg"&gt;&lt;img alt="" border="0" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Avoriginal2.jpg" style="height: 150px; width: 150px;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estos oneshots son originales y están protegidos por los derechos de autor. Queda totalmente prohibida su redistribución, si quieres puedes facilitar un enlace a mi blog pero en ningún caso subirlos a otras páginas.&lt;br /&gt;Por favor, si veis alguno de mis shots fuera de estás páginas denúncialo, será un plagio:&lt;br /&gt;http://www.fictionpress.com/u/663858/Natsumi_Niikura&lt;br /&gt;http://natniikura.deviantart.com&lt;br /&gt;http://fictopia.net/es/usuario/Natsumi_Niikura&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;i&gt;--&amp;gt;Versión en castellano // Versió en català &amp;lt;--&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;a href="http://fictionniikura.blogspot.com/2011/10/el-soldado-y-la-dama.html"&gt;El soldado y la dama&lt;/a&gt; // &lt;a href="http://lletresdeltretze.blogspot.com/2011/10/el-soldat-i-la-dama.html"&gt;El soldat i la dama&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;Lena huyó asustada, ¡un fantasama! ¡Acababa de ver un fantasma! &lt;b&gt;Romance, Sobrenatural, Drama / +16&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7313635411078290463-4324229236824677309?l=fictionniikura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fictionniikura.blogspot.com/feeds/4324229236824677309/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2011/10/oneshots-originales.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/4324229236824677309'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/4324229236824677309'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2011/10/oneshots-originales.html' title='Oneshots (Originales)'/><author><name>Nat Niikura</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04994620941555549861</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_y0oqfuuRoDE/SKV3CsUfUhI/AAAAAAAAABw/4WbC3LSB0-4/S220/ahoy+garabatosb.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/th_Avoriginal2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7313635411078290463.post-2978962529312334933</id><published>2011-10-09T20:49:00.000+02:00</published><updated>2011-10-09T20:49:24.280+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Original'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Oneshot'/><title type='text'>El soldado y la dama</title><content type='html'>&lt;a href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png"&gt;&lt;img alt="" border="0" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png" style="cursor: pointer; height: 150px; width: 150px;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Avoriginal2.jpg"&gt;&lt;img alt="" border="0" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Avoriginal2.jpg" style="cursor: pointer; height: 150px; width: 150px;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Ésta historia es totalmente original, por favor, no la publiquéis en ningún sitio sin mi permiso.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;El soldado y la dama&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;Lena, un chica delgada y bajita, con unos enormes ojos azul cielo, cabello rojo como el fuego y tres pecas debajo del ojo derecho, miró angustiada a su jefe. Abandonar su Heidelberg natal para ir a vivir a Barcelona, una ciudad desconocida y a veces con una fama un poco oscura. Había tenido miedo. Incluso había pensado decirle a su jefe que no quería el ascenso, que prefería seguir siendo una simple comercial con un sueldo base y demasiadas horas de trabajo, pero finalmente se resignó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su familia había muerto hacía cuatro años en un accidente de tráfico y no tenía nada ni nadie que la atase en Alemania. Su novio la había dejado por una exuberante chica de Brasil o de Cuba, ya no lo recordaba; y sus amigos... bien, siempre podía hacer otros nuevos. Quizás conocer un país nuevo y gente nueva le haría bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abrió por última vez la ventana de su apartamento desde donde había una vista privilegiada del río Neckar. Lo echaría de menos. Era su vista preferida del mundo entero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el taxi no dijo nada, con la mirada perdida en las calles y las casas que pasaban delante de sus ojos. Tenía ganas de llorar y la melancolía ya la dominaba; aquella sensación aumentó cuando subió al avió. Y durante todo el vuelo permaneció con la vista clavada en la pantalla, los auriculares puestos pero sin prestar atención a nada ni nadie. Ignoró la panorámica aérea de la ciudad de Barcelona que todos miraban maravillados. Tampoco prestó atención al aeropuerto, simplemente tomó su maleta enfurruñada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿&lt;i&gt;Señorita Haas? &lt;/i&gt;—preguntó una voz en alemán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lena se giró para ver a un ancianito de cabello blanco, mejillas rellenas y sonrosadas, gafas doradas y una sonrisa afable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—&lt;i&gt;Sí, soy Lena Haas&lt;/i&gt; —contestó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—&lt;i&gt;Me llamo Pau Soler, soy el fundador de &lt;/i&gt;Somnis d'Or.&lt;i&gt; —&lt;/i&gt;Lena, sorprendida, le miró boquiabierta. El fundador de la empresa en persona había ido a recibirla como si fuese una personalidad o una celebrity—&lt;i&gt;. Venga conmigo, por favor, le enseñaré su nuevo hogar.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salieron del Aeropuerto del Prat y fueron hasta un elegante coche negro que les llevó al corazón de la ciudad. Se detuvieron en la Vía Laietana y Pau la invitó a salir del vehículo cogiéndole la mano con suavidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ante sus ojos apareció una iglesia que destacaba por la simplicidad de su construcción. Él le explicó que aquella era la Basílica de Santa María del Mar, la iglesia que la ciudad de Barcelona había levantado con sus propias manos y su dinero para la patrona del mar. Les dijo que viviría al lado de aquella maravilla y del &lt;i&gt;Fossar de les Moreres&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasó el resto del día instalándose en el piso, demasiado entretenida como para pensar en nada. Por la noche encargó una pizza que se comió sentada en el suelo rodeada de velas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;«&lt;i&gt;El Fossar de les Moreres&lt;/i&gt; se fundó en el siglo XII y es dónde durmieron nuestros hermanos que dieron sus vidas defendiendo su libertad y las leyes de Cataluña de la invasión borbónica de 1714». Le daba escalofríos recordarlo, dormiría al lado de una especia de fosa común de hacía siglos. Le pareció que era exactamente como dormir al lado de un cementerio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;«Ostras Lena, deberías haberte quedado en Heidelberg. Esto es demasiado siniestro» pensó acongojada. Construir al lado de una fosa común, ¡qué locura! Tendría que buscar otro sitio en el que vivir, aunque si se quedaba allí se ahorraría pagar un alquiler.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abrió la ventana tal como hacía cuando vivía en Heidelberg y se asomó, la llama eterna del pebetero le pareció hipnótica danzando con el viento retorciéndose y encogiéndose como si se doliese. El olor de las hojas de las tres moreras era mágico y las estrellas titilando sobre la basílica de Santa María del Mar. El silencio...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De repente aquel barrio, un tanto claustrofóbico, y su fosa común le parecieron sacados de un cuento de hadas en el que todo es posible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;«Barcelona es una ciudad mágica» le había dicho Pau «es posible que si prestas suficiente atención veas algo fantástico paseando por la calle». Lena sacudió la cabeza, cerró la ventana y se metió en la cama.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Conforme iban pasando los meses se fue enamorando de la ciudad y de su historia, de su gente, de su cultura y de su lengua. Se había propuesto hablar catalán tan bien como su marcado acento alemán le permitiese y escribirlo a la perfección. Los prejuicios que se había formado en base a lo que le habían explicado desaparecieron, la gente era amable y acogedora, en la panadería la recibían con una sonrisa cada mañana y por la noche siempre le guardaban un panecillo para la cena. En el mercado los vendedores la llamaban "Eleneta" y le explicaban con toda la paciencia del mundo qué eran las cosas que vendían, las butifarras, las seques, los &lt;i&gt;rovellons&lt;/i&gt; y los &lt;i&gt;pinetells&lt;/i&gt;... todo un mundo de sabores y olores nuevos que ir descubriendo poco a poco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Born con sus calles estrechas y sinuosas se había convertido en su hogar y ya no sabía vivir sin aquella vista de Santa María del Mar y el &lt;i&gt;Fossar&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lena acabó de cenar y apagó la televisión. Se tiró en el sofá cerrando los ojos e inspiró profundamente. Le pareció oír un timbal en la calle, pero era algo impensable, así que creyó que el sonido debía provenir de un televisor encendido o que se lo había imaginado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasaron un par de minutos y aquel sonido volvió a resonar en sus oídos. Se levantó de un salto y sacó la mitad del cuerpo por la ventana, la calle estaba desierta, pero su curiosidad iba en aumento así que se puso la cazadora vaquera, cogió las llaves y bajó a la calle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se detuvo en el centro del &lt;i&gt;Fossar &lt;/i&gt;mirando a todos lados, pero no había nada ni nadie. De repente le pareció oír un susurro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Hola? —preguntó medio asustada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Quién es usted? —preguntó una voz masculina desde algún punto de la calle—. ¿En qué bando está?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Ba-bando? —titubeó ella—. ¿Qué quieres decir con bando?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Es una botiflera?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella frunció el entrecejo, no sabía que significaba ser una "botiflera" pero imaginaba que no era nada bueno. Entrevió una figura borrosa detrás de una de las moreras del &lt;i&gt;Fossar&lt;/i&gt; y en una especie de impulso suicida, Lena, caminó hasta allí. Tuvo que parpadear un par de veces para que su vista se aclarase. Delante de ella había un hombre con una especie de uniforme militar, llevaba una casaca azul oscuro y con el reverso granate y un montón de botones dorados, las calzas y las medias rojas se perdían bajo la casaca y en los pies llevaba unos zapatos de cuero con una hebilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre se quitó el sombrero marrón y se lo llevó al pecho dejando a la vista su pelo castaño que le caía sobre los hombros, su cara de rasgos amables, con la punta de la nariz algo manchada de polvo igual que sus mejillas y unos ojos verdes que dejaron sin respiración a Lena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Mi nombre es Jaume Ferrer, soy soldado de la Compañía de los &lt;i&gt;Paraires&lt;/i&gt; de la Coronela de Barcelona —se presentó orgulloso—. Disculpe, señorita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Me llamo Lena...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No se preocupe, Lena, no le haré daño. Soy miembro de la Coronela. La mantendré a salvo de Felipe V.&lt;br /&gt;«Felipe V» se dijo a sí misma. Hacía casi trescientos años de eso pensó que era una broma pero la mirada seria de Jaume la hizo cambiar de idea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ahora tengo que ir a hacer la ronda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y sin decir nada más se evaporó en mitad de la oscuridad. Lena huyó asustada, ¡un fantasama! ¡Acababa de ver un fantasma! Aquella noche no pudo dormir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las siguientes semanas a menudo se encontraba a sí misma mirando por la ventana esperando volver a ver a aquel fantasma, finalmente decidió bajar de nuevo al &lt;i&gt;Fossar&lt;/i&gt; con la esperanza de que volviese. Se sentía un poco tonta sentada en el mármol helado esperando a saber qué.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Señorita Lena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se giró con los ojos brillantes buscando el origen de la voz, Jaume estaba en el centro del &lt;i&gt;Fossar&lt;/i&gt; de pie mirándola fijamente. Se levantó y fue hasta él con una sonrisa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Has vuelto —pronunció con un nudo en la garganta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—He venido cada noche, pero usted nunca estaba. —Jaume la miró con las mejillas ligeramente sonrojadas—. Creía que tal vez os habían matado, me alegro de ver que estáis bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Lena la hizo feliz escuchar que había ido cada noche para encontrarla. Hablaron durante horas bajo la llama del pebetero y las estrellas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A partir de aquella noche se encontraban la chica de Alemania y el fantasma del siglo XVIII a diario, aunque lloviese, aunque hiciese un frío que pelaba. Durante el día soñaba despierta esperando a que oscureciese, a que la calle quedase desierta y a que Jaume saliese de detrás de la morera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jaume se convirtió en lo más parecido a un amigo que había tenido nunca, alguien con quien hablar de cualquier cosa sin tener que controlar lo que decía, alguien de confianza, alguien que la hacía sentirse protegida, alguien con quien pasárselo bien hablando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lena leía sentada al lado del pebetero esperando la hora a la que él venía, inmersa en la lectura no se dio cuenta de cuando se le acercó, hasta que, de repente, sobre las letras impresas apareció un preciosa rosa roja como la sangre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Es para mí?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí. Es poca cosa —murmuró—, lo siento, pero bien... ya sabe que no es fácil encontrar algo en buen estado en medio de este sitio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella le sonrió, siempre se preguntaba si él sabía que estaba muerto y si la veía tal cual era o como a una chica de su época; le daba miedo preguntar y perder aquello que tenía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Es la más bonita de todas, estoy segura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No tanto como tú, Lena. —Sonrojada de pies a cabeza le miró fijamente, era como sacado de un sueño—. Me gusta tu pelo rojo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Gracias —dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tengo que marcharme, Lena. —Jaume le acarició la mejilla y después se puso en pie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Tan pronto?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Mañana tengo que defender la muralla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lena sintió un escalofrío y el peso del terror oprimiéndole el pecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No vayas, por favor —dijo cogiéndole por el reverso de la manga izquierda—. Por favor, quédate conmigo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su súplica sólo obtuvo una sonrisa como respuesta, Jaume le apartó la mano con mucha suavidad y le dio un beso tan suave como un suspiro. Las lágrimas le rodaron por las mejillas cuando él se desvaneció, había estudiado la Guerra de Sucesión y sabía bien que, Jaume, era un fantasma, uno de los muertos enterrados en el &lt;i&gt;Fossar de les Moreres&lt;/i&gt;, un héroe anónimo; alguien a quien la gente rendía homenaje durante el Once de Septiembre pero del que nadie sabía el nombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lena se dio cuenta de que se había enamorado de Jaume y eso la hizo llorar como si el mundo fuese a acabarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajó cada noche al &lt;i&gt;Fossar&lt;/i&gt; pero él nunca volvió aunque a Lena le parecía verlo en cada sombra de la calle.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;Fin&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&lt;u&gt;&lt;b&gt;&lt;/b&gt;&lt;/u&gt;&lt;/i&gt;&lt;i&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&lt;u&gt;&lt;b&gt;Aclaraciones:&lt;/b&gt;&lt;/u&gt;&lt;/i&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;En realidad antes de 1989 el &lt;/i&gt;Fossar de les Moreres&lt;i&gt; no existía como hoy en día, había pisos construidos encima. Cuando se pavimentó con los ladrillos rojos como la sangre se trasladaron todos los cuerpos por una cuestión de salud pública.&lt;/i&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;Botifler/a:&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;i&gt; durante la Guerra de Sucesión se llamaban así a los partidarios de Felipe V.&lt;/i&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;Compañía de los Paraires:&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;i&gt; una de las divisiones de la Coronela de Barcelona, la integraban los que preparaban la lana para ser tejida.&lt;/i&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;La Coronela de Barcelona:&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;i&gt; Durante el sitio de Barcelona (1697-1714) se encargaron de la protección de la ciudad intramuros, dentro de la Coronela había varias compañías: Compañía de los Paraires, Compañía de los Curtidores, Compañía de los Carniceros, Compañía de los Jóvenes Sastres, Compañía de los Zapateros, Compañía de los Cerrajeros, Compañía de los Hortelanos de San Antonio y Compañía de los Horneros y Panaderos.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&amp;nbsp;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;Escrito originalmente en 1994, revisado el 09 de octubre de 2011 &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7313635411078290463-2978962529312334933?l=fictionniikura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fictionniikura.blogspot.com/feeds/2978962529312334933/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2011/10/el-soldado-y-la-dama.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/2978962529312334933'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/2978962529312334933'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2011/10/el-soldado-y-la-dama.html' title='El soldado y la dama'/><author><name>Nat Niikura</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04994620941555549861</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_y0oqfuuRoDE/SKV3CsUfUhI/AAAAAAAAABw/4WbC3LSB0-4/S220/ahoy+garabatosb.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/th_Rating16.png' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7313635411078290463.post-4298519589301190191</id><published>2011-09-10T19:12:00.001+02:00</published><updated>2011-09-10T19:14:35.469+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Code: Lyoko'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ulrich x Yumi'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Antes de que sea tarde'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fanfic'/><title type='text'>ADQST 18.- Incertidumbre</title><content type='html'>&lt;a href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png"&gt;&lt;img style="width: 150px; cursor: pointer; height: 150px;" alt="" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/AvCodelyoko.jpg"&gt;&lt;img style="width: 150px; cursor: pointer; height: 150px;" alt="" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/AvCodelyoko.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Code: Lyoko y sus personajes son propiedad de MoonScoop y France3.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align:center;"&gt;&lt;b&gt;Incertidumbre&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;No  iba bien. X.A.N.A. sabía que había algo que fallaba. Primero su  desastrosa entrada en Xanadu durante la que el cuerpo de la muchacha se  había convertido en una cárcel de la que era imposible escapar. Había  sentido dolor, un dolor tan intenso que no podía creérselo. X.A.N.A. no  era un persona era un virus informático, no debería sentir dolor ni  ningún otro tipo de sensación o sentimiento. Segundo la maniobra para  desestabilizar a su ejército y la consecuente desactivación de la torre  desde algún lugar que no era la fábrica e ilocalizable. Y aquello le  molestaba más que cualquier otra cosa ¿cómo podía alguien darle  esquinazo sin dejar rastro? Era una ofensa para sus habilidades y un  insulto a su inteligencia. Y tercero, seguramente lo que más le  preocupaba, una pregunta que le había vuelto a asaltar con insistencia.  ¿Quién era?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Su casa. No había tenido ocasión de verla con  claridad, aún y así lo poco que había visto era lo más hermoso que había  visto jamás.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;X.A.N.A. se removió impaciente en su rincón oscuro del ciberespacio, era momento de activar otro superordenador.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;William y Yumi se miraron ligeramente sorprendidos por el corto margen de la vuelta al pasado.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—...es  un piso muy luminoso. —La voz cantarina de Charlotte Lafitte repitió  aquella frase pronunciada con anterioridad—. Hay luz casi todo el día.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Genial —atajó William—. Me lo quedo, lo alquilo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Pero aún no le he ensañado...&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No necesito ver más, me ha convencido, señora Lafitte. Es una vendedora estupenda.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La  mujer clavó su mirada en Yumi que le devolvió una sonrisa llena de  compasión, la vuelta al pasado sólo había logrado que el interés de  William en lo que le contaba cayese en picado.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Hay una chimenea...&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿En serio? —preguntó con tono indiferente—. Estupendo, ¿cuándo firmamos?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Los  puños cerrados de Charlotte temblaron de rabia, se mordió el labio  inferior corriendo parte del pintalabios rojo. Determinó que no iba a  dejar huir a su joven presa así como así, por lo que se desabrochó  varios botones de la camisa blanca. Yumi suspiró ante ese gesto repetido  para ella, al menos ya no le resultaba tan violento como la primera  vez.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;William siguió a la mujer descocada hasta la sala colindante  para firmar el precontrato de alquiler, mientras ella permanecía inmóvil  junto a aquel enorme ventanal desde el que se veía la fábrica. Frunció  el ceño tratando de ver a través de los gruesos muros de ladrillo y  hormigón. Si pudieran descubrir algo más sobre ese cacharro infernal  donde dormía X.A.N.A. Si supiesen algo más sobre la familia de Aelita y  por qué demonios habían creado aquello. Si encontrasen el modo de  arreglarlo...&lt;/p&gt;&lt;p&gt;No había nada que hacer. Era como pensar a través de gelatina.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El  móvil vibró en el bolsillo trasero de su vaquero, lo sacó mecánicamente  sin mirar el número de la pantalla y se lo llevó al oído.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Diga?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;Yumi-chan.&lt;/i&gt; —La voz al otro lado de la línea con su peculiar acento japonés como traído de otra época le hizo sonreír.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;Abuela&lt;/i&gt; —contestó ella cambiando a su idioma—&lt;i&gt;. ¿Ha pasado algo?&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;¿Es que sólo puedo llamar a mi nieta cuando pasa algo?&lt;/i&gt; —replicó la anciana con tono jovial—&lt;i&gt;. Quería ver cómo te iba por Francia, cuando William-kun y tú os marchasteis parecías nerviosa.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Yumi  sonrió, su abuela siempre se daba cuenta de todo lo que pasaba, era muy  observadora. Se apartó del ventanal y se sentó en el suelo de parqué  pulido con las piernas cruzadas en posición de loto. Echó un rápido  vistazo a su reloj, en Japón estaban en plena madrugada pero no le dio  importancia, su abuela era más nocturna que diurna.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;Va todo bien. Es que... bueno, hacía años que no les veía y...&lt;/i&gt; —Suspiró revolviéndose el pelo—&lt;i&gt;. Ya sabes, era un poco de incertidumbre.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;¿El alemán?&lt;/i&gt; —lanzó la pregunta como si de un dardo se tratase.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Yumi soltó un bufido y su abuela rió divertida.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;¿Pretendes que crea que tu nerviosismo no tenía nada que ver con él?&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;Abuela...&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;¿Qué? No me digas que se ha casado con otra y tiene siete hijos.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La muchacha rió a su pesar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;No. Está soltero, aunque no sé si puedo añadir el "y sin compromiso". No le he preguntado ni voy a hacerlo &lt;/i&gt;—replicó con naturalidad—&lt;i&gt;. No es asunto mío.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;No seas niña.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Lo  primero que hizo Ulrich fue frotarse el estómago, la herida había  desaparecido, claro que eso era de una lógica aplastante. Odd se levantó  pensando en si Sissi estaría aún dentro de la casa o en el exterior, y  sobre todo, en si estaría bien.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Jérémie se puso en pie de un salto.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Qué...?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Qué pasa Jérémie? —inquirió Aelita sobresaltada y preocupada.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Yo no he activado ninguna vuelta al pasado...&lt;/p&gt;&lt;p&gt;De  repente tanto Odd como Ulrich se olvidaron de sus mutuas preocupaciones  para mirar a Jérémie que estaba pálido como la cera. Aelita se mordió  el labio inferior con el ceño fruncido.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Nos han pirateado el superordenador? —La pregunta de Aelita resonó en el jardín como si acabase de usar un megáfono.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¡Eso es imposible! —replicó Jérémie escandalizado ante la simple idea.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ulrich  le dio un codazo en las costillas a Odd llamándole la atención para  dejar a los cerebritos discutir tranquilos. Odd se sintió agradecido por  tener una excusa para ir a comprobar el paradero de Sissi y si estaba  bien. Ni Jérémie ni Aelita parecieron darse cuenta de que sus dos amigos  atravesaban el jardín en dirección al interior de la casa.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Pero si tú no has activado la vuelta al pasado y yo no he desactivado la torre —arguyó la muchacha—. ¿Qué otra opción queda?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—X.A.N.A.  la habrá desactivado y ya dominó una vez la vuelta al pasado. —Jérémie  se estampó la palma de la mano contra la frente—. No puede ser...  bloqueé su acceso al programa del salto al pasado.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Antes de que la torre se desactivase —musitó ella—. Vi una palabra en el terminal.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Cuál?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No estoy segura, apenas fue un segundo. Creo que ponía: Aníbal.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Jérémie  la sujetó por los brazos con los ojos azules y serios clavados en los  verdes y sorprendidos de ella. Una reacción un poco bruta para ser de  él.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Estás segura? —La voz le salió fría e impersonal.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Me  haces daño, Jérémie —protestó. Se frotó los brazos con un mohín cuando  la soltó—. No lo sé seguro, ya te lo he dicho, sólo fue un segundo. Pero  ¿qué importancia tiene?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—El diario de tu padre. Hubo una parte que nunca llegué a ver, no después de lo de la &lt;i&gt;marabunta&lt;/i&gt;  y en casco, aunque eso fue un error enteramente mío, me preocupaba dar  con más programas destructivos como ese. —Agachó la cabeza—. Y desterré  los archivos del diario hasta hace unos años.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Volviste a poner en marcha el superordenador?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No. Lo copié antes de apagarlo. Lo tenía guardado en un &lt;i&gt;pendrive&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Por qué? —siseó.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Jérémie le apartó algunos mechones rojizos de la frente con delicadeza.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Por ti, porqué pensé que tal vez algún día querrías saber que hay.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Cosas sobre el superordenador —dijo ella.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Y su imagen —replicó él—. Es un videodiario.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Ya...&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Odd  comprobó con horror que Sissi no estaba en el salón trabajando para  cuadrar los bolos del grupo con las futuras entrevistas y el resto de  cosas de las que se encargaba. Su agenda de tapas rosas permanecía  abierta en el día uno del mes de mayo con una frase a medio escribir en  tinta verde "Hablar con el señor Bed". Acarició con la punta de los  dedos la caligrafía grande y redondeada de Sissi. Algo la había  interrumpido, seguramente el ataque de X.A.N.A.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;¿Estaría en la fábrica? ¿Prisionera en Xanadu de nuevo? ¿Desmayada en algún punto entre &lt;i&gt;L'Hermitage&lt;/i&gt;, la escuela y la fábrica?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El  pulso le palpitaba en las sienes, el inicio de una migraña. Tenía que  moverse, quedarse allí plantado como un pino preguntándose dónde podía  estar Sissi no era la mejor solución.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Arriba no está. —La voz de Ulrich le sacó de su ensimismamiento—. ¿Has mirado por aquí?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Iba a hacerlo ahora.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Déjalo, ya lo hago yo. Intenta llamarla por teléfono.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Odd  suspiró y marcó el número mientras su amigo registraba la planta baja  con detenimiento. La voz grabada le anunció que el teléfono estaba  apagado o fuera de la zona de cobertura, odiaba esa dichosa voz repipi,  fría y burlona que parecía no tener nada mejor que hacer que tocarte las  narices cuando estabas de peor humor.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No está en la casa —declaró Ulrich—. ¿Ha habido suerte con la llamada?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El rubio echó a andar dirección a la salida de &lt;i&gt;L'Hermitage&lt;/i&gt;,  si no estaba en la casa sólo podía estar fuera. Pasó junto a Jérémie y  Aelita sin prestarles atención seguido de cerca por Ulrich. No estaba  siendo ni práctico ni razonable, pero seguramente él en su situación  tampoco lo sería. El viejo sendero estaba despejado y tan solitario como  siempre, por allí no había rastro de Sissi. Ulrich le dio un tirón del  brazo a Odd al llegar al punto donde el camino se dividía, buscar sin  ton ni son no servía de nada.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Espera —gruñó en respuesta a la  mirada asesina de su amigo—. Tú ve hacia la fábrica, yo revisaré los  alrededores de la escuela. Si nos dividimos el terreno será más fácil  dar con ella.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No, yo iré a la escuela —protestó Odd.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ulrich negó con la cabeza, algo le decía que no era buena idea dejar que Odd fuese a Kadic, la reacción que había tenido cuando &lt;i&gt;Sissi&lt;/i&gt; iba en busca supuestamente de cobertura le había dado mala espina.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Es más probable que esté en la fábrica —arguyó el castaño—. Estará asustada y seguro que tiene ganas de verte.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Supongo que tiene lógica —admitió a regañadientes pero sin quitar la mirada enfurruñada.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Entonces... ¿Quién la encuentre que llame?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Odd  asintió antes de salir corriendo como una exhalación. No debería  sorprenderle, al fin y al cabo habían compartido habitación durante años  y se había acostumbrado a su actitud impulsiva. A diferencia de Odd,  caminó por el camino de arena levantando algo de polvo hasta la valla de  Kadic, podría saltarla sin mucho esfuerzo y preguntar dentro si la  habían visto pero le parecía una idea bastante estúpida. Recorrer el  perímetro de la escuela sería lo mejor.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Stern? —La voz  chirriante le trajo pésimos recuerdos de su pasado estudiantil, pero no  podía darse la vuelta e ignorarle sin más—. ¿Eres tú?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Hola Hervé —saludó sin ganas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Qué haces ahí? Es propiedad privada.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Que yo sepa el bosque es un espacio público. No estoy dentro de la escuela.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Pero hay niños. Menores.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No me gusta lo que acabas de insinuar —gruñó Ulrich tentado de pegarle un tirón de jersey verde y estamparle contra la valla.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hervé  le dedicó una sonrisa altanera, que en otro tiempo no habría tenido el  valor de esbozar, sintiéndose satisfecho de haber herido el orgullo de  su antiguo rival con sus palabras. Le guardaba rencor, por supuesto,  tantos años viviendo a su sombra para que después no obtener más que  disgustos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Tus amiguitos y tú Stern, me dais pena. La inmigrante  rarita, el gamberro estúpido, el matrimonio friki, el futbolista  fracasado y el músico patético... —Rió burlón apartándose un poco de la  verja.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;«Sólo quiere provocarte» se dijo hundiendo las manos en los bolsillos de sus vaqueros. «Quiere que le contestes. No caigas...»&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Y la putilla patética.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Tienes  una forma muy rara de piropear a la chica que se supone que quieres  —pronunció las palabras con tono calmado pese a la rabia que sentía.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Odd  sostuvo con fuerza la soga que colgaba una de las vigas de la entrada a  la fábrica, la escalera hacía décadas que se había derrumbado y,  aquellas cuerdas eran la única manera de entrar desde el puente. Se  deslizó sin hacer ruido hasta que sus pies toparon con el suelo  levantando una nubecilla de polvo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La planta baja de la fábrica  estaba desierta y en el más absoluto de los silencios, Odd recorrió el  lugar con la mirada antes de montarse en el ascensor. Pulsó el botón y  el aparato inició el descenso con un quejido metálico y una leve  sacudida. La puerta se abrió en a sala de mando del superordenador, allí  no había nadie y el holomapa estaba apagado, lo que según su  experiencia significaba que no había nadie en Lyoko. Pulsó de nuevo el  botón y el elevador le llevó hasta la sala de los escáneres, la luz  subió de intensidad cuando Odd puso los pies fuera del ascensor.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Las  puertas de las tres cabinas estaban abiertas y con las luces  encendidas. Reconoció las botas rojas de media caña que sobresalían de  una de ellas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Se quedó estático. Aunque su reacción natural  hubiese sido abalanzarse sobre el escáner y sacarla en volandas  descubrió que le daba demasiado miedo el estado en que pudiese  encontrarla. El pulso le latía, acelerado, en los oídos y su respiración  trabajosa le provocaba un punzante dolor en los pulmones. Tenía que  moverse y comprobar cómo estaba pero sus piernas parecían haberse  confabulado en su contra obligándole a permanecer en la guía de la  puerta del ascensor.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;«Muévete Della Robbia, no es momento para tonterías.»&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Tomó  una bocanada de aire y la mantuvo tanto tiempo como pudo en los  pulmones para después soltarla poco a poco; la técnica número uno para  relajarse de la guía de consejos de su hermana Adèle, esperaba no tener  que llegar al número diez: sentarse y meditar rodeado de incienso.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cuando  su cuerpo decidió que cooperar no era tan malo avanzó hasta las botas  rojas. No sabía muy bien qué había esperado encontrar pero no dio con  una escena extraña. Estaba apoyada en la pared del escáner con los ojos  cerrados y la camiseta ligeramente subida de haber resbalado por la  superficie metálica hasta el suelo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¡Sissi! —exclamó arrodillándose a su lado—. ¡Sissi, Sissi! —La zarandeó con impaciencia—. ¡Vamos, reacciona!&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Me vas a romper el cuello, idiota —protestó adormilada sin abrir los ojos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Odd  reaccionó enterrando la cara en el hombro de ella que le acarició la  espalda despacio y sin fuerza, se sentía atontada y extenuada como  nunca. Batalló contra la pesadez de sus párpados y los entreabrió, la  luz la deslumbró pero logró entrever el techo verdoso y plagado de  gruesos cables de la fábrica.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No era un sueño —murmuró con la voz  tensa. Había albergado la esperanza de que su paso por el mundo virtual  hubiese sido una pesadilla.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No. No lo era —le contestó él.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Dios mío...&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Ya ha pasado —le susurró Odd.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Las  manos de Sissi se cerraron con fuerza sobre la camiseta púrpura de Odd,  acababa de recordar algo que había gritado aquella voz.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Qué es Hierón?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Qué?&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align:center;"&gt;&lt;b&gt;Continuará&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Escrito el 30 de agosto de 2011&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7313635411078290463-4298519589301190191?l=fictionniikura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fictionniikura.blogspot.com/feeds/4298519589301190191/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2011/09/adqst-18-incertidumbre.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/4298519589301190191'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/4298519589301190191'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2011/09/adqst-18-incertidumbre.html' title='ADQST 18.- Incertidumbre'/><author><name>Nat Niikura</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04994620941555549861</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_y0oqfuuRoDE/SKV3CsUfUhI/AAAAAAAAABw/4WbC3LSB0-4/S220/ahoy+garabatosb.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/th_Rating16.png' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7313635411078290463.post-9129336390528656606</id><published>2011-06-19T13:02:00.001+02:00</published><updated>2011-06-19T13:03:41.999+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Oneshot'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mortal Instruments / Cazadores de Sombras'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Magnus x Alec'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fanfic'/><title type='text'>Consuelo</title><content type='html'>&lt;a href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png"&gt;&lt;img style="cursor: pointer; width: 150px; height: 150px;" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/AvFanfics.jpg"&gt;&lt;img style="cursor: pointer; width: 150px; height: 150px;" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/AvFanfics.jpg" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Mortal Instruments y sus personajes pertenecen a Cassandra Clare.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;Consuelo&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Magnus  había buscado a Alec por media Alacante sin éxito, en otras  circunstancias no lo habría hecho, no con sus padres dando vueltas por  allí, pero en aquella tesitura necesitaba dar con él.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Había  encontrado a Isabelle sentada en las escaleras de la Sala de los  Acuerdos deshecha en un mar de lágrimas, con el maquillaje dibujándole  líneas oscuras en las mejillas, jamás había visto a Isabelle Lightwood  de aquel modo. Iba a preguntar pero no necesitó hacerlo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;«Max está muerto» había sollozado la muchacha, «Sebastian lo ha asesinado y yo... yo no he hecho nada por evitarlo.»&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Magnus  con sus dedos largos, blancos y delgados le había acariciado la mejilla  en una suave muestra de afecto y apoyo, un subterráneo como él  abrazando y consolando a una Nefilim en Idris habría causado demasiado  revuelo y sólo conseguiría empeorar la situación, eso era algo que había  aprendido hacía mucho tiempo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;«No sé dónde está Alec. Se ha ido  hace horas. No le dejes solo» aquellas palabras le arañaron el alma, no  supo decir qué era lo que atenazaba el corazón de Isabelle si la pérdida  de Max o la huida de Alec. «Le encontraré» le dijo, le dio un rápido  beso en la frente antes de partir en busca de Alec.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;¿Dónde más  podía buscar? Era más que evidente que no estaba en la ciudad, las  calles abarrotadas de Nefilim preparándose para combatir eran un caos,  pero Magnus sabía que si se lo cruzase lo notaría. Había pensado en  hacer un conjuro de rastreo, pero se dio cuenta que no tenía nada que  perteneciese a Alec, nada que pudiese usar para dar con él, le dieron  ganas de llorar por no haber pensado en pedirle algo a Isabelle.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Se  encogió de hombros, lamentarse era un acto inútil, y continuó caminando  hacia las afueras. Idris era hermosa de un modo inquietante. La  arquitectura era preciosa pero el ambiente era falso e irreal,  seguramente la causa era el resplandor mortecino de las Torres  Demoníacas, la protección legendaria de Idris. Idris no le gustaba,  nunca le había gustado, era un sitio aburrido.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Oteó los  alrededores, buscar sin ton ni son tampoco era algo muy recomendable,  tenía que ser más práctico. El relieve de los valles de Idris se  extendían como en un paisaje impresionista, con su pasto verde y  reluciente, su cielo azul y despejado... Unas ruinas despuntaban entre  el verdor, Magnus frunció el ceño, no recordaba ningunas ruinas allí,  claro que esa era la tercera vez que pisaba Alacante, creía recordar que  allí estaba lo que los Nefilim denominaban El Gard. A sus oídos  regresaron los rumores que corrían por la ciudad de la caída de El Gard,  así que era cierto...&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Magnus se encogió de hombros, por echar un  vistazo no perdía nada, aunque no le parecía el sitio más apropiado para  dar con Alec.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Lightwoods —farfulló el brujo con desesperación.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Caminar  por allí se le hacía sumamente extraño y, en parte, incómodo. Pero se  obligó a continuar, le había dicho a Alec que lo suyo no funcionaría, lo  había creído de verdad hasta que éste le había prometido presentarle a  su familia si sobrevivían al ataque de los Iblis. Tenía que reconocer  que con el paso de los años no había aprendido a huir de las relaciones  tortuosas, aún cuando sabía que nunca acababan bien. Y la compleja  situación de Alec lo convertía todo en algo difícil, por no hablar de  que nunca miraba las cosas como debía.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Se llenó los pulmones de  aire cuando llegó hasta las ruinas y lo soltó despacio mirando  alrededor. Sus ojos dorados toparon con una silueta humana recortada  contra la luz del sol, le reconoció al instante.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Alexander —llamó el brujo, pero el muchacho no se movió ni un milímetro aunque le había oído perfectamente.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Alec  mantenía la vista fija en la lejanía de espaldas al brujo. Era como una  postal pensó Magnus, una postal triste de la que no puedes apartar la  vista aunque te rompa el corazón, con la luz del sol dibujando un halo  dorado alrededor de la ropa y el pelo negros del chico. Magnus caminó  hasta él y se detuvo tan cerca que cada vez que tomaba aire su pecho  rozaba la espalda de Alec.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—He hablado con Isabelle —musitó sin atreverse a tocarle.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Te lo ha dicho? Lo de Max, quiero decir. —Su voz sonaba sorprendentemente entera.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Sí.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Cómo está Izzy?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Magnus se tragó el "sobrevivirá" que iba a pronunciar, no era la mejor expresión para ese momento.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Mejor que tú, en mi opinión. —Los músculos de Alec se tensaron—. Necesitas hablar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No es hablar lo que necesito.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Qué es lo que necesitas?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Normalmente  sabía qué hacer en cada caso, la gente como Jace necesitaba gritar,  hacer alguna locura, comportarse como un cavernícola y después  desahogarse con la persona en quien confiaba, Isabelle necesitaba oír  que no era su culpa y una caricia para sentirse mejor... pero Alec era  un enigma en ese sentido.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Dime qué puedo hacer por ti. —Silencio fue la única respuesta que obtuvo—. Alec, por favor...&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Qué  estaba haciendo mientras mataban a mi hermano? ¿Por qué no estaba allí?  —dijo en tono frío y carente de emociones, como un autómata—. ¿Por qué  dejé a Isabelle y Max solos con Sebastian? ¿Qué había más importante que  la vida de mi hermano?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Protegías tu ciudad —contestó con  rotundidad—. Cumplías con tu deber como Nefilim, aunque eso no lo haga  más fácil. No tenías motivos para sospechar de Sebastian. Nada de esto  es culpa tuya, Alec.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Y por qué me siento como si lo fuera?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Porque eres una buena persona y quieres a tu hermano, a tu familia, a tus amigos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Magnus...&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El  brujo le rodeó los hombros con los brazos con firmeza y presionó su  mejilla contra la pálida de Alec, el muchacho exhaló un suspiro cargado  de pesar y apoyó sus manos sobre los antebrazos de Magnus con suavidad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Por qué he podido salvarte a ti pero no a Max?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Hay preguntas que no tienen respuesta.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Aquella  pregunta dolía pero no podía culparle. Max era un niño que apenas había  empezado a vivir además de su hermano y él no era más que un  subterráneo con el que mantenía algo similar a una relación.  Seguramente, en su lugar, él se habría preguntado lo mismo y hubiese  albergado el mismo deseo secreto de que las cosas hubiesen sido  diferentes.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Dime una —barbotó con brusquedad cosa que Magnus agradeció ya que era un avance, volvía a mostrar emociones.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Mi  aspecto, por ejemplo. —Alec se apartó ligeramente para poder mirarle a  la cara—. A parte de mis ojos y de que no tengo ombligo no hay ningún  otro rasgo que delate que no soy un humano normal y corriente, y  actualmente ni eso, hay lentillas de gato en cualquier óptica o tienda  de disfraces.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No tienes un aspecto precisamente normal, con tanta  purpurina y colorines. Por no hablar de las llamas azules que se te  escapan de la punta de los dedos de vez en cuando. —Estiró los dedos y  acarició el contorno de la oreja de Magnus.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Magnus sonrió al sentir el cuerpo de Alec más relajado.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Cuestión  de gustos —declaró sentándose junto a Alec sobre el muro derruido de El  Gard. Cada uno por un lado diferente con solo sus hombros rozándose—.  Hay quien me considera fascinante.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Fascinante? —inquirió con humor.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Pues sí —replicó con un toque de orgullo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—A  Max... le habrías gustado mucho —murmuró agachando la cabeza, los  mechones de pelo negro le taparon los ojos—. Se había aficionado a los  cómic manga, tienes pinta de dibujo manga...&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Alec se movió para  abrazarle, en aquella posición era algo complicado por lo que Magnus  tuvo que hacer acopio de todo su sentido felino del equilibrio y girarse  un poco para evitar caer al suelo y poder corresponder a aquel gesto.  Le acarició la espalda suavemente, Alec con la cara enterrada en su  pecho tembló entre sus brazos y Magnus supo que lloraba aunque lo  hiciera en silencio. «Los Nefilim no lloran» pronunció una voz venida  del pasado en su cabeza, la voz de otro Lightwood de ciento treinta años  atrás, «los Nefilim sois demasiado obstinados y estúpidos para  reconocer que lo hacéis» le contestó Magnus a aquella voz.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No pasa nada, Alexander —susurró—, todo está bien.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El  muchacho asintió sin decir nada y se dejó mimar por aquel hombre de  aspecto excéntrico, rasgos asiáticos y ojos de gato que siempre sabía  como hacerle sentir mejor, y que había cambiado su vida de un modo tan  íntimo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Te quiero Magnus —pronunció antes de poder pensar en lo que decía, pero una vez dicho ya no había vuelta atrás.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Me  quieres? —le devolvió la pregunta que le había hecho mientras luchaban  contra los demonios Iblis en la plaza de la Cisterna.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Alec  asintió. Roto por la pérdida de su hermano y por alegrarse de haber  salvado la vida de Magnus, por haber deseado que le besara mientras  aquel monstruo de Sebastian asesinaba a su hermanito. ¿En qué clase de  monstruo le convertía el sentirse feliz por estar junto a Magnus? ¿Qué  clase de persona era?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Sollozó sin poder contener más lo que  sentía. Si los Nefilim no podían llorar le daba igual, los cazadores de  sombras tampoco eran homosexuales y él lo era, tampoco se enamoraban de  subterráneos, así que lloraría y se dejaría consolar por un brujo de  ochocientos años con el que se había acostado una docena de veces y al  que acaba de descubrir que amaba con locura.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;Fin&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Escrito el 19 de junio de 2011&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7313635411078290463-9129336390528656606?l=fictionniikura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fictionniikura.blogspot.com/feeds/9129336390528656606/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2011/06/consuelo.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/9129336390528656606'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/9129336390528656606'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2011/06/consuelo.html' title='Consuelo'/><author><name>Nat Niikura</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04994620941555549861</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_y0oqfuuRoDE/SKV3CsUfUhI/AAAAAAAAABw/4WbC3LSB0-4/S220/ahoy+garabatosb.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/th_Rating16.png' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7313635411078290463.post-6064818767291448706</id><published>2011-06-02T19:44:00.000+02:00</published><updated>2011-06-02T19:46:45.703+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Oneshot'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Isabelle Lightwood'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mortal Instruments / Cazadores de Sombras'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Magnus x Alec'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fanfic'/><title type='text'>Inmortal</title><content type='html'>&lt;a href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png"&gt;&lt;img style="cursor:pointer; cursor:hand;width: 150px; height: 150px;" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/AvFanfics.jpg"&gt;&lt;img style="cursor:pointer; cursor:hand;width: 150px; height: 150px;" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/AvFanfics.jpg" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Mortal Instruments y sus personajes son propiedad de Cassandra Clare.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align:center;"&gt;&lt;b&gt;Inmortal&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Si pudieras pedir un deseo ¿cuál sería? —le preguntó Isabelle.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Alec  pensó durante un buen rato. Estaban ambos en la habitación de Alec  tumbados sobre la cama. Isabelle tenía las piernas levantadas y los  talones apoyados en la pared blanca donde reposaba la cabecera del  lecho, su cabeza quedaba más o menos a mitad de la cama junto a la de  Alec que con las piernas colgando por el otro lado de la cama y las  manos apoyadas sobre su pecho le clavó sus ojos azules y brillantes.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No lo sé.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No  te creo —replicó ella. Estaba convencida de que sí que lo sabía y ella  tenía la sospecha de saber lo que era—. Venga, dímelo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Cuál pedirías tú?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Isabelle le regaló una mirada enfurruñada.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;«Recuperar  a Max» pensó y sus ojos negros se ensombrecieron «haber hecho caso de  mi instinto y desconfiar de Sebastian». Isabelle cerró los ojos y cuando  volvió a abrirlos aquella sombra de tristeza ya no estaba.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Un novio guapo y decente.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;»Alec, no tiene nada de vergonzoso.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿El qué, Izzy?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Lo de Magnus.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Alec  tosió, se había atragantado con su propia saliva. Sus mejillas se  tiñeron de rojo al instante. A Isabelle jamás dejaría de sorprenderle la  forma que tenía su hermano de reacción ante las cosas que le daban  pudor, cómo podían parecerse tan poco en aquel aspecto.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Ya lo sé —farfulló—. No me avergüenzo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Alec... ¿Magnus te trata bien?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Él  estiró el brazo y le acarició el nacimiento del flequillo, su hermana  cerró los ojos ¿cuánto hacía que no compartían un rato de charla y  confidencias? Había perdido la cuenta.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Sí.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Y cómo es en la ca...?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¡Izzy! No pienso contestar a eso.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Por qué? —protestó con un mohín infantil devolviéndole una mirada oscura y profunda.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Porque no. Tú a mí no me cuentas esas cosas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Isabelle Lightwood dibujó una enorme y descarada sonrisa.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Porque tú no me preguntas —le dijo—. Yo no tengo inconveniente en explicarte lo que quieras saber.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Quieres decir que Simon y tú...? —Los ojos azules de Alec se abrieron como platos—. Izzy...&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Te sorprendería?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Sí... no... aaah.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Ya no soy una niña, Alexander.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Alec cerró los ojos y se llenó los pulmones de aire.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Ya lo sé.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Alec.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Sí?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Si Magnus Bane te rompe el corazón le presentaré a mi látigo de electro.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La  risa escapó de sus labios, hacía mucho que no oía reír a su hermano, al  menos de aquel modo tan ligero y sin amargura tiñéndole la risa. Era  agradable haber recuperado al Alexander Lightwood lleno de ternura y  buen humor, el Alexander Lightwood que ella quería tanto.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Creo que eso ya lo sabe, Isabelle.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Eso demuestra que es inteligente. —Sonrió ella.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El  móvil de Alec vibró entre ellos, él lo tomó sin mucho interés en sus  rasgos, con el pulgar sobre la tecla de descolgar miró la pantalla. Su  reacción hizo reír a Isabelle. Alec había descolgado con la cara roja,  se había incorporado con tanto impulso que acabó cayéndose de la cama y  maldiciendo entre dientes. Al otro lado del teléfono oía el tono  cantarín de Magnus Bane preguntándole algo a lo que Alec no podía  responder en ese instante porqué se estaba mordiendo el labio para no  gritar de dolor.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Isabelle cogió el móvil que su hermano le tendía.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Alec? —preguntó la voz de Magnus.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No, soy Isabelle.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Sintió que al otro lado de la línea el brujo dudaba.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No  te has equivocado —contestó a la pregunta no formulada—. Es que se ha  caído de la cama y ahora está demasiado ocupado fingiendo que no se ha  hecho daño para hablar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Se ha caído de la cama?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Ya sabes cómo es, ¿no? —musitó divertida—. Siempre cayéndose de algún lado.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Deberías hacerle una runa curativa entonces.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Isabelle sonrió a su hermano doblado en el suelo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No hay ninguna que cure lo que le duele.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Alec le arrebató el teléfono a Izzy de un certero manotazo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Idiota —gruñó Alec con el móvil en la oreja.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Muy bonito, yo me preocupo por ti y tú me llamas idiota —replicó Magnus.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No...  se lo... —Isabelle rió haciéndose un ovillo sobre la cama de Alec, era  tan divertido—. Hablaba con esa maldición que tengo por hermana. —Alec  atizó con la almohada en el hombro a la chica que reía—. A ti no... tú  no... ¿ha pasado algo?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Sólo puedo llamarte cuando pasa algo? —preguntó fingiendo sentirse ofendido.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No, sabes que no, pero... —Alec echó un rápido vistazo al despertador—. Son las tres de la madrugada y...&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Isabelle  señaló en silencio que en realidad eran las tres y cuarto, ya no reía  pero se lo estaba pasando en grande, Alec movió la mano indicándole que  le dejase en paz.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Tienes razón. Pasa algo muy grave —contestó  Magnus—. Estaba soñando que estaba en una fiesta. —Alec tapó el  micrófono del teléfono y suspiró. Los sueños que empezaban con una  fiesta siempre acababan de un modo extraño—. Estaba rodeado de Nefilim,  algunos con muy poco gusto vistiendo. De repente me giraba para  ofrecerte algo para beber y no estabas, entonces me he despertado.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Y qué pasa? —inquirió con inocencia.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Que me he despertado y no estás aquí.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Magnus  tumbado sobre su cama con su kimono de seda se enroscó un mechón de  pelo en el dedo índice. Después de sus magníficas vacaciones aún no se  había acostumbrado a abrir los ojos y no tener a Alec durmiendo a su  lado con aquella carita tan dulce y vulnerable que ponía.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¡Qui... quieres dejarme en paz, idiota! —gritó Alec y Magnus tuvo que apartarse el teléfono del oído para no quedarse sordo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Aquellas  palabras vinieron acompañadas de un montón de ruidos misteriosos,  golpeteos, un quejido, varías carcajadas y el latido de su corazón  dolido por lo que le acababa de decir su novio. Un portazo tronó a  través de la línea telefónica.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Magnus? —Éste no contestó, no tenía ganas de contestar—. ¿Estás ahí? ¿Magnus...?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Chairman  Meow saltó sobre la cama lleno de curiosidad por el cambio de humor de  su amo, se rozó en su mano, maulló y ronroneó encantado con los mimitos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Magnus, oigo a Chairman Meow ¿por qué no contestas?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿No quieres que te deje en paz? —Suspiró el brujo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Perdona, se lo decía a Izzy. Es peor que un demonio Raum.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No sé si creérmelo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Alec rió a través de la línea arrancándole una sonrisa muy a su pesar, adoraba la musicalidad de su risa.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No has venido —dijo Magnus ofendido—. Ni me has llamado.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Lo  siento. Me he pasado todo el día en una reunión aburridísima con la  directora del Instituto de Shangai. He vuelto hace apenas una hora.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Podrías haberme llamado cuando has vuelto.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Odias que te despierten. —Rió de nuevo—. Seguro que me hubieses gritado por ello.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Yo nunca haría eso, Alec. ¿Por qué estabas aún despierto?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No puedo dormir... —confesó—. No he logrado dormir ni una noche desde que estoy aquí.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Puedo hacer algún hechizo para que duermas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No es cuestión de hechizos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Magnus  sonrió feliz y tironeó cariñoso de los bigotes de Chairman Meow que  retozó sobre la sábana hasta quedar con la barriga al aire tentando a  los dedos de su amo para que le rascaran.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Intentas decirme que me echas de menos?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Sí —contestó Alec.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Cuánto tardas en venir? —Él no podía pisar el instituto Maryse le mataría si lo hiciera.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Veinte minutos, diez si voy corriendo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Sabes qué necesitamos? —ronroneó Magnus. Alec esperó la respuesta sin decir nada—. Un portal.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—A mi madre le gustará tanto esa idea como la certeza de que siempre que desaparezco acabo en tu cama.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Eso no es verdad —determinó en tono divertido—. A veces acabas en mi sofá o en la moqueta o en la mesa o en...&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Alec  soltó un bufido que Magnus había aprendido a interpretar como "deja de  decir esas cosas tan abiertamente que me da vergüenza", algo que  personalmente encontraba la mar de adorable.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Vas a venir o tengo que mandarte una invitación por correo?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Voy.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Tras  colgar Alec se coló la cazadora negra y se volvió a calzar las botas  que se había quitado apenas media hora antes. Abrió la puerta  encontrándose a Isabelle en cuclillas al lado de su puerta con una  sonrisa burlona en la cara.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Te fugas para ir a ver a tu novio? A mamá le daría un infarto si lo supiera.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Antes me has preguntado qué desearía —murmuró Alec mirándole con seriedad—. Que guardes silencio y no se lo cuentes.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—A sus órdenes general Alexander —contestó bromeando.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Tonta.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Isabelle  observó a su hermano alejarse por el pasillo corriendo como si fuese a  apagar un incendio. Pensó que era bonito tener a alguien que te esperase  a horas intempestivas de la noche o que te llamase sencillamente para  oír tu voz cuando no podía dormir. Una lágrima le rodó por la mejilla  ¿cuándo había empezado a envidiar la felicidad de su hermano? Era  curioso. Siempre había creído entender cómo se sentía Alec viendo a Jace  flirtear con todas las que se le ponían a tiro, pero no era hasta ahora  que había empezado a comprender realmente cómo se había sentido todo  aquel tiempo, ahora que Alec tenía algo que ella buscaba, deseaba y  envidiaba.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;«Me alegro mucho por ti, Alec.»&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Isabelle se puso en pie, se estiró como un gato y recorrió el silencioso pasillo de vuelta hasta a su habitación.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;«Si pudiera pedir un deseo, Alec, desearía que fueses inmortal para que nunca tuvieses que separarte de Magnus Bane.»&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align:center;"&gt;&lt;b&gt;Fin&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Escrito el 01 de mayo de 2011&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7313635411078290463-6064818767291448706?l=fictionniikura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fictionniikura.blogspot.com/feeds/6064818767291448706/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2011/06/inmortal.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/6064818767291448706'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/6064818767291448706'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2011/06/inmortal.html' title='Inmortal'/><author><name>Nat Niikura</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04994620941555549861</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_y0oqfuuRoDE/SKV3CsUfUhI/AAAAAAAAABw/4WbC3LSB0-4/S220/ahoy+garabatosb.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/th_Rating16.png' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7313635411078290463.post-1923686701619161244</id><published>2011-05-27T23:00:00.002+02:00</published><updated>2011-05-27T23:02:17.998+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Veinticinco Momentos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Code: Lyoko'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ulrich x Yumi'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fanfic'/><title type='text'>25M XII.- Agua</title><content type='html'>&lt;a href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png"&gt;&lt;img style="width: 150px; cursor: pointer; height: 150px;" alt="" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/AvCodelyoko.jpg"&gt;&lt;img style="width: 150px; cursor: pointer; height: 150px;" alt="" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/AvCodelyoko.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Code: Lyoko y sus personajes son propiedad de MoonScoop y France3.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align:center;"&gt;&lt;b&gt;XII.- Agua&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;«Es el sonido de las olas» pensó Ulrich adormilado intentando hacer memoria.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Las  últimas horas regresaron perezosas a su mente evocando la imagen de un  aeropuerto, el aviso de megafonía que anunciaba un vuelo  intercontinental, la mujer sonriente que comprobaba los billetes y  pasaportes, el asiento de clase turista, la falta de espacio para  estirar las piernas, los cacahuetes rancios que ofrecían...&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La intensa luz del sol teñía de naranja la cara interna de sus párpados.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;«Así  que es de día» se dijo a sí mismo. No estaba seguro de si ese dato  arrojaba algo de luz a por qué podía oír el rumor de las olas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Se  había subido al avión, hasta ahí no tenía dudas pero ¿se había bajado?  No lo recordaba, como tampoco recordaba hacia adónde había volado. Luchó  por abrir los ojos pero no logró despegar los párpados. Una sombra se  interpuso entre él y la luminiscencia del sol.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Si sigues durmiendo ahí acabarás quemándote.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Era la voz de una mujer, pero era la de una mujer conocida. Sí. Por supuesto. La conocía a la perfección.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;"Estoy despierto" quiso decir pero sólo logró articular un gruñido sin sentido alguno. Yumi rió.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Sí, ya veo que estás muy despierto.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Las  comisuras de los labios de Ulrich se curvaron en una sonrisa, si había  alguien capaz de entender aquel ruido sin sentido esa era Yumi. Volvió a  intentar abrir los ojos sin que estos le hicieran el menor caso. Estaba  molido como nunca antes los había estado.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Te dije que tendrías que haberte quedado a dormir todo el día, el &lt;i&gt;jet lag&lt;/i&gt; es difícil de llevar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;¿&lt;i&gt;Jet lag&lt;/i&gt;? Definitivamente había tomado un vuelo intercontinental. Oyó a Yumi suspirar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Iré a buscarte café con hielo ¿o prefieres una cola?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ulrich  emitió otro gruñido sin sentido que quería significar "lo que quieras".  Los granos de arena se deslizaron provocando un sonido sordo cuando  Yumi se movió y se alejó de él.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;«Estamos en una playa» muy bien,  hasta ahí había llegado su conocimiento de lo que le rodeaba. Pensó en  que él estaba en París, pero Yumi no, ella se había marchado de Francia  hacía dos años para poder estudiar algo de nombre complicado que  implicaba aplicarse mucho.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Japón.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ahora se acordaba. Yumi  había vuelto a Japón para estudiar tres años en un seminario  complementario de la carrera que había iniciado en París. Ella tenía  vacaciones y él se había pedido unos días libres en el trabajo para  poder verla porque la echaba tanto de menos que incluso le costaba  conciliar el sueño.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Tras lo que le pareció una eternidad volvió a  oír el sordo siseo de los granos de arena desplazándose bajo los pies de  Yumi, notó como se sentaba a su lado.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No te veo con muchos ánimos para tomártelo. —Yumi suspiró—. Se te está poniendo la espalda roja, al menos date la vuelta.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pasó  un buen rato durante el que intentó girarse como le había pedido ella,  pero no le respondía el cuerpo. Sintió las manos frías de Yumi en la  espalda y un escalofrío le recorrió de pies a cabeza, algunas gotitas  cayeron sobre su piel, supuso que procedían del pelo de ella. Yumi le  empujó hacia a un lado con determinación hasta lograr darle la vuelta.  Afortunadamente para la espalda de él la toalla era enorme, así que se  libró de una buena quemadura por el calor excesivo del arena. Ahora el  sol le golpeaba los párpados cerrados con insistencia.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Escuchó a  Yumi volver a moverse, apartarse y volverse a acercar, clavar algo en la  arena y segundos después la sombra de un objeto que difuminaba la luz  del sol que caía sobre su cara. Supo que era una sombrilla cuando ella  volvió a sentarse a su lado. Se preguntó si Yumi le estaría mirando y,  en caso de que lo estuviese haciendo, cómo lo estaría haciendo. ¿Estaría  enfadada, preocupada, triste, molesta...? ¿Se estaría mordiendo el  labio, frunciendo el ceño o ambas cosas a la vez?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Te dejo aquí la lata, procura tomártela mientras aún esté fría. Los refrescos con cafeína calientes son el peor invento.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ulrich  murmuro algo parecido a un "vale" antes de escuchar a Yumi zambullirse  en el mar y después lo único que pudo hacer fue soñar. Soñó que Yumi  volvía a Francia con él, que volvían a verse a diario, que volvían a  compartir cama, casa y vida, que todo volvía a ser como antes. Lo que él  consideraba un sueño fantástico.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Los granos de arena se movieron  violentamente saltando por todas partes y resonando como si fuese una  avalancha, Ulrich trató de abrir los ojos para ver quién corría hacia él  armando semejante follón, como había ocurrido antes no pudo  despegarlos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Una buena cantidad de agua helada le cayó encima.  Durante un segundo estuvo seguro de que iba a darle un infarto por el  susto. Se había incorporado tan de golpe que hasta se había mareado.  Apoyó una mano en la toalla, ahora empapada, y la otra en su frente con  los ojos entreabiertos mientras el mundo oscilaba vertiginosamente.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;De  repente recordó que él no era el único que había ido a visitar a Yumi  aquellos días, aunque sí que había sido el último en llegar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cuando  todo dejó de moverse vio a Odd cubo en mano y una sonrisa de oreja a  oreja, sin un atisbo de culpabilidad en su cara. Ulrich hubiese querido  estrangularle.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Empezabas a humear —dijo en su defensa.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En  el mar Aelita, William y Jérémie reían, Yumi se había quedado en el  límite entre el arena seca y la mojada con el brazo estirado de haber  intentado detener a Odd.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Al menos ya estás despierto —continuó el rubio bajando el cubo—. Para dormir podrías haberte quedado en la casa.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Empieza a correr —gruñó Ulrich y se puso de pie chorreando agua, el mundo ya no oscilaba, ahora sólo le quedaba el cabreo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Odd dejó caer el cubo, la sonrisa se le borró de la cara sin dejar rastro alguno, tragó saliva. Y huyó.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Yumi  suspiró y esbozó una media sonrisa cuando sus dos amigos empezaron a  jugar al pilla-pilla. Dio media vuelta y volvió a meterse en las frías  aguas oceánicas de la costa de Tokyo. Le había costado acostumbrarse a  la vida en Tokyo casi tanto como le costó en su día adaptarse a la vida  en Francia, claro que en el país galo había tenido un buen aliciente  para hacerlo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cuando oyó a Odd protestar a lo lejos a voz en grito  supo que Ulrich había logrado vengarse satisfactoriamente de la bromita  del cubo de agua, pero no se giró para ver que le había hecho.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Dejó  que pasara el tiempo mientras conversaba con Aelita, nadaba o se reía  viendo como William trataba de despojar a Jérémie de sus gafas. La tarde  empezó a caer y con ello los ánimos fueron decayendo. La casa de Yumi  quedaba a cinco minutos caminando desde la playa, Odd, derrotado por la  venganza de Ulrich arrastró a sus compañeros hasta el apartamento de su  amiga.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ulrich para ese entonces ya estaba completamente despierto y  Yumi se quedó para pasar un rato con él ahora que no dormía como una  marmota bajo el sol. Ulrich comprobó que el agua del océano estaba mucho  más fría que la del mar, reprimió las ganas de regresar a la toalla  mientras, ella, divertida observaba como se metía en el agua salada.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Está congelada —protestó antes de llegar hasta donde estaba ella, ya no hacía pie.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No es verdad. —Rió—. Eso es porque te has quemado y la notas más fría de lo que está en realidad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pasó un brazo alrededor de su cintura y sonrió. La había echado mucho de menos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿En qué nos quedamos en el aeropuerto de París?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Yumi  le devolvió la sonrisa, le acarició el cuello, el vello de la nuca y  después puso las manos sobre sus hombros. Acercó sus labios a los de él.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No me acuerdo mucho —susurró en todo de broma.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Deja que te refresque la memoria —contestó él.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pero  Yumi tenía un plan diferente a ese, hizo presión sobre los hombros de  él y le zambulló con energía. Cuando Ulrich regresó a la superficie la  encontró riendo, él sonrió de manera retadora.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Esto es la guerra —declaró Ulrich intentando devolverle la jugarreta.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ulrich recordó una cosa de su infancia, jugar en el agua le encantaba.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align:center;"&gt;&lt;b&gt;Fin&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Escrito el 26 de mayo de 2011&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7313635411078290463-1923686701619161244?l=fictionniikura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fictionniikura.blogspot.com/feeds/1923686701619161244/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2011/05/25m-xii-agua.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/1923686701619161244'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/1923686701619161244'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2011/05/25m-xii-agua.html' title='25M XII.- Agua'/><author><name>Nat Niikura</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04994620941555549861</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_y0oqfuuRoDE/SKV3CsUfUhI/AAAAAAAAABw/4WbC3LSB0-4/S220/ahoy+garabatosb.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/th_Rating16.png' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7313635411078290463.post-8783801653583511363</id><published>2011-05-26T19:52:00.001+02:00</published><updated>2011-05-26T20:30:56.941+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Oneshot'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mortal Instruments / Cazadores de Sombras'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Magnus x Alec'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fanfic'/><title type='text'>Envejecer</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png"&gt;&lt;img style="cursor:pointer; cursor:hand;width: 150px; height: 150px;" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/AvFanfics.jpg"&gt;&lt;img style="cursor:pointer; cursor:hand;width: 150px; height: 150px;" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/AvFanfics.jpg" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Mortal Instruments y sus personajes son propiedad de Cassandra Clare.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align:center;"&gt;&lt;b&gt;Envejecer&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Alec  abrió los ojos. Aún era de noche, la habitación permanecía en una  penumbra sólo rota por el resplandor amortiguado por las cortinas  procedente de las farolas de la calle. Aquellas sábanas blancas, que  había esperado que fuesen de colorines, se ceñían sobre su cuerpo  desnudo en una especie de nudo imposible de deshacer. No le sorprendía  despertarse de ese modo porque siempre le ocurría lo mismo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Tumbado  boca abajo giró el cuello para ver el sereno perfil de Magnus durmiendo  a su lado. A veces Alec se hacía preguntas en noches como aquella  mientras le veía dormir. ¿Cuántos años tenía Magnus? Se lo había dicho,  una vez, tal vez dos, pero aquel número de tres cifras no parecía  encajar en la imagen joven de su amante, no aparentaba más de veintidós o  veinticinco a mucho estirar. Y él, que ahora era apenas un adulto, con  sus diecinueve años recién cumplidos y sus rasgos aún algo aniñados que  pronto comenzarían a cambiar. Algún día no muy lejano, y contando con  que un demonio no acabase antes con su vida, empezaría a envejecer y  llegaría el momento en que desentonaría a su lado. Magnus sería siempre  joven y él no.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Envejecer no era lo que le preocupaba realmente,  era el tener la certeza de que algún día dejaría de atraer a aquel brujo  al que amaba.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Chairman Meow&lt;/i&gt; maulló desde alguno de los  sofás de la sala como si le estuviese exigiendo que dejase de pensar  cosas deprimentes y mandándole a dormir. Alec esbozó una sonrisa y acto  seguido trató de deshacerse de las sábanas blancas procurando no moverse  demasiado para evitar despertar a Magnus. Soltó una maldición entre  dientes. ¿Por qué él acababa siempre envuelto como un rollo de primavera  y Magnus desnudo y espatarrado cómodamente ocupando casi toda la cama? A  veces sospechaba que era una treta del brujo para evitar que se  marchase a media noche sin avisar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Aunque personalmente considero  que estás irresistible de cualquier manera —musitó Magnus sin abrir los  ojos—, permíteme decirte no te queda nada bien ese ceño arrugado.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Te he despertado? —preguntó sintiéndose idiota.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Ha sido &lt;i&gt;Chairman Meow&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El  brujo permaneció en silencio atento a los sonidos del exterior, Alec  había pasado allí noches suficientes como para saber que de vez en  cuando llegaban visitas no programadas en busca de alguna cura o algún  favor y, que Magnus, siempre se mantenía en silencio como si durmiera  hasta dilucidar de qué se trataba. Abrió los ojos y soltó el aire  despacio, Alec supuso que simplemente quien fuera había pasado de largo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Magnus  se tumbó de lado y chasqueó los dedos, al instante, el cuerpo de Alec  se vio liberado de la presión de la sábana blanca. Los ojos felinos de  Magnus reflejaban la luz en las córneas haciéndolos brillar igual que  los de un gato. Alec sabía que podía verle a la perfección a pesar de la  poca luz de la habitación; los primeros días le había dado una  vergüenza mortal la certeza de que podía ver su desnudez con claridad,  ahora ya no le preocupaba.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Magnus estiró el brazo y prendió una de  las lamparitas, no porque lo necesitase. Alec luchó contra el  irrefrenable acto reflejo de cerrar los ojos hasta que se adaptasen a la  nueva iluminación, las pupilas del brujo se convirtieron en dos finas  líneas sobre el fondo dorado y verdoso de sus iris. Cuando el joven  cazador de sombras pudo dejar de parpadear encontró el rostro del brujo a  milímetros del suyo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—A mí no me engañas Lightwood.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿De qué...?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Te preocupa algo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Alec  le maldijo para sus adentros por saber leerle tan bien pero le perdonó  al instante cuando le besó. Se apretó contra su pecho dejándose  arrastrar por la marea de sensaciones que le provocaba la lengua de  Magnus jugando con la suya. Sus dedos largos y delgados le dibujaban las  finas cicatrices que tenía en la espalda desnuda de las incontables  batallas, algunas de aquellas heridas las había sanado el propio Magnus.  El Nefilim le acarició la nuca resiguiendo el camino de vértebras y  músculos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cuando Magnus se apartó de sus labios y movió la mano  derecha para chasquear los dedos, Alec pudo ver la marca fina y  blanquecina de la runa de unión que él le había dibujado para la batalla  contra los demonios de Valentine, él llevaba la equivalente, también en  la mano derecha, y de algún modo le hacía sentir seguro de que lo suyo  no era fruto de un juego pasajero. Los labios de Alec se curvaron en una  sonrisa tímida pensando en que debería ser Magnus quien sintiera  aquello ya que, él había creído estar enamorado de Jace y le había  costado demasiado aceptar que a quien amaba era a Magnus Bane.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La  sábana había reaparecido y esta vez les tapaba a ambos. Alec permaneció  inmóvil acariciando los cabellos del brujo de manera inconsciente.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Y ahora que te he hecho sonreír —empezó mientras frotaba su nariz contra la de Alec— dime que te preocupa.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Los  dedos del chico detuvieron su caricia al instante y clavó sus ojos  azules en los dorados de él. Magnus se dio cuenta de que esperaba que se  hubiese olvidado del tema. Alec inspiró hondo para después soltar el  aire poco a poco, Magnus ciñó un poco más el abrazo en una muda muestra  de apoyo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Algún día pareceré un anciano y tú seguirás siendo joven, Magnus.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El  brujo entreabrió los labios, acarició la mejilla del Nefilim. No había  pensado en eso y tampoco había imaginado que envejecer fuese una  preocupación para aquel muchacho acostumbrado a arriesgar la vida en  cada lucha desde que apenas era un niño.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Alec.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Qué  estupidez —farfulló con las mejillas teñidas de rojo encendido consiente  del compromiso que significaba el plantearse envejecer al lado de un  hijo de Lilith—. Olvídalo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Creo que olvidas con quien compartes  cama joven Nefilim. —Sonrió mostrando aquellos dientes puntiagudos—. Soy  Magnus Bane, el Gran Brujo de Brooklyn y no me he ganado ese  sobrenombre convirtiendo a mundanos en ranas o haciendo juegos de  adivinación en un tenderete callejero.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No existen las pociones de  la juventud eterna y no creo que haya ningún hechizo, conjuro o truco  de magia que evite lo que es inevitable.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Los ojos azules de Alec  destilaban tanta agonía que a Magnus se le hizo un nudo en la garganta;  era dolorosamente cierto. No existían ese tipo de cosas, ninguna cura  milagrosa contra el paso del tiempo. Quizá en el libro blanco, pero  tenía serias dudas. En sus largos años de vida había perdido a  demasiados seres queridos y amantes.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Alec enredó los dedos entre  los mechones de pelo negro salpicados de colores de Magnus del mismo  modo en que lo hacía cuando le besaba y empezaba a quitarle la ropa.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Encárgate  de disfrutar de cada segundo —le susurró contra los labios—. Eso es lo  único que debe preocuparte, Alexander Lightwood.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Cada vez que me  llamas así me recuerdas a las broncas de mi madre cuando era un niño y  me pillaba haciendo algo que no debía —contestó con el ceño ligeramente  fruncido pero en tono divertido.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Chairman Meow&lt;/i&gt; volvió a maullar desde el sofá y sonó como un "callaos ya, que no me dejáis dormir". Magnus rió y Alec lo hizo también.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Las  manos del brujo recorrieron la anatomía del Nefilim dispuesto a hacerle  disfrutar un buen rato y borrarle las preocupaciones, todo de una sola  vez.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align:center;"&gt;&lt;b&gt;Fin&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Escrito el 25 de Mayo de 2011&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7313635411078290463-8783801653583511363?l=fictionniikura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fictionniikura.blogspot.com/feeds/8783801653583511363/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2011/05/envejecer.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/8783801653583511363'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/8783801653583511363'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2011/05/envejecer.html' title='Envejecer'/><author><name>Nat Niikura</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04994620941555549861</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_y0oqfuuRoDE/SKV3CsUfUhI/AAAAAAAAABw/4WbC3LSB0-4/S220/ahoy+garabatosb.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/th_Rating16.png' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7313635411078290463.post-8548001109424977579</id><published>2011-05-16T12:32:00.001+02:00</published><updated>2011-05-16T12:34:19.320+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Code: Lyoko'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ulrich x Yumi'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Antes de que sea tarde'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fanfic'/><title type='text'>ADQST 17.- Recuerdos II</title><content type='html'>&lt;a href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png"&gt;&lt;img style="width: 150px; cursor: pointer; height: 150px;" alt="" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/AvCodelyoko.jpg"&gt;&lt;img style="width: 150px; cursor: pointer; height: 150px;" alt="" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/AvCodelyoko.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Code: Lyoko y sus personajes son propiedad de MoonScoop y France3.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align:center;"&gt;&lt;b&gt;Recuerdos II&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Lucerna, Suiza.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Jueves 1 de enero de 1981.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Aquel  sótano era el peor lugar para pasar una tarde vacacional de invierno.  Llevaba un grueso abrigo de invierno, la bufanda y unos guantes cortados  que dejaban al descubierto la punta de sus dedos y una manta sobre las  piernas. De algún modo había logrado controlar la tiritera a pesar de  estar muerta de frío. Tenía los dedos helados pero no iba a darse por  vencida. Esta vez estaba segura de estar a punto de lograr algo. Sentía  la tensión en sus hombros y le dolían las cervicales pero se obligó a  ignorar el dolor y el ligero mareo.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Los ordenadores habían  desaparecido en favor de un inmenso monstruo informático de fabricación  casera tan potente que parecía imposible. Waldo era increíblemente hábil  fabricando ordenadores. &lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Anthea sonrió mientras tecleaba.  Era un programa extraño, algo que jamás se le habría ocurrido probar,  pero el hecho de que Waldo lo hubiese escrito le daba la confianza  suficiente como para probarlo. El primer intento había acabado en un  callejón sin salida informático, había repasado los códigos varías veces  temiendo haberse equivocado en algo, pero estaba todo correcto. Pensó  en rendirse, sin embargo una idea asaltó su mente y ahora la ponía en  práctica rescribiendo ciertos puntos del programa.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Dejó de teclear e inspiró hondo cerrando los ojos. Cruzó los dedos un instante y después abrió los ojos verdes.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;Que funcione.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Presionó el &lt;/i&gt;enter&lt;i&gt;.  La máquina emitió un bufido similar al de un gato mojado, Anthea se  sobresaltó y miró la inmensa cpu con desconfianza. Los altavoces  adosados a la pantalla lanzaron un pitido ensordecedor que la obligó a  taparse los oídos. Hubo una bajada de tensión y uno de los fluorescentes  del techo estalló. Después todo quedó en calma.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Respiró agitadamente debido al sobresalto y cuando se volvió para mirar la pantalla se quedó aturdida durante unos segundo.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;Hola —sonrió a la imagen del monitor.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Pulsó  el botón de apagado en la parte inferior de la pantalla, se deshizo de  la manta, el abrigo y la bufanda y salió corriendo escaleras arriba.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;El  internado estaba vacío excepto por dos personas, ella y Waldo. El  director se había ido a pasar un par de días con su esposa e hijos y la  secretaria, que vivía allí y no tenía familia, había decidido que era un  buen momento para viajar a un lugar más cálido que Suiza. El resto de  alumnos y profesores tenían un hogar al que regresar y como era habitual  se habían marchado el primer día de las vacaciones de invierno.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Caminó  el tramo final de pasillo del ala del profesorado y se detuvo frente a  una de las trabajadas puertas de madera. Llamó con suavidad.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;Entra —contestaron desde el interior de la habitación.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Anthea  abrió con calma. Waldo estaba en la cama con su raído pijama de franela  y las mejillas rojas a causa de la fiebre. Le resultaba gracioso que un  hombre capaz de pasar una semana entera sin pegar ojo no fuese inmune a  la gripe.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;¿Te sientes mejor? —preguntó la muchacha sentándose a su lado en la cama.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;Sí.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Anthea le puso la mano sobre la frente e hizo una mueca.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;Estás ardiendo —espetó.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;Sobreviviré —replicó él sonriente.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;La  mano de Waldo le tapó los labios cuando ella se inclinó hacia delante  para besarle, la decepción se reflejó en sus ojos verdes.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;Te lo pegaré.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;Me da igual —farfulló la chica—. Tenemos algo que celebrar.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Waldo  sintió un escalofrío ante la idea que le había invadido la mente pero  la descartó rápidamente, Anthea no mostraba ningún síntoma que apuntase a  aquello y tampoco estaba seguro de si la vería contenta y animada si  fuese ese "algo" lo que tenían que celebrar.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;¿Tienes  fuerzas para bajar al sótano? Piensa que pesas demasiado para que te  arrastre de nuevo hasta la cama —arguyó poniéndose en pie—. Tal vez con  una carretilla... pero tampoco podría subirla por las escaleras. Tendría  que dejarte tirado en el suelo.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Él rió.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;Estoy bien para bajar.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Se  destapó, se calzó las zapatillas y siguió a Anthea por los pasillos  hasta el hogar de su proyecto insólito y revolucionario. Anthea le ayudó  a sentarse en la silla que minutos antes había ocupado ella y le tapó  con la manta para que no cogiese frío y empeorase, finalmente se caló el  abrigo y se enrolló la bufanda al cuello.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;¿Se ha fundido la pantalla? —preguntó el profesor viendo en negro un monitor que siempre estaba encendido.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;No.  La he apagado yo —contestó con orgullo, se estiró por encima de él y  llevó el dedo índice al botón de encendido—. ¿Estás listo? —Waldo  asintió y ella pulsó el botón—. Te presento el mundo de tus sueños.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Frente  a los ojos de Waldo Schaeffer había una inmensa pradera de hierba  verde, cascadas, ríos, lagos, montañas y árboles. Entre aquella  naturaleza artificial sobresalían unas edificaciones cilíndricas que,  según su teoría, tenían que servir de puente entre el superordenador y  el mundo real.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Anthea observó la reacción poco animada de él y se sintió algo decepcionada.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;Lo siento —susurró—. ¿Querías hacerlo tú? Creí que...&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;Lo has reescrito —musitó él como si hablase para sí mismo—. Has reescrito el programa.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;Yo...&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Waldo negó con la cabeza y le acarició la melena roja.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;No te disculpes, Anthea. Lo has hecho muy bien. Has encontrado las partes que preparé para que fallara.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;¿Qué...? —La pregunta se le atascó en la garganta.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;Los  americanos no se detendrán ante nada para conseguir esta tecnología  —declaró atrayéndola hacia él y la abrazó—. Pero ya no hay vuelta atrás.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;Lo siento.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Waldo le dedicó una sonrisa febril.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;Anthea, te presento a Xanadu.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;¿Xanadu?&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;Como la ciudad mitológica.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align:center;"&gt;&lt;i&gt;º º º&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Lucerna, Suiza.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Sábado 21 de febrero de 1981.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Desde  que Anthea había activado Xanadu se habían concentrado en crear una  versión reducida del superordenador, lo suficientemente pequeña como  para llevársela rápidamente sin parecer sospechoso. No era una tarea  fácil. Waldo se hizo con un viejo IBM, un ordenador tan anticuado que  daba miedo, lo habían desmontado y vaciado. Habían clonado los circuitos  y programas de su monstruo informático y los habían instalado en su  viejo IBM. El Xanadu sin fallos estaba oculto en la antigualla y el  Xanadu gazapo permanecía en la mole electrónica. En cuanto los  americanos pusiesen en marcha a Xanadu este se formatearía y  desaparecería.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Aquella mañana de sábado, Waldo había sacado  su coche del garaje de la academia Sankt Jakobus, un Alfa Romeo GT de  1975 de un azul brillante. Había cargado el IBM en el asiento trasero y  lo había tapado con una manta de viaje. Habían acordado que se lo  llevaría ese mismo fin de semana y lo escondería.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;El primer indicio de que algo no iba bien llegó a la hora de comer.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;En  el comedor de la academia, Waldo y Anthea permanecían rodeados de  libretas y libros como tantos otros días. Ya a nadie le extrañaba verlos  trabajar juntos y la relación que mantenían había pasado totalmente  inadvertida, afortunadamente. La secretaria del director irrumpió en el  comedor e informó al señor Maurer de que había recibido una llamada.  Cuando el director hubo abandonado el lugar la secretaria se quedó allí.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Anthea la miró al notar la insistente mirada de la mujer.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Los  bucles rubios le caían sobre los hombros enmarcando su rostro de piel  blanca, labios finos y rojos y ojos azules. Su traje siempre elegante y  bien planchado le daban un aspecto señorial impropio de una secretaria.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Anthea  frunció el ceño, aquella mujer la ponía de los nervios desde el primer  día, parecía decir con la mirada «eres escoria a mi lado», pero su  mirada aquel día era diferente como la de quien sabe que va a ganar.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;La secretaria le dedicó una sonrisa torcida, dio media vuelta y se esfumó.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;No  supo por qué pero sintió que si no se levantaba en ese preciso instante  y salía junto con Waldo del comedor no lo podría hacer nunca.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;Vámonos —espetó bruscamente a lo que Waldo respondió con una mirada llena de curiosidad—. Por favor. Salgamos de aquí.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;Dame un minuto.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;No. Ahora —ordenó recogiendo apresurada los papeles dispersos sobre la mesa.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Sin  preguntas Waldo la ayudó a recoger y la siguió. En el vestíbulo se  sorprendió al ver que ella caminaba en dirección a la entrada de la  academia en vez de ir hacia el sótano, reprimió el interrogatorio al que  quería someterla hasta que se vio frente a su coche y ya no pudo  hacerlo más.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;¿A dónde se supone que vamos, Anthea?&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;No lo sé.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;¿A qué viene esto?&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;No lo sé —volvió a contestar.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;¿Qué pasa?&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Ella  abrió la boca para volver a dar la misma respuesta, pero una ráfaga de  disparos la silenció. En el interior de la academia se oían gritos,  quejidos, lamentos y disparos.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Cuando volvió el silencio se  dio cuenta de que estaba gritando y de que Waldo la sujetaba por los  brazos. La mirada de él permanecía fija en los ventanales del comedor de  la academia atento a cualquier movimiento. Tiró de Anthea con fuerza,  abrió la puerta del acompañante y la empujó al interior del vehículo sin  un ápice de delicadeza para después cerrar, saltó deslizándose por  encima del capó del coche y se sentó al volante. Arrancó y tomó el  camino asfaltado con un chirrido de neumáticos.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;El coche  estaba lleno de silencio, lo único que se oía era el motor. Waldo miraba  insistentemente los retrovisores temiendo que les siguieran. Habían  pasado dos horas desde que se habían montado en el coche e iniciado la  huida. Anthea permanecía muda abrazándose a sí misma, los papeles habían  acabado desperdigados a sus pies. Tenía miedo y frío. Temblaba.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;La  carretera estaba desierta y el sol invernal empezaba a ponerse. Waldo  consideró que dos horas eran tiempo suficiente como para descartar que  les siguieran. Despegó la vista de los retrovisores y miró a Anthea.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;Estás  traumatizada —declaró estirando el brazo para acariciarle la mejilla  pero Anthea se apartó pegando la espalda a la puerta—. Anthea.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Tomó  un desvío hacia un camino de tierra, seguramente la entrada a alguna  casa apartada de la carretera por la que circulaban, cuando se aseguró  de que desde la carretera no verían el coche paró el motor.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Anthea.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Waldo  suspiró al no obtener respuesta y bajó del coche, cerró la puerta con  suavidad e inspiró hondo llenándose los pulmones con el aire helado.  Rodeó el vehículo y abrió la puerta del acompañante, ella se apartó pero  Waldo la sujetó con fuerza por la muñeca y tiró de ella.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Sal  del coche —dijo con firmeza—. Anthea, baja del coche ahora mismo. —Ella  se limitó a forcejear tratando de huir hasta la otra puerta—. Si no  bajas por voluntad propia te bajaré yo a la fuerza. Anthea.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Tiró  de ella con más fuerza hasta haberla sacado del coche y Anthea dejó de  forcejear. El aire gélido le golpeó la cara y la obligó a parpadear.  Waldo le tomó el rostro entre las manos con suavidad.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Anthea, vamos a ir a un sitio seguro, ¿me oyes?&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Es culpa mía… —susurró.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—No lo es, cariño.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Yo puse en marcha Carthago. Es culpa mía…&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Yo te metí en ello. Si quieres culpar a alguien cúlpame a mí.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Anthea  se dejó abrazar sin responder al gesto hasta que las lágrimas empezaron  a rodarle por las mejillas y sintió que si no se aferraba a algo iba a  morirse. Cerró los puños sobre la camisa de Waldo y chilló y sollozó  hasta que se quedó sin fuerzas para más, le dolía la cabeza de llorar,  le ardían los ojos, le escocía la garganta y sentía una fuerte opresión  en los pulmones.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;A duras penas logró sentarse de nuevo en  el asiento del acompañante pero fue incapaz de cerrar la puerta. Waldo  se acuclilló frente a la puerta, permaneció sosteniéndole la mano que  mantenía inerte sobre el regazo durante un rato, hasta que comprobó que  estaba más tranquila y que reaccionaba a los estímulos con total  normalidad. Le besó la frente antes de cerrar y volver a situarse al  volante.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Arrancó con suavidad para no volver a  sobresaltarla y condujo por el camino de arena hasta llegar al asfalto.  Contuvo la respiración temiendo ver la luz de los faros de otro coche  que revelaran que sí que les habían seguido, pero la carretera seguía  desierta. Miró insistentemente por los retrovisores de nuevo en busca de  la amenaza de los hombres de negro. Nadie.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—¿Adónde vamos? —susurró Anthea.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—A Heidelberg, conozco a alguien que me debe un favor —contestó pisando el acelerador y pegando la vista en el asfalto.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—¿Heidelberg? ¿La República Federal? —inquirió alarmada.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Sí.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—¡Pero es territorio americano!&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Waldo esbozó una sonrisa a su pesar.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—¿Estás dándome una lección de geografía?&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—¿La necesitas? —farfulló ella. Empezaba a pasársele el susto.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—No estaremos mucho en Heidelberg —declaró—. Cuando tengamos visados alemanes iremos a Schwerin.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—¿Visados alemanes? ¿Schwerin? El muro...&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Se puede cruzar si sabes como hacerlo.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Anthea  se mordió el labio. Había un centenar de preguntas rondándole por la  mente pero no estaba segura de que plantearlas le diera respuestas.  Alargó el brazo hasta rozar la mejilla de Waldo con la punta de los  dedos, él retiró la suya del volante y sujetó la de ella.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Todo irá bien si estamos juntos, ¿verdad? —musitó Anthea.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Sí, yo cuidaré de ti.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align:center;"&gt;&lt;i&gt;º º º&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Schwerin, República Democrática Alemana.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Sábado 28 de febrero de 1981.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Anthea  estaba acurrucada en el colchón que habían dispuesto en el suelo de una  casa abandonada y en ruinas. Waldo había salido hacía horas. No le  había permitido acompañarle alegando que era peligroso. No le parecía  mucho más seguro quedarse en aquella casa. No había protestado porque  había comprobado que él sabía moverse a la perfección por allí y era  consciente de que probablemente se convertiría en un estorbo.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Miró  con hastío alrededor. La luz del sol se colaba entre las rendijas de  las persianas rotas y otorgaba a los agujeros de bala un aire todavía  más siniestro. El suelo estaba lleno de manchas marronosas que  seguramente serían de sangre seca, el ejército de Hitler había cometido  tantas barbaridades que era probable hubiesen fusilado a los  propietarios de la casa en su propia sala de estar.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Los  muebles oscuros parecían acecharla con sus puertas descolgadas y cajones  entreabiertos, todo lo que había allí dentro parecía amenazarla.  Descubrió que veía a sus perseguidores en cada sombra y en cada rincón.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;«No puedo seguir así» pensó incorporándose.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Puso  en marcha el pequeño generador que Waldo había llevado la noche  anterior y conectó el viejo IBM. La imagen de Xanadu surgió perezosa en  el monitor de baja resolución, Anthea sintió un escalofrío recorrerle la  espalda. En aquel ambiente decadente Xanadu parecía sacado de una  pesadilla.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;La matriz de datos, que había instalado antes de  que destruyesen su mundo, estaba desactivada, no le había dado tiempo a  probarla. Anthea suspiró. Ese era un momento tan bueno como cualquier  otro para activarla. Pulsó el &lt;/i&gt;enter&lt;i&gt; y esperó mientras la barra de  carga llegaba al cien por cien, entonces el millar de torres de Xanadu  emitieron un aura vaporosa de color azul pálido.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Anthea  sonrió satisfecha. Waldo tenía razón. El proyecto Carthago era un  herramienta extraordinaria y lograrían hacerla funcionar.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align:center;"&gt;&lt;i&gt;º º º&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Europa&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Agosto de 1990&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Estaba mareada. Se concentró en los sonidos a su alrededor.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Un  líquido que goteaba de manera insistente «plic, plic, plic», un lejano  zumbido como un ventilador demasiado viejo que se esfuerza por seguir en  funcionamiento, y el eco de su respiración. El aire olía a humedad,  moho y sudor.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Abrió los ojos despacio, fue inútil. Al  principio creyó que el lugar en el que se encontraba estaba a oscuras,  pero se dio cuenta de que una tela negra le tapaba los ojos.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Respiró atropelladamente ¿dónde estaba? ¿qué había pasado?&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Intentó  moverse. No pudo. Yacía de lado en el suelo de algún material parecido  al cemento, algo rugoso y que le raspaba la piel del brazo desnudo y la  mejilla. Tenía las manos atadas a la espalda y los tobillos y rodillas  inmovilizados con lo que a todas luces debía ser cinta americana. No  estaba amordazada podría gritar, pero permaneció en silencio esperando  escuchar algo.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Le sudaban las manos, se le había formado un nudo en la garganta, se sentía mareada.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;«Un  ataque de pánico» pensó como si nombrarlo fuese a ahuyentarlo. «Respira  hondo y mantén el aire en los pulmones cinco segundos. Suéltalo  despacio» pensarlo no lo convertía en algo real, seguía respirando  violentamente. Un sonido se aproximaba a ella inidentificable a causa de  su mala forma de respirar.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Veo que ya te has despertado, Anthea Hopper.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Era  la voz de un hombre. Profunda, poderosa y serena. Hablaba en inglés con  un acento que le hacía arrastrar las palabras. Millones de preguntas se  agolpaban en su garganta pero el nudo atado por el pánico le impedía  pronunciarlas. Boqueó un par de veces y lo dejó por imposible. Estaba  bloqueada por el miedo.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—No esperaba un discurso, pero sí alguna palabra.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;El hombre suspiró con un deje de exasperación.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Algo  como: ¿dónde estoy? ¿quién eres? —Hizo una pausa que le puso los pelos  de punta—. ¿Dónde está mi hijita? ¿Cuántas balas le has metido en la  cabeza?&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;»A la señora Anthea no le importa lo que le haya pasado a su hija. Menuda madre está hecha.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Quiso gritar pero su voz quedó convertida en un gemido estrangulado.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—¿Dónde está Waldo Schaeffer?&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Anthea  tenía una única respuesta a aquella pregunta: en algún lugar. Era su  acuerdo. Si uno de los dos desaparecía el otro no perdería el tiempo  buscando, huiría con Aelita a un sitio que el otro no conociera. Porque  evitar que el proyecto Carthago cayese en malas manos estaba por encima  del valor de sus propias vidas.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Te lo volveré a preguntar. ¿Dónde está Waldo Schaeffer?&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Anthea  esbozó una sonrisa histérica que pretendía haber sido irónica. Si se lo  preguntaba era porque había huido a tiempo y esperaba que se hubiese  llevado a la niña con él o, al menos, que permaneciera oculta.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Empezó  a tranquilizarse al poder razonar con lucidez. Aquella gente no habría  matado a Aelita porque muerta era menos útil que viva. La habrían  capturado y la tendrían allí, la estarían torturando para que ella  hablase y les dijese todo lo que querían saber.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;«Es un farol» se dijo a sí misma recuperando la compostura.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Una vez más —siseó el hombre—. ¿Dónde está Waldo Schaeffer?&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—¿CIA? ¿FBI? ¿Interpol? ¿ONI? ¿NIMA?&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Oyó  los pasos del hombre junto a su cabeza y contuvo la respiración. La  sujetó por el pelo y le bajó la tela que cubría sus ojos arrancándole un  mechón de rojo. Sintió que los ojos se le anegaban por el dolor, se  mordió el labio y contuvo el quejido.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;El hombre frente a ella la dejó muda. Lo conocía. Era el cabecilla de los hombres del presupuesto para el proyecto.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Ahora le había visto la cara, había establecido la conexión y supo que la mataría en cuanto tuviese lo que quería.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—¿Tú qué crees?&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align:center;"&gt;&lt;i&gt;º º º&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Estados Unidos.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;1992.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Su  vida se había convertido en alguna especie de rutina sádica. Cada  mañana entraba alguien en su celda y trataba de arrancarle una confesión  a golpes. No había un solo milímetro de su cuerpo que no le doliese.  Aunque hubiese querido confesar dónde estaba Waldo no habría podido  hacerlo. Se limitaba a esperar a que llegase la paliza que la mataría,  ya no le parecía tan terrible la perspectiva de morir, de hecho le  suponía un alivio inmenso pensar en que cada día que pasaba era un día  menos para irse a la tumba.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;La puerta se abrió, Anthea miró a su nuevo visitante con los ojos hinchados y amoratados.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;«Es  un crío» pensó mirando al muchacho que apenas aparentaba tener veinte  años, después pensó en ella misma, en el aspecto que tendría de no tener  la cara hinchada, en que su tiempo, de un modo extraño, se había  detenido a los veinticuatro.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;El hombre titubeó al verla  tirada en el suelo con la ropa sucia y rasgada, ensangrentada y  magullada. Anthea supuso que tenía peor aspecto del que se imaginaba.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Me llamo Jethro Atkins —susurró intentando empatizar con ella—. Tú eres Anthea Schaeffer, ¿verdad?&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—¿Y qué?&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—¿Dónde está Waldo Schaeffer?&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—No lo sé —respondió con un hilo de voz.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—¿Por qué no lo dices y ya está? —inquirió el hombre visiblemente incómodo—. Si me lo dices dejaran de hacerte daño.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;En  la garganta de Anthea se formó una risa que sonó ronca, una de las  costillas que tenía rotas se le clavaba y le hacía daño pero no pudo  dejar de reír.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Aunque lo supiera no cambiaría nada —escupió con rabia—. Vendría tu jefe y me metería una bala en el cráneo. Nada más.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Nosotros  no somos los criminales —replicó ofendido—. Sois terroristas. Vuestros  plan consistía en atentar contra la humanidad a gran escala.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Por segunda vez Anthea rió dolorida. Era lo más ridículo que había oído en toda su vida.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—¿Terroristas  dices? ¿Tengo aspecto de terrorista? —Movió las muñecas encadenadas y  sangrantes, Jethro retrocedió—. Mi marido y yo trabajábamos en un  proyecto financiado por vosotros. Nuestro único pecado fue no poder  hacerlo a vuestro gusto.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;»¡Vosotros sois los terroristas y  los criminales! ¡Casi matáis a mi niña! ¡Lleváis dos años torturándome  para que os diga algo que no sé! —gritó tan alto como pudo—. ¿Es eso la  justicia? ¿Esa es tu idea de "los buenos"? ¡Mantener a alguien encerrada  en una habitación sin ventanas, siempre a oscuras, atada a una pared!  ¡Pegarle día y noche...!&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Antes de que pudiera acabar la  frase, el hombre había avanzado y le había golpeado con tanta fuerza que  la cabeza de Anthea chocó violentamente contra el suelo y perdió el  conocimiento.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align:center;"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Continuará&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Aclaraciones:&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;CIA: &lt;/b&gt;Agencia de Inteligencia Central (&lt;/i&gt;Central Intelligence Agency&lt;i&gt;), junto con la NSA se encarga de recopilar datos mediante el espionaje. Tiene su sede en Langley, Virginia.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;FBI:&lt;/b&gt; Oficina Federal de Investigación (&lt;/i&gt;Federal Bureau of Investigation&lt;i&gt;),  forma parte de la rama de investigación del Departamento de Justicia de  Estados Unidos. La central del FBI se encuentra en Washington, DC.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Interpol:&lt;/b&gt;  Organización Internacional de Policía Criminal. Fue fundada en 1923, en  ella participan 188 países, es la segunda organización internacional  más grande del mundo.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;NIMA: &lt;/b&gt;&lt;/i&gt;National Imagery and Maping Agency&lt;i&gt;, en 1996 cambió su nombre a Agencia Nacional de Inteligencia-Geoespacial (&lt;/i&gt;National Geospatial-Intelligence Agency&lt;i&gt;,  NGA). Forma parte del departamento de defensa de Estados Unidos así  como de los servicios de inteligencia. Con sede en Bethesda, Maryland.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;ONI: &lt;/b&gt;Oficina de Inteligencia Naval (&lt;/i&gt;Office of Naval Intelligence&lt;i&gt;).  Es una de las divisiones de los servicios de inteligencia de Estados  Unidos. Fue fundada en 1882 lo que la convierte en la más antigua de  todas. Su sede se encuentra en Suitland, Maryland.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;Escrito el 15 de mayo de 2011&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7313635411078290463-8548001109424977579?l=fictionniikura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fictionniikura.blogspot.com/feeds/8548001109424977579/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2011/05/adqst-17-recuerdos-ii.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/8548001109424977579'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/8548001109424977579'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2011/05/adqst-17-recuerdos-ii.html' title='ADQST 17.- Recuerdos II'/><author><name>Nat Niikura</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04994620941555549861</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_y0oqfuuRoDE/SKV3CsUfUhI/AAAAAAAAABw/4WbC3LSB0-4/S220/ahoy+garabatosb.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/th_Rating16.png' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7313635411078290463.post-1356271558866345995</id><published>2011-05-10T20:06:00.000+02:00</published><updated>2011-05-10T20:07:41.332+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Code: Lyoko'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ulrich x Yumi'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Antes de que sea tarde'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fanfic'/><title type='text'>ADQST 16.- Recuerdos I</title><content type='html'>&lt;a href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png"&gt;&lt;img style="width: 150px; cursor: pointer; height: 150px;" alt="" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/AvCodelyoko.jpg"&gt;&lt;img style="width: 150px; cursor: pointer; height: 150px;" alt="" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/AvCodelyoko.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Code: Lyoko y sus personajes son propiedad de MoonScoop y France3.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align:center;"&gt;&lt;b&gt;Recuerdos I&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Se  incorporó en la cama. Volvía a ser de noche, siempre era extraño volver  al pasado y encontrarse haciendo algo que ya se había hecho, claro que  había labores más tediosas de repetir que otras.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El salto en el  tiempo no la había despertado, no provocaba una sensación tan intensa  como para que lo notase mientras soñaba. Su portátil, que hacía las  veces de puente entre Lyoko y su pequeña habitación, había emitido seis  pitidos cortos con un sonido anticuado, la señal acordada entre su  marido y ella.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La pantalla iluminaba un espacio limitado de la  estancia con su luz blanquecina y difusa, prendió la lámpara de estudio  sobre el escritorio y se sentó en la silla con ruedas. Abrió el mensaje  con un cosquilleo recorriéndole el cuerpo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;REMITENTE: &lt;/i&gt;&lt;i&gt;Ζεύς&lt;br /&gt;DESTINATARIO: Μνημοσύνη&lt;br /&gt;ASUNTO: Καλλιόπη&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Correr  riesgos innecesarios nunca es una buena idea, querida Μνημοσύνη. Tienes  que mirar para tu seguridad. Me preocupa que vuelvan a encontrarte, tú  mejor que nadie sabe que no se detendrán ante nada para conseguir lo que  llevan tanto tiempo buscando. Me preocupas Μνημοσύνη, deberías haberte  apartado de todo. Tendrías que apagar todo el sistema de vigilancia y  vivir una vida normal. Hazlo.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Καλλιόπη estará bien, yo la  protegeré al igual que hacen sus amigos. Mantente al margen. No tengo  forma de protegerte a ti y eso es lo que más miedo me da, sé lo poco que  te gustan las órdenes pero obedece, aunque sólo sea por esta vez.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Te quiero, Ζεύς.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Las  lágrimas surcaron sus mejillas. El primer mensaje en tantos años volvía  más intensa la sensación de soledad. Era más fácil fingir que estaba de  viaje de negocios o que estaba muerto. Ahogó el sollozo que se estaba  formando en su garganta y pulsó el botón para responder.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;REMITENTE: Μνημοσύνη&lt;br /&gt;DESTINATARIO: Ζεύς&lt;br /&gt;ASUNTO: Καλλιόπη&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Señor  Ζεύς, lamento informarle de que su petición no va a ser cumplida. No  puedo hacerlo. Esto no es como cuando estudiaba y me pedías un trabajo  de veinte páginas de un día para otro, ¿acaso puedes mantenerte tú al  margen? Por tu modo de actuar veo que no. No me pidas eso, lo que sea  menos eso.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;¿Por qué me envías un mensaje? Habíamos acordado  que nada de correo. ¿Qué me ocultas? ¿ha ocurrido algo? No me mientas ni  trates de protegerme, soy perfectamente capaz de defenderme sola. He  cambiado mucho durante estos años, te sorprenderías.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Te quiero, Μνημοσύνη.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pulsó el botón de envío con el pulso tembloroso y esperó pero no hubo respuesta.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Waldo, eres un idiota —farfulló.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Tres  golpes en la puerta la hicieron tensarse en la silla. Cerró el portátil  bruscamente con las mejillas rojas como si acabasen de pillarla  consultando una página porno. Apagó los monitores de las cámaras de  seguridad. Se puso una bata rosa pálido y abrió poco a poco. Una cara  conocida le sonreía desde el otro lado de la hoja de madera.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Señora Xenidis ¿se encuentra bien?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Sí, no pasa nada.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Me deja entrar?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ella  se hizo a un lado permitiendo que un hombre alto, moreno y de  penetrantes ojos azules entrase. Pese a llevar un pijama azul algo  ridículo su figura imponía un respeto que le cortaba la respiración,  caminaba de manera elegante con sus anchos hombros siempre erguidos y su  impresionante metro noventa y cinco de altura. A veces aún la asustaba  tenerle cerca, aunque le debiese la vida.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Anthea —susurró el hombre.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Qué?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Qué se trae entre manos?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Anthea  frunció el ceño y se encogió de hombros. No iba a contarle lo del  superordenador y la vuelta al pasado, mucho menos lo del mensaje de  Waldo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿A qué viene lo de "señora Xenidis" si después me llamas Anthea?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Si prefiere que la llame Eurídice lo haré.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No seas tan formal Jethro. —Suspiró—. Nos conocemos demasiado bien.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Jethro  sonrió, en sus mejillas se formaron unos graciosos hoyuelos. Sus ojos  azules exhibían una muda disculpa, no estaba orgulloso de lo que había  hecho tiempo atrás, pero tampoco podía borrarlo y sentirse mal por ello  no llevaba a ninguna parte. Le acarició la mejilla. Anthea le apartó la  mano con un gesto brusco.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El hombre miró a su alrededor, el ordenador cerrado, las pantallas apagadas...&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Sigues  buscando a tu hija? —preguntó sin apartar la vista del portátil. Anthea  se puso tensa—. Ya te dije que puedo ayudarte si me dejas hacerlo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No la busco —dijo con aparente indiferencia—. Seguramente la mataron los tuyos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No son los míos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Trabajabas para ellos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—De algo tiene que contar el hecho de no haber sabido para quién trabajaba.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—La  ignorancia y la inocencia no eximen del pecado —citó las palabras que  su abuela le decía cuando le pillaba robando galletas del bote de la  cocina.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Jethro había sido uno de sus torturadores aunque el menos convencido.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Si no quieres nada más —musitó la pelirroja—. Me gustaría irme a dormir.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Por supuesto.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El  hombre abandonó la habitación y Anthea echó el cerrojo de la puerta, al  mirarla no le pareció tan segura como debería. Tomó la silla de madera y  atascó el pomo de la puerta con ella. Podían tirar la puerta abajo a  empujones, pero supo que si eso ocurría se despertaría antes de que  lograsen entrar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Se metió bajo las mantas y se acurrucó.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El  mensaje de su marido la había desvelado. Le echaba de menos. Echaba en  falta el modo en que le acariciaba la espalda cuando se despertaba  después de una pesadilla en la que su madre con un agujero de bala en la  cabeza se erguía para sujetarla por el cuello. Echaba en falta su vida.  Y sobre todo echaba de menos a su hija.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Aelita —susurró en la oscuridad.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align:center;"&gt;º º º&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Lucerna, Suiza.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Jueves 1 de febrero de 1979.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;La  interminable clase de historia había llegado a su fin de un modo  irónico. El director del centro, un hombre bajo, calvo, enjuto y con una  barriga sobresaliente, había llamado a la puerta del aula, mirado a los  alumnos y después a la señora Leuthard que le fulminaba con la mirada.  Aquella mujer odiaba las interrupciones aunque éstas tuviesen un buen  motivo.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Anthea Hopper —llamó el hombre.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Anthea  en su pupitre dudó un instante en si ponerse de pie sería una buena  idea o si en cambio recibiría el impacto de una tiza en la cara. Optó  por ponerse en pie.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Sígame señorita Hopper.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;La  muchacha obedeció mientras la señora Leuthard protestaba airada por la  interrupción y por la rapto de una de sus alumnas. La puerta se cerró  silenciando la perorata de la profesora.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—¿Ha pasado algo, señor Maurer?&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Uno  de tus profesores quiere hablar contigo, Hopper —dijo el director como  si le costase tener que hablar—. Nunca he tenido quejas de ti, Hopper.  Esperó no empezar a tenerlas ahora. Siempre has sido una alumna  sobresaliente.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;La confusión se dibujó en los rasgos de  Anthea. El señor Maurer no era de aquellos que te daban mucha  información cuando hablaban. Era más tipo telegrama que tipo carta. No  se le ocurría qué profesor podría querer hablar con ella, su media era  la más alta de la academia Sankt Jakobus y jamás se había olvidado de  hacer los deberes, dejado una pregunta en blanco en un examen o saltado  una clase.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Sus pasos resonaban por los lúgubres pero  elegantes pasillos que, al principio, le habían parecido asfixiantes y  amenazantes y que ahora le conferían una sensación de tranquilidad y  protección que le fascinaban. Aquel pasillo de altos ventanales, suelo  de mármol blanco y negro y paredes de inmaculado blanco lo conocía a la  perfección. Formaba parte del ala más moderna de la academia y allí  estaba una de las aulas que más le gustaban por lo novedoso de la  asignatura que se impartía.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Entra —ordenó secamente el  señor Maurer abriendo la puerta—. Señor Schaeffer, espero que sea  indulgente con ella, sea lo que sea que ha hecho estoy seguro de que no  se volverá a repetir.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Cuando Anthea hubo entrado el  director cerró la puerta. Miró incómoda a su enigmático profesor de  ciencias con su barba, sus gafas pequeñas y oscuras, su bata de  laboratorio blanca y sus pantalones de pana marrones; no recordaba haber  hecho algo para enfadarle. Se cogió las manos apretando los dedos.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Tranquila, Hopper —musitó—. No te he hecho venir hasta aquí para reñirte o castigarte. Siéntate, por favor.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;La  muchacha tomó asiento en la silla más cercana a la puerta y la más  alejada de él, sentándose en el borde casi en equilibrio. Estaba tensa.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—¿Te aburres en clase? —preguntó con una sonrisa divertida.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Anthea  sopesó las posibles respuestas. Un sí sería mentir porque había  asignaturas que le gustaban y divertían y, decir que no sería otra  mentira la historia la aburría hasta niveles casi infinitos.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—A veces.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—¿Qué materias te gustan?&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Matemáticas,  ciencias, literatura, física, química. —Hizo una pausa—. No es una  asignatura propiamente dicha pero la informática me gusta también.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Excelente. ¿Puedo llamarte Anthea? —Ella asintió—. Anthea ¿Te gustaría trabajar conmigo en un proyecto informático?&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—¡Sí!  —Se sonrojó, había contestado demasiado deprisa, sin pararse a  reflexionar ni nada—. Quiero decir que... ¿qué tipo de proyecto, señor  Schaeffer?&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;El profesor Waldo Schaeffer rió ante tanto entusiasmo y tan buenos reflejos para plantear la pregunta que se había saltado.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Necesito  probar mi teoría de que no explotamos las auténticas posibilidades que  nos ofrece ésta nueva tecnología. Quiero crear un mundo dentro de un  ordenador para poder ayudar a la gente.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Él consciente de cómo sonaba aquello esperó paciente a su reacción. Si le tomaba por un loco no podría culparla.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Anthea se deslizó hacia atrás por el asiento de la silla hasta apoyar la espalda en el respaldo. Había decidido.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Sí, quiero. Participar.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Muy  bien —pronunció animado y tomó un dossier de la mesa que había a su  lado—. Léete esto cuando puedas, no quiero que esta colaboración te  retrase en tus estudios.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Señor Schaeffer ¿por qué ha pensado en mí?&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Eres mi mejor alumna y la que muestra más interés en todo. Y por favor, llámame Waldo.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align:center;"&gt;º º º&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Lucerna, Suiza.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Domingo 9 de diciembre de 1979.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;En  el sótano de la academia Sankt Jakobus se desplegaba el proyecto  utópico del profesor Waldo Schaeffer. Un puñado de ordenadores  conectados entre sí, cientos de cables negros y gruesos que se  enroscaban como serpientes, libros, dossiers, apuntes, teorías, mapas.  Una pizarra llena de fórmulas matemáticas con la caligrafía y números  redondeados de Anthea, correcciones con la letra apretujada e ilegible  de Waldo. Y un silencio sepulcral sólo roto por el ronco zumbido de los  ventiladores de los aparatos electrónicos.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Waldo bajó por  la precaria escalerilla de metal y madera cargado con dos tazones en las  manos. Se detuvo en el último peldaño y sonrió. Anthea se había quedado  dormida con la mejilla apoyada en la madera del escritorio. Avanzó  despacio procurando no hacer ruido, dejó los tazones a su lado en la  mesa y miró su reloj. Las cuatro de la madrugada, no le extrañaba que se  hubiese quedado dormida.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;A sus dieciséis años aquella  chica tenía más paciencia y era más tenaz que él a sus veintiséis. Puso  la mano sobre su hombro y ella abrió lentamente los ojos verdes.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Anthea, vete a la cama.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Inspiró hondo mientras se erguía. Miró el reloj en su muñeca con los ojos nublados por el sueño y después miró a su profesor.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—No tengo sueño. Estoy despierta.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Ya lo veo —replicó él con humor—. Te he traído chocolate caliente.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Gracias.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Anthea  tomó la taza sujetándola entre ambas manos. Los ordenadores desprendían  mucho calor pero seguía haciendo frío en aquel sótano en el que jamás  entraba la luz del sol. Waldo se quitó la chaqueta de lana que llevaba y  se la puso sobre los hombros a Anthea.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—No deberías pasar el día de tu cumpleaños encerrada en un sótano con un profesor aburrido.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—No tengo a nadie más interesante con quien pasarlo —farfulló molesta.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Tus amigas.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Ellas no me entienden. —Suspiró—. Sólo son mis amigas porque se me dan bien las ciencias.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Anthea dio un sorbo enfadada.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Tómatelo y vete a dormir. Seguiremos por la tarde.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—¡Pero...!&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Pero nada. El sótano no va esfumarse porque te vayas a dormir.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Clavó  la mirada enfurruñada en el humeante chocolate. Era cierto pero sentía  que estaba a punto de llegar a un descubrimiento importante. Aquellas  horas dedicadas al proyecto de su profesor eran el estímulo que  necesitaba para soportar todo lo que le agobiaba del internado.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Waldo —susurró—, ¿puedo hacerte una pregunta que no tiene nada que ver con el proyecto?&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Adelante.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—¿Por qué llevas siempre gafas oscuras?&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Me  molesta la luz. —Se quitó las gafas revelando unos ojos de un azul tan  claro que parecían irreales—. Y a la gente suelen darle miedo mis ojos.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Anthea se quedó clavada en aquellos ojos de ciencia ficción hasta que él se volvió a poner los anteojos oscuros.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—¿Asustada?&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—No, son preciosos.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align:center;"&gt;º º º&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Lucerna, Suiza.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Martes 8 de julio de 1980.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Anthea corrió por el pasillo como si la persiguiera el mismísimo diablo.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Estaban  en pleno periodo de vacaciones estivales, pero ella no tenía ningún  hogar al que volver. Habían asesinado a su familia cuando no tenía más  que cuatro años porque eran traidores de su patria. Tuvo suerte de  acabar con vida y en una escuela como esa que le ofrecía un techo bajo  el que dormir y un gran abanico de conocimientos.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Esa  mañana al despertar, vio algo extraño en la entrada de la academia. Unos  coches elegantes y negros, con los cristales oscuros. Le había  inquietado ver aquellos vehículos, porque, de algún modo, le habían  hecho pensar en la Luger P08 que había apuntado a la cabeza de su madre  instantes antes de que no volviera a abrir los ojos. Giró la última  esquina, abrió la puerta bruscamente y se precipitó a la carrera  escaleras abajo.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—¡Waldo!&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;El profesor alzó la vista y, con él, sus tres acompañantes. Anthea frenó en seco.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Eran  altos y fornidos. Uno rubio, otro moreno y otro castaño y no destacaban  por nada en particular, si hubiese querido describírselos a alguien no  habría podido hacerlo. A pesar de la poca claridad de aquel sótano los  tres desconocidos llevaban gafas oscuras a juego con sus trajes negros.  Anthea apretó la barandilla con fuerza tan asustada que creyó que iba a  desmayarse.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—¿Quién es? —gruñó el hombre rubio.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Es una de mis alumnas, mi ayudante.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Los tres hombres rieron como si cacareasen.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Una mocosa —espetó el moreno.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;El  rubio rió ruidosamente al comentario del otro. El hombre castaño alzó  una mano y la risa se evaporó como un charco en un día soleado.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Silencio —ordenó el castaño—. Ven aquí, muchacha.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Anthea, ven —pidió Waldo extendiendo la mano hacia ella.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Obedeció  temerosa refugiándose detrás de su profesor. Le sujetó la manga de la  bata blanca y pudo notar que él también estaba tenso.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—¿Acepta el trato o tiene que hablarlo con su… ayudante? —inquirió con retintín el castaño.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Es  una oferta muy tentadora —contestó Waldo—. Necesito pensar en ciertas  cosas antes de aceptar. Si les parece bien les llamaré en unos días.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Como quiera señor Schaeffer —replicó el hombre tendiéndole una tarjeta de visita—. Esperaremos su llamada.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Los  tres hombres se encaminaron hacia la escalera con disciplina militar.  Con el pie en el primer peldaño el hombre castaño, al que Anthea había  reconocido como el líder, se detuvo y les miró.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Pasen un buen día. Señorita, caballero.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Cuando la puerta del sótano se hubo cerrado, Anthea se soltó del brazo de Waldo y se movió hasta quedar frente a frente con él.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—¿Quién era esa gente?&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Posibles inversores para nuestro proyecto.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—No me gustan —declaró la muchacha—. Son siniestros.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Pertenecen a los servicios de inteligencia americanos.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Anthea  frunció el entrecejo y cruzó los brazos en un gesto que a Waldo se le  había hecho tan familiar que ya conocía su significado. Algo no le  cuadraba a su alumna.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—¿Has solicitado fondos?&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—No.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Entonces ¿cómo se han enterado del proyecto?&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Waldo le sonrió.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Esa es la pregunta que esperaba que hicieras, Anthea.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Y esa pregunta ¿tiene respuesta?&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—No  una segura —musitó el profesor—. El director, seguramente. Es una buena  oportunidad de conseguir dinero y prestigio para la academia.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—¿A-aceptarás?&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Él  suspiró, estaba en una encrucijada. Si permitía que los americanos se  metiesen, su proyecto acabaría convirtiéndose en algo muy diferente a lo  que él tenía pensado. En cambio, si rechazaba la oferta no tardaría en  quedarse sin recursos para continuar y no tenía idea de cuánto tiempo le  llevaría poder continuar.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—No lo sé —contestó con sinceridad derrumbándose sobre la silla.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Anthea  se arrodilló frente a él, le tomó el rostro entre las manos y le clavó  los ojos verdes. Se sentía extraña sin el uniforme porque eso les  igualaba en cierto sentido, porque en esos momentos eran dos personas  cualesquiera sin relación jerárquica.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Acepta. Encontrarás el modo de evitar que lo conviertan en algo que no quieras.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—La perspectiva que tienes a los dieciséis no es la misma que tendrás dentro de unos años.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—¡Tengo casi diecisiete!&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Waldo rió con ganas recordando cuando él tenía dieciséis y odiaba que se lo recordaran.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align:center;"&gt;º º º&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Lucerna, Suiza.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Martes 9 de diciembre de 1980.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Había  recibido la escueta nota que Waldo le había dado junto con su examen de  ciencias. Un simple «reúnete conmigo en el parque». El parque estaba  fuera del campus y si no se daba prisa el autobús que llevaba a la  ciudad se iría sin ella. Se puso un jersey de punto azulado con un  pantalón tejano y sus deportivas. Se abotonó el abrigo de invierno y se  enrolló la bufanda alrededor del cuello. Se cargó la mochila al hombro y  corrió por el interminable pasillo hasta las escaleras que daban al  vestíbulo y al patio donde esperaba el autobús. Tuvo que hacer señas al  conductor para que esperase antes de cerrar las puertas.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;El  conductor la miró severo, no le gustaba retrasarse, ella se disculpó  con una sonrisa y se dirigió a los asientos traseros donde nunca se  montaba nadie. Desde allí apenas podía verse nada por la ventanilla y  eso era algo que a ninguna de las chicas les gustaba porque después de  pasar la vida entera encerrada entre las mismas cuatro paredes  necesitaban ver un paisaje diferente. Pero a ella le daba igual.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Se  bajó en la primera parada, nadie más lo hizo. Estaba a las afueras de  la ciudad, un espacio que a ella le gustaba considerar tierra de nadie,  ya que estaba a medio camino entre el campus de la academia y la ciudad.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Paseó  con calma aparente en dirección al parque. Estaba hecha un manojo de  nervios. Se preguntaba si él se habría dado cuenta o si, en cambio, no  lo había notado. La admiración que había sentido por su profesor se  había convertido en otra cosa y temía que se enterase y la apartase del  proyecto porque eso significaría no volver a verle fuera de las horas de  clase.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Se sentía tonta por haberse enamorado de un  profesor, un hombre diez años mayor que ella, que jamás iba a tomársela  en serio en ese sentido.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Anthea.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Hola. —Sonrió—. ¿Llevas mucho esperando?&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Ven. —Le tendió la mano.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Se  dejó guiar entre los árboles. La mano de Waldo estaba caliente a pesar  de no llevar guantes y le sostenía la suya con firmeza. Dejó a su  imaginación divagar creando miles de opciones que en otro momento le  habrían parecido estúpidas. Hasta que Waldo se detuvo.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Feliz cumpleaños, Anthea.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Sobre  el césped había una amplia manta de aspecto calentito y confortable y  una caja de madera en el centro. Anthea le miró confundida.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Te vendrá bien pasar tu cumpleaños lejos de un frío sótano. —Sonrió Waldo—. El aire fresco te sentará bien.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Reprimió  las ganas de reír. El adjetivo fresco se quedaba corto para definir el  aire invernal de Suiza. Hacía un frío que pelaba. Se sentía la punta de  la nariz helada y estaba convencida de que la tendría roja.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Nos congelaremos —determinó la muchacha.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Ya había pensado en ello, he traído una manta más.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—¿Y qué vamos a hacer aquí?&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Comer algo.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Se  sentaron sobre la manta y Waldo le echó la otra sobre los hombros. Sacó  un pastel no muy grande del interior de la caja de madera y un termo  con chocolate caliente, dos platos, dos vasos y cubiertos de plástico.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Te vas a quedar congelado —afirmó Anthea viendo que Waldo se había sentado frente a ella y no tenía manta con la que taparse.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—No tengo frío —contestó pero no resultó convincente.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Seguro —replicó ella con sarcasmo.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Anthea  se levantó asiendo la manta con fuerza y se sentó a su lado echándosela  sobre los hombros de modo que les tapase a los dos. Sujetó ambos  extremos y notó la tensión en la tela cuando él se apartó ligeramente.  Le miró con una muda pregunta en sus ojos verdes.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—No es buena idea, Anthea.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—¿Por qué? —inquirió con una inocencia encantadora.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Waldo le acarició el labio inferior con el pulgar y cerró la distancia entre ellos.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Cuando  Anthea se preguntó por primera vez qué sentiría si besase a su  profesor, pensó que su barba pincharía. Se había equivocado en eso.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align:center;"&gt;&lt;b&gt;Continuará&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Aclaraciones:&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Καλλιόπη:&lt;/b&gt;  Calíope, es la musa de la poesía épica y la elocuencia. Siempre lleva  una corona dorada, según algunas teorías la corona indica su supremacía  sobre las otras musas. Es hija de Zeus y Mnemósine.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Μνημοσύνη:&lt;/b&gt;  Mnemósine o Mnemosina, en la mitología griega es la personificación de  la memoria. Es una de las titánides (hija de Gea y Urano) y es madre de  las musas con Zeus. No confundirla con Mneme.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Ζεύς:&lt;/b&gt; Zeus, el Rey de los Dioses que supervisaba el universo y gobernaba a los dioses del monte Olimpo. Dios del cielo y del trueno.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Escrito el 09 de mayo de 2011&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7313635411078290463-1356271558866345995?l=fictionniikura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fictionniikura.blogspot.com/feeds/1356271558866345995/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2011/05/adqst-16-recuerdos-i.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/1356271558866345995'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/1356271558866345995'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2011/05/adqst-16-recuerdos-i.html' title='ADQST 16.- Recuerdos I'/><author><name>Nat Niikura</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04994620941555549861</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_y0oqfuuRoDE/SKV3CsUfUhI/AAAAAAAAABw/4WbC3LSB0-4/S220/ahoy+garabatosb.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/th_Rating16.png' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7313635411078290463.post-1682912487254142624</id><published>2011-05-02T08:13:00.002+02:00</published><updated>2011-05-02T08:19:40.072+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Code: Lyoko'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ulrich x Yumi'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Antes de que sea tarde'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fanfic'/><title type='text'>ADQST 15.- Perdida</title><content type='html'>&lt;a href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png"&gt;&lt;img style="width: 150px; cursor: pointer; height: 150px;" alt="" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/AvCodelyoko.jpg"&gt;&lt;img style="width: 150px; cursor: pointer; height: 150px;" alt="" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/AvCodelyoko.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Code: Lyoko y sus personajes son propiedad de MoonScoop y France3.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;Perdida&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Le zumbaban los oídos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Estiró  el brazo y palpó a su alrededor en busca del cuerpo de otra persona,  entre sus dedos se colaron las mullidas fibras de lo que semejaba ser  hierba. Desconcertada intentó abrir los ojos, los párpados parecían  pesarle toneladas al igual que el resto de su cuerpo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Inspiró  hondo pero no notó como sus pulmones se llenaban de aire, aquella  sensación de ligera presión en las costillas no llegó. Volvió a inspirar  hondo y retuvo el aire durante lo que le pareció una eternidad irreal,  su cuerpo no le exigía que soltase el aire y volviese a respirar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El  zumbido se fue aclarando, no era un pitido ni nada similar, era la voz  de alguien que chillaba. ¿Qué decía? ¿le hablaba a ella?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Sabía que  era de día, sentía la calidez del sol sobre su piel, el mismo sol que  hacía que la cara interna de sus párpados se tiñera de naranja. ¿Dónde  estaba? ¿Qué había pasado?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¡... torre! —aulló aquella voz torturada repentinamente clara—. ¡Entra en la torre!&lt;/p&gt;&lt;p&gt;¿Torre? ¿Había una torre? ¿por qué tenía que entrar en ella? Si no podía moverse ¿cómo iba a entrar?&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: center;"&gt;º º º&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Pirineos franceses&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Miércoles 3 de enero de 1990&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;La  nieve había dejado de caer hacía apenas cinco minutos y Aelita miraba  deseosa el manto blanco que lo cubría todo desde detrás del cristal  ligeramente empañado por el contraste térmico. Pegó la rosada mejilla  contra la fría superficie del vidrio, quería ir a jugar en la nieve. Lo  quería de verdad. Le encantaba la nieve, revolcarse por ella del mismo  modo que le gustaba hacerlo en la orilla del mar con las olas rompientes  en un caluroso día de verano, hurgar en ella hasta que los deditos  rojos se le entumeciesen, hacer muñecos de nieve con pedacitos de carbón  vegetal como ojos, boca y botones, nariz de zanahoria, ramitas como  brazos y la bufanda de papá para que no se resfriase.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Alzó  los bracitos y se dejó caer hacia atrás con el ceño fruncido sobre la  multitud de cojines de colores que se apilaban sobre la alfombra persa.  Quería ir a jugar con la nieve. Soltó un soplido y rodó sobre los  cojines hasta que se le acabaron y quedó tendida sobre el frío suelo de  madera.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;¿Qué haces pequeña croqueta? —preguntó Anthea con  una ceja alzada, cuando la veía hacer aquello le recordaba a su niñez,  al modo en que su madre, después de bañar las croquetas en huevo batido,  las deslizaba con energía sobre una fuente enorme repleta de harina, de  punta a punta.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;Me aburro.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;¿Por qué no lees algo?&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Aelita hizo un ruidillo de protesta y se abrazó las rodillas sin levantarse.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;Ya sé, juguemos a algo. —La niña giró la cara, para ver a su madre, con expresión escéptica—. Vaya actitud.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;Quiero jugar en la nieve.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Anthea suspiró.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;La nieve en polvo es...&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;Peligrosa  porque hace que te hundas —finalizó la frase de su madre, la había oído  tantas veces que se la sabía de memoria—. Pero si nadie la pisa seguirá  siendo igual hasta el deshielo.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;Anthea, no ha nevado tanto. No le pasará nada.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;La  mujer le miró fijamente. En realidad la nieve en polvo no la preocupaba  tanto. Se sentía observada desde hacía semanas. Al principio creyó que  estaba un poco paranoica hasta que una tarde, al volver de comprar,  comprobó con cierto temor que el dossier con falsa información  clasificada no estaba en el mismo lugar donde lo había dejado. &lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Aquella  mañana de hacía tres semanas, dando vueltas y más vueltas en la cama  tras una larga noche de insomnio había planeado tenderle una emboscada a  su espía o demostrarse a sí misma que estaba como una cabra. Convenció a  Waldo para que fueran todos juntos al pueblo de al lado para hacer  algunas compras. No fue fácil, pero a base de insistir lo consiguió.  Cuando Waldo y Aelita ya estaban dentro del coche, ella, regresó a la  cabaña aduciendo que se había olvidado el monedero, cosa que era  mentira. Cubrió la mesa con un mantel de picnic con flores y cuadros y  dispuso el dossier cebo de manera que, si se movía, lo notase con un  rápido vistazo. Al regresar lo vio, apenas lo habían dejado descolocado  unos cinco centímetros, pero era evidente que alguien había entrado en  la casa.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Lo más sensato habría sido avisar a Waldo, pero temía que al hacerlo alertase a sus vigilantes e hiciesen daño a Aelita. &lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: center;"&gt;º º º&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Jérémie bajó al trote las escaleras de &lt;i&gt;L'Hermitage&lt;/i&gt;, se subió las gafas con la punta de los dedos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¡Hay una torre activada! —exclamó.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Los chicos saltaron, literalmente, de los asientos. Aelita tomó su teléfono móvil de la mesita y se lo llevó a la oreja.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Llamo a Yumi —espetó corriendo detrás de los demás.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Qué pasa? —contestó la nipona al otro lado de la línea.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—X.A.N.A. ataca.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Vamos para allá.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Yumi  colgó el teléfono y miró a William que acordaba con Charlotte Lafitte  la firma del contrato de alquiler. Él captó la mirada de "problemas" y  se disculpó atropelladamente con la mujer, recorrió el salón, tomó a  Yumi de la mano y salieron a la calle como si fuesen a apagar un  incendio.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;William marchaba delante y ella, unos pasos por detrás,  iba distraída y sorprendida de la alta actividad de X.A.N.A., sólo  recordaba un periodo en el que atacaba constantemente y no trajo nada  bueno.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—William —alzó la voz y él bajó la velocidad hasta ir a su paso—. ¿Qué es lo que quiere X.A.N.A.?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Qué te hace pensar que lo sé?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Intuición.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Intuición tipo Jérémie?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Yumi le miró con una ceja enarcada y una sonrisa desafiante.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Más bien una tipo Aelita.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Ya…&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Varios  gritos hicieron enmudecer al muchacho, ambos se detuvieron en busca de  su procedencia. La calle que discurría paralela al río estaba  prácticamente desierta, sólo una mujer paseando a su caniche que se  había asustado y, al igual que ellos, trataba de descubrir qué pasaba.  Algunas personas giraron la esquina en tropel y pasaron junto a ellos  huyendo, un &lt;i&gt;cangrejo&lt;/i&gt; de Lyoko les perseguían disparando sus  láseres. La calle se convirtió en caos. William sujetó a Yumi y se pegó a  la barandilla mientras la abrazaba para evitar que la engullese la  marea de gente histérica.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—En cuanto puedas corre a la fábrica, yo me encargo del &lt;i&gt;cangrejo&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Cómo? —preguntó con voz severa William.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—He  dicho que no —levantó la voz para asegurarse de que le escuchara—. Ve  tú a la fábrica, si hay que ir a Xanadu tú sabrás cómo hacerlo. Yo no  podría.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¡El &lt;i&gt;cangrejo&lt;/i&gt; es peligroso!&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Yumi puso los ojos en blanco y alzó la barbilla.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Yo luchaba con &lt;i&gt;cangrejos&lt;/i&gt; mucho antes de que tú te enterases de que existía Lyoko.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Eso  suena a "no sabes nada, tendrías que pasar una guerra como yo. Si  hubieses combatido en Vietnam…" —dijo con humor—. Te pareces a mi  abuelo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Ve a la fábrica, el &lt;i&gt;cangrejo&lt;/i&gt; es para mí —espetó Yumi.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Corrió  entre las patas del monstruo que de inmediato se lanzó a la caza de su  auténtico objetivo. William masculló una maldición antes de retomar su  carrera hacia la fábrica.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;«Odd». Sissi había repetido tantas veces  ese nombre en las últimas horas que empezaba a perder el significado.  Había logrado arrastrarse hasta el enorme edificio con forma de torre  como le había pedido aquella voz torturada, una vez dentro todo fue  silencio. Allí en el interior de aquella construcción de paredes azules  plagadas de números que bailoteaban frente a sus ojos, se abrazaba las  rodillas enroscada en la plataforma brillante. Los números luminosos ya  no le molestaban ni le mareaban y la luz pálida que brotaba del símbolo  de la plataforma había dejado de deslumbrarla. No tenía frío ni calor.  Tampoco tenía hambre.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;No se había movido en horas y aún y así no  le dolía nada, no se le habían entumecido las articulaciones ni dormido  los dedos de las manos de apretarse las rodillas. Empezaba a tomar  conciencia de lo que era aquel lugar. El Lyoko del que hablaban, el  mismo Lyoko del diario de Ulrich que con tanto ahínco había tratado de  descubrir y ahora que estaba ahí, sólo podía pensar en volver a casa y  acurrucarse bajo sus sábanas blancas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Aquel ente ya no estaba la había dejado allí sola y asustada.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Odd...&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pensó  en lo mucho que había odiado a Odd tiempo atrás. No le soportaba porque  siempre se metía con ella. No sabía cuándo había cambiado ni por qué,  fue de repente y no tenía sentido. Se preguntó si había sido por una de  esas vueltas al pasado, porque le había estado mirando con rabia y un  segundo después sintió que le invadía un profundo sentimiento de alivio  por tenerle delante. Ahora le hacía sentir segura.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;¿Se habría dado cuenta de que no estaba? ¿La estaría buscando?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Estoy aquí, Odd...&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La  tapa de la alcantarilla se levantó vacilante y después, unas manos la  empujaron con decisión. De las entrañas del alcantarillado salió Ulrich  que ayudó a Aelita a subir a la superficie, después subieron Odd y  Jérémie.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No parece que X.A.N.A. haya lanzado un ataque todavía  —masculló Odd que fulminaba con la mirada a su móvil por no dar señal  cuando llamaba a Sissi.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Demasiado silencio. —Ulrich observaba la entrada de la fábrica con el ceño fruncido.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¡Eh! —exclamó William corriendo hacia a ellos—. Creía que estaríais ya en Lyoko.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Y Yumi? —preguntó Aelita poniéndose tensa.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Ya la conoces —contestó—, se ha ido a jugar con un &lt;i&gt;cangrejo&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿X.A.N.A. ha enviado a un monstruo? —preguntó Jérémie tenso.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Que sepamos, sí.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No hay tiempo que perder entonces —espetó Odd retomando el camino hacia la fábrica.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Jérémie  y Aelita le siguieron, había que detener el ataque de X.A.N.A. antes de  que la cosa se torciese demasiado. Ulrich, parado frente a William,  soltó un hondo suspiro y apretó los puños con fuerza.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Y la has dejado sola? —La rabia inundaba sus palabras.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Es lo que quería. —Se encogió de hombros—. Ve a ayudarla.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Por qué? —gruñó.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Me he dejado el traje de superhéroe en casa.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No tiene ninguna gracia.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No pretendía ser gracioso —masculló William caminando hacia la fábrica—. Ve y rescata a la princesa de las pinzas del &lt;i&gt;cangrejo&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Lo  primero que pensó Jérémie cuando se abrió la puerta del ascensor fue  que había algo que no iba bien. La luz de la sala estaba encendida, la  butaca frente al teclado y el holomapa mostraba la imagen 3D de aquel  lugar llamado Xanadu. Aelita le agarró con fuerza el brazo, Jérémie la  miró pero no logró descubrir si estaba tensa o asustada. Odd tragó  saliva y avanzó cauteloso detrás de sus dos amigos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Jérémie tomó asiento, se ajustó las gafas nariz arriba y se colocó el auricular en el oído.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Qué pasa? —preguntó Odd inclinándose para ver mejor la pantalla.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Silencio —ordenó Jérémie poniéndose un dedo sobre los labios.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Oía  algo de fondo, como si estuviera muy lejos. Cerró los ojos y se tapó el  otro oído con la mano. Sonaba como un sollozo, como alguien que lloraba  y decía algo, alguna cosa que repetía una y otra vez. No sonaba como  X.A.N.A. aunque tampoco era que supiera como sonaba su archienemigo. Se  concentró en los pequeños detalles, los matices más sutiles. Era una  mujer, estaba casi seguro. Pensó en Yumi y sacudió la cabeza, William  acababa de decirles que estaba persiguiendo al monstruo; Aelita estaba a  su lado, olía su champú y su colonia.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Abrió los ojos y miró con horror a Odd que le devolvió una mirada confundida.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Sissi? —inquirió en un susurro el joven genio.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El ascensor volvió a abrirse y William bajó, observó a sus compañeros que parecían horrorizados.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En el exterior Yumi corría persiguiendo al &lt;i&gt;cangrejo&lt;/i&gt;,  por algún motivo la situación había cambiado. No podía dejar que  aquello rondara a sus anchas por la ciudad aunque empezaba a intuir  hacia dónde se dirigía. Necesitaba un arma.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El monstruo se detuvo y  ella también lo hizo, estaban en la intersección donde el bosque se  juntaba con el parque de Kadic. Trató de descubrir qué hacía allí parado  mientras recuperaba el aliento. El &lt;i&gt;cangrejo&lt;/i&gt; se balanceaba sobre sus cuatro largas patas como si bailase, ahora a la derecha, ahora a la izquierda.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Vio  el resplandor de la batería de láser justo antes de que unos brazos se  enredasen en su cintura y acabase rodando por el suelo. El rayo impacto  donde había estado ella unas milésimas antes.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¡Arriba!&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La  levantaron de un fuerte tirón del brazo y la arrastraron a la carrera  mientras le cogían de la mano con fuerza. Una sonrisa nerviosa se dibujó  en sus labios, el pelo castaño, la espalda ancha, la cazadora vaquera  desgastada.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¡Ulrich!&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—He pensado que te vendría bien un poco de ayuda.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Genial, pero vamos en dirección contraria. —Ulrich se giró para mirarla sin dejar de correr—. El &lt;i&gt;cangrejo&lt;/i&gt; va hacia la escuela.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Él maldijo entre dientes y cambió de dirección. ¿Por qué atacaba la escuela X.A.N.A. si ya no tenía nada que ver con ellos?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En  el interior de la fábrica el ambiente que reinaba era tan tenso que  casi podía cortarse el aire con un cuchillo. El ataque de X.A.N.A. había  quedado eclipsado por un problema aún mayor.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Odd apretaba los  dientes curvado hacia delante amenazadoramente, clavaba los dedos en el  reposabrazos de la butaca del superordenador en la que Jérémie se echaba  hacia un lado, casi subiéndose sobre el otro reposabrazos tratando de  huir de la ira de su amigo. No podía culparle por su reacción pero él  tampoco tenía la culpa de que un "de momento no podemos hacer nada" le  hubiera sacado de sus casillas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;William, que había demostrado  tener buenos reflejos, había apartado a Aelita de donde estaba en el  momento en que Odd se abalanzaba sobre la butaca, de no haberlo hecho  hubiese acabado en el suelo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¡No pienso quedarme aquí de brazos cruzados!&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Sé razonable Odd. No puedo virtualizarte en Xanadu y no sé cómo solucionar lo del mar digital…&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿No puedes recuperarla como hiciste con Yumi y William?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Jérémie le dedicó una mirada cansina a Aelita. Se ajustó las gafas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No, el superordenador no la reconoce.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Por qué no? —preguntó William.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Estaba controlada por X.A.N.A. así que el código virtual de Sissi que ha guardado el escáner no es el mismo que tiene ahora.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No lo entiendo… —siseó Aelita.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Es como cuando Odd se virtualizó junto con Kiwi, sus ADN se mezclaron.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Pues arréglalo —ordenó Odd.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No sé cómo. No es como en tu caso que tenía datos antiguos sobre tu ADN, no tengo datos sobre Sissi.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Virtualízame,  Jérémie —dijo William—. Por el momento sabemos que a mí el mar digital  no me afecta y ya he estado en Xanadu. Así al menos no estará sola.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Yo desactivaré la torre —afirmó Aelita.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No  puedes ir sola —murmuró Odd—. Iré contigo. —Sujetó a William por el  cuello de la camiseta y le dio un fuerte tirón—. Más te vale tratarla  bien, guaperas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;William le apartó las manos con firmeza pero sin brusquedad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Tranquilo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Bajad a la sala de escáneres.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Odd  estuvo mascullando cosas inteligibles mientras el ascensor les llevaba a  la sala. Jérémie, a través de la megafonía, les pidió a Odd y a Aelita  que entrasen primero en los escáneres para virtualizarles. Aterrizaron  en el sector del bosque con elegancia, a su alrededor todo parecía estar  en calma, la torre activada se veía desde su posición.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Vamos —pronunció secamente él.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Aelita le siguió con el entrecejo fruncido preocupada por cómo estaba llevando la situación.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;William  por su parte cayó sobre la amplia plataforma del sector del desierto.  Miró a su alrededor como si esperase encontrar a alguien, a X.A.N.A.  quizá. No estaba seguro. Allí no había nadie.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Voy a saltar, Jérémie —declaró.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—De acuerdo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Oye...  ¿estás seguro de que soy inmune al mar digital? —Se frotó la nuca, él  no estaba demasiado convencido pese a lo que había dicho en la sala del  superordenador.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No. Pero es una buena teoría —contestó con  sinceridad—. Si no lo eres no pasa nada. Puedo recuperarte con el  programa de materialización que creé para Aelita. Con Yumi funcionó, así  que no creo que falle contigo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Jérémie... —murmuró.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Qué?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Si me pasa algo. —Tragó saliva—. Prométeme que cuidarás de Yumi.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Jérémie permaneció en silencio lo que a William se le antojaron horas, finalmente contestó.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Te lo juro.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;William  sonrió y saltó hacia el agua con los brazos extendidos, le sorprendió  su reflejo antes de zambullirse. Su ropa se había vuelto negra y el  símbolo de X.A.N.A. volvía a decorar su pecho. Entró en la torre y se  palpó el cuerpo como si no creyese posible seguir teniendo uno.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En  la fábrica Jérémie vio como la señal de William se desvanecía al tocar  el mar digital. Se preguntó con aprensión si estaría bien, el programa  de localización del superordenador estaba a punto de volverse loco  tratando de localizarle. Se ajustó el auricular y le llamó, pero tal y  como había supuesto, no hubo respuesta.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Abrió el canal con el sector del bosque.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Me oís?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Sissi está bien? —preguntó Odd nervioso.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Sí,  bueno, no lo sé aún —replicó—. Escuchadme. Tengo a William en el mar  digital, así que no voy a poder estar por vosotros. Tened cuidado.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—De acuerdo, Jérémie —contestó Aelita.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Jérémie —musitó Odd—. Confío en ti.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El  chico se ajustó las gafas con una agradable sensación de orgullo.  Retomó la conexión con el sector del desierto y esperó a que algo  pasase. La pantalla fundió a azul y al instante apareció Xanadu con su  tétrico relieve.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Sigo vivo —dijo William observando su ropa que volvía a ser normal—. ¿Por dónde empiezo a buscar?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Está en alguna torre —declaró aliviado.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Por  si el superordenador no te da una imagen de Xanadu, déjame decirte que  hay por lo menos un centenar de ellas por plataforma.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No puedo darte algo más exacto de momento.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Vaaale —farfulló con desgana.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Caminó entorno al espacio que conocía de aquel mundo virtual.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¡Sissi! —William observó las torres como si fuese a ver a través de ellas y encontrarla—. ¿Dónde estás?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;No hubo respuesta.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pensó,  con un toque de humor negro, en que Xanadu parecía el escenario de una  peli de terror del que fuese a salir un tío con máscara de hockey que  perseguiría escaleras arriba a una universitaria americana que, por un  motivo desconocido, acabaría corriendo en ropa interior y chillado como  una loca por un jardín gigante de cuidado césped verde reluciente que no  se acabaría nunca y clavarle un cuchillo gigante tantas veces que la  dejaría como un colador. Siempre se echaba unas buenas risas con esas  películas, pero no querría toparse con el tío de la máscara de &lt;i&gt;hockey&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Jérémie?  —llamó al chico esperando que tuviese el canal de comunicación  abierto—. No puedo ir torre por torre hasta dar con ella, un poco de  ayuda me vendría bien.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Un minuto —espetó secamente.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;William se encogió de hombros, sólo esperaba que en ese minuto no apareciesen aquellas cosas que habían atacado a Yumi.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¡Ey Sissi! ¡Grita si me escuchas! —bramó usando las manos a modo de megáfono—. Soy William. Me manda Odd.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Silencio.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El  aura de todas las torres era azul aunque aquello, lejos de  tranquilizarle, le ponía nervioso. Había algo diferente en Xanadu desde  el día anterior. Sentía la presencia de X.A.N.A. como si le mirase  fijamente el cogote.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Los peces chapotearon dentro del lago  cristalino, William no pudo reprimir el impulso de girarse para  mirarlos. Las ondas que se formaban en el agua cada vez que saltaban  dibujaban extrañas formas sobre la superficie líquida. Quiso aproximarse  para verlo más de cerca pero entonces todo quedó en calma. Los peces  volvían a nadar tranquilos y el agua dejó de agitarse. Con el ceño  fruncido se dio la vuelta y miró nuevamente las torres. Iba a llamar a  Jérémie otra vez pero de su garganta no salió ningún sonido, se quedó  con la boca abierta.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hacía tanto que Ulrich y Yumi no pisaban la  academia que tardaron un poco en orientarse, pero ahora ya no tenían  problemas para saber a dónde iban. Habían recorrido la mitad del campus,  pasando por el gimnasio desierto y finalmente se habían adentrado en el  edificio de la residencia para refugiarse e idear un plan.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Crees que le hemos despistado? —preguntó Yumi en un susurro.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Agazapados  a oscuras en la vieja sala de calderas respiraban con dificultad  después de la carrera que se habían pegado persiguiendo y huyendo del  monstruo de X.A.N.A. Llevaban un rato en silencio esperando a oír algo  que delatara que se acercaba o gritos en el exterior por cruzarse con un  &lt;i&gt;cangrejo&lt;/i&gt; gigante de ciencia ficción. Pero no se oía nada.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No lo sé... Tenemos que alejarlo de la escuela.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Suena  fácil. —Pese al tono apenas audible que usaba, Ulrich notó el sarcasmo  que teñía las palabras de Yumi—. ¿Se lo pedimos por favor? —Enarcó las  cejas y Ulrich contuvo las ganas de reír.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Hay que ser educado en cualquier situación, pero no creo que nos haga caso.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Yumi  se recogió el pelo y se lo sujetó con un lápiz naranja de procedencia  misteriosa ¿lo llevaba encima? ¿se lo había encontrado? A saber... la  cuestión era que allí estaba. No era un detalle tan importante como para  preguntar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Te acuerdas del ataque de la piscina? —Cuando las  mejillas de Yumi se encendieron supo que sí, que se acordaba—. Pues  haremos lo mismo… bueno más o menos. Tú por la derecha y yo por la  izquierda, nos encontramos en cinco minutos delante de la antigua  habitación de Jérémie.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Vale —susurró incorporándose.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Avanzaron con sigilo entre las sombras hasta la puerta metálica.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Ten cuidado —pronunció Ulrich con la mano sobre el pomo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Tú también.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Abrió sin más demora, se sonrieron mutuamente antes de correr en direcciones opuestas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;William  apenas logró hilar sus propios pensamientos con la suficiente lucidez  como para comprender lo que veía. La torre de Xanadu ya no era azul,  ahora era blanca. Caminó hacia ella como si estuviera hipnotizado, como  una polilla que vuela hacia una llama. Se formaron ondas rojas en la  superficie cuando entró. Pestañeó.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En el suelo luminoso de la  torre había alguien que se abrazaba las rodillas y repetía un nombre,  una y otra vez, como si fuera un mantra «Odd, Odd, Odd...».&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Sissi...?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La  muchacha alzó la vista, se levantó y se lanzó a los brazos de William  como si fuera una tabla que flota en mitad del océano tras un naufragio.  Temblaba, su falsa piel estaba helada. William la tomó por los hombros y  la apartó despacio.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La ropa de Sissi era similar a la de Odd. Una  ceñida malla blanca bordeada e hilada en rosa chicle la cubría casi por  completo y, sobre ella, un trajecillo pantalón que se mantenía en  equilibrio sobre su pecho sin mangas ni tirantes y abotonado con grandes  botones blancos de arriba abajo y las costuras hiladas en blanco. Unos  guantes hasta las muñecas, rosas y peludos, con una forma similar a los  de Odd; y unas botas con tacón y hasta el tobillo como patas de conejo  dibujadas por un niño. Dos grandes orejas blancas, alargadas y peludas  asomaban entre su pelo negro recogido en una elaborada trenza adornada  con flores azules y rojas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;William pensó que parecía la versión para todos los públicos de la conejita de &lt;i&gt;Playboy&lt;/i&gt; pero no lo dijo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Estás bien?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Sissi trató de contestar pero de su garganta sólo salió un quejido lastimero, así que asintió.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Menos mal —musitó—. ¿Jérémie?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El chico no contestó, estaría ocupado con el ataque de X.A.N.A. seguramente. La ayudó a sentarse sobre el símbolo luminoso.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Escúchame,  Sissi. —Se esforzó por infligir a sus palabras un tono suave y  tranquilizador—. Tendremos que esperar un rato hasta que Jérémie pueda  sacarnos. Odd está en Lyoko esperándote porque no sabemos como hacer que  pueda llegar aquí. ¿Lo entiendes?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No soy tonta —masculló.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Lo sé, sólo quería estar seguro que comprendías la situación.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Está luchando —afirmó la muchacha.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Sí.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El  motivo por el que Jérémie no contestaba era muy simple. La aparente  clama del sector del bosque se había esfumado en medio de una lluvia de  láseres y chorros de veneno.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Es qué no se acaban nunca? —gimió Aelita tapándose la cabeza con las manos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Avispones&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;cucarachas&lt;/i&gt; y &lt;i&gt;bloques&lt;/i&gt; actuando en perfecta sincronía. Cada vez que eliminaban a uno otro ocupaba su lugar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—X.A.N.A. no quiere dejarnos pasar —gruñó Odd.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Tener la torre tan cerca y no poder llegar a ella era frustrante. Odd disparó varias de sus flechas y abatió a tres de los &lt;i&gt;bloques&lt;/i&gt;  que fueron sustituidos al instante por otros tres. De su garganta brotó  un grito de exasperación, se puso de pie y corrió hacia los monstruos  disparando a diestro y siniestro, varios láseres impactaron en él y le  hicieron rodar por el suelo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Odd sólo te quedan diez puntos —informó Jérémie con voz nerviosa—. Deja de hacer el tonto.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Aelita  se arrodilló y juntos los dedos de sus manos, cerró los ojos, se  concentró y entonó la melodía que activaba su poder de sintetización, el  cuerpo de Odd quedó cubierto por rocas protegiéndole de los disparos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Puedes usar la &lt;i&gt;marabunta&lt;/i&gt;? —preguntó Aelita.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Lamentablemente no, Xanadu me quita la mayor parte de la memoria del superordenador.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Estamos en un punto muerto —se lamentó la muchacha.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En  Kadic Yumi había recorrido los pasillos desiertos de la residencia en  busca de posibles armas. Encontró tijeras, rizadores de pelo, zapatos de  tacón… nada útil. No era como cuando ellos estudiaban allí, siempre que  necesitaba un arma sólo tenía que correr a la habitación de Ulrich,  usar su copia de la llave y coger una de las que tenía colgadas en la  pared o dentro del armario. Pensó en que tal vez tendría tiempo de  acercarse al cobertizo del jardinero pero, en cambio, continuó su  trayecto hacia la antigua habitación de Jérémie.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Abrió la última  puerta que la separaba de su destino. Ulrich ya estaba delante de la  puerta con el palo de una escoba en la mano.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No he encontrado nada útil —musitó ella.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Toma. —Él le entregó lo que en otro momento había sido el palo de una fregona—. ¿Alguna idea de por dónde anda el bicho?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Me ha parecido escuchar ruido en el vestíbulo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Pues vamos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ulrich  caminó delante de ella con cautela blandiendo su palo de escoba como si  fuese su katana de Lyoko. Se asomó por la barandilla de la escalera y  no vio nada, pero sabía que el no verlo no significaba que no estuviera  allí, X.A.N.A. tenía muchos trucos. Los escalones parecían no acabar  nunca, la madera que los recubría crujía ligeramente bajo el peso de sus  cuerpos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Saltó por encima de la barandilla del último tramo,  impaciente. Las baldosas grises del suelo estaban arañadas observó todo  el vestíbulo mientras Yumi acababa de bajar los últimos escalones. La  puerta de la sala de la caldera estaba cerrada tal y como ellos la  habían dejado, el pasillo que llevaba a los cuartos de baño de los  profesores estaba a oscuras, la luz parecía haberse fundido y él no  lograba recordar si cuando habían pasado ya no funcionaban.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Aguzó  la vista tratando de ver a través de la oscuridad pero la claridad del  sol que se colaba por la puerta abierta le impedía ver nada.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Yumi  al otro lado del vestíbulo vigilaba la puerta que daba al exterior, pero  no había ni rastro del endiablado monstruo. Ulrich se giró a mirarla y  se encogió de hombros, tal vez se había marchado o ya habían desactivado  la torre.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Las mejillas de Yumi empalidecieron y él supo que algo  no iba bien. Volvió la cabeza y allí estaba cargando su láser, se apartó  sin pensar rodando por el suelo. Yumi ahogó un grito de dolor, le había  dado en el tobillo, se dejó caer al suelo con una mueca dolorosa.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ulrich, molesto consigo mismo por reaccionar sin pensar, rodó por el suelo hasta quedar bajo las patas del &lt;i&gt;cangrejo&lt;/i&gt;  y le clavó el palo de su escoba en el vientre, el monstruo se tambaleó y  lentamente se fue inclinando hacia adelante y no volvió a moverse.  Estaba "muerto" pese a no haber estallado como en Lyoko.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Estás bien? —le preguntó yendo hacia ella.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No es nada, sólo un arañazo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El muchacho se dio cuenta de que había cometido dos errores. El primero bajar la guardia con el &lt;i&gt;cangrejo&lt;/i&gt; en paradero desconocido y el segundo dar por hecho que sólo había uno.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Sujetó  a Yumi por la muñeca y la arrastró por el suelo apartándola del  monstruo, no había sido demasiado elegante, pero al menos la había  puesto a salvo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ulrich tomó el arma de Yumi y se encaró con el &lt;i&gt;cangrejo&lt;/i&gt;.  Y se dio cuenta de que acababa de cometer el tercer error del día.  Estaba demasiado cabreado con su propia reacción como para evitar los  riesgos innecesarios, no estaba en Lyoko, no se arriesgaba a quedar  desvirtualizado, se arriesgaba a no contarlo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La criatura de  X.A.N.A. cargó su láser, consciente de que si se apartaba le daría a  Yumi, estiró los brazos y permaneció inmóvil hasta que el disparo  impactó sobre su piel desgarrándole la ropa. Cayó al suelo y se retorció  de dolor.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Se recogió el pelo rojo con una goma. Era una mujer de recursos, aparte de una de las primeras &lt;i&gt;hacker&lt;/i&gt;  de la historia. Había robado secretos de los servicios de inteligencia  de casi todos los países del mundo. Así que algo tan simple como detener  un ataque de X.A.N.A. era pan comido.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Agitó los dedos en el aire y  se puso a teclear. Esquivar los protocolos de seguridad del  superordenador sin ser detectada por Jérémie Belpois no iba a ser fácil,  pero aunque la pillara, jamás podría rastrear una señal que cambiaba de  servidor a cada instante.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Por el rabillo del ojo observó como el &lt;i&gt;cangrejo&lt;/i&gt; disparaba a Ulrich y como éste se retorcía de dolor en el suelo. Tenía que pararlo. Y tenía que hacerlo ya.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Era  una imprudencia por su parte el entrometerse, pero la situación estaba  atascada en un fuego cruzado que no llevaba a ninguna parte y había un  muchacho a punto de pasar a mejor vida. Y, eso era algo, que no podía  permitir.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Obtener acceso directo a Lyoko fue sencillo, lidiar con  las torres sería más complejo, cabía la posibilidad de que X.A.N.A. le  bloquease así que decidió que lo más sensato sería echarles un cable a  los muchachos de Lyoko.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Desplegó un programa antiguo descartado en  su momento porque no creyeron posible que algún día tuvieran que  enfrentarse a la furia de X.A.N.A. Ahora le iba a ser muy útil. Lo  activó evitando así que su ejército se regenerase, claro que el efecto  apenas duraría unos minutos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Continuó con su labor de conseguir  acceso directo a la torre activada, una dura batalla. Tantos cortafuegos  y códigos encriptados y tan poco tiempo. En sus labios se dibujó una  sonrisa, los retos siempre eran un estímulo agradable.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Los chicos  habían logrado abrir una brecha en las líneas de X.A.N.A., Aelita corrió  hacia la torre. La sonrisa de la mujer de pelo rojo se amplió.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Aelita  estaba entrando, pero le dio igual. Tenía acceso a la torre. Tecleó el  código que había instalado ella misma hacía tantos años:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;ANÍBAL.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Aelita  puso la mano sobre el terminal flotante de la torre haciendo parpadear  su nombre. Un chisporroteo azul saltó de la pantalla y ella apartó la  mano y la sacudió, le había dado calambre como si acabase de meter los  dedos en el enchufe. Vio unas letras parpadear antes de que los ceros y  unos de las paredes interiores de la torre bajaran a toda velocidad del  mismo modo que ocurría cuando desactivaba las torres, pero ella no había  hecho nada.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Torre desactivada —pronunció una voz femenina.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Aelita  miró alrededor pero allí no había nadie. Claro que era imposible que  hubiese alguien más. Cuando una torre estaba activada sólo podía entrar  ella, tal vez William también, no estaba segura; aún en el caso de que  él pudiese acceder aquella no era su voz, de eso estaba tan segura como  de que necesitaba el oxígeno para seguir respirando.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Buen trabajo, Aelita —dijo Jérémie desde la fábrica.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No he sido yo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Cómo?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Digo que yo no he desactivado la torre.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Yumi  sentía la respiración violenta de Ulrich chocando contra su mejilla y  sus manos aferrándola con fuerza en un abrazo histérico. A ella le  dolían los dedos de las manos, se dio cuenta de que se los estaba  clavando en los riñones, igual de tensa y crispada que él. Tras el  disparo del &lt;i&gt;cangrejo&lt;/i&gt; Ulrich se había lanzado hacia ella para  protegerla de las patas afiladas del monstruo porque no había conseguido  ponerse de pie. La herida del tobillo no era un simple rasguño. Yumi  abrió un ojo y después el otro y soltó el aire aliviada. La pata del &lt;i&gt;cangrejo&lt;/i&gt; se había detenido a escasos centímetros de ellos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Supongo  que harán una vuelta al pasado. —La voz de Ulrich estaba cargada de  adrenalina—. Por qué no sé cómo vamos a ocultar a semejantes bichos de  los ojos del colegio.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Estás herido —musitó Yumi.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;No había  visto la herida, sólo sabía que un láser le había dado en el estómago y  ahora notaba la humedad que le calaba la camiseta. Aún sin verlo sabía  que Ulrich estaba sangrando.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Estoy bien.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La soltó poco a  poco. Se tumbó boca arriba con una mueca de dolor, como si acabase de  darse cuenta de lo que le había ocurrido. Yumi reprimió un grito, no  tenía muy buena pinta. «Presiona la herida con algo» le dijo una voz en  su interior. Se quitó la camiseta negra y la colocó sobre la herida a  modo de gasa para ejercer presión y, con suerte, detener la hemorragia.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ulrich  apartó la mirada y cerró los ojos, pero no porque le doliera tanto que  no pudiese soportarlo. Cuando la vio sujetarse la camiseta para  quitársela supuso que llevaría una de tirantes o manga corta debajo,  pero supuso mal. Había visto la cicatriz pálida que sonreía y la tela  marrón chocolate del sostén y prefirió no seguir mirando. Eso era  territorio vedado.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Te duele? —Estaba preocupada, se lo notaba en la voz.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Estoy bien —repitió.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Entonces por qué no me miras?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;«Porque no es una buena idea.»&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Estoy bien, en serio —contestó.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Yumi  se sacó el móvil del bolsillo trasero de su vaquero y llamó a Jérémie  para pedirle que hiciera una vuelta al pasado, que Ulrich estaba herido y  que los &lt;i&gt;cangrejos&lt;/i&gt; petrificados en mitad del vestíbulo de la  residencia no pasarían por una escultura modernista por más que ella se  empeñara en hacérselo creer a todo Kadic. Jérémie le explicó la  situación tan resumidamente como pudo y le contó el por qué no podía  hacerlo aún. Si saltaban al pasado no sabía que pasaría con Sissi, quizá  ya no podrían recuperarla. Ella lo comprendió pero eso no cambiaba la  situación.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Miró con agonía a su amigo que permanecía con los ojos  cerrados y se tumbó a su lado sin dejar de presionar sobre la herida.  Ulrich movió el brazo y le acarició la mejilla con la punta de los  dedos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Estoy bien, aguantaré.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Más te vale —musitó cerrando los ojos—. Si te mueres y me dejas sola haré que te entierren en el vertedero municipal.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ulrich soltó una risita, la creía capaz de profanar su tumba y arrastrarle hasta el vertedero para cumplir su amenaza.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Desde  aquella habitación llena de pantallas podía ver todo lo que grababan  las cámaras de seguridad del mundo entero. La vieja fábrica, la casa  desierta del Pirineo francés, &lt;i&gt;L'Hermitage&lt;/i&gt;, Kadic. Aquellos  lugares estaban siempre visibles en las pantallas, eran los únicos  sitios que merecían una atención constante. Por X.A.N.A. y por ella. Por  aquella mujer que había arruinado el trabajo de tantos años.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La  imagen que recibía del vestíbulo de la residencia de Kadic no le gustaba  lo más mínimo. La chica japonesa y el chico alemán permanecían tumbados  en el frío suelo de terrazo, ella estaba bien, él no. Necesitaban un  salto al pasado. Si llevaran al muchacho al hospital no podrían  justificar la quemadura del láser de un cangrejo, y si contasen la  verdad nadie les creería. Llamarían a la policía y ésta descubriría la  fábrica y el superordenador, la CIA no tardaría en deducir que "la mujer  muerta" estaba vivita y coleando, oculta a la vista de todos con sus  ojos verdes y pelo rojo delatores.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La mujer encendió un ordenador  antiguo, tanto que parecía imposible que todavía funcionase. Pero  aquello sólo era la vieja carcasa de un IBM, dentro se escondía el  primer superordenador. El prototipo de Carthago. Los programas  originales del superordenador. Exhaló un suspiro.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;«¿No te has  entrometido ya lo suficiente?» pensó enterrando la cara entre las manos.  «Sí» se contestó a sí misma. Se estaba convirtiendo en la reina de las  imprudencias. La mujer de pelo rojo suspiró. No sabrían separar el ADN  de la chica del código de X.A.N.A., porque pensaban en X.A.N.A. como en  un simple virus informático. No sabían qué era X.A.N.A. en realidad. Con  el chico americano se las habían apañado bastante bien, pero seguía  unido a X.A.N.A., las ondas rojas en las torres lo dejaban muy claro,  pero por el momento no era algo de lo que preocuparse y si se daban  cuenta podrían usarlo en su beneficio.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Determinó que no le quedaba más remedio que hacer aquello.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Abrió el correo electrónico del sistema interno del superordenador y tecleó.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;REMITENTE: Μνημοσύνη&lt;br /&gt;DESTINATARIO: Aelita Schaeffer&lt;br /&gt;ASUNTO: Elisabeth Delmas.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En  el amplio espacio para el texto del mensaje escribió un simple  "descárgalo" y después adjuntó un archivo, el que había servido de  plantilla para recuperar los datos iniciales del sujeto virtualizado. Un  programa precario y desfasado, pero que por el sistema que empleaba era  más eficaz, para ese tipo de problemas, que el que se instaló  definitivamente en los escáneres. Presionó la tecla de envío y contuvo  la respiración hasta que en la pantalla apareció el mensaje:  "Entregado"; y al poco rato: "Leído".&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En la fábrica Jérémie miraba  fijamente la única palabra de aquel mensaje. Tenía los brazos cruzados  sobre el pecho y las cejas fruncidas dibujando dos profundas arrugas  entre ellas. Se dio unos golpecitos sobre los labios y se echó hacia  delante.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;«Descárgalo»&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y lo hizo. Descargó el archivo adjunto  casi sin quererlo. Porque iba dirigido a Aelita Schaeffer. Porque era  un correo interno. Porque el asunto era Elisabeth Delmas. Porque  X.A.N.A. habría empleado un estratagema como "Soy Franz Hopper..." para  que lo hiciera. Porque, por algún motivo confiaba en el sujeto apodado &lt;i&gt;Μνημοσύνη&lt;/i&gt;. Porque tenía la esperanza de que fuese un mensaje de Franz Hopper. Muchos porques. Y ninguno razonable.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Empezó a instalarlo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Un  Odd cabizbajo y alicaído entró junto con Aelita. Jérémie se levantó le  puso una mano firme y afectuosa sobre el hombro. Había visto a Odd  triste alguna vez pero jamás tan... derrotado.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Puedes hablar con ella, si quieres —le dijo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Sí, gracias —musitó sin una pizca de ánimo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Odd  caminó hasta la butaca del superordenador y se puso el auricular en la  oreja. Se forzó a sonreír e insufló un falso tono de tranquilidad y  jovialidad a su voz.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Aelita, tengo que hablar contigo —susurró Jérémie apenas en un hilo de voz.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Puedes recuperarla verdad? —inquirió asustada.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Sí, creo que sí, pero no es eso.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Qué pasa? ¿Ulrich y Yumi están bien?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Jérémie suspiró, que Aelita entrase en pánico no iba a ayudarle precisamente.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Sólo  escúchame. —La muchacha le agarró con fuerza la camiseta y abrió los  ojos desmesuradamente. Jérémie sintió ganas de reír, el abrir los ojos  no la hacía parecer más tranquila. Le acarició la mejilla con el dedo  pulgar—. He recibido un mensaje a través del sistema de correo interno  del superordenador.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—X.A.N.A. —dijo Aelita de manera mecánica. Había usado aquel sistema una vez para hacerle creer que era su padre.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No  lo creo. —Ella se mordió el labio inferior y él lo liberó de la presión  que ejercían sus dientes con el dedo—. Tranquila. Es de alguien cuyo  nombre no sé leer, creo que es griego.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Un nombre griego, aquello le hizo pensar en su madre.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Me ha enviado un programa para el escáner.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Para el escáner?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Sí. Creo que es más preciso que el que tenemos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Más preciso? —Frunció el ceño al instante, parecía el eco repitiendo a modo de pregunta lo que Jérémie le decía.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No lo sabré seguro hasta que lo instale, pero sospecho que así es.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El  superordenador emitió tres pitidos cortos, Odd miró a Jérémie  confundido. Se situó al lado del chico y giró ligeramente el teclado  para escribir.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Puedes seguir hablando —le susurró a Odd.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El  programa estaba listo, pulsó varios de los métodos abreviados que había  memorizado años atrás para instalar el programa. Una de las  peculiaridades del superordenador era que no había ratón y que no  detectaba ninguno por más que él se empeñara, así que tuvo que  aprenderse las combinaciones de teclas que había en el "manual" del  superordenador escrito por Franz Hopper.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Una barra azul apareció en una esquina de la pantalla, se estaba instalando y lo hacía a toda velocidad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Tendrás que dejarme la silla.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Odd  se levantó de un salto sin dejar de hablar con Sissi y Jérémie volvió a  ocupar su lugar. «Instalación completa». Esperó no tener que  arrepentirse de haber instalado aquello y que su intuición sobre el  mensaje no fuese errónea.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Dile a William que salga de la torre voy a hacer un escáner de ella.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Odd  retransmitió la petición del muchacho y tranquilizó a Sissi  asegurándole que no iba a dolerle, que era como un cosquilleo agradable.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Odd —susurró Sissi.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Dime —contestó alzando la mano indicando a Jérémie que esperase.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Te mentí.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿De qué hablas? Eso ahora no importa...&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Cuando me dijiste que si salía contigo me ayudarías con Ulrich.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Me hablas de Kadic? —farfulló confundido—. Da igual, cuéntamelo luego.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No —determinó tajante—. No quería que me ayudaras con él, sólo era una excusa para seguir viéndome contigo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El  muchacho se frotó la barbilla con dos dedos mientras hacía memoria, la  recordaba demasiado contenta cuando supo que Yumi se iba para no haber  estado interesada en la ayuda con Ulrich.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Sólo quería que lo supieras.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;»Ya estoy lista.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Se puso de pie en el centro de la plataforma y cerró los ojos a la espera. Escuchó la voz de Jérémie.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No te pongas nerviosa —le pidió Odd.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No lo estoy.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Notó  como sus pies dejaban de tocar el suelo, había estirado los brazos de  manera involuntaria y el cuerpo entero le hormigueaba como si la  recorriese una suave corriente eléctrica. Era agradable, Odd tenía  razón. Sentía su piel caliente pero no tenía calor. Sus pies volvieron a  tocar el suelo y Sissi abrió los ojos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Estás preparada para volver? —le preguntó Jérémie.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Y... Odd?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—En la sala de los escáneres, esperándote —contestó.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Estoy preparada.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Jérémie  agitó los dedos sobre el teclado antes de activar el programa de  materialización, se había quedado sólo frente al superordenador.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Materializar William. Materializar Sissi.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pulsó el &lt;i&gt;enter&lt;/i&gt;  y corrió al ascensor. Esperaba que hubiese funcionado. La puerta se  abrió y él saltó afuera con los ojos desorbitados. Las puertas de la  cabina del escáner estaban cerradas y emitía su peculiar zumbido. Aelita  se mordisqueaba una uña inquieta arrodillada junto a William que,  sentado en el suelo, estaba pálido como la cera aún bajo los efectos del  complicado viaje de regreso desde Xanadu, y Odd que repiqueteaba con el  pie en el suelo y mantenía los brazos cruzados con tanta fuerza que se  le marcaban los delgaduchos músculos a través de la camiseta púrpura.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Las  puertas se descorrieron inundando la sala de silencio. Salía una  barbaridad de humo del interior de la cabina, nunca habían visto tanto,  allí dentro no parecía haber nada. Jérémie creyó oír como Odd se  crispaba y sintió pánico durante un instante, hasta que el humo empezó a  disiparse y una figura ovillada empezó a intuirse en el suelo del  escáner.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Odd se abalanzó sobre el aparato y la sacó del interior con tanta delicadeza que parecía imposible.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Sissi... —susurró pero no hubo respuesta.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La  mujer de pelo rojo esperó a que la cámara de la sala de los escáneres  mostrara la imagen de la muchacha para activar una vuelta al pasado. El  superordenador guardaba muchos más secretos de los que habían  descubierto y los programas eran mucho más eficientes de lo que ellos  creían, se habían limitado a rascar la capa de pintura que ocultaba la  realidad del proyecto Carthago.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Salto al pasado —musitó con una  sonrisa satisfecha la mujer pelirroja antes de ser engullida por la luz  blanca proveniente de la fábrica parisina.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;Continuará&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;i&gt;&lt;u&gt;&lt;b&gt;Aclaraciones:&lt;/b&gt;&lt;/u&gt;&lt;/i&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Μνημοσύνη:&lt;/b&gt;  Mnemósine o Mnemosina, en la mitología griega es la personificación de  la memoria. Es una de las titánides (hija de Gea y Urano) y es madre de  las musas con Zeus. No confundirla con Mneme.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Escrito el 01 de mayo de 2011&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7313635411078290463-1682912487254142624?l=fictionniikura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fictionniikura.blogspot.com/feeds/1682912487254142624/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2011/05/adqst-16-perdida.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/1682912487254142624'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/1682912487254142624'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2011/05/adqst-16-perdida.html' title='ADQST 15.- Perdida'/><author><name>Nat Niikura</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04994620941555549861</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_y0oqfuuRoDE/SKV3CsUfUhI/AAAAAAAAABw/4WbC3LSB0-4/S220/ahoy+garabatosb.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/th_Rating16.png' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7313635411078290463.post-6397849588633751462</id><published>2011-04-29T22:49:00.001+02:00</published><updated>2011-04-29T22:55:19.845+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Code: Lyoko'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Amor Virtual'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Clon William'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fanfic'/><title type='text'>Amor Virtual I</title><content type='html'>&lt;a href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png"&gt;&lt;img style="width: 150px; cursor: pointer; height: 150px;" alt="" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/AvCodelyoko.jpg"&gt;&lt;img style="width: 150px; cursor: pointer; height: 150px;" alt="" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/AvCodelyoko.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Code: Lyoko y sus personajes pertenecen a MoonScoop y France3.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;Amor virtual&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y  ahí estaba él con sus ojos azules que parecían ser de vidrio calvados  en la pantalla del ordenador. Cuando no estaba en clase se dedicaba a  eso. A mirar su pantalla.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;«Jérémie ¿tengo sentimientos?» le había preguntado a su creador y amigo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;«Eres un programa informático» le había contestado éste. «No puedes tenerlos».&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Él  no era muy espabilado, al menos eso le decían todos, aunque no sabía  qué significaba no ser espabilado. Quizás para tener sentimientos tenía  que ser espabilado.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;«Yumi, ¿cómo puedo ser espabilado?» ella le  había sonreído provocándole un calorcito y un hormigueo muy agradables  en el pecho. Él creía que aquello era porque la apreciaba, pero para  apreciar necesitaba sentimientos. Era todo demasiado complicado.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Había  pensado, tumbado en la cama mientras los demás dormían, en que  necesitaba a alguien como él, otro programa informático, alguien que le  comprendiera realmente y, con un poco de suerte, más hábil en la  comprensión de los humanos. Por eso llevaba una semana frente a su  ordenador después de cumplir con sus obligaciones como William Dunbar,  asistir a clases, comer, pasar un rato en la sala de recreo...&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La  programación no era ningún misterio para él, así que había hecho un  programa para crear una compañera virtual. Había empezado con los  parámetros más sencillos, el aspecto físico.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Su chica virtual sólo  podía ser de una manera. De piel blanca como la nieve, pelo negro como  la noche y ojos oscuros y mágicos como dos pedazos de azabache. Alguien  como Yumi, porque él estaba seguro de que la quería y ella era la única  en la que veía algo interesante, el resto de chicas eran insustanciales.  También le suscitaba preguntas, como si sus ojos rasgados verían igual  que los suyos o si, en cambio, sería como mirar a través de una lente  diferente en una cámara.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La Yumi virtual le miraba desde el otro  lado de la pantalla con sus ojos carentes de vida y sus mejillas  pálidas. Por desgracia el brillo de sus ojos y el tono rosado al  avergonzarse no podía recrearlo, pero no le preocupaba demasiado, porque  no era real.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La matriz de la inteligencia artificial se  desplegaba ante sus ojos junto a la cara ovalada de ella mientras él  añadía parámetros, rutinas y subrutinas. Era fácil. Si surgía alguna  cualidad emergente dañina sólo tenía que revisar los códigos del  programa que le sustentaba a él desde el superordenador para corregirlo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ya todos dormían cuando decidió que había llegado la hora de probar si había salido bien o no. Presionó el &lt;i&gt;enter&lt;/i&gt;  y los códigos binarios danzaron en la pantalla antes de fundir a negro y  mostrar perezosamente el rostro de su compañera. La webcam encendida le  ofrecía a ella una imagen de él mirándola a los ojos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—-¿Quién eres? —pronunció ella con voz mecánica, inhuma y rasposa, tendría que mejorar eso.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Un clon polimórfico de William Dunbar —contestó él.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Quién soy yo? —preguntó ella inexpresiva.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La  podría llamar Yumi, pero no le pareció apropiado. Buscó en su base de  datos interna un nombre similar pero distinto a la vez. Yuri, lirio. Un  nombre hermoso.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Yuri —dijo tras apenas unas milésimas de segundo—. ¿Te gusta ese nombre?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Un  intento de mueca indiferente se dibujó en sus facciones virtuales, se  encogió de hombros haciendo uso de los datos sobre gesticulación humana  que él había incluido en su programa.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No está mal. ¿Yo también soy un clon polimórfico de William Dunbar?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—-No.  –-Sus cuerdas vocales vibraron como si de ellas tuviera que alzarse  algún sonido, últimamente le ocurría con frecuencia. Quizás estaba  estropeado, tendría que decírselo a Jérémie—. Eres un prototipo de  inteligencia artificial. El prototipo 01. Tu programa no tiene nada que  ver con el mío.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;»He tomado la imagen de Yumi Ishiyama para crearte.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Por qué?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Abrió  la boca para contestar pero no pudo, no encontró respuesta lógica a su  pregunta. Volvió a cerrarla y se encogió de hombros.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No lo sé.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Clon polimórfico de William Dunbar. ¿Quién es Yumi Ishiyama?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Llámame  sólo William —contestó, su ceño se frunció sin él ser consciente de  ello. Le había molestado que le llamase así—. Yumi es una amiga de  Jérémie, él me creó a mí. Yumi iba a clase con el William Dunbar real.  Es...&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Tu amiga?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Sí, creo que sí...&lt;/p&gt;&lt;p&gt;A partir de  aquel día, noche tras noche, mientras Kadic dormía William y Yuri  intercambiaban datos y trabajaban juntos en el programa de ella para  mejorarla.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La voz de Yuri empezó a sonar humana tras un mes de  duro trabajo, se parecía a la de Yumi, pero era más suave. Los pequeños  matices en los tonos llegaron algo más tarde gracias al visionado  intensivo de varias películas y series de televisión, modulando los  hercios con precisión milimétrica.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Siguiendo el mismo método pulieron los defectos de su expresividad facial, transformándolas en sencillas y naturales.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cuando  no trabajaban él le explicaba cómo era vivir entre los humanos, las  cosas extrañas y poco lógicas que hacían a diario, como lanzar vasos  colocados sobre tenedores. La sensación del viento helado acariciándote  la piel como cientos de agujas frías. La hiriente luz del sol, al salir  de un lugar oscuro, quemándote los ojos. El tacto de otra piel sobre la  tuya en una caricia cálida.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ahora estaba allí una noche más mirando sus ojos virtuales rasgados y sus labios rojos y carnosos curvados en una sonrisa.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;De  algún modo su programa de inteligencia artificial había evolucionado de  una manera imprevista. Yuri era un 99.99% humana, si poseyera un cuerpo  como el suyo nadie podría diferenciarla de cualquier persona normal.  Sonreía, reía, tenía ganas de llorar, se emocionaba y desilusionaba. Y  le quería, Yuri le quería aunque él en principio no tuviese  sentimientos. A ella no le importaba.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Con o sin sentimientos,  William, poseía sentido de la justicia. No era justo mantenerla  encerrada en un ordenador, le pediría permiso a Jérémie para usar el  superordenador y materializarla en el mundo real. No podría negarse,  ¿no?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El sol inició su ascenso perezoso colándose por la ventana  tiñéndolo todo de púrpura y dorado. La webcam en su mano enfocaba el  amanecer para ella y él sonreía.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Él también deseaba ser humano.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Se despidió de Yuri y fue al encuentro de Jérémie que se frotaba los ojos adormilado sentado aún en la cama de su cuarto.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Jérémie ¿puedo usar el superordenador para materializar a un clon polimórfico?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El  muchacho le miró parpadeando repetidamente como comprobando que estaba  despierto. Sacudió la cabeza y su fino pelo rubio se agitó enmarañándose  ligeramente.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Qué has dicho?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Quiero materializar a Yuri desde el superordenador.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Quién es Yuri?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El  clon de William caminó hacia la puerta invitándole a seguirle. Jérémie  dos pasos por detrás de él rumiaba inquieto, desde hacía unos meses el  clon parecía estar desarrollando demasiada voluntad propia, empezaba a  írsele de las manos y eso le asustaba. Que imitara a Odd era peligroso,  que empezase a pensar libremente era el aviso del fin del mundo, podría  acabar siendo aún peor X.A.N.A.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;William abrió la puerta despacio,  la única luz era la del sol. La pantalla del ordenador se puso en marcha  sola y un rostro demasiado similar al de Yumi apareció sonriente.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿William? —dijo la chica virtual. A Jérémie le recorrió un gélido escalofrío de pies a cabeza—. Has vuelto muy rápido.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Éste  es Jérémie. —Señaló al joven petrificado—. El que me creó a mí. Ella es  Yuri, el prototipo de inteligencia artificial 01, mi compañera.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Destrúyela de inmediato —logró pronunciar con voz ahogada.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;William le miró inexpresivo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Por qué? —preguntó—. Yuri es como tú.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No, no lo es.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Es inteligente y tiene emociones.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No, clon idiota, es un programa informático igual que tú. Un montón de ceros y unos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La pantalla se apagó y la imagen de Yuri se desvaneció como una pesadilla al despertar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—La has hecho llorar, Jérémie.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¡No puede llorar! Destrúyela o lo haré yo mismo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Pero yo la quiero.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y  así era, lo sentía en la calidez que le invadía el pecho, en el ritmo  que adquiría su falso corazón, en el deseo de verla y en el de poder  tocar su piel.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No puedes querer, Wi..&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Jérémie se detuvo.  ¿No podía? Recordó la conversación que mantuvieron tiempo atrás en la  cafetería cuando les confesó que había usado uno de los programas que ya  estaban en el superordenador, temiendo crear un nuevo X.A.N.A., Yumi  les dijo «o peor aún, un ser humano». Tenía razón.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ella resurgió  en la pantalla, William posó su mano sobre el monitor y ella lo hizo  también, palma contra palma, como dos personas que se ven a través de un  cristal y colocan sus manos juntas en busca del calor de la piel del  otro. Jérémie se estremeció.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Quiero a William —declaró—. Soy una IA avanzada, poseo sentimiento y él también. Si tú le creaste debes saberlo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Jérémie  la miró y fue como verse a sí mismo dos años atrás cuando encendió el  superordenador y encontró a Aelita. Aun cuando creía que era un programa  informático con una IA alucinante había deseado materializarla, se  había enamorado de ella. Un molesto dolor de cabeza empezó a  martillearle las sienes.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No puedes traerla. Hablaré con los demás.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Jérémie se esfumó con los hombros caídos hacia adelante y la espalda curvada. Yuri suspiró.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Me apagará —musitó.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No lo hará, es un tío guay. Cuando me desconecte a mí seguro que te trae.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Yuri le sonrió. Cuando el clon polimórfico de William Dunbar &lt;i&gt;muriese&lt;/i&gt; ella lo haría con él. No tendría sentido vivir sin él.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Me quieres? —preguntó ella.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Mucho. ¿Y tú a mí?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Sí.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Estaremos juntos —dijo él—. De algún modo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pero  a diferencia de él que estaba lleno de inocencia ella sabía que no lo  estarían. Eran dos condenados a la soledad y la desgracia eternas. Dos  seres a los que los humanos jamás entenderían y por eso les temían.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Lo que decían por ahí no era cierto. El amor no podía con todo.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;Continuará&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Escrito el 29 de enero de 2011&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7313635411078290463-6397849588633751462?l=fictionniikura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fictionniikura.blogspot.com/feeds/6397849588633751462/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2011/04/amor-virtual-i.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/6397849588633751462'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/6397849588633751462'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2011/04/amor-virtual-i.html' title='Amor Virtual I'/><author><name>Nat Niikura</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04994620941555549861</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_y0oqfuuRoDE/SKV3CsUfUhI/AAAAAAAAABw/4WbC3LSB0-4/S220/ahoy+garabatosb.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/th_Rating16.png' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7313635411078290463.post-836780902671181891</id><published>2011-04-29T22:39:00.004+02:00</published><updated>2011-04-29T23:00:31.741+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Code: Lyoko'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Amor Virtual'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Clon William'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Indice'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fanfic'/><title type='text'>AMOR VIRTUAL</title><content type='html'>&lt;a href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png"&gt;&lt;img style="width: 150px; cursor: pointer; height: 150px;" alt="" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/AvCodelyoko.jpg"&gt;&lt;img style="width: 150px; cursor: pointer; height: 150px;" alt="" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/AvCodelyoko.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Género:&lt;/strong&gt; Romance, Angst&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Advertencias:&lt;/strong&gt; Ninguna&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Clasificación:&lt;/strong&gt; Hetero&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Categoría:&lt;/strong&gt; Fanfic&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Serie:&lt;/strong&gt; Code: Lyoko&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Pareja:&lt;/strong&gt; Clon de William, OC&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Año:&lt;/strong&gt; 2011&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Estado:&lt;/span&gt; En proceso&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Capítulos:&lt;/strong&gt; 2&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;«Jérémie ¿tengo sentimientos?» le había preguntado a su creador y  amigo.«Eres un programa informático» le había contestado éste. «No  puedes tenerlos»&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;strong&gt;N/A: Code: Lyoko es propiedad de MoonScoop y France 3 &lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Versión en castellano // Versió en català &lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;strong&gt;Listado de capítulos:&lt;/strong&gt; &lt;/div&gt;01.- &lt;a href="http://fictionniikura.blogspot.com/2011/04/amor-virtual-i.html"&gt;I&lt;/a&gt; //&lt;br /&gt;02.- II&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7313635411078290463-836780902671181891?l=fictionniikura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fictionniikura.blogspot.com/feeds/836780902671181891/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2011/04/amor-virtual.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/836780902671181891'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/836780902671181891'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2011/04/amor-virtual.html' title='AMOR VIRTUAL'/><author><name>Nat Niikura</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04994620941555549861</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_y0oqfuuRoDE/SKV3CsUfUhI/AAAAAAAAABw/4WbC3LSB0-4/S220/ahoy+garabatosb.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/th_Rating16.png' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7313635411078290463.post-5896497892859628212</id><published>2011-04-24T20:40:00.002+02:00</published><updated>2011-04-24T20:45:08.284+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Veinticinco Momentos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Code: Lyoko'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ulrich x Yumi'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fanfic'/><title type='text'>25M XVI.- Salado</title><content type='html'>&lt;a href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png"&gt;&lt;img style="width: 150px; height: 150px;" alt="" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/AvCodelyoko.jpg"&gt;&lt;img style="width: 150px; height: 150px;" alt="" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/AvCodelyoko.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Code: Lyoko y sus personajes son propiedad de MoonScoop y France3.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;XVI.- Salado&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Un viaje a una playa. Ese era el plan infalible de Odd.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El  plan era muy simple. Odd iba a invitar a los chicos, Ulrich, Jérémie y  William, y ellos tendrían que invitar a la chica de la que estuviesen  enamorados. Contaba con que Jérémie invitaría a Aelita, estaba  convencido de que Ulrich haría lo propio con Yumi y que William lo haría  con la chica misteriosa que al parecer le gustaba. Él, por su parte, ya  había decidido que su nueva &lt;i&gt;víctima&lt;/i&gt; sería Sissi Delmas, no  perdía nada por intentarlo y, en cambio, podía ganar un viaje al paraíso  o a los confines del mismísimo infierno junto con una dolorosa  bofetada.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La idea la había sacado de una de esas películas  empalagosas que había ido a ver con su ligue de hacía un mes. Era una  idea cursi, ñoña y tonta, pero si servía para espabilar a los tortolitos  lentos... en fin. Esperaba que así fuera.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Abordó a William en el  gimnasio, donde sabía que estaría gracias al chivatazo de Hiroki. Al  parecer le había dado por practicar karate por su cuenta para evitar  pelearse con Ulrich, no era ningún secreto que si les daban la  oportunidad llegarían a hacerse el máximo daño posible.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Se detuvo  con el pie del muchacho a pocos centímetros de su nariz. No había sido  muy inteligente por su parte meterse en medio de un "megacombo" de  patadas y puñetazos al aire. Una suerte que William tuviese buenos  reflejos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Qué te trae por el rincón de los desplazados? —Sonrió bajando la pierna como si nada hubiese ocurrido.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Mira,  tú sabes tan bien como yo que esta situación no puede durar mucho más  —declaró moviendo las manos—. A Yumi y a mí ya se nos ha pasado el  cabreo contigo. —Dibujó unas comillas en el aire al pronunciar "cabreo".  Porque, por supuesto, no estaban enfadados, sólo era un poco de  paranoia e incomodidad—. Aelita está deseando que te juntes con  nosotros, a Jérémie le duele el orgullo pero por lo demás no tiene  ningún problema contigo, y Ulrich... bueno, es Ulrich —finalizó  encogiéndose de hombros.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Y eso significa qué...?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—He  sobornado a mi hermana para que nos preste la casa de la playa para toda  la primera semana de vacaciones. —Hinchó el pecho orgulloso. No había  sido tarea fácil—. Quiero que vengas tú también.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;»Sólo hay una condición.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Cuál?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Tienes que invitar a tu chica misteriosa. Dime que no es Yumi...&lt;/p&gt;&lt;p&gt;William soltó una sonora carcajada y le palmeó el hombro haciendo que Odd se tambalease.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No es Yumi —declaró quedándose tan ancho.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Odd  respiró aliviado, mira que si Hiroki le hubiese engañado y acabase de  propiciar el inicio de la Tercera Guerra Mundial en casa de su  hermana...&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Puedo saber quién es?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Emilie Leduc.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Los  ojos lavanda de Odd se abrieron de par en par, Emilie no era el tipo de  chica en la que alguien como William se fijaría, al menos eso le parecía  a él. Teniendo en cuenta lo colado que estuvo por Yumi… Si hubiese  tenido que apostar por una chica lo habría hecho por Priscilla Blaisse,  una de las mejores amigas tanto de William como de Yumi.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Qué? —inquirió cruzándose de brazos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Me ha… sorprendido.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Por qué? Es una chica fascinante.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Lo único que logró hacer Odd fue asentir y salir dándole vueltas a la imagen de Emilie.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Se  detuvo frente a las máquinas expendedoras de bebidas y se sacó un  chocolate caliente, la impresión le había dado hambre y tendría que  conformarse con eso hasta que abriesen la cafetería para almorzar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Su  segundo invitado sería Jérémie, porque seguramente sería al que más  tiempo le llevaría encajar que tenía que invitar personalmente a Aelita.  Destino: la habitación individual de Einstein.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Se puso en marcha saboreando su chocolate caliente con una mueca satisfecha.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Subió  las escaleras con cautela, lo último que quería era poner sobre aviso a  Jim y que le largase de una patada en el trasero hasta el vestíbulo.  Como si de una película de espías se tratase se deslizó por las paredes  verdosas, rodando por el suelo cuando se acercaba a las intersecciones  de los pasillos. Sigiloso y silencioso como un ninja.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Dio tres  golpecitos sobre la madera de la puerta de su amigo y aguardó. Apenas  unos segundos después, Jérémie asomó la cabeza, con mirada distante y  varias teclas marcadas en la frente. Nuevamente se había dormido sobre  el teclado, alguien debería aconsejarle que usase la cama y la almohada  en vez del escrito y el teclado.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Jérémie se hizo a un lado dejando  entrar a Odd que estrujó el vaso de plástico del chocolate y lo lanzó a  la papelera con una puntería envidiable.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Déjame adivinar —canturreó Odd—. Te has vuelto a dormir mientras trabajabas en el ordenador.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Cómo lo sabes? —Abrió los ojos sorprendido, había dado en el clavo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Las teclas marcadas en tu frente te delatan.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Jérémie  frunció el ceño y torció los labios en una mueca de fastidio al tiempo  que se masajeaba la frente tratando de hacer desaparecer las marcas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Vengo con una oferta que no podrás rechazar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No sé por qué pero no me convence.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No  seas así. —Odd alzó los brazos al techo en un gesto de exasperación—.  He estado pensando en qué podríamos hacer ahora que llegan las  vacaciones. Tal vez sea sólo cosa mía pero, desde que X.A.N.A. no está,  tengo la sensación de que entre nosotros falta un poco de unión. Así que  he estado ideando el plan perfecto...&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Odd asintió con los brazos cruzados sobre el pecho y con las cejas enarcadas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Mi plan perfecto consiste en un viajecito a la playa.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿La playa?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Sí, la playa, Jérémie.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Dónde está la trampa? —inquirió el joven genio con suspicacia.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No hay trampa —replicó Odd—. Sólo una pequeña condición.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Jérémie  suspiró y agachó la cabeza, las gafas de pasta negra resbalaron nariz  abajo hasta quedar en equilibrio sobre la punta amenazando con caer. El  muchacho se las subió con un gesto mecánico y demasiado habitual.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Eso me temía —añadió—. ¿Cuál?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Es muy fácil. Lo único que tienes que hacer es invitar a Aelita.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Por qué no lo haces tú?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Porque digamos que es algo así como un viaje de parejas —declaró orgulloso.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿¡Qué!&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Odd  sonrió satisfecho, había predicho aquella reacción. Se sentó sobre la  cama sin deshacer de su buen amigo y cruzó las piernas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Míralo de esta manera: es la oportunidad de presionar un poco a Ulrich y &lt;i&gt;desbloquear&lt;/i&gt; la situación. —Eligió aquella palabra en clara alusión a sus viejas aventuras en Lyoko.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Desbloquear?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—A veces es más tonto que dos &lt;i&gt;bloques&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Jérémie rió. Los &lt;i&gt;bloques&lt;/i&gt; eran de los monstruos preferidos de Odd, le encantaba &lt;i&gt;desbloquear&lt;/i&gt; la situación.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Si  William invita a su chica, tú a Aelita y yo a una preciosidad...  —Prefirió no pronunciar el nombre de Sissi, no hubiera sido una buena  idea, ni siquiera tenía la seguridad de que ella aceptase—. Lo lógico es  que Ulrich invite a su Yumi.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Frena —ordenó—. ¿Has dicho William?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Sí.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No es una buena idea, Odd.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¡Venga ya! ¿Hasta cuándo vamos a fingir que es el único culpable de lo que pasó?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Jérémie  suspiró. Menudo golpe bajo. Ya había asumido que tenía una parte de la  culpa, no necesitaba que nadie se lo dijera. Irguió los hombros.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No es eso —musitó—. Te recuerdo que Ulrich y él no sé llevan precisamente bien.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Ya se le pasará. —Odd se levantó de un salto—. No te olvides de pedírselo a Aelita, y a ver si de paso os &lt;i&gt;desbloqueáis&lt;/i&gt; vosotros también.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El  muchacho farfulló completamente rojo, pero Odd no le prestó atención.  Cerró la puerta, hinchó el pecho orgulloso y volvió a escabullirse, ésta  vez, escaleras abajo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Sólo le quedaba uno, seguramente el que más guerra iba a darle pero el que más ganas tendría de ir.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Atisbó  el campo de césped donde entrenaba el equipo de fútbol al completo con  su equipación azul. Ulrich chutaba a la portería con aquellas ganas que  te hacían desear no cruzarte en la trayectoria del balón, por  desagracia, Matthieu Ducrocq no podía evitarlo. Era el portero.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Yumi,  sentada en la grada, leía un libro o, más bien, hacía como que leía un  libro. No era ningún secreto que iba sólo para ver entrenar a Ulrich. Se  sentó con ella y esperó a que el entrenamiento acabase para seguir a su  amigo hasta el vestuario.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Ulrich —canturreó animado—. Tengo una oferta imposible de rechazar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Miedo me dan tus ofertas. —Suspiró.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Odd frunció el entrecejo, por qué todos desconfiaban de sus ofertas e ideas insuperables. Nunca lo entendería.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Nos piramos a la playa toda una semana, sin adultos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Pretendes que me lo crea?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Va en serio, iremos a casa de mi hermana Pauline. Ella se marcha toda la semana a Eden, así que la casa estará vacía.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Dónde está la cámara? —inquirió poniendo la mano a modo de visera y observando todos los rincones del vestuario.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Invita a tu chica.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Vio,  con gran satisfacción, como todos los músculos de Ulrich se tensaban y  sus mejillas se volvían tan rojas que no debía quedarle una gota de  sangre en el resto del cuerpo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Qué chica?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No te hagas el longui conmigo, Ulrich —espetó exasperado—. Yumi, ¿quién si no?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Yumi y yo sólo...&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Sois amigos —finalizó la maldita frase de siempre—. O dos idiotas que juegan a ser amigos mientras suspiran por el otro.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ulrich  le taladró con la mirada completamente avergonzado. Sabía que era un  idiota que suspiraba por su mejor amiga sin atreverse a dar el paso. Lo  último que necesitaba era que Odd se lo recordase.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Sólo amigos —masculló en un pésimo intento de convencerle.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Si eso te va a hacer sentir mejor. —Odd se encogió de hombros—. Invita a tu "sólo amiga".&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Por qué no lo haces tú?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Yo he conseguido la casa, la comida y he ideado el plan. Las chicas son cosa vuestra.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En  cuanto vio que Ulrich fruncía el ceño y se echaba hacia delante supo  que era el momento de escurrir el bulto. Sin dudarlo se esfumó.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Si  Ulrich se ponía a interrogarle iba a acabar fastidiándole todo el plan.  Al menos ahora no le quedaría más remedio que obedecerle e invitar a  Yumi.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Por su parte Ulrich se dejó caer en uno de los bancos de  madera que había en el vestuario. ¿En serio pretendía Odd que la  invitase él? Suspiró. Era una buena oportunidad, de hecho era la mejor  que se le presentaba en mucho tiempo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Sí. Buscaría a Yumi y se lo  diría. «Ven conmigo al viaje a la playa» eso era lo que tenía que decir.  Sólo siete palabras. Lo haría. Lo conseguiría. Marcaría el mejor gol de  su vida.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Olfateó su camiseta. Mejor se duchaba antes, dudaba que a Yumi le gustase que oliese como un equipo completo de fútbol.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Se  desnudó, cogió las cosas para el aseo y se dio la ducha más rápida de  toda su vida. Si se hubiese cronometrado seguramente habría batido el  récord de velocidad de Odd. Se puso la ropa de calle sin haberse secado  del todo, suerte que ya estaban a finales de junio y hacía calor. Se  frotó el pelo enérgicamente con la toalla y embutió toda la equipación  dentro de su taquilla del vestuario, más tarde ya se preocuparía de  llevársela para lavarla.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Corrió hacia la puerta pero reculó,  volvió a abrir su taquilla, sacó un bote de colonia y se echó. Oler bien  era un requisito imprescindible, no bastaba con estar limpio. El pelo  aún le goteaba y ni siquiera se había peinado, tampoco era como si su  pelo fuese a dejarse domar por un peine. Cinco minutos después de  haberse pasado el peine siempre parecería que no se había peinado de  todas maneras.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Oteó los alrededores en busca de su buena amiga, la  había visto durante el entrenamiento y estaba seguro de que no se  habría marchado aún, no sin haberse despedido como siempre hacía. La  divisó sentada en un banco con William, aquello le hizo hervir la  sangre. Ese maldito William siempre en medio. Se acercó con sigilo y se  ocultó tras uno de los arbustos que limitaban con el bosque, lo bastante  lejos para no ser visto pero lo suficientemente cerca para oír que  decían.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Nos lo vamos a pasar genial, tomando el sol juntitos,  hablando hasta altas horas de la noche, besarnos en la orilla de mar  bajo la luz de la luna...&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Deja de soñar despierto, tonto. —Rió Yumi.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¡En serio! Va a ser el mejor viaje a la playa de nuestras vidas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;«Suficiente»  pensó Ulrich «ya he oído bastante». Se alejó pateando las piedras que  se metían en su maldito camino. Lo que no sabía es que debería haber  seguido escuchando.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Entonces ¿vas a pedírselo de verdad? —preguntó Yumi.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Sí, aunque no sé si va a querer, no tenemos tanta confianza.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Bueno... —siseó—, dile que si se cansa de ti puede venirse con Aelita y conmigo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;William sonrió revolviéndole el pelo con energía.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Pobre Emilie —continuó la muchacha mientras se peinaba con los dedos—. No sabe la que le ha caído.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¡Bah! No sabe &lt;i&gt;usted&lt;/i&gt; lo que dice, señorita arma.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¡Quieres dejar de llamarme así &lt;i&gt;baka&lt;/i&gt;!&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Cambiando de tema ¿vas a ir con Ulrich?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No me lo ha pedido —siseó en tono ofendido.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El muchacho la miró sin creérselo ¿a qué esperaba? Ulrich lo tenía infinitamente más fácil que cualquiera de los demás.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Lo hará —determinó poniéndose en pie.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Yumi esbozó una sonrisa triste.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Ya... —susurró en tono apenas audible.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Parado  en la intersección y con la respiración agitada por la rabia, Ulrich,  fulminaba con la mirada el suelo pensando qué podía hacer para arreglar  aquella situación. La razón le gritaba que no actuase en caliente y que  pensase un poco, pero su carácter le dirigía por otro camino menos  razonable.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Yumi pensaba ir con William, pues muy bien. Él iría con  la única persona que la había cabreado lo suficiente como para que  dejase entrever lo que sentía por él. Si quería guerra, él le daría  guerra.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Esperó a Emilie en la puerta de la biblioteca durante un  par de horas, su obstinación superaba con creces al cansancio, y la  abordó en cuanto la vio salir. Le dedicó su mejor sonrisa de  rompecorazones.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Hola Emilie. —La muchacha le miró llena de curiosidad y le devolvió la sonrisa—. ¿Podemos hablar un momento?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Sí.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Se despidió de sus amigas con la mano y siguió a Ulrich hasta uno de los bancos del jardín de Kadic.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Verás... ¿tienes algo que hacer la semana que viene?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No he hecho planes aún, ¿por qué? —Se subió las gafas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Odd nos ha invitado a casa de su hermana mayor. Vamos a ir a la playa.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Me estás invitando a ir? —Abrazó la carpeta decorada con fotos hasta que los nudillos se le pusieron blancos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Justamente.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Emilie  se tragó la siguiente pregunta que le vino a la cabeza. A ella Yumi no  debería importarle lo más mínimo. Asintió despacio.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Quién va a ir?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Odd y su novia de una semana, Jérémie, Aelita y... William y Yumi —finalizó con tono lúgubre.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El  instinto de la muchacha saltó como una alarma antiincendios. De repente  la idea le parecía pésima. Estaba aceptando ser el segundo plato del  banquete, aquel con el que te tienes que conformar porque lo que tú  querías ya se ha agotado. Desoyó a su instinto, al fin y al cabo iba a  ir William y podía ser una buena ocasión para acercarse.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Vale, iré.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Genial, cuando sepa el día y la hora te avisaré, Emilie.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ella sólo asintió antes de marcharse. Ulrich miró su reloj de pulsera. La cafetería ya estaría abierta.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Odd  que había estado pensando durante un buen rato en cómo podría convencer  a Sissi para que le acompañara se topaba ahora con que la hora de la  verdad había llegado. La muchacha caminaba contoneando las caderas  mientras abrazaba sus libros por el caminito de arena que conectaba los  edificios, Hervé y Nicolas iban cada uno a un lado con expresión seria,  como si fueran los guardaespaldas de la Reina del mundo. Odd sonrió de  medio lado, cada día que pasaba le molestaba más verlos con ella y no se  atrevía a buscar el porqué de la hostilidad que sentía.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Aparta Della Robbia —gruñó Hervé. Odd sencillamente le ignoró.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Quiero hablar contigo Sissi.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Oh, vaya —masculló sarcástica la muchacha.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Alzó la mano y la movió con desgana, sus perros guardianes miraron a Odd y se esfumaron dejándolos a solas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Qué?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Vengo a ofrecerte algo que seguro te interesará.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No sé yo… —farfulló analizándose las uñas con interés.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Mis amigos y yo vamos a ir a la playa unos días, he pensado que te gustaría venir.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Sissi  se olvidó de sus uñas y le miró con los ojos abiertos de par en par con  los labios entreabiertos. Odd pensó que la cosa iba por buen camino.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—La casa es de mi hermana mayor y nos la deja, así que lo único que hay que pagar es la comida.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Ir con Ulrich? —inquirió con tono soñador y dulzón.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No, ir conmigo —replicó él con una mueca de fastidio.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ella  pareció despertarse del mejor sueño de su vida, se apoyó los libros en  la cadera y se apartó el pelo del hombro bruscamente.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Paso —soltó volviendo a caminar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Pero Ulrich también irá…&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Pero a mí me toca ir contigo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Ya  entiendo —espetó el chico—. Lo que pasa es que te da miedo descubrir  que lo de Ulrich en realidad sólo es cabezonería y después no sabrías  que hacer.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Sissi le miró como si fuese la primera vez en la vida  que le veía, regresó sobre sus pasos, dejó los libros en el suelo y le  pegó con todas sus fuerzas. Odd se frotó la mejilla en la que la marca  de la mano abierta de la chica palpitaba dolorosamente.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Idiota.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Pues ven y demuéstrame que me equivoco.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—De acuerdo —soltó desafiante—. Pero ten en cuenta que voy sólo por Ulrich.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Muy bien —replicó él, recogió los libros del suelo y se los devolvió—, señorita Delmas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Y ten en cuenta que no he caído en tu burda trampa de la psicología devuelta.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;«Inversa» resonó en la mente de Odd pero se mordió la lengua.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No lo había creído ni por un minuto —dijo con tono cantarín y encantador el muchacho.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Sissi  se alejó caminando con su gracia habitual y él alzó los brazos al cielo  orgulloso de su victoria. Le dolía la mejilla, pero eso no importaba,  había ganado un pase al paraíso. Y, además, era hora de ir a almorzar a  la cafetería. De repente el día pintaba maravillosamente bien.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Fue  tan rápido como le permitieron sus piernas y subió los tres escalones  de madera y cemento dando saltitos. Localizó a sus compañeros en su mesa  habitual y se lanzó sobre su silla con una sonrisa de oreja a oreja  como si del gato de Cheshire se tratase.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Lo habéis hecho ya? —inquirió Odd mirando a los chicos. Jérémie asintió.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Se lo he pedido a Aelita —declaró con las mejillas rojas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿De verdad te deja tu hermana su casa? —preguntó Aelita.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Claro que sí.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Miró de reojo a Ulrich que lanzó un bufido, supuso que no habría encontrado el momento o el valor todavía.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—He invitado a Sissi —confesó Odd sin un ápice de arrepentimiento.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Y te ha dicho que sí? —inquirió Aelita inclinándose sobre la mesa.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Odd se señaló la mejilla en la que aún se apreciaba la marca de la mano de Sissi.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Ha sido una dura negociación...&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Pues yo voy a ir con Emilie —soltó Ulrich con toda la intención de darle un golpe bajo a Yumi.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Todos  miraron a Ulrich y después Yumi. Se la veía tranquila, relajada, como  si acabasen de atiborrarla a Valium pero desprendía un aura asesina.  Yumi sonrió, un gesto que resultó amenazante, oyeron a Ulrich tragar  saliva.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Que te lo pases muy bien —pronunció en tono corrosivo como el ácido sulfúrico.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hacer  cabrear a Yumi nunca era una buena idea. Lo sabía. Creía estar  preparado para las consecuencias, pero ahora sólo quería salir corriendo  y esconderse dentro de uno de los cajones de su cama-nido o del  armario, o que se abriese la tierra y lo engullese. Entonces recordó a  William y lo de "besarse en la orilla del mar". Su ceño se arrugó y alzó  la barbilla en un gesto desafiante y altivo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Puedo asegurarte que lo haré —replicó con retintín.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Estupendo. Me voy. Tengo que entregarle un trabajo de historia al señor Fumet.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Yu... Yumi... —Aelita se levantó y quiso detenerla. Había que aclararlo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Su  amiga la ignoró y salió, Aelita estiró el brazo y cerró la mano como si  tratase de atrapar su imagen. Aunque hubiese logrado detenerla no  habría sabido como arreglar aquella situación. Suspiró. Abandonó la  cafetería, al menos le daría su apoyo incondicional.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Jérémie  mantenía las cejas alzadas en una muda pregunta que recibió un bufido  como toda respuesta. Optó por seguir a Aelita y asegurarse de que Yumi  estaba bien.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Odd tamborileó con los dedos sobre la bandeja de  plástico. Respiró hondo varias veces. A su lado Ulrich apoyó los codos  sobre la mesa y enterró la cara entre sus manos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Se puede saber por qué no has invitado a Yumi?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Porque va a ir con William.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Tú eres tonto —soltó Odd.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¡De qué vas!&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Y ahora qué?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Que se las apañe con su querido William.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Odd le miró con el ceño fruncido, su amigo sería un rompecorazones nato, pero en lo referente a entender a las mujeres...&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No  puedo creerlo. —Negó con la cabeza, tanta faena para nada—. Con lo que  me costó convencer a mi hermana y vas tú e invitas a Emilie...&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Prefieres que invite a Sissi?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Odd  suspiró con pesadez. Tendría que pedirle a William invitase a Yumi y  explicarle por qué demonios Emilie iba a ir con Ulrich y se le habían  fastidiado todos los planes.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Yo también me voy —masculló el rubio—. Tengo que hablar con cierta persona.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Durante  el resto de la semana el ambiente fue extraño, la tensión podía  palparse en el aire cada vez que Ulrich y Yumi estaban cerca. Fue  complicado explicárselo a William y aún más difícil fue convencer a Yumi  para que fuera con él, pero al final había cedido a regañadientes.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Aquella  mañana se levantaron temprano y se encontraron a las seis y media de la  mañana en la estación de tren de París para coger el tren que les  llevaría a sus vacaciones soñadas en la playa.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La impaciencia  teñía la conversación mientras el tren recorría el paisaje a toda  velocidad. Odd se esforzaba por aliviar la tensión entre Ulrich y Yumi  pero no lo lograba. Ella mantenía la mirada fija en la ventana incluso  cuando pasaban por un túnel y él la ignoraba deliberadamente. Tuvo que  darse por vencido y optó por hacer caso omiso de su actitud.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Desde  la pequeña estación en la que se bajaron podían ver el mar, la brisa  olía a sal marina y el sol calentaba cada centímetro de sus pieles.  Sissi se estiró complacida con la agradable sensación que le producía  estar en aquel lugar y, en cierto modo, por la compañía; había deseado  tanto que la aceptaran en el grupo que era como estar en un sueño.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Odd  les dirigió a través de las callejuelas hasta una casa de color azul  pastel con los marcos de las ventanas blancas y la puerta, blanca  también, abierta mostrando una cortina hecha de caracolas hiladas con  cuentas de colores. El porche se sostenía sobre cuatro columnas en las  que habían dibujado delfines, tiburones, ballenas y otros animales  marinos. En la gran mesa de hierro forjado una muchacha de pelo rubio  ceniza leía un libro.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¡Pauline! —exclamó Odd haciendo que la chica alzara la vista.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Ya era hora.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Odd miró su reloj de pulsera y sonrió ampliamente.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Hemos llegado antes de lo que te dije.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Seguidme —pronunció encogiendo un hombro—. Os enseñaré la casa.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Tras  la cortina de caracolas se escondía un enorme salón de paredes blancas,  sofás negros y muebles de estilo victoriano. En cada silla había un  cojín de un color diferente con fundas hechas de lo que, en otro tiempo,  había sido una red de pescar de color verde pálido. La cocina con  baldosas blancas y azules con los cazos y cacerolas colgados en la  pared, los muebles oscuros y tallados y un enorme ventanal con cortinas  de gasa que ondeaban con la brisa. Las escaleras de madera que ascendían  bordeadas con una barandilla de hierro forjado. Y las tres grandes  habitaciones. Una rosa y la otra azul con tres literas y un armario  empotrado cada una. El grandioso cuarto de baño con su bañera victoriana  y los muebles tallados lacados en blanco que contrastaban con las  baldosas color tierra. La habitación de Pauline con las paredes  empapeladas y una cama de matrimonio con dosel, espejos, armario y  tocador. Parecía una casa de muñecas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Tras la ronda de visita  guiada por la casa regresaron al salón, Pauline les miró uno a uno  analizándolos con detenimiento. Alzó ambas manos e inspiró hondo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Sólo  hay tres normas —espetó la joven pasando un mechón rubio ceniza tras su  oreja—. Primera: quien rompa algo me lo va a pagar con intereses; dos:  las llamadas internacionales están prohibidas. Y eso va por ti,  hermanito. Y tercera: no incordiéis a mis vecinos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿No hay nada de chicos y chicas separados? —preguntó Odd.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pauline enarcó las cejas con suficiencia.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Hace diez años era yo quien tenía dieciséis.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Y ahora ya eres una anciana?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Si  no hubiese testigos te asesinaría ahora mismo —masculló con una mirada  gélida—. Sin embargo, no tengo tiempo que perder con las insolencias de  'Oddy mofletitos adorables' —soltó orgullosa de haber dado con la  respuesta del millón de euros.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Odd se estremeció. Odiaba aquel  mote que le habían puesto su malvada abuela Juliette y su pérfida tía  Oddetta. Escuchó las risitas torpemente contenidas de sus amigos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Si  os dijera: las chicas a la habitación rosa y los chicos a la azul. Sé  que me haríais el mismo caso que a una mosca. Así que paso, yo también  he tenido las hormonas alteradas. —Se encogió de hombros—. Hay condones  en el cajón de arriba de mi mesilla de noche así que no tenéis motivos  para hacer una estupidez.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La incomodidad planeó sobre las cabezas de los chicos. Era evidente que el descaro a Odd le venía de familia.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Vale, me marcho. Comportaos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;Ciao&lt;/i&gt; Pauline.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;Marmocchio&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cuando la cabellera dorada de Pauline se perdió de vista por la línea costera. Sissi se giró y miró a Odd interrogante.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Habla italiano?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Mis  abuelos eran italianos, emigraron a Australia cuando eran jóvenes  —aclaró el muchacho—. Pauline nació en Sicilia y estudio una temporada  en un internado de Roma.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Vaya —susurró Ulrich—. Italia queda lejos de Australia.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¡Bah!  Eso no es nada. —Odd agitó la mano quitándole hierro al asunto—.  Elisabeth nació en Siberia en plena ventisca infernal a unos cincuenta  grados bajo cero, y es una crack hablando ruso. Marie nació en Francia,  ella es la más normal de la familia. Adèle es de Shangai y se le da  bastante bien hablar chino, pero lo que es escribirlo... ni idea. Y  Louise, mi malvada hermana que nació en Brasil, va llena de &lt;i&gt;piercing&lt;/i&gt; y tatuajes y pasa de todo. Da un poco de miedo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Tu familia parece sacada de un culebrón —atinó a decir William.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Odd sonrió complacido, su familia era la mar de original y eso le encantaba.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Y tú? —inquirió Emilie, aún alucinada con la variedad de nacionalidades de las hermanas de Odd.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—De Eden, Australia.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Los  días de sol, playa, mar, risas y diversión se sucedían uno tras otro.  Cuando parecía que la cosa iba bien, Ulrich y Yumi recordaban que  estaban enfadados y volvían a ignorarse. Lo que al principio era  incómodo al cabo de tres días se había vuelto exasperante. Ulrich se  había encerrado en una de las habitaciones a leer o a fingir que leía y  Yumi estaba con Aelita en la cocina.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;William suspiró harto del  tenso ambiente que provocaban esos dos. Tomó a Emilie de la mano y la  arrastró hasta el porche. La miró a los ojos con intensidad haciendo que  las mejillas de ella se incendiasen.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Em, tienes que echarme un cable...&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Qué quieres que haga? —preguntó frustrada—. No veo que esto tenga solución.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Tenemos  que hacerles hablar como sea. —William rodeó sus hombros y la pegó a su  cuerpo—. En cierta manera es nuestra culpa que estén así.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Nuestra?  Qué culpa tenemos de que Ulrich sacase conclu... —Emilie suspiró, ya  entendía a que se refería—. Tendría que haberle dicho que no.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Eso ahora no importa... Les haremos hablar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Cómo?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El muchacho sonrió, ella enterró la cara en su hombro.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Yo me encargo de llevar a Ulrich hasta la gruta y tú te encargas de Yumi.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Cómo voy a convencer a Yumi para que venga conmigo?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Tú tranquila, tendrá tantas ganas de matarte que te seguirá hasta donde sea —declaró con seriedad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Emilie le miró con espanto, entonces William rió.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¡Me estabas tomando el pelo!&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Tranquila, tiene mal genio pero no es para tanto, es una chica razonable.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—William si hacemos eso… ¿qué pasará contigo?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Oye, yo no quería invitar a Yumi, iba a invitarte a ti.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Por qué?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Si esos dos dejan de molestar te lo contaré.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ella asintió y se separaron.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;William  subió a buscar a Ulrich que le lanzó una mirada asesina. Tras un  intercambio de palabras e insultos logró hacer que le siguiera, notaba  la rabia con la que le miraba la nuca como si tratase de hacerle un  agujero. Hizo caso omiso a las protestas y continuó hasta adentrarse en  aquel espacio rocoso desde el que se veía el mar, un mirador natural.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Emilie  en cambio lo tuvo más fácil, al parecer Yumi no estaba enfadada con  ella y eso le quitó un enorme peso de encima. No quería problemas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Adónde me llevas? —preguntó tras un buen rato caminando.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Verás… —susurró buscando una excusa—. Hay alguien que quiere hablar contigo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Quién?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Ah…  si tienes un poco de paciencia lo verás tu misma. —Se ajustó las gafas  sobre el puente de la nariz—. No tienes nada de qué preocuparte.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—De acuerdo. —Resopló.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Emilie  respiró aliviada cuando Yumi volvió a guardar silencio, no habría  sabido cómo seguir dándole largas sin quedar como una borde o una  idiota.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cuando llegaron a la entrada de la gruta Emilie le cedió  el paso. Yumi avanzó con el ceño fruncido. Abrió los ojos de par en par  al ver a la persona que había allí de pie.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿William?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El  chico le sonrió, la asió por los hombros y la hizo caminar hacia atrás,  sin mediar palabra le dio un ligero empujón haciéndola chocar contra  alguien.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Lo sient... ¡Ulrich!&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Yumi?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Qué ca...  —«Cabronazo, William» si hubiese acabado la frase estaba segura de que  le habría chocado, no acostumbraba a soltar tacos, al menos no lo hacía  desde que vivía en Francia—. Cansancio —finalizó apresuradamente para no  levantar sospechas, aunque seguramente el tono inicial le habría  delatado.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ulrich la miró con las cejas alzadas convencido de que  la palabra no era precisamente "cansancio" aunque tampoco imaginaba cuál  podría ser. Yumi echó un vistazo atrás, aquellos dos conspiradores ya  no estaban allí, los muy malditos les habían tendido una emboscada en  toda regla. Soltó un bufido y se sentó de mala gana en la fría roca de  la gruta.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Él, incómodo, se rascó la nuca y dejó de mirarla para  fijar la vista en el mar que rompía un par de metros bajo ellos. No  recordaba haberse sentido nunca tan violento con ella cerca, ni cuando  se le declaró por culpa de la bromita de Sissi.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Hace buen día... —balbuceó sintiéndose estúpido.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Menuda tontería —replicó ella sumamente enfadada.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No hace falta ser tan antipática.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Y eso me lo dice mister simpatía.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Se miraron fijamente a los ojos. Si las miradas pudiesen matar habrían logrado un doble K.O.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Yumi  se abrazó las rodillas y apoyó la barbilla sobre ellas con cara de  pocos amigos, él por su parte se sentó en las rocas también pero lejos  de ella. No tenía ganas ni de mirarla, ni de oírla respirar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El rugido del mar se convirtió en el único sonido de aquel lugar durante largo rato.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No sé porque estás tan enfadada —farfulló Ulrich jugueteando con las tiras de sus chancletas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Qué no lo sabes? —inquirió ella tan sorprendida que casi se olvidó de su enfado—. ¿Tengo que explicártelo?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Déjalo —gruñó encogiéndose de hombros enfurruñado.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Esconder la cabeza como los avestruces no te servirá de nada.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¡Oye! —protestó—. No me trates como si fuera un crío.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Yumi le fulminó con la mirada y suspiró.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Pues deja de comportarte como uno.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Oh, claro. Estás celosa porque he traído a Emilie.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ella  se puso de pie tan bruscamente que, por un momento, Ulrich creyó que  había tensado demasiado la cuerda y que iba a matarle. Yumi apretó los  puños hasta que se clavó las uñas en la palmas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Me da igual eso.  Emilie me preocupa tanto como... como... ¿cómo demonios se dice en  francés? —Resopló, uno de sus grandes problemas era que cuando se  enfadaba de verdad se le mezclaban los idiomas y se liaba—. Como eso que  sirve para sonarse la nariz.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Pañuelo —dijo amedrentado.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Eso.  Emilie me preocupa tanto como un pañuelo. Estoy enfadada contigo, única  y exclusivamente, porque eres tan tonto que te estrangularía.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Por qué?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Temió  haberla enfadado más por interrumpirla y desde luego que la mirada  envenenada que acababa de dedicarle parecía confirmarlo. Tragó en seco,  se le había secado la boca.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Te crees que no lo sé? —preguntó crípticamente—. Sé que nos estuviste escuchando a hurtadillas, Ulrich Stern.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;«Mierda...» pensó levantándose por si tenía que huir o algo así.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Y eso no es lo malo. Lo malo es que ni siquiera sabes de qué demonios hablábamos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Besarse bajo la luz de la luna es bastante explicito —arguyó él.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Yumi inspiró hondo y soltó el aire poco a poco en busca de un poco de calma &lt;i&gt;zen&lt;/i&gt;, estaba a punto de ponerse a gritar como una histérica.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No tienes ni idea.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Será que "besarse" en tu país tiene un significado distinto del que tiene en el mío.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La idea de romperle la nariz de un puñetazo cruzó por su ofuscada mente pero se contuvo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No  estaba hablando de nosotros dos, el tema no era "William y Yumi",  pedazo de imbécil. —Ulrich abrió los ojos alucinado, el primer insulto  que le oía decir en los años que hacía que la conocía iba dedicado  exclusivamente para él—. William estaba hablando de Emilie, idiota.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿De Emilie? —farfulló, vale, ahora sí que no entendía nada.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Sí, de Emilie. A William le gusta Emilie —explicó igual de alterada—. Quería invitarla y pedirle que saliera con él.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;»Si te hubieses molestado en cotillear hasta el final lo habrías sabido.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Sintió  el irrefrenable impulso de estrellarse la palma de la mano contra la  frente, primero porque le hubiera pillado y segundo por haber  malinterpretado la conversación.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Paseó inquieto por el reducido  espacio cavernoso. Debería disculparse pero no quería hacerlo. El buen  rollo que había entre William y Yumi le sacaba de quicio. Antes de que  William apareciera él era el único amigo de verdad de Yumi. Odd y  Jérémie era sus colegas, pero a la hora de la verdad acudía a él. Ahora  prefería ir a contárselo a William. No quería eso. Quería que siguiese  como siempre había sido. Era egoísta pensar así pero le daba igual.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cuando  se desprendieron algunas piedrecitas del margen del barranco supo que  se había acercado demasiado al final del suelo, mas ya era tarde para  ponerle remedio.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¡Ah! ¡Cuidado!&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El agua la salpicó cuando  el cuerpo de Ulrich se hundió irremediablemente. Reaccionó al instante  saltando tras él esperando no encontrarse con alguna roca traicionera en  su trayectoria. Lo sujetó por la camiseta y tiró de él hacia arriba  hasta que ambos pudieron volver a respirar. No había tiempo para  preguntas si las olas los empujaban contra las rocas no iban a acabar  precisamente bien, así que lo arrastró como si él solo no fuese capaz de  nadar hasta la cala más cercana.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Respiraron agitadamente tumbados en el rompeolas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Estás bien? —inquirió Yumi.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Sí…&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La  muchacha suspiró y se sentó, las olas que rompían le mojaban los  tobillos. Ulrich permaneció tumbado concentrado en su propia respiración  hasta que logró recuperar el ritmo normal, entonces tomó asiento junto a  ella. La miró de reojo pero ella mantenía la vista fija en el  horizonte, allí donde dejabas de saber que era mar y que cielo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Por qué tienes que ser tan idiota?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ulrich frunció el ceño, ya se estaba cansando de que le llamara "idiota" todo el rato.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Por qué te pones tan celoso siempre? Ni siquiera tienes motivos para estarlo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—William…&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Yumi soltó un bufido y le golpeó en el hombro sin fuerza.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—William, William, William y más William —repitió con amargura—. Si pensases en mí la mitad de lo que piensas en la &lt;i&gt;amenaza&lt;/i&gt; de William…&lt;/p&gt;&lt;p&gt;»¡Maldita sea! Ulrich. Entre él y yo no hay nada más que amistad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Igual que entre nosotros.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Ves cómo eres idiota. ¿Por qué no lo ves?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hundió  la cara en sus rodillas y se abrazó las piernas frustrada. Después del  monumental cabreo había llegado la hora del bajón, ahora sólo le  quedaban ganas de dos cosas: la primera, llorar hasta quedarse dormida;  la segunda, tirarse por un puente. Llorar era menos drástico que el  puente.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Él se limitó a mirarla, sin mover un músculo ni pronunciar  una sola palabra. Quería preguntarle qué era lo que se suponía que  tenía que ver, pero no se atrevió.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Idiota... —siseó.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Ya me ha quedado claro, deja de repetirlo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El  agua salada goteaba desde su pelo azabache, que se le había adherido a  las mejillas y la nuca, y resbalaba por su piel, recorriendo a su antojo  sus músculos largos y bien definidos. La tela azulada del vestido de  verano se arrapaba sobre cada una de sus sinuosas curvas y hacía que el  bikini negro se transparentase. Ulrich apartó la mirada alejando así la  amenaza de sus propios pensamientos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Yumi suspiró, con los ojos  vidriosos le miró con determinación. ¿Él no se enteraba o no podía?  Vale, de acuerdo. Lo había asumido. Lo haría ella. Sería lo que en su  tierra llamaban "buscona", "lagarta", "calienta braguetas" y demás  apodos adorables para evitar decir: chica, eres un putón.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Mírame  —ordenó secamente. Ulrich obedeció al instante—. No quiero ser más tu  amiga. —Por la expresión de su amigo supo perfectamente lo que le pasaba  por la cabeza, sin embargo, pensó que se merecía sufrir un poco por  haberle fastidiado la mitad del viaje con sus niñerías, así que  permaneció callada un rato avivando su pesimismo—. Estoy cansada y  aburrida de serlo. X.A.N.A. ya es historia, Ulrich. Te quiero, maldita  sea...&lt;/p&gt;&lt;p&gt;»¿Por qué tienes que ser tan rematadamente idiota? —susurró  volviendo a enterrar la cara entre las rodillas completamente roja. El  que fuera decidida no cambiaba el hecho de que era tímida.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Me... quieres? —preguntó estupefacto.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ella  asintió en silencio sin alzar el rostro. Él observó el mar con el ceño  fruncido, como si allí fuese a encontrar la respuesta.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Una de las  cosas que había aprendido era que en Japón había dos formas de decir "te  quiero". Una significaba "eres superguay, te quiero un montón, como  amigo o como familia" y la otra que sí se refería al amor. La cuestión  era ¿cuál de las dos era la correcta?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La muchacha volvió a suspirar. No lo había pillado.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Estoy enamorada de ti, y tú te dedicas a cazar amenazas fantasma, idiota.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Yumi...&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Déjalo. No he dicho nada.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Yumi.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—En serio, olvídalo...&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Le  resultaba raro, pero se sentía completamente humillada. No era que  esperase una respuesta apasionada con una declaración azucarada y  rimbombante, de esas tan frecuentes en los &lt;i&gt;shôjo&lt;/i&gt; donde aparecen  tramas de burbujitas, florecillas y corazoncitos, de hecho, si hubiese  ocurrido eso, habría salido huyendo del susto. Pero ¡Maldita sea!  Esperaba, como mínimo, un "y yo a ti", "me gustas", "tía, ¿qué has  desayunado esta mañana para soltarme eso?", "¿dónde está la cámara  oculta?", en definitiva algo más que escuchar su nombre como si fuera el  eco.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ulrich inspiró hondo intentando recuperar el compás de su  respiración. Se había puesto rojo, después morado y finalmente azul. Se  había olvidado de respirar. Le había pillado tan de sorpresa que podría  haber muerto de un infarto fulminante en aquel preciso instante.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Lo  de que Yumi le quería ya lo sabía, si no le quisiera no le habría  aguantado la mitad de las cosas que le aguantaba, pero lo de que  estuviera enamorada de él y que además lo dijese con aquella seguridad y  sin dudar...&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Deseaba gritar que él también la quería, pero no podía hablar. Era muy frustrante.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La  cogió por la muñeca y le tiró ligeramente del brazo, pero ella no se  movió, así que enfuruñado se arrodilló frente a ella. Tomó su rostro  entre las manos, tenía los ojos llorosos y las mejillas rojas. No tenía  palabras.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Yumi... —repitió provocando que a ella le diesen ganas de molerlo a golpes.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Volvió  a sujetarla por la muñeca y esta vez tiró con más fuerza obligándola a  cambiar de posición y situarse también de rodillas. Abrió la boca para  hablar pero fue interrumpido bruscamente.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Si se te ocurre volver a decir mi nombre me voy a enfadar de verdad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ulrich  suspiró algo amedrentado. Tragó saliva. No iba a acobardarse, así que,  sin soltarle la muñeca, la sujetó por la cintura pegándola a su cuerpo y  la besó. Si en algún momento Yumi quiso apartarle él no lo notó, pero  lo cierto era que no se movió ni un milímetro. Sus labios tenían sabor  de sal de mar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La apartó poco a poco las lágrimas corrían por sus mejillas acompañando al agua marina.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Yumi? —musitó.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La  muchacha resopló y le golpeó en el pecho con la palma de la mano  abierta. Ulrich perdió el equilibrio, cayó de espalda, como la mantenía  sujeta por la cintura la arrastró en la caída.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Idiota... —susurró enterrando la cara en su hombro.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Ya lo sé —contestó él.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Jugueteó  con la tela azul del vestido que se adhería a la cintura de Yumi. Nunca  se había imaginado en aquella situación. Siempre creyó que, cuando le  llegase un repentino ataque de valor, volvería a confesarle lo que  sentía y que esa vez lo haría bien. Lo último que esperaba era que ella  se le declarase y que él se quedase mudo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Esperó oírla sollozar,  pero no lo hizo, por lo que supuso que ya no lloraba. La respiración de  Yumi chocaba, de manera regular, contra su cuello provocándole una  sensación la mar de agradable. Se giró un poco y la besó en la oreja, el  único lugar accesible en aquella posición.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Yu... Oye —se corrigió sobre la marcha, no quería que volviera a darle—. Me has pillado un poco por sorpresa.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;»¿Estás despierta?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Yumi levantó la cabeza y le clavó aquellos ojos negros empañados por los restos de las lágrimas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Lo estoy —farfulló.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Oye... yo... Tú sabes que yo... —Suspiró.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Uy sí, qué emocionante —espetó con todo el sarcasmo del mundo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Tú sí que eres idiota —replicó Ulrich—. Pero idiota, idiota.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿¡Qué...!&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Él  movió la cadera y giró la situación. Las llaves de evasión eran una de  las cosas que había aprendido de ella cuando empezaron a entrenar  juntos. Quedó tumbado sobre ella, sin inmovilizarla, porque no estaban  combatiendo y tampoco quería parecer grosero obligándola a permanecer en  una posición comprometida, y menos aún arriesgarse a recibir las  consecuencias convertidas en paliza dolorosa.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Eres tú la que no lo ves —añadió aludiendo a lo que le había dicho ella unos minutos antes—. Tonta —susurró con ternura.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Encima…&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Yo también… quiero decir que… —Le apartó un mechón empapado de la mejilla y sonrió—. Ya sabes que yo siento lo mismo por ti.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No, sólo sé que te obsesiona la idea de que haya algo entre William y yo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Pues lo siento, o más bien, aún lo siento.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Idiota —dijo una vez más pero esta vez sin resentimiento.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ulrich  lo interpretó como algo positivo así que volvió a besarla y esta vez  ella le correspondió. Fue el beso salado más dulce de toda su vida.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cuando Ulrich la soltó, Yumi se escabulló hábilmente, tumbándole bocarriba le hizo un &lt;i&gt;kashira-gatame&lt;/i&gt;,  en aquella posición los pechos de Yumi quedaban demasiado cerca de su  cara y eso le ponía nervioso. Hacía daño, vaya que si dolía. Ulrich dio  tres palmadas en la arena indicando que se rendía y ella le soltó con  una sonrisa satisfecha.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Eso no va a hacer que esté menos enfadada  contigo —determinó y él supo que le iba a costar lo suyo devolver las  aguas a su cauce, aunque la sonrisilla disimulada de Yumi le daba cierta  esperanza.&lt;/p&gt;&lt;p style="font-weight: bold; text-align: center;"&gt;Fin&lt;/p&gt;&lt;b&gt;Aclaraciones:&lt;/b&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Kashira-gatame:&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;i&gt;  llave de inmovilización de judo. Aquí una imagen (no sabría cómo  explicarlo jajaja. Quitad los espacios): www. institutozen.  com/aikijujitsu/ img/judo/kashira_gatame. jpg&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Señorita arma:&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;i&gt; "&lt;/i&gt;Yumi&lt;i&gt;" es el término japonés para designar los arcos que se usan en la práctica del &lt;/i&gt;Kyudo&lt;i&gt; (tiro con arco japonés). El &lt;/i&gt;yumi&lt;i&gt; mide alrededor de los dos metros lo que lo hace más alto que el &lt;/i&gt;kyudoka&lt;i&gt; y se caracteriza por ser asimétrico. Están hechos de bambú, madera y cuero. El &lt;/i&gt;tsuru&lt;i&gt; (cuerda) está hecho de cáñamo, aunque actualmente también se utiliza el &lt;/i&gt;Kevlar&lt;i&gt;. Los &lt;/i&gt;kyudoka&lt;i&gt; tratan al &lt;/i&gt;yumi&lt;i&gt; con un profundo respeto, le dan el mismo trato que desean para ellos mismos y jamás tocan el de otro &lt;/i&gt;kyudoka&lt;i&gt; porque consideran que es como tocar a la pareja de otra persona.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Escrito el 24 de abril de 2011&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7313635411078290463-5896497892859628212?l=fictionniikura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fictionniikura.blogspot.com/feeds/5896497892859628212/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2011/04/25m-xvi-salado.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/5896497892859628212'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/5896497892859628212'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2011/04/25m-xvi-salado.html' title='25M XVI.- Salado'/><author><name>Nat Niikura</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04994620941555549861</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_y0oqfuuRoDE/SKV3CsUfUhI/AAAAAAAAABw/4WbC3LSB0-4/S220/ahoy+garabatosb.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/th_Rating16.png' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7313635411078290463.post-3565543384282283082</id><published>2011-03-28T22:24:00.001+02:00</published><updated>2011-03-28T22:26:56.070+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Oneshot'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Jérémie x Aelita'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Code: Lyoko'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fanfic'/><title type='text'>Alergia</title><content type='html'>&lt;a href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png"&gt;&lt;img style="width: 150px; height: 150px;" alt="" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/AvCodelyoko.jpg"&gt;&lt;img style="width: 150px; height: 150px;" alt="" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/AvCodelyoko.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="storytextp" class="storytextp" style="padding: 10px;" align="center"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div id="storytext" class="storytext"&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;&lt;i&gt;Code: Lyoko y sus personajes son propiedad de MoonScoop y France3.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;Alergia&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Le picaba la nariz. Estornudó. Se sonó la nariz.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;«Dichosa primavera» pensó con amargura «prefiero mil ataques de X.A.N.A. que la primavera».&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Volvió a estornudar. Debería resignarse a estornudar hasta que se murieran las malditas flores cuando llegase el mes de agosto.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Una  alergia al polen no era algo tan terrible como para preocuparse, sólo  necesitaba antihistamínicos y no acercarse demasiado a los parterres de  flores y floristerías. Pero el plan perfecto anti-alergia tenía un grave  inconveniente:&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;El cumpleaños de Aelita.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Cuando Yumi cumplió  los dieciséis años, él le prometió a Aelita que elegiría una fecha para  su cumpleaños, al principio pensó en celebrarlo el día en que, según su  libro de familia auténtico, había nacido, pero después creyó que no era  demasiado oportuno porque le haría pensar en sus padres, así que eligió  un día de primavera al azar.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;El cumpleaños de Aelita tenía que  ser en primavera porque ella amaba las flores y ¿en qué época había más  flores? La primavera. Igual que sumar dos y dos.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Estornudó, se  sorbió la nariz apesadumbrado y avanzó por el caminito de arena que  conectaba la residencia con la puerta de metal que daba a la ciudad. Iba  a ser un día duro.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Eran las siete de la mañana de un soleado  sábado y ya iba con retraso, tendría que correr si quería llegar a  tiempo a la parada del autobús. Así que con la nariz tapada recorrió  raudo la distancia hasta su primer destino, cuando llegó tuvo que  sentarse y boquear como un pez fuera del agua para llenarse los pulmones  que le dolían y pesaban por culpa de la alergia.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;A pesar de lo  temprano que era el vehículo iba abarrotado de estudiantes y señoras con  cestos y carros de la compra. Se las arregló para situarse en el  espacio destinado a los cochecitos de bebés y las sillas de ruedas, allí  había un poco más de espacio y sobre todo, barras donde sujetarse.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Se  apeó en la última parada una hora después de haber subido. Inspiró  hondo por la boca y soltó el aire despacio. Su segundo destino no  quedaba lejos de allí.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Caminó las dos manzanas que separaban el  autobús de la floristería de sus tíos, un enorme local acristalado  repleto de flores. Cuando abrió la puerta la campanita tintineó.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—Bienve…  ¡Oh Jérémie! ¡Santo Dios! Tienes un aspecto horrible. —Camille Belpois,  salió de detrás del mostrador y abrazó a su sobrino de nariz enrojecida  y ojos llorosos—. ¿Te encuentras bien?&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—Sí…&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—Tengo tu encargo preparado, pero dime ¿cómo piensas llevártelo?&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Jérémie  la miró confundido. Entonces cayó en la cuenta, él solo jamás podría  llevarse todas aquellas flores, no había pensado en ello, los mocos le  estaban volviendo idiota.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—No te preocupes, cielo —siseó Camille—. Tu tío os llevará a Patrick y a ti en furgoneta hasta donde vayas a hacer la fiesta.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—Gracias, tía.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—¿Quién es la afortunada? ¿La chica que trajiste en Navidad?&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;El rubor traicionero tiñó sus mejillas de rojo encendido, su tía rió y volvió a abrazarle.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—Están en el muelle de carga. Pasáoslo bien.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—Gracias.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;El tercer destino del día era &lt;i&gt;L'Hermitage&lt;/i&gt;.  La tarde anterior Yumi, Ulrich y Odd habían estado haciendo limpieza  mientras él entretenía a Aelita con un problema informático, con la  condición de que él se encargase de los preparativos.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Tras  descargar la furgoneta su tío y su primo regresaron a la floristería y  él, estornudando, se puso a trabajar. Empezó a llenar los floreros de  agua y después los decoró con las flores multicolor que había encargado.  Los fue colocando cuidadosamente sobre los muebles asegurándose de no  dejar una sola superficie sin decorar.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Abrió la mesa plegable que  le había dado Yumi y la cubrió con el mantel de cuadros blancos y rojos.  Colocó las sillas con sus respectivos cojines. Dispuso los vasos y los  platos y dejó preparados los sándwiches y el resto de comida que había  comprado para la ocasión.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Esperó paciente entre estornudos la  llegada de Aelita, Odd, William, Ulrich y Yumi. Deseaba ver la cara de  sorpresa que pondría al ver todo aquello, aquella fiesta organizada  especialmente para ella, y cuando al fin llegó su expresión le fascinó.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Jérémie  se esforzó por sonreír y fingir que estaba perfectamente, para que  Aelita no tuviese que preocuparse por él. Comió, habló, rió, bailó… como  los demás. Aguantó cuatro horas fingiendo que no ocurría nada. Al menos  Aelita no se había dado cuenta, era una suerte, pero ya no aguantaba  más.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Se derrumbó sobre la silla sintiéndose febril a causa de la  falta de oxígeno, pero continuó sonriendo porque Aelita estaba contenta,  se lo estaba pasando tan bien con los demás que, por mal que se  encontrase, era feliz.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Algo frío se posó en su frente, abrió los ojos despacio y vio el rostro redondeado y sonriente de Aelita.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—Yumi  me ha dicho que te de esto —dijo retirando el objeto frío de su frente,  un vaso con un líquido oscuro y hielo—. Dice que te ayudará a respirar  un poco mejor durante un rato pero que antes de dormir deberías ponerte  un paño mojado sobre la nariz o tendrás que ir al médico.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—¿Qué es? —inquirió con voz mocosa tomando el vaso.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—Café con hielo.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Jérémie  frunció el ceño, no le gustaba el café especialmente, prefería el  chocolate. El café era amargo… Aelita rió como si acabase de leerle la  mente.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—Le he puesto azúcar, seis cucharadas, tranquilo.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—Gracias.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Tal  vez fuesen las cucharadas de azúcar o tal vez la sonrisa de Aelita  sentada a su lado, pero aquella bebida fue la más dulce de su vida.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Odd  se marchó el primero para encontrarse con su cita de la semana. William  desapareció tras recibir una misteriosa llamada que le arrancó una  sonrisa de oreja a oreja. Ulrich acompañó a Yumi hasta su casa, algo que  en los últimos meses hacía casi a diario.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Les habían dejado  solos, aunque ninguno de los dos pareció notarlo hasta que empezaron a  recoger los restos de su fiesta. Embolsaron la basura después de barrer  un poco, lo que quedaba lo dejarían para por la mañana, y pasearon hasta  los contenedores cercanos a Kadic.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Jérémie estornudó varias veces  y Aelita a su lado le iba pasando pañuelos de papel mientras se  adentraban en el terreno de la academia desierta. Subieron las escaleras  de la residencia procurando no hacer ruido para no despertar a ninguno  de los alumnos o al propio Jim.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Frente a la puerta de la  habitación individual que ocupaba Aelita se detuvieron. Ella se cogió  las manos a la espalda y jugueteó con su pie en el suelo como una niña,  sabía que él no iba a hacer nada más aquella noche, pero eso no  significaba que no pudiera hacerlo ella, así que cuando vio que Jérémie  se disponía a darle las buenas noches le abrazó con fuerza. El cuerpo  del muchacho se puso rígido como tantas otras veces, a Aelita le hacía  gracia aquella reacción porque era el único momento en que se sentía  importante para alguien.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Inspiró hondo el olor a colonia de Jérémie.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—Gracias,  Jérémie. Ha sido el mejor cumpleaños de toda mi vida… —Enterró la cara  en el hombro del chico que permanecía tenso como si le apuntasen con un  arma—. Pero no hacía falta que pusieras en peligro tu salud.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—No ha sido nada.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Aelita  apretó el abrazo, alzó el rostro, se puso de puntillas. Ella no tenía  inconvenientes en volver a dar el paso que Jérémie no se atrevía a dar.  Cerró los ojos y juntó sus labios con los de él.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Las manos de  Jérémie se posaron a ambos lados de la cintura de Aelita. No podía  respirar, pero se sentía bien. Bien hasta que tuvo que apartarla para  tomar una bocanada de aire. La expresión confundida de Aelita demudó a  culpabilidad en décimas de segundo.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—Lo siento, Jérémie.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—No… hay… problema… —jadeó el muchacho sonrojado.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Aelita sonrió. Sí, era el mejor cumpleaños de su vida.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;Fin&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt; &lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Escrito el 27 de marzo de 2011&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7313635411078290463-3565543384282283082?l=fictionniikura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fictionniikura.blogspot.com/feeds/3565543384282283082/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2011/03/alergia.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/3565543384282283082'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/3565543384282283082'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2011/03/alergia.html' title='Alergia'/><author><name>Nat Niikura</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04994620941555549861</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_y0oqfuuRoDE/SKV3CsUfUhI/AAAAAAAAABw/4WbC3LSB0-4/S220/ahoy+garabatosb.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/th_Rating16.png' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7313635411078290463.post-2821705221049699842</id><published>2011-03-23T21:24:00.003+01:00</published><updated>2011-03-23T21:28:47.012+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Code: Lyoko'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ulrich x Yumi'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Antes de que sea tarde'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fanfic'/><title type='text'>ADQST 14.- Pedazos</title><content type='html'>&lt;a href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png"&gt;&lt;img style="width: 150px; height: 150px;" alt="" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/AvCodelyoko.jpg"&gt;&lt;img style="width: 150px; height: 150px;" alt="" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/AvCodelyoko.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Code: Lyoko y sus personajes son propiedad de MoonScoop y France3.&lt;/i&gt;&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;Pedazos&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Jérémie? —La voz débil apenas sonó.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No, soy Yumi.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Los  ojos verdes de Aelita buscaron los de su amiga en la penumbra de la  habitación, las persianas estaban bajadas, las luces apagadas y la única  luz que entraba se colaba por una rendija abierta de la puerta. No la  vio hasta que le tomó la mano con suavidad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Te has desmayado en la fábrica.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Jérémie...&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Está en la ducha, no creo que tarde en salir.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Aelita  respiró aliviada, creyó que se habría quedado en la fábrica con el  superordenador, con su vena neurótica y obsesiva no habría sido tan raro  que se hubiese quedado allí.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Aelita. Tengo que contarte algo.  —Asintió lentamente—. El diario de William es desconcertante. No quería  hablarte de esto hasta haber acabado de leerlo, pero... —Suspiró y  apretó con fuerza la mano de su amiga—. Aelita, ese diario habla de ti y  de tu padre, es vuestra vida.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Y mi madre?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No dice nada sobre ella, lo siento.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Ya... ¿me lo leerás?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Yumi le sonrió con ternura y le acarició la mejilla.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Claro. Te lo traduciré también para que puedas leerlo siempre que quieras.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Gracias, Yumi.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No hay de que.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Aelita  clavó la vista en la mano de Yumi que sujetaba la suya con firmeza.  Aquella mano la mantenía anclada al mundo real, estaba asustada.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La  llave. Así la había llamado Odd, no lo comprendía y le daba miedo  porque la llevaba a preguntarse quién demonios era Aelita Schaeffer en  realidad. Se daba cuenta de que no sabía absolutamente nada de ella  misma antes de salir de Lyoko, sólo lo que había en su expediente y que  era como leer sobre la vida de otra persona. No era tan pequeña cuando  entró en Lyoko como para no recordar nada, tenía doce años cuando  ocurrió. Debería recordar algo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Estás bien? —le preguntó Yumi y  ella asintió, tampoco podía decirle otra cosa—. ¿Quieres que te traiga  algo? ¿comida, bebida...?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No quiero nada. Quédate conmigo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Yumi  no dijo nada, extendió su otra mano sobre la de su amiga y se la  masajeó hasta que Jérémie entró por la puerta del dormitorio secándose  el pelo con una toalla blanca que lanzó al suelo para abalanzarse sobre  la cama al verla despierta. Yumi se retiró lentamente hasta la puerta y  les observó un momento antes de dejarles a solas, no estaba nada  convencida de que estuviese bien.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Seguro que te encuentras bien? —preguntó Jérémie por cuarta vez a lo que Aelita suspiró.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Seguro.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Me he llevado un susto de muerte.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Estoy bien, habrá sido una bajada de tensión.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Le puso la mano en la frente y torció la boca.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No parece que tengas fiebre.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Te digo que estoy bien —replicó irritada—. Déjalo ya.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Va-vale...&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Jugó  nervioso con los dedos de ella, estaban fríos. Reprimió el quinto  «¿seguro que estás bien?» en la garganta y tragó saliva como tratando de  engullir y digerir la pregunta para que no quedase rastro.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Te subo algo de comer?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No tengo hambre.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Agua?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Yumi ya me ha ofrecido de todo. No quiero nada.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—A riesgo de que te enfades conmigo. Deberías comer algo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Jérémie  encendió la lámpara de la mesilla de noche a tiempo para ver que Aelita  le había sacado la lengua como una niña pequeña. Se le escapó la risa  pero se mantuvo firme.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Tienes que comer. Llevas horas sin tomar nada.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Miró el reloj enfuruñada, Jérémie era un exagerado, sólo eran las nueve, no iba a morirse por estar tres horas sin comer.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Son las nueve —dijo despreocupada.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Sí, de la mañana, Aelita.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Qué? —preguntó alarmada—. ¿Por qué no me has despertado?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No hemos podido despertarte. Estaba a punto de llamar a una ambulancia para que te llevasen al hospital.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No quiero ir a ningún hospital —replicó—. Estoy perfectamente.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Aelita  se destapó y bajó las piernas hasta tocar el suelo con los dedos de los  pies. Le gustaba la sensación de cosquilleo que le producía la alfombra  peluda que había comprado en un mercadillo de París.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Adónde vas?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Al baño. —Suspiró—. ¿Quieres acompañarme para aguantarme el bolso? —ironizó con una sonrisa.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Jérémie enrojeció y negó con la cabeza alborotando sus cabellos rubios.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Te  prepararé un poco de café —le dijo mientras se dirigía a las  escaleras—. Y tostadas con queso y miel. —Ignoró las protestas que le  lanzaba desde la puerta del baño.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cuando cerró la puerta, Aelita,  se miró en el espejo, estaba pálida y su pelo estaba enmarañado, unas  oscuras ojeras se extendían bajo sus ojos. No tenía muy buen aspecto,  pero no se encontraba mal ni se sentía cansada.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Se quitó toda la  ropa, dejándola arrugada dentro del bidet y se metió en la ducha. Abrió  el grifo del agua caliente y esperó inmóvil bajo el chorro de agua hasta  que estuvo demasiado caliente para soportarla, entonces giró el del  agua fría y reguló la temperatura.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El agua quemaba un poco, ella  solía ducharse con el agua más bien fría, pero por algún motivo su  cuerpo se lo exigía así. Cerró los ojos y alzó la cara sintiendo el agua  resbalar por su piel. No sabía por qué se había desmayado en la fábrica  ni por qué lo único que recordaba con claridad era el "entonces no  podemos estar seguros. Pero tiene lógica, porque Aelita es la llave de  Lyoko" que había pronunciado Odd. Aquella frase le hacía pensar en su  padre por algún motivo que no entendía, seguramente si su memoria no  estuviese tan confusa lo sabría.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Se enjabonó el pelo con energía,  dejándose embriagar por el perfume del champú de frutas del bosque, una  de las cosas que Yumi le enviaba con regularidad desde su país porque  sabía que le encantaba.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Mientras su cuerpo se relajaba, su mente parecía aclararse así que decidió ordenar un poco sus ideas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Tiempo atrás ella, cuando se &lt;i&gt;despertó&lt;/i&gt;,  creía ser un complejo programa informático con una inteligencia  artificial muy trabajada hasta que Jérémie le dijo que era humana, a  partir de entonces empezó a preguntarse quién era y por qué estaba allí.  Por aquel entonces su problema era que tenía demasiado tiempo para  pensar y le daba demasiadas vueltas a todo, pero, a pesar de ello, no  había hallado respuestas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Fue Jérémie quien le confesó que era  hija de Franz Hopper, el creador de Lyoko y el superordenador. Aquello  fue algo que le costó horrores encajar y aceptar porque, el simple hecho  de pensar que su padre la había metido allí, dolía. Cuando X.A.N.A. le  robó toda la memoria junto con las llaves de Lyoko, su padre la devolvió  a la vida y, además, le entregó también gran parte de sus recuerdos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Entonces  descubrió que Franz Hopper era un alias, que el verdadero nombre de su  padre era Waldo Franz Schaeffer, que su madre se llamaba Anthea Hopper y  que unos hombres con trajes negros la habían secuestrado frente a sus  ojos en un paraje desconocido de montaña con nieve por todos lados.  También había recordado las palabras de su padre «Waldo Schaeffer ha  muerto, Aelita. A partir de ahora soy Franz Hopper, y tú, pequeña, eres  Aelita Hopper, repítelo conmigo», se acordaba perfectamente de que lo  repitió durante horas y que aquel cambio unido a la pérdida de su madre  la habían hecho llorar desconsolada hasta que no le quedaron más  lágrimas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Recordaba &lt;i&gt;L'Hermitage&lt;/i&gt;, los túneles subterráneos  que la unían con la fábrica y otros que ya estaban allí cuando llegaron y  que su padre había bloqueado para que no se hiciera daño explorando.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;También  se acordaba del día que entró en Lyoko y las últimas palabras de su  padre «entra en la torre, Aelita. Volveré a buscarte». Y ella le había  esperado hasta que se sumió en un profundo sueño que le arrebató los  recuerdos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Tras la huida de X.A.N.A. a través de la red, lo creían  todo perdido pero hallaron el modo de seguir combatiendo en su contra.  Habían permitido la entrada de William al grupo y tan pronto como entró  lo perdieron, convirtiéndose en su enemigo involuntario. Habían  descubierto que su padre seguía con vida. Franz Hopper o Waldo Schaeffer  seguía allí, escondido en algún punto del mar digital, algún lugar al  que X.A.N.A. no podía acceder.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Gracias al sacrificio de su padre  habían vencido a X.A.N.A., al menos eso creyeron hasta que el  superordenador volvió a ponerse en funcionamiento. Pero algo no encajaba  con la muerte y resurrección de su archienemigo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Al crear Lyoko,  su padre, creó también a X.A.N.A. y por más que éste hubiese cambiado  con el paso de los años y los saltos cuánticos del superordenador su  código base debería seguir siendo el mismo. No hacía falta ser un genio  en programación para saberlo. Así pues ¿cómo era posible que el  antivirus de Jérémie creado a partir de los datos de Waldo no lo hubiese  eliminado del todo?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;«Traidor» aquella palabra del mensaje de su  padre le volvió a la cabeza. El traidor al que se refería su padre había  cambiado a X.A.N.A., tenía que ser eso. Pero ¿quién era el traidor? No  podía ser uno de sus amigos ¿no? Eran demasiado jóvenes, aunque si lo  pensaba bien ¿qué sabía de ellos?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Un francés, un almenan, un  australiano, una japonesa y un americano. Jérémie, Ulrich, Odd, Yumi y  William. Eran un grupo demasiado dispar y seguramente por ese motivo  habían suscitado tantas preguntas entre el resto de Kadic cuando  estudiaban allí. Además no eran el tipo de personas que congeniaban  entre sí en situaciones normales. ¿El friki de los ordenadores con el  popular? ¿La estudiante de intercambio con el payaso y rompecorazones  oficial? Daba igual la combinación que plantease, ninguna le parecía  plausible.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Si se ponía a ser desconfiada, cualquiera de ellos  podría haber manipulado los datos de X.A.N.A. Jérémie que prácticamente  vivía pegado al superordenador, Odd que resultó tener una tremenda  habilidad para manejar los programas de virtualización y vehículos,  Ulrich que había hecho una vuelta al pasado mucho antes de que le  enseñasen a hacerlo, Yumi que aprendió más rápido que nadie a operar  desde el terminal llegando casi al mismo nivel que Jérémie y ella. Y,  por último, William, que aunque no había estado nunca a solas en la sala  del superordenador podría haber modificado su código cuando X.A.N.A., a  falta de una palabra mejor, se fusionó con él.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Era una locura el simple hecho de planteárselo durante un solo minuto. Eran sus amigos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Seguramente,  su padre, hacía referencia a alguien de su época y si lo había  expresado en aquel mensaje tenía que ser porque ella había conocido al  traidor en algún momento de su vida.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;«Estupendo, papá. Si ni siquiera me recuerdo a mi misma» pensó con amargura.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cerró  los grifos y se envolvió en su cálido y suave albornoz fucsia. El  mensaje de su padre tenía que ocultar otro mensaje que sólo ella pudiese  entender aunque, en caso de que Jérémie tuviese razón, estuviese  incompleto.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Se peinó por inercia sin desconectarse de sus pensamientos. Enchufó el secador y lo puso al máximo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En  caso de que su teoría fuese cierta, si le había parecido tan importante  como para arriesgarse a mandar un mensaje, debía ser porque ese traidor  estaba cerca. Si no, no tenía demasiado sentido que les advirtiera de  ello, básicamente porque ya no servía de mucho.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;¿Quién podía ser?  Estaba como al principio. No. En realidad ahora tenía unas cuantas  preguntas nuevas. Tendría que ingeniárselas para analizar el mensaje  ella sola y confiar en que Yumi diese con la otra parte, teóricamente  oculta en el diario.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Suspiró. Recogió el secador, metió la ropa sucia en el cesto y volvió a la habitación para vestirse.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Tomó  un vestido de media manga blanco roto con una rama de cerezo estampada  que le recorría las caderas soltando una lluvia de pétalos rosa por la  falda, el escote era de aquellos que, por su forma, hacía que pareciese  que tuvieras más pecho, quedaba ceñido hasta la cintura y después caía  suelto hondeando con gracia. Otro regalo de Yumi. Si la ropa de Yumi se  vendiese en Francia, estaba segura de que saquearía todas las tiendas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Bajó  con paso firme la escalera, al menos desayunaría en la mesa y no en la  cama como una moribunda. A excepción de Yumi y Jérémie, que ya habían  hablado con ella en el dormitorio, lo demás se abalanzaron sobre ella  para acribillarla a preguntas, incluso Sissi que aún medía gran parte de  sus acciones para no meter la pata. Después de repetir otro millar de  veces que estaba bien y que seguramente no había sido más que una bajada  de tensión, la dejaron sentarse en la mesa a comer las tostadas con  queso de untar y miel. Sin embargo, aunque guardaban silencio todos sin  excepción la miraban, algunos con más discreción que otros.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Qué? ¿es la primera vez que me veis?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Es que estamos preocupados por ti, princesa.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Ulrich  estuvo a punto de desmayarse en la fábrica y no estáis preocupados  —refunfuñó enredando los dedos en su flequillito rojizo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No es lo  mismo —añadió Odd solapando el bufido de su amigo por la alusión al  incidente de la fábrica—. Él no es tan guapo como para que me preocupe  lo que le pase —bromeó gesticulando de manera exagerada—, le falta un  poco de esto y le sobra un poco de aquello, un poco más de aquello otro,  un poco menos de eso tan feo y... ya sabes, ¿a qué me has entendido? Es  como Gruñón, el de Blancanieves...&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¡Oye! —protestó Ulrich pero calló al ver que Aelita reía.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Conforme  la mañana avanzaba el grupo empezó a separarse. Yumi y William  salieron. Jérémie se enfrascó en una lucha encarnizada contra su  portátil, Ulrich fue a trabajar, Odd y Aelita se acomodaron en el jardín  a contarse los más jugosos secretillos y rumores, y Sissi se pasó las  horas pegada al teléfono móvil negociando bolos para los &lt;i&gt;Replika&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;A mediodía volvieron a reunirse casi todos en el jardín &lt;i&gt;L'Hermitage&lt;/i&gt;,  Aelita, algo más animada y menos a la defensiva, preparó algo para  picar mientras la comida acababa de hacerse. Se sentaron compartiendo  las tumbonas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Sissi, aún en el interior de la casa, escuchaba con  paciencia el tono de llamada. Había llamado varias veces al móvil de su  padre pero salía apagado todo el rato.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Despacho del señor Delmas —respondió seca como el desierto Nicole Weber.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Señora  Weber, soy Sissi. —Rogó porque el episodio de amenazarla con el despido  y el empujón hubiesen desaparecido de la memoria de la secretaria—.  ¿Puede pasarme con mi padre?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Lo lamento, Elisabeth —pronunció con  retintín—. Tu padre no puede ponerse ahora. Llama en otro momento o  mejor, no vuelvas a llamar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Le colgó. La muy estúpida la había  dejado con la palabra en la boca. Hundió la cara en uno de los cojines  del sofá y chilló amortiguando así el sonido. Nicole Weber empezaba a  caerle tremendamente mal, ¿cómo se atrevía a colgarle el teléfono? ¡A  ella! ¡La hija del director del Kadic! ¡Su jefe! La odiaba, si no fuese  un delito la estrangularía, la trocearía y se la daría de comer a los  peces del río.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Suspiró apoyando la barbilla en sus manos que  sujetaban con fuerza el cojín y cerró los ojos. Ese secreto, el que  había tratado de descubrir con tanto empeño durante tanto tiempo, estaba  volviéndola loca, casi preferiría seguir siendo una feliz ignorante.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Oyó  un sonido a su izquierda pero no le dio importancia, seguro que algún  mueble había crujido o se había caído algo, cosas de las casas viejas.  Miró con fastidio su móvil.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Esto es la guerra, Nicole Weber.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Se  dispuso a volver junto a Odd, si tenía suerte podría convencerle para  ir hasta Kadic, no era que le apeteciese tener niñera, pero mejor eso  que otro encuentro desagradable con Hervé.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Fue una de esas cosas  que ves por el rabillo del ojo, algo que sabes que no debe estar ahí y  sin embargo está. Se giró poco a poco con los nervios crispados. Una  nubecilla como un pedazo de algodón negro se balanceaba con gracia  frente al espejo y, aunque no tenía ojos, parecía mirarla fijamente.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Sissi  se movió lentamente y observó con aprensión aquella negra voluta de  humo que parecía tener voluntad propia. Pegó la espalda a la pared y se  arrastró por ella en dirección a la puerta de entrada de &lt;i&gt;L'Hermitage&lt;/i&gt;,  el humo permaneció suspendido en el aire sin moverse un milímetro.  Continuó lentamente, temía gritar y hacer que se moviera y le hiciera  daño.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Estiró los dedos de la mano y rozó el pomo, con el pulso  tembloroso trató de abrir desesperadamente sin hacer movimientos  bruscos. Escuchó saltar el pasador y la puerta cedió con suavidad, un  rayo de sol se coló por la rendija. Casi estaba fuera, sólo un par de  pasos más y sus amigos la verían y podrían ayudarle.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El humo se lanzó sobre ella entrando en su cuerpo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;X.A.N.A.  respiró hondo llenando los pulmones de Sissi de aire. Abrió y cerró la  mano de la muchacha sorprendiéndose de la respuesta tan satisfactoria.  Buscó en su mente la manera de salir de la casa para ir a la fábrica,  usase la puerta que usase tendría que pasar frente a sus enemigos, debía  procurar no levantar sospechas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Aferró el pomo de la puerta y  salió al jardín delantero con paso firme y seguro. Los vio allí, bajo la  sombra de los árboles, haciendo el vago, picoteando patatas fritas y  tomando refrescos. Odd alzó la cara y miró a Sissi con una sonrisa.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Sissi ¿adónde vas?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El símbolo de X.A.N.A. vibró en sus ojos mientras buscaba una excusa creíble.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Tengo que hacer un par de llamadas y no tengo casi cobertura.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Usa el fijo —le sugirió Aelita.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Son internacionales.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No importa.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;X.A.N.A. sintió ganas de estrangular a su vieja enemiga, ¿no veía que era una excusa para escabullirse?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Me irá bien estirar las piernas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Te  acompaño. —Odd se puso de pie y se sacudió el trasero, X.A.N.A. estuvo a  punto de resoplar, sólo le falta el gato morado gigante haciéndole de  niñera—. Cerca de Kadic hay buena cobertura.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No —contestó con tono exasperado—. Quiero ir sola, necesito pensar y airearme.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;»No voy a ir a Kadic. Puedes volver a sentarte —agregó tajante.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Avanzó con decisión ignorando a los muchachos que mantenían sus miradas fijas en el cuerpo de la chica.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Sissi  había sido su primera víctima, le gustaba adueñarse de su cuerpo porque  había logrado una especie de unión entre ellos aún más profunda que la  que poseía con William. Aquel cuerpo cuidado y frágil era un vehículo  extraordinario, podía moverse con una libertad fascinante.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Un pie  delante de otro, así de sencillo, no tenía ni que pensarlo, sólo  hacerlo. Continuó adelante por el sendero que llevaba directo hasta la  fábrica.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Tengo un mal presentimiento —farfulló Odd que se había quedado de pie.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Por qué? —Ulrich se encogió de hombros.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Está rara.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Quieres decir? Yo la veo como siempre.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Odd  le miró con las cejas fruncidas. Ulrich la conocía desde hacía más años  pero no tenía ni idea de cómo era de verdad, se había quedado en la  imagen que ofrecía a los demás, la fachada repelente que había alzado  porque temía que le hicieran daño.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Sí, está extraña. Si no  quisiera que le acompañase habría resoplado y dado golpecitos con el pie  en el suelo, si estuviera enfadada habría girado la cara sin mediar  palabra y habría salido por la puerta como un huracán. —Señaló a su  amigo con rabia y bajó el dedo poco a poco, él no tenía la culpa—. Esa  reacción no le pega, da igual cuanto trates de justificarla, no cuadra  con Sissi Delmas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Seguro que no es nada, Odd —trató de tranquilizarle Jérémie.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Las  facciones de Odd dibujaron una mueca nada convencida, pero se sentó con  las piernas cruzadas y doblado hacia delante como si le doliese algo.  La visión de X.A.N.A. le había puesto un tanto nervioso.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Quizás sólo necesita estar sola un rato —medió Aelita. Odd la miró con el ceño fruncido—. Bueno... sólo era una teoría.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Déjalo —siseó Ulrich—. Ahora el raro es él.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Odd suspiró y puso los ojos en blanco.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Dónde  están Yumi y William? —Ulrich le lanzó una mirada envenenada y Odd  sonrió satisfecho—. No les he visto desde el desayuno.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Creo que han ido a mirar un piso —murmuró Aelita.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Genial.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Aelita parpadeó sorprendida por el gruñido de Ulrich, alzó las manos y las movió frente a su cara negando.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No,  no, no. No es eso. Quiero decir que Yumi ha acompañado a William a  mirar un piso —explicó con torpeza dándose cuenta de que lo que acababa  de decir no aclaraba nada—. Un piso para William, sólo William, bueno, a  lo mejor William y un amigo o amiga... Pero no para Yumi, ella se queda  aquí.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La muchacha suspiró al ver las caras divertidas de los tres jóvenes.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Me hacéis sentir tonta.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Perdona,  princesa, ya sabes que los tontos somos Ulrich y yo, él el tonto gruñón  y yo el tonto gracioso e irresistible, Yumi la estudiante sexy de  intercambio con un país exótico, Jérémie es el genio alias Einstein,  William el guaperas rebelde y Sissi la chica mala reconvertida en buena,  búscate otro papel en la obra. —Odd le guiñó un ojo bromeando—. El de &lt;i&gt;top model&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;sex symbol&lt;/i&gt;, presidenta de la República...&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Idiota. —Rió.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: center;"&gt;º º º&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Berlín Oeste, República Federal Alemana.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Jueves 9 de noviembre de 1989&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Dios mío... —susurró Anthea abrazando con fuerza a Aelita.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Sabíamos que ocurriría. El mundo está cambiando.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Pero, Waldo ¿qué vamos a hacer ahora?&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;El  hombre de gafas oscuras se mesaba la espesa barba mientras pensaba. En  la Alemania dividida y castigada por la Segunda Guerra Mundial habían  encontrado un refugio más seguro de lo que jamás creyó posible. La  situación y el hermetismo de la población temerosa de las represalias  habían contribuido a su seguridad.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Aelita, entre los brazos  de su madre miraba fascinada la televisión donde la gente blandiendo  martillos golpeaba aquel alto muro que hacía que existieran dos países  donde antes solo había uno, no lo entendía muy bien. Sabía que un hombre  con bigote había hecho algo malo y que todos los alemanes recibían el  castigo.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—¿Qué hacen?&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Derriban el &lt;/i&gt;Berliner Mauer.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—&lt;/i&gt;Berliner Mauer, Antifaschistischer Schutzwall, Schandmauer &lt;i&gt;—canturreó  la pequeña. Habían recorrido furtivamente ambas Alemanias pagando a los  guardias bajo mano y ella había aprendido todos los motes dados al muro  según donde estaban—. ¿Por qué lo hacen? ¿Ya nos levantan el castigo?  ¿Nos hemos portado bien?&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Waldo le sonrió. Seguramente no lo entendería aunque se lo explicara.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Sí, ya no estamos castigados.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Escúchame Aelita —dijo Anthea con seriedad—. Vamos a irnos de viaje, ¿verdad, Waldo? —Él asintió.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—¿Podemos volver a Lindau?&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Anthea  le apretó los bracitos con fuerza sus ojos verdes destilaban pánico.  Waldo puso las manos sobre los hombros de su esposa y los masajeó,  cuando aflojó el agarre, alzó a Aelita y la sentó en su regazo. Anthea  era más consciente que él de lo que significaba ser considerado un  traidor y las consecuencias que acarreaba.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Nos marcharemos  de Alemania y no volveremos nunca —declaró con voz profunda y serena—.  Iremos a un país diferente, te gustará, ya lo verás.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Pero papi... yo no quiero irme de Alemania.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Dime Aelita, ¿hablas francés?&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—&lt;/i&gt;Ouï.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Pues iremos a Francia ¿te gusta Francia?&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Aelita miró a su padre y después a su madre y puso morros.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—No.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Waldo soltó una carcajada mientras los primeros cascotes del Muro caían al suelo entre los vítores de los presentes.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;—Igualita que tú, Anthea.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;La mujer le devolvió la misma expresión enfuruñada que la niña haciendo que riese con más ganas.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: center;"&gt;º º º&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Charlotte  Lafitte, la mujer de la inmobiliaria, miró el trasero de William por  enésima vez, era tan poco discreta que Yumi empezaba a ponerse de los  nervios daba la sensación de estar a punto de saltar sobre él como un  súcubo en celo o algo por el estilo. Había recalcado un centenar de  veces que era soltera y que nada de señora, que ella era una señorita.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Como  puede ver es un piso muy luminoso —canturreó con voz dulzona  interponiéndose en el camino de Yumi para mantenerla alejada de su  presa—. Hay luz casi todo el día.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Ya veo —dijo él con aire ausente cosa que pareció crispar a la mujer—. Mucha luz...&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Sí, sí. Y los vecinos son gente maravillosa. No tendrá ninguna queja.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Ajá.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Yumi  sonrió. Cuando William decía «ajá» era igual a «no te estoy haciendo ni  caso». Pobre Charlotte Lafitte tanto esfuerzo desplegando sus encantos  para nada. Con muy poca sutileza se desabrochó tres de los botones de la  camisa blanca dejando entrever el encaje de su sujetador también  blanco, irguió los hombros y cruzó los brazos bajo sus pechos para crear  un efecto worderbra bastante exagerado.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Señor Dunbar... si le  interesa puedo lograr que el dueño le rebaje el precio. Me está mal  decirlo pero tengo muy buena mano regateando —declaró orgullosa—. Por  supuesto los muebles están incluidos en el precio tanto si quiere  alquilarlo como comprarlo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Bien. ¿Qué te parece, Yumi?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No está mal —contestó ella—. Es muy grande.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Y está cerca de... —«la fábrica» pensó—, del trabajo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Sí,  es verdad —confirmó mirando por uno de los grandes ventanales, desde  allí se podía ver la morada del superordenador psicópata de Jérémie—.  Pero...&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Ya sé lo que me vas a decir y es cierto, pero es mejor así.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Charlotte  se aclaró la garganta impaciente, a sus treinta y ocho años cualquier  mocetón de buen ver era bienvenido pero las novias no. Para Charlotte  Lafitte la opinión de la china era innecesaria.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Hay una chimenea  también, un rincón muy romántico —añadió la mujer acariciándose los  bucles rubios que caían sobre sus hombros—. Si me sigue se la...&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Me quedo el piso —dijo William interrumpiéndola de un modo muy poco elegante—. Señora Lafitte. Alquiler.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La  mandíbula inferior de la mujer colgó de manera nada atractiva por la  sorpresa, cuando se recuperó lanzó una mirada enfurecida a Yumi que se  encogió de hombros, no era culpa suya que se hubiese cansado de mirar la  casa y se hubiera decidido sin ver los rincones románticos, William  funcionaba a base de impulsos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Mientras tanto, no muy lejos del  piso en el que estaban Yumi y William, X.A.N.A. analizaba el centro de  mando de la fábrica. El terminal del superordenador seguía estando  igual. Consideró que si fuese posible sentiría nostalgia al mirarlo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Se  sentó en la butaca cuyo motor la hizo desplazarse por las guías del  suelo hasta quedar frente al teclado. Tecleó el código de virtualización  retardado en el sector del desierto. En la plataforma más amplia de  todas. La cuenta atrás de un minuto empezó, corrió hacia el ascensor y  pulsó el botón, tenía el tiempo justo para llegar hasta la cabina del  escáner. Sin darse cuenta X.A.N.A. golpeteaba con el pie de Sissi el  suelo de goma del ascensor nerviosamente. Cuando la puerta se abrió  saltó hacia delante como si le persiguiera una bestia salvaje deseosa de  hincarle el diente y se adentró en el escáner nombrado «beta».&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Las  puertas doradas del aparato se cerraron con un zumbido. X.A.N.A. no  recordaba que sensación provocaba aquel artefacto, aunque había entrado  una vez con William. La mortecina luz emanaba del suelo de la  columna-escáner y una brisa caliente acariciaba el cuerpo que poseía.  Sabía que después de aquello no podría volver a controlarla en la  tierra, pero esperaba que el éxito compensase la pérdida.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Un hormigueo le recorrió lentamente, desde los pies hasta la cabeza, y entonces sintió que se desvanecía.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Vio  una panorámica del sector del desierto desde las alturas y entonces se  precipitó hacia el suelo. No se preocupó por el aspecto de la muchacha  en Lyoko, ese era un detalle irrelevante y estúpido. Corrió hacia el  límite de la plataforma y saltó al vacío para penetrar en la torre  submarina con su símbolo iluminándose a su paso. Se dejó caer hacia  delante para encontrar la plataforma al otro lado de la torre de paso,  la que llevaba a su casa.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Avanzó y la superficie de la torre de Xanadu hondeó en rojo.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;Continuará&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Correcciones:&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Quisiera  corregir un fallo, aunque más que un fallo fue un despiste, del  capítulo anterior. La ubicación de las ciudades de los recuerdos de  Anthea, Waldo y Aelita en los ochenta, como la idea era que estuviesen  siempre en Alemania puse "Alemania" en país, pero después no recordé  modificarlo para situarlo en la Alemania correcta. Así que esta es la  corrección:&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;-Düsseldorf, RFA (en el sector británico)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;-Lindau, RFA (en el sector americano)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Ya  que me pongo aclararé que Dresden y Schwerin permanecían a la RDA.&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Aclaraciones:&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Berliner Mauer, Antifaschistischer Schutzwall, Schandmauer:&lt;/b&gt;  (por orden) Muro de Berlín, Muro de protección Antifascista (así lo  llamaban en la República Democrática Alemana RDA) y Muro de la vergüenza  (apopado así por la Alemania occidental o República Federal Alemana  RFA)&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Escrito el 23 de marzo de 2011&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7313635411078290463-2821705221049699842?l=fictionniikura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fictionniikura.blogspot.com/feeds/2821705221049699842/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2011/03/adqst-14-pedazos.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/2821705221049699842'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/2821705221049699842'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2011/03/adqst-14-pedazos.html' title='ADQST 14.- Pedazos'/><author><name>Nat Niikura</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04994620941555549861</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_y0oqfuuRoDE/SKV3CsUfUhI/AAAAAAAAABw/4WbC3LSB0-4/S220/ahoy+garabatosb.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/th_Rating16.png' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7313635411078290463.post-2137196339856141941</id><published>2011-03-16T20:46:00.002+01:00</published><updated>2011-03-16T20:50:52.857+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='William x Aelita'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Oneshot'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Code: Lyoko'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fanfic'/><title type='text'>Impulso</title><content type='html'>&lt;a href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png"&gt;&lt;img style="width: 150px; height: 150px;" alt="" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/AvCodelyoko.jpg"&gt;&lt;img style="width: 150px; height: 150px;" alt="" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/AvCodelyoko.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="storytextp" class="storytextp" style="padding: 10px;" align="center"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div id="storytext" class="storytext"&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;&lt;i&gt;Code: Lyoko y sus personajes son propiedad de MoonScoop y France3.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;Impulso&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Observó adormilada el revoltijo de sábanas blancas sobre el que yacía.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Recordó  que se había peleado con Jérémie, como tantas otras veces, por una  tontería que ya ni recordaba, había esperado dentro de una de las  cabinas de los escáneres de la vieja fábrica a que le llamase como  siempre hacía, pero su teléfono no había sonado ni una vez.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Tras varias horas de espera se había cansado y con un mohín se había puesto de pie y caminado hasta la salida.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Llovía.  El puente que conectaba la fábrica abandonada con la ciudad parecía  desaparecer a mitad a causa de la cortina de agua que caía desde las  nubes negras que apenas lograban entreverse.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Aelita suspiró resignada a llegar a &lt;i&gt;L'Hermitage&lt;/i&gt; empapada de pies a cabeza y a pillar un buen resfriado en el proceso. Se subió la cremallera de su chaqueta rosa y avanzó.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Las  gotas frías caían desde su melena rojiza, ahora por los hombros,  siempre revuelta e indomable como un animal salvaje. Apenas había  recorrido dos metros y ya estaba calada hasta los huesos con los  vaqueros pegados a sus piernas y tanto la camiseta como la chaqueta  adheridas a su piel. Incluso notaba su ropa interior mojada por tanta  agua. Un cruce entre el diluvio universal y el fin del mundo.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Cerró  los ojos y resopló, estaba helada y el maldito puente no se acababa  nunca. Chocó contra algo que reaccionó a su contacto, sus pupilas verdes  enfocaron a quien la sostenía por el codo impidiendo que cayese en uno  de los inmensos charcos. El pelo negro y largo pegado a su cara, la piel  dorada, los hombros anchos, los brazos musculados y la sonrisa traviesa  y desenfadada.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—¿Bien? —preguntó él.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—Sí. —Sonrió ella.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;William Dunbar.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Había  algo magnético en él, una cierta familiaridad que le hacía sentir  cómoda a su lado. Tal vez era el hecho de que ambos habían permanecido  largo tiempo encerrados en Lyoko. Le gustaba, porque era de trato fácil,  no necesitaba esforzarse para entablar conversación, ni tenía que  fingir interés en cualquier cosa. Podía ser ella misma. Tal cual era.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—¿Qué haces aquí? —Aelita le miró con afecto, él se encogió de hombros&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—Me gusta venir aquí de vez en cuando. Para recordar que sigo vivo.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—¿Qué sigues vivo?&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—Sí.  ¿No te pasa a veces? Como si siguieras en Lyoko y todo lo que tienes  delante lo estuvieras soñando. —Sus ojos azules se cerraron lentamente  para después volver a abrirse y mirar al cielo—. Como si tu vida no te  perteneciera en realidad, como si alguien moviese tus hilos sólo para  putearte.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Ella asintió en silencio con la vista clavada en la punta de la nariz de él, le gustaban los rasgos serenos de William.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—Sí —asintió—. Me pasa a menudo.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—Es un asco, ¿verdad? —Sonrió.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—Te invito a tomar algo, William.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—Dudo que tal como vamos nos dejen sentarnos en ningún lado.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Aelita miró la ropa empapada de ambos y de repente sintió un escalofrío, estaba helada.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—En casa. En &lt;i&gt;L'Hermitage&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—No  te ofendas —susurró, apenas le escuchó con el rugido de la lluvia—.  Pero no creo que a Stern le haga gracia que pise la casa de Yumi.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Bajó la vista, no había pensado en Ulrich.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Dos años atrás el terreno de &lt;i&gt;L'Hermitage&lt;/i&gt;  había salido a la venta en subasta pública, Aelita se había sentido tan  mal ante la certeza de perder lo único que demostraba que su padre  había existido alguna vez, que estuvo segura de que jamás lo superaría.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;A  espaldas de ella y del resto, Yumi, que ya iba a la universidad y era  una cantante de renombre con una legión de fans, había adquirido el  terreno. La casa en ruinas y la proximidad del bosque y del internado  habían contribuido a que el precio no subiese demasiado. Ahora &lt;i&gt;L'Hermitage&lt;/i&gt;  era legalmente la casa de Yumi, con una sonrisa le había dicho que  cuando quisiera se la revendería sin subir un céntimo lo que le había  costado a ella, pero ella no tenía casi dinero. Vivía allí con Yumi y  ambas fingían que la propiedad era de Aelita Stones.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—También es mi casa —pronunció finalmente.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—De acuerdo. Te ofrecería mi chaqueta, pero está igual de empapada que toda tú.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Corrieron  para atravesar el bosque, una trampa de fango pegajoso y musgo  resbaladizo. William corría delante de ella y le sujetaba la mano con  firmeza, se detenía cada vez que topaban con un obstáculo y la ayudaba a  sortearlo con paciencia. Pensó con una punzada de dolor en que Jérémie  nunca la había ayudado de aquel modo, a veces le tendía la mano, pero  jamás la había tomado en brazos para sortear un charco en el que el agua  le llegaba hasta las rodillas.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Ella quería a Jérémie, pero era  tremendamente difícil. Llevaba desde los dieciséis saliendo con él,  ahora tenía veinte, pero no habían pasado de pasear de la mano y darse  cuatro besos, cada vez que intentaba dar un paso adelante en su  relación, Jérémie, daba cuatro hacia atrás.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;William la dejó en el suelo delicadamente frente a la negra verja metálica de &lt;i&gt;L'Hermitage&lt;/i&gt;,  llevaba los vaqueros llenos de barro. Aelita extrajo sus llaves del  bolsillo de la chaquetilla rosa y abrió, el habitual chirrido quedó  silenciado por la lluvia del mismo modo que ella estaba acallando a la  irritante voz de su conciencia que le gritaba que no hiciera lo que  tenía en mente.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Él la siguió por el adoquinado caminito que con  tanto esfuerzo habían recompuesto Yumi y ella. La puerta de entrada  estaba cerrada con dos vueltas de llave, lo que indicaba que la casa  estaba vacía, sintió la euforia apoderándose de cada átomo de su cuerpo.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;El  interior de la casa olía a té verde y canela. La calefacción permanecía  encendida porque las paredes estaban mal aisladas y, cuando llovía, el  frío se colaba sin contemplaciones.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—¿Me prestas unas zapatillas? —preguntó deshaciéndose de sus botas.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—En seguida.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Abrió  el pequeño armario del recibidor y sacó dos pares de zapatillas, una de  las costumbres de Yumi que se le había contagiado a ella. Los zapatos  en la puerta. Era práctico y se ensuciaba menos.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;William se quitó  también los calcetines empapados, los observó divertido, si los  espachurraba sabía que sacaría un buen montón de agua.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—Te traeré algo de ropa seca —susurró Aelita descalzándose también.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—Una minifalda rosa y una camiseta bien ceñida, por favor.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Ella  rió. Más allá de la broma, lo cierto era que no tenía mucho más para  ofrecerle, una casa con dos mujeres equivalía a ropa femenina, había  ropa de Jérémie y algo de Ulrich, pero con el metro ochenta de altura de  William, si se la prestara, parecería que se le había robado la ropa a  su hermano pequeño.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Subió al piso de arriba y se metió en su  habitación, del fondo de su armario sacó una caja de cartón roja, un  regalo de su caja de ahorros, un albornoz azul suave y elegante pero  enorme. Se lo había probado una vez y le arrastraba por el suelo.  Seguramente a él le quedaría bien.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Se quitó toda la ropa  chorreando, se puso unas bragas secas y se caló su albornoz de un vivo  color rosa. Hizo una parada en el cuarto de baño para colgar la ropa  mojada en la barra de la cortina de la ducha. Y bajó abrazando el  albornoz azul.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;William no estaba en el salón así que lo buscó por  toda la planta baja. Se había quitado la camiseta negra y la escurría en  el fregadero con aire ausente. Observando sus anchos hombros y la  cuidada musculatura de su espalda Aelita se preguntó qué se sentiría al  ser abrazada por esos brazos. ¿Sus abrazos serían suaves y ligeros o  bien serían de aquellos fuertes y apasionados con los que era imposible  no sentirse segura?&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—Creo que te quedará bien —dijo avanzando.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—Gracias. —Sonrió desenroscando la camiseta ahora mojada y arrugada.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—La  puerta de al lado es un cuarto de aseo, hay toallas limpias —agregó  señalando la puerta color cerezo—. Puedes tender tu ropa dentro, hay un  pequeño tendedero que usamos cuando llueve.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—Estupendo.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Aelita  dejó escapar un largo y profundo suspiro cuando la puerta se cerró y  William desapareció de su vista. Paseó nerviosa por la cocina dando  vueltas en círculo como si estuviera acechando las baldosas centrales de  la estancia. Se detuvo y miró el mármol blanco de la encimera.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—¿Te apetece un café o algo? —Alzó la voz esperando que le oyera desde el aseo.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—Café, gracias.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Las  comisuras de sus labios se curvaron en una sonrisa feliz, desmontó la  cafetera, la llenó de agua y empezó a añadir el café molido. Dudó. No  sabía qué tipo de café le gustaba, si lo prefería cargado o flojito, si  le gustaba más negro o aguado... Siempre podía añadirle agua más tarde  si se daba el caso así que llenó bien el pocillo y apretó el café para  que quedara cargado.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Escuchó la puerta abrirse y por un instante  deseó que se acercase hasta a ella sigilosamente y la abrazara por la  espalda como en las películas románticas que tanto le gustaban. Jérémie  nunca había hecho eso.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—Ni hecho a medida.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—¿Es tu talla?&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;William  asintió mientras Aelita le observaba, le quedaba perfecto. Llevaba una  toalla anaranjada entre las manos de haberse secado el pelo que ahora  estaba aún más revuelto que de costumbre. Un escalofrío la recorrió de  pies a cabeza.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—¿Tienes frío? —inquirió yendo hasta a ella—. No me extraña, tienes el pelo empapado.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Puso  la toalla color melocotón sobre la melena rojiza de Aelita y le frotó  el pelo para secarlo. Sintió como si se hubiera encogido y volviera a  tener cinco años, una mezcla de nostalgia y deseo. Sujetó la solapa del  albornoz azul con la cabeza gacha dejándose mimar.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—Perdona.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—No... sigue, por favor.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Se  acercó un poco más y continuó frotándole el pelo con cuidado. Cuando  acabó con su melena le secó las gotitas de sus mejillas y las del  cuello.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—¿Aún tienes frío?&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—Estoy bien —susurró sin soltarle el albornoz.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;El  gorgoteo de la cafetera acabando de subir y el perfume del café recién  hecho ambientaban la cocina dándole un toque irreal, como un recuerdo de  un pasado muy lejano. Aelita se apartó de él a regañadientes.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Giró  la llave del gas y se estiró para coger dos tacitas de porcelana, un  antiguo vestigio de que su familia había habitado aquella casa una vez.  No eran demasiado elegantes, pero a ella le gustaban.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Colocó las  tazas, el azucarero y la cafetera en una bandejita de madera, William la  siguió hasta el salón en el que se acomodaron en el sofá.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Para  Aelita era sorprendente la facilidad con la que fluía la conversación  con William, su actitud que evitaba que las situaciones se tornaran  incómodas.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Yumi era idiota por no haber querido a William. Alguien  que podía hacerte olvidar tu propio nombre con sólo mirarte bien valía  la pena ser considerado.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Aelita alargó los dedos para acariciar la  mejilla de William como si dudase de que estaba ahí junto a ella, él le  regaló una sonrisa seductora que actuó cual imán atrayéndola hacia sus  labios. La mano fuerte y masculina de él masajeó su nuca con delicadeza y  jugueteó con los mechones de pelo rojizo que se ondulaban a medida que  se secaban.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—No sé si esto es una buena idea —le susurró.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—¿Existen las buenas ideas? —contestó ella.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—Yo nunca he tenido una, quizá sean una leyenda urbana como los cocodrilos de las alcantarillas.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Aelita  rió, siempre le había parecido ridículo, pero no gracioso, el rumor de  los cocodrilos, y ahora se veía a si misma riendo con ello.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—¿Qué hay de Jérémie?&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—Nada. —Suspiró resignada—. No funciona.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;William frunció el ceño y cerró los ojos pensativo.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—Hoy no quiero pensar en Jérémie...&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—Muy bien, y ¿en qué quiere pensar, señorita Stones?&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—En mí.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Él le sonrió de nuevo, le convenía pensar en sí misma de vez en cuando.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—¿Qué  te apetece hacer? —le preguntó revolviéndole el pelo rojo con cariño—.  ¿Indagar en las alcantarillas en busca de los cocodrilos? ¿Tomar clases  de &lt;i&gt;striptease&lt;/i&gt;? ¿Dar la vuelta al mundo en albornoz?&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—Que tonto. —Rió.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Cuando  él se echó hacia delante y la besó sin reservas, se le erizó el vello  de la nuca, algo que nunca antes le había ocurrido. Porque todo aquello  era nuevo para ella. El precedente de beso ardiente que tenía haría que  una niña de cinco años se partiera de la risa, estaba segura.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;La  agradable sensación que le provocaba la lengua de William jugando con la  suya mientras aquellas manos cálidas la acariciaban sobre la suave tela  rosa del albornoz le desbordaba los sentidos.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Él le había  preguntado algo y ella le había dado una respuesta afirmativa, pero no  lograba centrarse lo suficiente para saber que era, tampoco le  importaba. Fuera lo que fuese con él no la asustaba.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;La había  tumbado sobre el sofá y su albornoz se había entreabierto. No le dio  vergüenza cuando él la miró y eso que estaba mostrando mucha más piel de  la que jamás había enseñado, también estaba viendo mucha más carne de  la que había visto antes, ahora sabía que, bajo el albornoz, William no  llevaba nada.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;No supo cómo, pero en algún momento, entre los besos  y las caricias, habían subido al piso de arriba y habían acabado en la  cama en medio del revoltijo de sábanas blancas en el que ahora se  encontraba.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Miró a su lado donde William dormía con el brazo  rodeándole la cintura. Aún sentía sobre la piel todas y cada una de las  caricias de él, cada una de las cosas que habían hecho, cada sensación  con la misma intensidad que si estuviese ocurriendo en aquel instante.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Aelita sonrió. Pensó en que ojala pudiese quedarse con William para siempre, ¿existiría esa posibilidad? Deseaba que así fuera.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;Fin&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Notas de la autora:&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;&lt;i&gt;Para mi querido amigo Ryûji, te quiero mucho amigo ¡ánimo!&lt;/i&gt;&lt;i&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt; &lt;/div&gt; &lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Escrito el 15 de marzo de 2011&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7313635411078290463-2137196339856141941?l=fictionniikura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fictionniikura.blogspot.com/feeds/2137196339856141941/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2011/03/impulso.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/2137196339856141941'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/2137196339856141941'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2011/03/impulso.html' title='Impulso'/><author><name>Nat Niikura</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04994620941555549861</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_y0oqfuuRoDE/SKV3CsUfUhI/AAAAAAAAABw/4WbC3LSB0-4/S220/ahoy+garabatosb.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/th_Rating16.png' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7313635411078290463.post-8376728187269239899</id><published>2011-03-12T11:55:00.002+01:00</published><updated>2011-03-12T11:57:24.255+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Veinticinco Momentos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Code: Lyoko'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ulrich x Yumi'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fanfic'/><title type='text'>25M IX.- Arriesgar</title><content type='html'>&lt;a href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png"&gt;&lt;img style="width: 150px; height: 150px;" alt="" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/AvCodelyoko.jpg"&gt;&lt;img style="width: 150px; height: 150px;" alt="" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/AvCodelyoko.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;Code: Lyoko y sus personajes pertenecen a MoonScoop y France3&lt;/i&gt;&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;IX.- Arriesgar&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Yumi  suspiró de nuevo frente al espejo. Cuanto más se miraba menos le  gustaba la imagen que le devolvía. Empezaba a desesperarse, o sea, no  era tan complicado, ni que jamás se hubiese puesto un dichoso vestido  antes. Además tampoco era como si fuese a ver al Emperador y a su  familia. Iba a un simple partido de fútbol. A un estadio atiborrado de  gente que no iba a fijarse en ella para nada. Y él no iba a verla en  medio de la multitud entregada al espectáculo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Miró nuevamente su reflejo. Un vestido blanco y vaporoso. Blanco.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;¿Por  qué demonios llevaba un vestido blanco? El blanco no le gustaba,  siempre que veía una superficie blanca sentía la imperiosa necesidad de  llenarla de dibujos, letras, pegatinas… Se puso de perfil analizando la  caída de la tela que realzaba su cuerpo esbelto de curvas sinuosas y  sencillas. Volvió a suspirar, esta vez resignada, no tenía más tiempo  para perder con batallas estéticas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;«Pálida y vestida de blanco. Como un fantasma, vas a hacer huir a todo el estadio.»&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Se  calzó las sandalias sin tacón blancas, también, con pequeñas  florecillas azules salpicando las tiras. Cogió el bolso y las llaves del  recibidor y se enfundó la cazadora tejana antes de salir.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Caminó  junto a los coches apiñados que lanzaban bocinazos furibundos inmersos  en el monumental atasco que se formaba siempre que el PSG jugaba en  casa. En esos momentos se alegraba de vivir a tres manzanas del estadio,  podía ir andando, ni transporte público atiborrado, ni tráfico  imposible, un agradable paseo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;A medida que se acercaba al campo  se iba poniendo más nerviosa, el partido de debut de su mejor amigo,  aquel al que quería tanto que hasta le dolía. Si con X.A.N.A. por en  medio ya era difícil optar a algo más, después con los cursos de  preparación para la universidad lo complicaron un poco más, y ahora, si  se hacía famoso quedaría para siempre fuera de su alcance. No importaría  cuanto se quisieran, el estúpido de su mánager se encargaría de  impedirlo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Se detuvo frente a la puerta diecisiete, la única en la  que no había cola, el guardia de seguridad le miró enarcando una ceja  en una muda interrogación que parecía decir "¿qué haces tú aquí, niña?  Vuelve a tu casa a jugar con las muñecas". Yumi le sonrió con una pizca  de arrogancia, hurgó en su bolso vaquero y extrajo un pase de palco. El  rostro del hombre demudó su expresión vacilona por una de asombrada  disculpa. Yumi se sintió ligeramente mal, acababa de tomarla por una  personalidad VIP, pero no dejó que se le notase.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La elegante  escalera ascendía limpiamente por el interior del estadio con su  delicada barandilla de roble hasta el palco privado decorado más como un  pub de élite que como un campo de fútbol. Observó amilanada el ir y  venir de las elegantes esposas de los futbolistas, los familiares y los  jugadores que estaban lesionados o no habían sido convocados. Las miró, a  todas y cada una de esas personas, con su ropa casual que destilaba  elegancia y exquisitez y después su simple vestido blanco y sus  sandalias baratas de hacía, por lo menos, cuatro años.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;«Asúmelo, eres una carpa fuera de tu estanque.»&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Se  sentó en un rincón, allí donde el vidrio se escondía tras una columna,  antes de morir en la pared, tenía espacio para ver y si tenía suerte  nadie se fijaría en la &lt;i&gt;yuki-onna&lt;/i&gt; pasada de moda.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El partido debut de Ulrich Stern también era el último de la temporada. El PSG se había alzado con la victoria en la &lt;i&gt;Ligue1&lt;/i&gt;,  y a él le habían regalado esa oportunidad de oro, subiéndole desde el  filial, para un partido que prometía ser de los más vistos,  especialmente por la celebración que vendría después.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Estaba  nervioso. La equipación roja y blanca le picaba por todos lados, la  lazada de las botas no parecía quedar nunca bien, las medias resbalaban o  tal vez sólo se lo parecía a él, y las manos… Las manos le temblaban  como nunca antes en su corta vida.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Sus compañeros le tomaban el  pelo tratando de calmarle, el problema era que no iban bien encaminados,  lo que le tenía crispados los nervios no era el partido era lo que  pensaba hacer luego, porque, conociendo los antecedentes, lo mismo moría  asesinado en un estadio abarrotado delante de las cámaras de  televisión. Podía ser doloroso hasta extremos insospechados. Ya no podía  echarse atrás. Se había deshecho de su mánager que quería convertirle  en un zombi para el que sólo existe el fútbol, había avisado al  entrenador de sus planes y había sobornado al tío de las cámaras y al de  la megafonía para que le echasen un cable, demasiado trabajo para  echarse atrás como un gallina.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cuando salió al campo a jugar  sencillamente se calmó como por arte de magia, siempre le ocurría.  Incluso se permitió marcar dos de los goles de su equipo. Disfrutaba  jugando y no notaba la presión, para él no era diferente de los partidos  de las liguillas interescolares, porque él siempre se había empleado a  fondo en todos los partidos, puntuables o amistosos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;De pequeño  odiaba el fútbol pero jugaba porque eso hacía que su padre se sintiera  orgulloso de él y le prestara atención, de adolescente empezó a picarle  el gusto por ese deporte y un poco más adelante, con el apoyo constante  de Yumi, había pasado a amarlo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Su carrera empezaba pero él se  sentía bastante fracasado. A los dieciséis había entrado en las  categorías menores del PSG, ahora, a los dieciocho entraba en el primer  equipo, pero su gran reto en la vida no lo había logrado. Sabía que Yumi  quería que fuesen sólo amigos mientras X.A.N.A. viviera para hacerles  la vida imposible, pero tras borrarlo del mapa, no había conseguido  reunir el valor suficiente para declararse, decirle que la amaba con  todo el alma y que deseaba estar con ella hasta el fin de sus días. Las  veces que Yumi se le había acercado con ánimo de borrar esa frontera él  se había acobardado y perdido la oportunidad. ¿Se podía ser más idiota?  Seguramente no. Era el rey de los idiotas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El agua caliente de la  ducha relajaba todos sus músculos cansados de haber corrido como un  desesperado durante los noventa minutos del partido, y le infundía un  poco de valor.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En el palco Yumi bebía un batido de frambuesa, se  moría por mezclarse entre la gente de las gradas, no se sentía  precisamente a gusto entre las &lt;i&gt;celebrities&lt;/i&gt;, demasiado estirados. Al menos abajo la gente le daría conversación o, por lo menos, no desentonaría entre ellos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Quién soy? —Le taparon los ojos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Odd.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Cómo lo has sabido? —preguntó fastidiado.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—La voz.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Yumi  se giró y fue entonces cuando vio a sus amigos allí, Aelita, Jérémie y  Odd. Aelita con un vestido granate sencillo y elegante y sus zapatitos  de tacón que le quedaban estupendos. Jérémie con su eterno jersey ancho y  cómodo y sus pantalones. Y Odd con su desafío estético de colores  brillantes en contraste, a veces le daban ganas de ponerse unas gafas de  sol antes de mirarle.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Qué hacéis aquí?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Más o menos lo mismo que tú. —Sonrió Jérémie—. Ulrich nos ha invitado.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Pero sólo más o menos —recalcó Odd—. Porque si hiciéramos lo mismo que tú nos matarías, creo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿De qué ha…?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¡Yumi! —exclamó Aelita—. ¿Es un batido de fresa?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La  muchacha frunció el ceño en una clara expresión de desconfianza, algo  no iba bien, lo presentía. Optó por ignorar esa sensación.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Frambuesa —contestó—. ¿Quieres uno?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Sí, tiene una pinta increíble.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Yumi  suspiró, se levantó y se dirigió hacia la barra de bar al fondo de la  sala. Una vez quedaron alejados de ella, Jérémie y Aelita extendieron  sus brazos y le atizaron una sonora colleja a Odd al unísono. Se frotó  la nuca con un puchero infantil.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Se supone que nosotros no sabemos nada, Odd —protestó Aelita.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Casi metes la pata —continuó Jérémie.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Lo siento, es que… hace tanto que…&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Los tres amigos suspiraron a la vez. Demasiado tiempo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Regresó  con el vaso de batido en la mano y se lo dio a Aelita que lo tomó  sonriente. Yumi clavó su mirada en el campo, unos metros más abajo. No  había nadie sobre el verde césped pero las gradas continuaban  abarrotadas. Se moría por bajar y mezclarse con toda aquella gente.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Esperando ver a Ulrich?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Por qué dices eso, Odd?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Por qué ibas a mirar tan fijamente el césped sino.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Yumi  se encogió de hombros, era cierto. Sólo estaba allí por Ulrich, porque a  él le hacía ilusión y así ella tenía una excusa para estar cerca de él.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Prefieres que te mire a ti? —inquirió enarcando las cejas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Puedes mirarme tanto como quieras. —Sonrió—. Soy más interesante que la nada.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Me voy a las gradas —dijo poniéndose en pie, estaba cansada de estar allí dentro.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Jérémie  empezó a mover las manos frenético, Aelita miró fijamente a Odd en  busca de una solución y éste se encogió de hombros. «Sobre todo que Yumi  no se vaya del palco» le había pedido Ulrich, qué esperaba que hiciera,  qué la atase a la silla.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Con lo bien que se está aquí… —pronunció con voz firme—. Aire acondicionado, tranquilidad, servicio de bar…&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Odd, mírame —espetó señalándose—. ¿Tengo pinta de encajar entre los ricachones?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Venga, mujer, si estás muy bien.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No es verdad. Y a ti qué más te da que me vaya a la grada.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pensar rápido no era lo suyo, improvisar sin pensar sí, pero cuando había por medio peligro de ser molido a palos…&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¡Es  que…! —Pasó el brazo por los hombros de Yumi sensualmente y la pegó a  su cuerpo con fuerza—. ¡Hoy estás genial! Y si te vas a la gradas no  podré recrearme la vista.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿¡Qué dices! —exclamó azorada tratando  de quitárselo de encima a empujones, pero Odd la sujetaba con fuerza—.  No digas tonterías… ¡Odd, quita!&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Ay, Yumi —continuó esquivando  los manotazos al aire que soltaba su amiga—, con lo mona que eres y  todavía soltera y sin compromiso. Si quieres yo me ofrezco para ser el  amor de tu vida.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Tú ya tienes novia, pervertido.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Soy un bien de la humanidad, no le importará compartirme.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Jérémie  y Aelita observaban avergonzados el espectáculo que estaban dando,  mantenían un tono de voz alto y el hombre de la barra les miraba con una  ceja alzada con desdén. Aelita se preguntó cuánto tiempo lograría  entretenerla Odd y si sería suficiente.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Las luces del campo se  apagaron y los focos a pie de césped se encendieron. A través de la  megafonía se escucharon los primeros compases del himno del PSG. Yumi  acertó a empujar a Odd y apartarlo de ella, su pelo negro caía  enmarañado como si acabase de pelearse con su almohada.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¡Oh no! Ya no me dejaran pasar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Odd trató de peinarla pero ella le dio un golpe en la mano.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Mejor, así te quedarás a verlo con nosotros.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Lo  único que consiguieron arrancarle durante la siguiente media hora fue  un bufido molesto. En el campo los jugadores paseaban la copa de la &lt;i&gt;Ligue1&lt;/i&gt;,  se rifaban el micrófono para hablarle a la afición. Yumi buscaba en el  videomarcador a su amigo que era el único de los jugadores que le  interesaba y no podía evitar sonreír como una tonta cada vez que le  veía.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Finalmente el capitán del equipo le tendió el micrófono a  Ulrich presentándole como el novatillo, éste lo tomó y avanzó algunos  pasos, la cámara le enfocó. Empezó a dar las gracias a la afición y todo  aquello que a Yumi le sonaba a política y peloteo, pero que sabía que  él lo decía de corazón.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Entonces se puso muy serio, la imagen se  desvaneció un momento y la pantalla quedó dividida en dos mitades, en  una la cara de Ulrich y en la otra la cámara oscilaba por la grada en  busca de algo, la imagen se detuvo sobre el palco y después sobre ella  que mantenía los ojos abiertos de par en par.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ulrich carraspeó y sus mejillas se encendieron mientras se movía nervioso de manera desordenada.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Yumi  yo… —Inspiró hondo concentrándose en la idea de que allí no había nadie  más que él y Yumi, que estaban sentados el uno frente al otro en su  cafetería preferida, la de Pierre, compartiendo un pedazo de tarta de  cerezas—. Te… quiero y quiero que te cases conmigo. —Ignoró el murmullo  de la gente de las gradas, los gritos de ánimo, los silbidos y el resto.  Sólo le quedaba una palabra para acabar, un último esfuerzo—.  ¿Qui-quieres?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En el palco Odd le dio un golpecito en el hombro a  Yumi que se había quedado petrificada, le acercó el micrófono pero como  no se movió para cogerlo lo mantuvo frente a sus labios.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Yumi  dedicó a Ulrich una sonrisa, en apariencia, dulce, pero él que la  conocía bien sabía que decía "te voy a matar, Ulrich Stern, más te vale  haber escrito ya tu testamento". Mirar fijamente la pantalla gigante le  estaba poniendo histérico, veía su propia cara completamente roja, con  un tic nervioso en la comisura de los labios y la de ella, sonrojada  pero como si no pasase nada. También veía el brazo de Odd sujetando el  micrófono.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Yumi asintió, aunque él sabía que el que asintiera no  tenía porque significar "sí". Le arrebató el micrófono con delicadeza a  su amigo y se lo acercó a los labios.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Sí, claro que sí.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La  sonrisa de Ulrich iluminó la pantalla gigante desapareciendo bajo una  aborigen de manos de sus compañeros revolviéndole el pelo en una  felicitación infantil. Cuando su cara desapareció del monitor, Yumi,  miró de manera inquisitiva a sus amigos. Aelita y Jérémie se encogieron  temiendo la represalia, Odd en cambio hinchó el pecho orgulloso como un  pavo real.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Traidores —dijo enarcando las cejas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Te quejarás…&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Yumi rodó los ojos y esbozó una sonrisa infantil.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Gracias.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;Fin&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;i&gt;&lt;u&gt;&lt;b&gt;Aclaraciones:&lt;/b&gt;&lt;/u&gt;&lt;/i&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Asentir:&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;i&gt;  Una de las diferencias más notables entre los occidentales y la mayor  parte de oriente es el tema de asentir (Japón, China, Corea…). Cuando un  japonés asiente con la cabeza en realidad no te está diciendo que sí,  es sólo un modo de indicar que te está prestando atención, que te está  escuchando. Su equivalente a asentir sería formar un círculo con el  pulgar y el índice manteniendo el resto de los dedos erguidos, y el  equivalente a negar con la cabeza es formar una cruz con los brazos  frente al pecho. Así que ya sabéis si veis a un oriental asentir no os  está diciendo que sí.&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Yuki-onna:&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;i&gt; uno de los  yôkai más famosos del folclore nipón, es la mujer de las nieves y se  caracteriza por ir ataviada con un kimono blanco, tener la piel muy  blanca y el pelo largo y negro, siempre aparece cuando nieva.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Escrito el 09 de marzo de 2011&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7313635411078290463-8376728187269239899?l=fictionniikura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fictionniikura.blogspot.com/feeds/8376728187269239899/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2011/03/25m-ix-arriesgar.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/8376728187269239899'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/8376728187269239899'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2011/03/25m-ix-arriesgar.html' title='25M IX.- Arriesgar'/><author><name>Nat Niikura</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04994620941555549861</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_y0oqfuuRoDE/SKV3CsUfUhI/AAAAAAAAABw/4WbC3LSB0-4/S220/ahoy+garabatosb.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/th_Rating16.png' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7313635411078290463.post-4245811673288932314</id><published>2011-03-01T22:14:00.002+01:00</published><updated>2011-03-01T22:18:16.460+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Oneshot'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Code: Lyoko'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Odd x Yumi'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fanfic'/><title type='text'>Lo siento</title><content type='html'>&lt;a href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png"&gt;&lt;img style="width: 150px; height: 150px;" alt="" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/AvCodelyoko.jpg"&gt;&lt;img style="width: 150px; height: 150px;" alt="" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/AvCodelyoko.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div id="storytextp" class="storytextp" style="padding: 10px;" align="center"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div id="storytext" class="storytext"&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;&lt;i&gt;Code: Lyoko y sus personajes son propiedad de MoonScoop y France3.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;Lo siento&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;¿Qué  era lo peor que podía pasar? Que Ulrich se enfadase y no volviese a  hablarle jamás en la vida o que decidiese asesinarle. ¿Merecía la pena  correr el riesgo? No estaba seguro. Seguramente no valía la pena. Pero  aún y así lo hizo.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Fue un impulso egoísta o algo que, sencillamente, llevaba demasiado tiempo deseando hacer. Quizás un poco de las dos cosas.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Él  quería a su amigo aunque era idiota de remate a veces, había un montón  de chicas estupendas locas por él, pero Ulrich, simplemente, hacía como  que no se daba cuenta y, la que de verdad le interesaba no tenía mejor  suerte. Yumi Ishiyama estaba absolutamente colada por Ulrich Stern y  Ulrich Stern estaba coladísimo, hasta niveles de ciencia ficción, por  Yumi Ishiyama. Los dos lo sabían y él se encargaba de recordárselo día  tras día con la esperanza de lograr un avance.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Pero estaba cansado.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Estaba harto.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Hasta las mismísimas narices.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Por  las noches Ulrich siempre lloriqueaba porque, supuestamente, Yumi no le  hacía caso y, él, no tenía otra que escucharle y apoyarle. Yumi, en  cambio, no decía nada, pero le cabreaba lo mismo.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Hacía una semana  que Ulrich se había marchado de urgencia a Alemania porque su tía había  tenido un accidente, hasta ahí todo bien, bueno, bien dentro de los  límites de la cordura, no era que se alegrase de que la tía de Ulrich  estuviera en un hospital... Todos le echaban de menos, era su amigo, así  que eso era inevitable.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Al principio el que Yumi fuese a su habitación con excusas varias no le pareció importante, pero ahora ya empezaba a mosquearse.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Odd  sabía que, estar separados, para sus dos amigos era como una tortura,  seguro que preferían que les clavasen alfileres bajo las uñas. Tenía el  convencimiento de que eran como dos pajarillos, si uno moría el otro lo  haría al poco tiempo.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;No le molestaba la compañía de su amiga, una  chica guapa nunca podía sobrarle, pero no soportaba verla sentada, día  tras días, sobre la colcha azul descolorida de Ulrich con aquella cara  de animalillo desvalido.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Cuando regresó de la ducha la encontró  allí, sentada en la cama acariciando distraídamente la cabeza de Kiwi  que se había enroscado en su regazo. Le había preguntado qué hacía allí,  Yumi le había sonreído débilmente a modo de respuesta. Odd se había  ceñido más la toalla atada a su cintura con una rabia irracional  martilleándole las sienes. ¿Qué pasaba con Ulrich? ¿es que en Alemania  no funcionaban los teléfonos? ¿cómo podía tenerla en aquel sin vivir  como si nada? A él se le encogía el corazón con sólo mirarla.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Supo  que lo más sensato habría sido pedirle que se marchara, tenía la excusa  de estar recién salido de la ducha, desnudo bajo la toalla de rizo  blanca, en cambio se había sentado a su lado con el pelo goteándole por  la espalda empapando la colcha azul de su amigo y le había acariciado el  brazo suavemente. Los ojos de Yumi se había cristalizado a causa de las  lágrimas, el negro brillante de sus iris parecía fundirse y él no era  de piedra.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Y entonces lo hizo. La sujetó por la manga y la besó en  los labios, Yumi le apartó de forma mecánica con un empujón poco  convincente. Su mirada acusadora se desvaneció con la caída de las  primeras lágrimas cristalinas.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;¿Merecía la pena tentar a su  suerte? Determinó que sí, que merecía la pena. Ulrich tenía la fama pero  la mala leche la tenía ella, Ulrich era gruñón pero Yumi no dudaba en  atizarte si le tocabas lo suficiente la moral. Podía romperle la nariz y  hacerle una reconstrucción facial sin anestesia y sin pisar un  quirófano. Clínica de estética a hostias de Yumi Ishiyama.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Odd se  estiró como un gato recortando la distancia entre sus rostros, no esperó  a ver la reacción de ella. Cerró los ojos y volvió a besarla. El  empujón no llegó esta vez.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;La cálida mano de Yumi se apoyó en su  hombro en un frágil contacto. A Odd le sacudió una corriente eléctrica  de pies a cabeza erizándole la piel. Siempre había pensado que Yumi era  bonita, incluso se había preguntado que se sentiría al besar sus  carnosos labios rojos.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Ahora podía decir, con todas las de la ley,  que lo sabía. Besar a Yumi producía electricidad suficiente como para  abastecer a Francia entera durante un año.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Las manos de Odd fueron  incapaces de permanecer quietas y recorrieron cautelosas la tela del  suéter negro de Yumi, jugueteando con las costuras y las arrugas a su  alcance.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Lejanamente escuchó a Kiwi gimotear y protestar al caerse  del regazo de Yumi por culpa del brusco movimiento que habían  realizado. De repente en aquella habitación hacía un calor infernal, ¿se  habría estropeado el termostato de la caldera? No era normal, aún era  invierno. ¿A qué podía deberse? Su mente se sumió en una espiral de  cosas sin sentido, ya no podía pensar con claridad, del mismo modo que  era incapaz de controlar a su propio cuerpo que actuaba por iniciativa  propia sin informar a su cerebro de lo que pasaba, sólo flashes de  imágenes inconexas e incoherentes.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Las manos de Yumi empujaron su  pecho apartándole, Odd la miró como si acabase de despertarse. Sus dedos  estaban enredados en las negras hebras de cabello de Yumi que, con las  mejillas rojas, jadeaba abasteciendo de oxígeno a sus pulmones. Los  dedos de su otra mano se aferraban al cierre del sujetador apunto para  desabrocharlo. Se apartó bruscamente como si estuviese en llamas. Se  sintió tan culpable como si acabase de romper el jarrón preferido de su  madre apropósito. El remordimiento le llevó a recolocar, tembloroso, el  suéter de ella.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Yumi le atizó un golpe sin fuerza en el hombro. No  dijo nada. Él deseó que dijera algo, sus palabras se habían perdido en  algún punto entre su cerebro y sus cuerdas vocales. Tuvo ganas de reír  por la ironía, Odd el magnífico, Odd el parlanchín, mudo.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Ella se levantó y caminó hasta la puerta mientras el corazón de Odd aporreaba las costillas violentamente.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—¿Y ahora qué?&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Al  principio Odd no supo quién había formulado aquella pregunta, cuando  Yumi se giró con los ojos abiertos como platos comprendió que había sido  él.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—No lo sé. —Fue la escueta respuesta de ella—. No lo sé...&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—No tenemos que decírselo a Ulrich, esto no ha sido nada, ¿no?&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Odd suspiró, al parecer estaba haciendo méritos para escalar puestos en el top ten de cretinos de Kadic.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—Define  "nada" —espetó Yumi cruzando los brazos sobre el pecho taladrándole con  aquellos ojos negros vivos y brillantes—. Porque a mí no me ha  parecido, lo que se dice, "nada".&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—Tú te sentías sola y yo soy  irresistible —arguyó. Si lograba que le odiase quizás no volvería a  acercarse y aquella corriente eléctrica que le sacudía el espinazo  desaparecía para siempre.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Yumi bufó y Odd tragó saliva ruidosamente, quizás ahora era cuando le asesinaba.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;—Tenemos que decírselo.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Tras  soltar aquello la puerta se cerró estruendosamente. Ella ya no estaba.  La compañía de Kiwi no servía para eliminar aquel vacío en sus entrañas.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;Estuvo  pensando, durante largo rato sentado en la cama de su mejor amigo  ataviado con la toalla blanca, en el motivo por el que se sentía tan  culpable. La había besado, sí, pero también había besado a Aelita un par  de meses atrás. Entonces no se sintió tan mal y no era que a Jérémie lo  apreciase menos que a Ulrich.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;¿Sería por el lugar en el que había  ocurrido? No porque fuese la habitación que compartían, sino porque  hubiese pasado en la cama de su mejor amigo. Odd se enroscó sobre la  colcha azul.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;«Lo siento, amigo, simplemente ha pasado —pensó—. Soy un cabrón»&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;¿Qué podía hacer? Sencillamente le atraía su amiga de un modo que jamás habría imaginado.&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;Fin&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Para ti コウモリ クン&lt;/span&gt;&lt;b style="font-style: italic;"&gt;。&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;/div&gt; &lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Escrito el 01 de marzo de 2011&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7313635411078290463-4245811673288932314?l=fictionniikura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fictionniikura.blogspot.com/feeds/4245811673288932314/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2011/03/lo-siento.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/4245811673288932314'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7313635411078290463/posts/default/4245811673288932314'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fictionniikura.blogspot.com/2011/03/lo-siento.html' title='Lo siento'/><author><name>Nat Niikura</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04994620941555549861</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_y0oqfuuRoDE/SKV3CsUfUhI/AAAAAAAAABw/4WbC3LSB0-4/S220/ahoy+garabatosb.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/th_Rating16.png' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7313635411078290463.post-7091399958785415480</id><published>2011-02-20T12:29:00.002+01:00</published><updated>2011-02-20T13:30:50.379+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Code: Lyoko'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ulrich x Yumi'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Antes de que sea tarde'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fanfic'/><title type='text'>ADQST 13.- Xanadu</title><content type='html'>&lt;a href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png"&gt;&lt;img style="width: 150px; height: 150px;" alt="" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/Rating16.png" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/AvCodelyoko.jpg"&gt;&lt;img style="width: 150px; height: 150px;" alt="" src="http://i645.photobucket.com/albums/uu173/Natsumi_Niikura/Blog/AvCodelyoko.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Code: Lyoko y sus personajes son propiedad de MoonScoop y France3.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: center;"&gt;&lt;b&gt;Xanadu&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Düsseldorf, Alemania.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Domingo 6 de septiembre de 1987.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Waldo  se frotó los ojos cansados bajo los vidrios oscuros de sus gafas de  pasta negra. La humedad de aquel sótano le calaba los huesos, no paraba  de repetirse que era algo temporal, que sólo tenía que aguantar un poco  más, que pronto los tres estarían a salvo.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Se apartó de la  mesa donde estaba trabajando y caminó hasta el sofá de piel desgastada  donde su mujer y su hija dormían, recolocó las mantas que las cobijaban.  Si al menos tuviesen un brasero…&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;No era el mejor lugar para  una niña de cinco años con ansias de descubrir el mundo. Ni para una  mujer hermosa y joven de inteligencia despierta. Era injusto que pagasen  por sus errores.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;Waldo…&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;¿Te he despertado, Anthea?&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;Estaba despierta —dijo con un bostezo—. Bueno, más o menos.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Waldo sonrió bajo su espesa barba canosa, Anthea era tan joven.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;¿Qué te preocupa? —preguntó ella. &lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Puso su mano en la mejilla de su marido con ternura, él se la tomó y besó su muñeca.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;No es nada. ¿Tienes frío?&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;Estoy bien, estamos bien, Waldo.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Anthea  se destapó y él la ayudó a salir de la prisión de mantas sin despertar a  la pequeña Aelita que dormía plácidamente ajena a los peligros del  mundo. La abrigó con la gruesa casaca militar que habían encontrado en  aquella casa abandonada.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;El proyecto Cartago debe ser destruido —susurró cual mantra Waldo—. Pero no puedo hacerlo.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;¿Te asusta hacerlo?&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;No,  Anthea, no. Su uso no militar puede ayudar a mucha gente, en el futuro  podría salvar miles de vidas, no puedo borrarlo sin más.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;Entonces  no lo elimines —musitó sujetándole el rostro entre sus finas y blancas  manos—. Hasta ahora no han conseguido dar con nosotros ni con el  programa original. Podemos ocultarlo.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;Dudo que exista un lugar seguro en el planeta donde esconderlo.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Anthea rió con disimulo y le besó con la suavidad de la brisa veraniega.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;Eres  el mejor en la ingeniería informática, puedes crear miles de universos.  Puedes esconderlo dentro de otro universo virtual. Algo más inocente,  menos auténtico.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Waldo le sonrió.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;Limitar el  acceso, esconder la llave donde nadie pueda hallarla… —continuó Anthea—,  o donde el riesgo sea demasiado alto para osar a intentarlo. Podría  funcionar, ¿no?&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;Es una buena idea. Por eso eras mi mejor alumna.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;Lo lograremos, Waldo.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;La  melena rojiza y ondulada de Anthea caía enmarañada sobre sus hombros.  Recordó cuando la vio por primera vez en 1978, con su falda plisada, los  calcetines blancos, los zapatos con hebilla y el jersey azul oscuro del  uniforme de la academia, tenía catorce años y una inteligencia muy  superior a la del resto, aquel 15 de septiembre de 1978 Anthea llevaba  el pelo igual de revuelto, se había quedado dormida, había irrumpido  cual huracán a mitad de clase y él había tenido que castigarla de pie en  el pasillo.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Era su mejor alumna, más tarde se convirtió en  su ayudante, trabajaba con él en proyectos personales, y al final se  había enamorado de ella cuando aún era una muchacha de dieciséis años.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Habían  iniciado un romance secreto, ocultos del mundo, siempre con la  adrenalina a flor de piel temiendo ser descubiertos. Una vez libres se  habían casado. Pero seguían escondiéndose, esta vez de algo mucho más  peligroso.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;Waldo.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;¿Sí?&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;Todo irá bien.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: center;"&gt;º º º&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Aelita  miraba fijamente una vieja fotografía desgastada y movida en la que su  padre y su madre sonreían en un barco que navegaba cerca de una ciudad  donde se alzaban una torre y un león. Recordaba haber hecho aquella  foto, recordaba el increíble peso de la cámara para sus bracitos  infantiles tan delgados. En el reverso podía leerse: Waldo y Anthea.  Lindau 1989. La letra de su madre.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Recordaba algunos detalles  difusos, pero nada concreto. Había buscado en Google Lindau, era una  ciudad alemana a orillas del lago Constanza. Aparte de eso no sabía  mucho más, había pensado preguntarle a Ulrich, pero al final no se había  atrevido.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Echó un vistazo a su expediente abierto sobre sus  rodillas. El auténtico, no el creado por Jérémie. Aelita Schaeffer.  Nacida el 14 de marzo de 1982 en Dresden, Alemania. Hija de Waldo Franz  Schaeffer y Anthea Hopper.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Era alemana, aunque no recordaba nada  de Alemania ni haber hablado jamás en alemán. Era incapaz de entender a  Ulrich cuando lo hablaba. Tampoco sabía gran cosa sobre su país natal  más allá de lo que salía en los libros de historia.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Eso no es el puerto de Lindau? —preguntaron a sus espaldas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Aelita  se giró con cara de espanto, le había asustado. Ulrich le dedicó una  sonrisa amable, una de esas que sólo él sabía poner y que hacían que  comprendiese por qué su amiga estaba loca por él. Le tendió la foto que  él tomó con cuidado.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Es Lindau, pero no sé si es el puerto.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Vaya —musitó el castaño—. El león de Baviera y el faro. Sí, es el puerto de Lindau, es inconfundible.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Lo conoces?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Cuando era pequeño veraneábamos allí a veces —dijo encogiéndose de hombros—. Una ciudad muy bonita.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Sí?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Él asintió sin despegar la vista de la fotografía desgastada.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Son tus padres, ¿no?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Sí. Yo tomé esta fotografía, pero sólo recuerdo eso...&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Qué edad tenías?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Aelita dudó unos segundos, cerró el expediente con un suspiro y contestó:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Seis o siete, es de 1989.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ulrich dudó un momento, a veces olvidaba que Aelita, en realidad, era once años mayor que él.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—El año de la caída del &lt;i&gt;Schandmauer&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿El qué? —Aelita se hizo a un lado para dejarle espacio a su amigo a su lado.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—&lt;i&gt;Schandmauer&lt;/i&gt; —repitió sentándose—. El muro de la vergüenza. El muro de Berlín.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Ah...  —Por un momento se sintió como una anciana. Sus amigos no eran ni  proyectos en las mentes de sus padres cuando ella era una niña—. Se me  hace muy extraño.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿El muro?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Aelita sonrió consciente de que Ulrich le había hecho esa pregunta para relajarla.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Mi vida antes de conoceros. Es como si fuera la vida de otra persona.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Me lo imagino —dijo Ulrich acariciándole el dorso de la mano—. Bueno, en realidad no puedo imaginármelo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Ulrich...&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Sí?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Algún día me contarás cosas sobre Alemania?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Él le sonrió con ternura y le apretó la mano.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Cuando quieras, princesa. Sólo tienes que pedirlo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Jérémie  entró en el salón con la vista fija en un papel impreso. Sus gafas de  pasta negra habían resbalado nariz abajo quedándosele en equilibrio  sobre la punta, siempre que le veía así a Aelita le daban ganas  subírselas y pegárselas con cola de contacto para evitar que volvieran a  resbalar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Oye Aelita... —Alzó la vista y se detuvo—. Ulrich, no sabía que estabas aquí.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—De hecho me iba ya —dijo el chico levantándose—. Voy a ver si Yumi está bien.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Seguro que estará bien —replicó Jérémie subiéndose las gafas—. ¿Tú estás bien?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ulrich le miró como si no le hubiera visto jamás y sonrió enseñando sus dientes blancos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Sí. He estado un poco raro, ¿no?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No  te preocupes. Sé... —titubeó temiendo recibir el golpe que no le había  dado antes en la fábrica—. Sé que te preocupa lo que pueda pasarle a  Yumi, es tu... esto... amiga o lo que sea. Y la... —«quieres». Calló,  mejor no decir eso—. Aprecias.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Tranquilo —musitó caminando hacia la puerta—. No te culpo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;»Ah, Jérémie, puedes decirlo, nunca ha sido precisamente un secreto.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cuando  Ulrich hubo abandonado el salón, Jérémie se quedó mirando a Aelita  fijamente con una muda pregunta en sus ojos azules brillantes. Ella rió.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Creo que se refería a que la quiere.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No  lo creo. Eso sería confesarlo y ya sabes que... —Carraspeó y frunció el  ceño subiéndose las gafas con el dedo índice—. Yumi y Ulrich sólo son  amigos —dijo con una imitación a caballo entre Yumi y Ulrich. Imitar  voces se le daba fatal.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Aelita volvió a reír, había olvidado que  de vez en cuando Jérémie podía ser todo un payaso. Se dejó apresar entre  los flacuchos brazos de su marido y se acomodó en su pecho. Ese Jérémie  se parecía mucho más a su Jérémie, el que la abrazaba cuando lloraba o  pasaba noches despierto cuando enfermaba&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Tú estás bien? —le preguntó con una caricia en su espalda.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—He pasado mucho mie
